Factores materiales dividen o al menos facilitan la desunión de nuestro pueblo, pero en este último tiempo desde el gobierno se alienta o se impone la separación, especialmente, en las organizaciones sociales, profesionales, académicas y políticas. No es una exageración decir que aquí todo o casi todo se divide por acción de operadores encubiertos y desembozados por encargo del poder del Estado. Veamos hechos vigentes que leemos a diario (sin que olvidemos los antecedentes) y que respaldan nuestras afirmación:

El TIPNIS nos une y nos separa a los bolivianos y esto abarcará, creemos, un período largo. Entre los defensores del TIPNIS hay clases sociales, grupos de éstas y pueblos indígenas, especialmente. Ellos tienen intereses materiales a los que no renuncian de manera autónoma, así como poseen ideas propias y/o de otros pero asumidas por ellos para defender esos intereses.

Los indígenas son poseedores colectivos del territorio, incluidas sus riquezas, sobre cuya base buscan organizar su gobierno, en él aplicarán sus normas consuetudinarias y allí utilizarán sus riquezas (flora, fauna y frutos) con la racionalidad demostrada en cientos de años. Todos esos derechos se apoyan en leyes, nacionales e internacionales, así como esas normas prohíben, a los indígenas, que se aparten territorialmente de Bolivia. Vale decir que sin territorio los indígenas no podrían organizar su autogobierno, ni sus costumbres regirían allí y los bienes para la subsistencia a la que están acostumbrados acabarían en no más de seis décadas, de acuerdo a estudios confiables.

No faltan los que dicen, en voz baja, que son las relaciones propias de formaciones precapitalistas (comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo) las culpables de que esos pueblos vivan en el atraso del que ahora se habla en distintos tonos. Incluso añaden que, los indígenas, de ese atraso serían liberados por el capitalismo, es decir, con el desarrollo que sacrifica la naturaleza y el territorio.

Tampoco debemos olvidar lo que dijo el máximo dirigente de los campesinos en funciones (allegado al MAS), que los indígenas del TIPNIS no debían seguir viviendo como salvajes. Y eso afirmó alguien que dice que lucha contra el colonialismo interno.

Existe una antigua pero vigente idea marxista-leninista, propagada en Bolivia y que creemos que se la debe adaptar y aplicar con imaginación, que señala una pauta para enfrentar y resolver el problema colonial interno y el de los indígenas, en este último caso, el de las naciones o nacionalidades explotadas y oprimidas.

En esa línea señalada, lo esencial es que los derechos de los indígenas, deben ser ejercidos y realizados conforme a la Constitución Política, los convenios internacionales (que ya son leyes bolivianas) y las otras normas de nuestro país.

Todos esos derechos apuntan a preservar el hábitat natural de los pueblos originarios. Es decir, no hay nada que autorice a ningún régimen socio-político acabar con el territorio indígena y menos aún en nombre de una revolución, como lo intenta el actual gobierno boliviano.

Al frente de los indígenas del TIPNIS están los cocaleros del Chapare y los colonizadores de distintos lugares, sobre todo los benianos o los establecidos en Beni. Estos últimos lo han dicho con insistencia los días de la VIII marcha indígena, en defensa de aquella riqueza natural, que ellos quieren más tierras, en propiedad personal, aunque sea a costa del territorio indígena. Sólo después de aquella caminata, en cierto modo modificaron esa pretensión: más tierras —afirmaron— de las que consiga revertir el Estado porque no cumplían ninguna función económica ni social. Esta última aspiración, además de legal es legítima, y debe contar y cuenta con apoyo del pueblo boliviano.

Asimismo, un cocalero, que se pasó de indiscreto para sus cofrades, señaló que E. Morales les ofreció tierras en el TIPNIS en la última campaña electoral. Nunca hubo respuesta de algún funcionario del gobierno ni para refutar y menos para asumir como cierta esa declaración. Un indicio de que ese cándido agricultor y/o cocalero dijo la verdad. Los gobernantes “trabajan” sobre esa realidad material, apoyados en dichos intereses egoístas. Y éstos ayudan a dividir a la gente del pueblo.

El fundamento de las contradicciones “en el seno del pueblo” (contradicciones que no siempre son creativas), es la materialidad de esos intereses. Éstos son los que influyen en la conducta de la gente y las rupturas entre los pobladores, además, tienen lugar por las ideas de las clases sociales, grupos de éstas y pueblos indígenas.

Intereses e ideas son, pues, las que nos unen y nos separan cuanto defendemos el TIPNIS y cuando otros sostienen que todos los bolivianos debemos aprovechar las riquezas naturales que allí se encuentran. Riquezas que, asimismo, tienen que servir para el crecimiento económico sin desarrollo humano o social. Lo último se calla, por supuesto.

A orureños y potosinos, que disputan fragmentos de territorio departamental fronterizo, los separa las tierras aptas para la siembra de quinua, como alimento excepcional y, la piedra caliza, materia prima para la producción de cemento. Los sentimientos regionales y/o patrióticos no alcanzan para moderar siquiera el comportamiento de esos pobladores que hace horas se enfrentaron, cuya consecuencia son heridos, rehenes y un tractor secuestrado.

En este caso, también son los intereses materiales los que desunen a “hermanos” que crecieron en la misma heredad, dividida sólo por fronteras administrativas. Nada más. Los factores que enfrentan a dos regiones, hasta aquí sin acuerdo real, también recibe estímulos extra departamentales. Así como desde el gobierno, por omisión, para decir lo menos.

A los discapacitados se los divide y se los enfrenta entre ellos. Están los que, más que sea por gratitud hacia el gobierno porque trabajan en la administración pública, acuden puntuales para firmar acuerdos (con frecuencia supuestos) o cobran presurosos una mísera renta; accionar que rechazan los otros discapacitados movilizados, aunque los últimos ceden ante las presiones y aceptan la ley referida a esa población a la que calificaron como “más discapacitada” que ellos.

Divide y reinarás, de tan vieja data, es idea y práctica de un gobierno que dice impulsar una revolución democrática y cultural, pero sin conseguir que el pueblo se una o recupere su unidad, de la que es despojado todos los días. Un ejemplo de división del pueblo que no se encuentra en ninguna revolución popular verdadera.

Ante la división, para unir, organizar y concienciar al pueblo no necesitamos permiso de nadie. Frente a la división que siembra el gobierno entre el pueblo, nosotros tenemos que ayudar al reencuentro, al diálogo, a la participación, a la unidad, a la organización de los de abajo, seguros de que sin esos elementos esenciales la revolución aquí será una meta inalcanzable.

* Periodista. Fuente: http://www.semanarioaqui.com