Usted desembarca en el aