En Perú la realidad se lee al revés. Al corrupto le dicen honorable; al ladrón, honrado; al mentiroso honesto y al criminal lo nombran héroe. Al parlamentario corrompido le dicen “padre de la patria”, al juez inmundo le dicen hombre de leyes.

Al mercenario que escribe le dicen periodista y hasta escritor. Al payaso político le dicen hombre serio. Hasta los presidentes corruptos que pasan periódicamente por palacio de gobierno se hacen llamar ‘dignatario de la nación” y “encarnación de la patria”.

El caso mas reciente de la tergiversación de los hechos se refiere al trato oficial que el gobierno y los grupos políticos están dedicando a los miembros del “comando Chavin de Huantar”. Sus integrantes son militares criminales que en cualquier parte del mundo estarían en prisión. Sin embargo están libres y el gobierno de Ollanta Humala los defiende y los considera “héroes” de la nación.

“Defenderemos a los Comandos Chavín de Huántar”, ha dicho Pedro Cateriano Bellido, un representante del gobierno de Humala en la Corte Internacional de Derechos Humanos de la OEA. “El mensaje es el siguiente: nosotros hemos asumido esta defensa porque consideramos que fue un operativo militar ejemplar. Defenderemos como Estado a los comandos Chavín de Huántar que con su sacrificio defendieron los intereses nacionales”, dijo Cateriano.

El presidente Humala ha dicho que el “Estado va a responder por los comandos, los vamos a defender… garantizamos que ningún comando va a ir preso”. Agregando además, que la acción militar en la embajada japonesa en 1997, “fue una de las más brillantes acciones militares” y que “ellos dieron la cuota de servicio”. Por ello, agregó, el Estado buscará al mejor procurador, especialista en estos temas para que respalde al Perú, porque “en realidad no se está enjuiciando a los comandos, sino al Estado”.

Por su parte “Concertación Parlamentaria”, un grupo organizado por el APRA de Alan García Pérez, acaba de presentar una propuesta al parlamento para oficializar la “calidad de héroes de la democracia” a los 146 miembros del comando Chavín de Huantar, además de otorgarle una condecoración y 100 mil soles (un poco mas de 37 mil dólares) a cada uno de ellos.

Toda esta feria de halagos y respaldos a los militares de Chavin de Huantar, sucede paralelamente a la decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de exigir al Estado peruano abrir un proceso penal contra este grupo de militares por las ejecuciones extrajudiciales cometidas durante la operación en la embajada japonesa en Lima.

Chavín de Huántar fue la operación que pusieron en marcha Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori para tomar por asalto la embajada japonesa en Lima que había sido capturada por un grupo del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) en diciembre de 1996. La operación de rescate se ejecutó en abril de 1997 cuando ya los miembros del MRTA habían decidido negociar y liberar todo los rehenes. Gracias a la colaboración del cura Luis Cipriani, actual cardenal de la iglesia Católica, los militares sorprendieron a los guerrilleros y pudieron vencerlos con facilidad.

Luis Cipriani fue el encargado de infiltrar en la embajada japonesa minúsculos instrumentos para seguir a distancia los movimientos de los subversivos. Las cámaras de filmación y retransmisión pasaron ocultas al interior de una falsa biblia que llevaba entre las manos el cardenal Cipriani. En dicha operación, los 140 militares (integrantes del comando Chavin de Huantar), después de vencer la frágil resistencia de los subversivos, apresaron vivos y sin lesiones a tres sobrevivientes y miembros del MRTA.

Herma Luz Meléndez Cueva, Eduardo Cruz Sánchez y Salomón Peceros Pedraza fueron los guerrilleros que sobrevivieron al ataca militar. Pero, instantes después y en el mismo lugar del combate fueron asesinados a sangre fría. En medio de la sangre fresca y humo de las bombas, Alberto Fujimori ingresó con un equipo de fotógrafos y cameraman de la televisión para posar con los cadáveres ensangrentados de los guerrilleros asesinados.

Un fiscal peruano dijo que se había establecido “con certeza que durante el enfrentamiento entre miembros de la patrulla militar de intervención y los miembros del MRTA, estos últimos fueron capturados con vida para luego ser ejecutados extrajudicialmente”.La defensa de los militares de “Chavin de Huantar” muestra que en Perú bajo el gobierno de Ollanta Humala se sigue la misma política del régimen de Alberto Fujimori.

Se protege el crimen organizado desde el Estado y se defiende militares asesinos. Como en años anteriores los militares son intocables. Las leyes no existen para ellos, y defenderlos como lo hace actualmente el gobierno es preparar las condiciones para que en el futuro mas inmediato las fuerzas armadas y las fuerzas policiales sigan cometiendo crímenes y violando los derechos humanos en el Perú.

El comando “Chavín de Huantar” convertido en el símbolo “heroico” del ejército, es una expresión reciente de la crisis moral y política en Perú. Matar guerrilleros prisioneros y sin defensa no es ningún un acto heroico. Es un crimen y una aberración ética y moral. Es una inmunda cobardía, un acto demencial que muestra la esencia inmunda de las fuerzas armadas del Perú, cuyo rol en la historia peruana es vergonzosa.

Los militares de este país jamás han ganado una guerra patria. Es un ejército sin honra. Son maestros de derrotas y se sienten “héroes”, asesinado campesinos, obreros y pobladores sin armas. Los militares, en actividad o en retiro (como el comandante Ollanta Humala) constituyen una lacra pesada para la sociedad peruana, y mientras persista esta lacra, el Perú seguirá siendo una republica de pacotilla donde cualquier militar tiene licencia para asesinar, secuestrar y torturar.

* Articulista peruano.