Brasilia, Londres y La Habana (PL).- Las naciones desarrolladas enfrentan la crisis financiera global emitiendo grandes paquetes de crédito y bajos intereses que vuelcan considerables volúmenes de dinero a los mercados de países emergentes. La presidenta de Brasil Dilma Rousseff criticó a la guerra cambiaria, medida que calificó de tsunami monetario y de política “perversa e inconsecuente”.

La presidenta Rousseff atribuyó el actual “tsunami monetario” a los países ricos, al provocar una guerra cambiaria para enfrentar la crisis financiera y una liberación de recursos que ingresa a países como Brasil, con altas tasas de interés y una moneda depreciada por el aluvión de dólares.

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) anunció en enero de 2012 que las tasas de interés de referencia continuarán en mínimos históricos, entre el cero y el 0,25%, hasta finales de 2014, más del tiempo previsto. La disposición busca estimular los préstamos, la circulación monetaria y la inversión.

El presidente de la FED Ben Bernanke ha defendido en repetidas ocasiones la política monetaria de bajos tipos de interés como condición para reactivar el crecimiento del PIB, que depende en un 70% del gasto de los consumidores. Sin embargo, el presidente de la FED de Filadelfia Charles Plosser advirtió que la política monetaria ultra-expansiva podría desencadenar un aumento de precios. “Dicho aceleramiento pone a la economía peligrosamente en camino a un repunte de la inflación o a una abrupta distorsión en los mercados financieros”, remarcó.

El 8 de febrero el euro, moneda única de 17 países que conforman la Eurozona, inició la jornada en los mercados cambiarios con un sustancial avance de su paridad respecto al dólar, y llegó a 1,3289 dólares por unidad, el nivel más alto desde el 12 de diciembre de 2011. El euro se beneficia de los elevados niveles de liquidez que mantiene el Banco Central Europeo (BCE), apoyado en ajustes a la baja de las tasas de interés.

En esas condiciones las divisas asiáticas también ganaron terreno, en una tendencia encabezada por el bath tailandés con un repunte del 0,6%, mientras el peso de Filipinas avanzo 0,4%. La recuperación llegó además a monedas como el won surcoreano (0,3%), el yuan de China (0,17%) y la rupia de India (0,2%).

El 9 de febrero, el Banco de Inglaterra insufló 50 mil millones de libras (cerca de 60 mil millones de euros) al sistema financiero local, para reactivar la economía del Reino Unido. Esas finanzas se envían al programa de compra de activos, conocido como de “alivio cuantitativo”, dirigido a inyectar dinero a la economía, al cual se destinaron en octubre pasado 75 mil millones de libras (90 mil millones de euros).

La banca acordó mantener en el mínimo histórico de 0,5% los tipos de interés en Reino Unido, en su afán de incentivar la demanda y la concesión de préstamos bancario. El Comité de Política Monetaria subrayó que la decisión de ampliar el programa de estímulo económico responde a que se mantiene la preocupación por los niveles de deuda en la eurozona, principal mercado exportador de Reino Unido.

Por otro lado, el 27 de febrero la divisa japonesa cayó al nivel mínimo en nueve meses respecto al dólar en los mercados cambiarios, en una tendencia que favorece la actividad exportadora de esa nación asiática. El yen se cotizó en 80,72 unidades por dólar, influenciado por la política monetaria de dinero fácil que aplica el Banco de Japón, con tasas de interés cercanas a cero, para alejar la recesión de la economía nacional. Analistas del sector financiero advirtieron que el yen fuerte disminuye la competitividad de los exportadores nipones en los mercados internacionales.

Medidas perversas

Las medidas adoptadas por los países ricos en crisis son perversas para las naciones emergentes que enfrentan una guerra cambiaria basada en una política monetaria expansionista, afirmó la presidenta de Brasil. “Es por eso que nos preocupamos con ese tsunami monetario de los países desarrollados que no usan políticas fiscales de ampliación de la capacidad de inversión para salir de la crisis en que están metidos”, explicó.

No obstante, subrayó que su gobierno continuará desarrollando el país, defendiendo la industria, impidiendo que los métodos de salida de la crisis de los países ricos provoquen un canibalismo en los mercados de las naciones emergentes. El discurso de la mandataria brasileña coincidió con el anuncio oficial de aumentar de dos para tres años el plazo del cobro del 6% del Impuesto sobre Operaciones Financieras (IOF) en las liquidaciones de cambio monetario contratadas a partir de marzo. La medida persigue reducir el ingreso de dólares al país y con ello evitar una valorización excesiva del real, que recientemente se ha apreciado considerablemente en comparación con la moneda estadounidense.

El ministro de Hacienda Guido Mantega afirmó que Brasil no permanecerá impasible observando la guerra cambiaria y apuntó que el gobierno continuará adoptando acciones para evitar la valorización del real que ha ganado más de 8% en lo que va de año sobre el dólar. Tenemos que defendernos de esa política, aseveró Mantega y recordó que la práctica de adoptar medidas de ese tipo era condenada hasta hace poco tiempo, pero frente a la actual crisis pasó a ser recomendada por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Según Mantega, el FMI comenzó a pensar así después que Brasil adoptó medidas de intervención en la tasa de cambio que han resultado ser exitosas. Ahora, indicó, el Fondo recomienda las acciones brasileñas, en especial a los países emergentes, más sujetos a la entrada y salida de capitales extranjeros. El FMI reconoció que los países emergentes están bajo amenaza debido a la excesiva liquidez global del dólar y la apreciación de las monedas locales, lo cual ha afectado la competitividad de sus productos en el extranjero.

Mantega insistió en que serán bienvenidos los recursos externos para ser aplicados en la producción, pero restringirán el capital especulativo. Esas medidas incluyen tanto cambios en el IOF como las compras de dólares en el mercado financiero para reforzar las reservas internacionales y disminuir el exceso de moneda estadounidense en circulación.

La idea del gobierno es desestimular la entrada a Brasil de capital de corto plazo, pues la única manera que los países desarrollados encuentran para enfrentar la crisis es hacer política monetaria expansiva, consistente en reducir intereses y aumentar el volumen de crédito. Con ese aumento de recursos disponibles, explicó Mantega, el mercado financiero internacional procura aplicar el dinero en países emergentes más sólidos, ya que son pequeñas las oportunidades en las economías desarrolladas.

El 15 de febrero, el gobierno brasileño anunció un corte de 55 mil millones de reales, unos 31 mil millones de dólares, del Presupuesto 2012, con el objetivo de fortalecer las finanzas públicas y controlar la inflación. “Es una contingencia alta, si, pero garantizará la obtención del resultado primario que aprobamos en la Ley de Directrices Presupuestarias”, explicó el ministro Mantega al anunciar la medida, que representa un 3,3% del presupuesto total para este año.

Ese ahorro de recursos posibilitará además pagar los intereses de la deuda pública y, consecuentemente, mantener la trayectoria descendente en relación con el Producto Interno Bruto, todo lo cual garantiza la consolidación fiscal del país en este momento de inestabilidad de la economía mundial.

“Observamos hoy a varios países endeudados. Deuda elevada es sinónimo de vulnerabilidad, flaqueza. Queremos un Brasil con presupuesto fuerte”, apuntó y subrayó que el recorte no significa un ajuste clásico o conservador porque no se afectará el dinero para programas sociales y se incentivará la inversión privada. El gobierno mantendrá intactos los recursos previstos para el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), entre los cuales están los planes Mi Casa, Mi Vida, y Brasil sin Miseria, dos de los principales proyectos sociales del gobierno de Dilma Rousseff.

Ese corte en el presupuesto, prosiguió Mantega, permite al Banco Central reducir aún más la tasa básica de interés, la denominada Selic, que actualmente se encuentra en 10,5% anual. Un escenario en que disminuye la inflación, se cortan gastos y tenemos un resultado primario expresivo, indicó, abre espacio para la reducción de la Selic, del gasto financiero y un mayor crecimiento económico del país.

Para este año, el gobierno fijó una expansión de 4,5% del PIB, a la vez que trabaja para que la inflación termine en 4,7%, muy cerca del centro de la meta establecida de 4,5%. Del total cortado, 20 mil millones de reales (unos 11 mil millones de dólares) corresponden a gastos obligatorios y 35 mil millones de reales (unos 20 mil millones de dólares) a gastos discrecionales.

Con reportes de los periodistas de Prensa Latina Masiel Fernández Bolaños y Alberto Rabilotta.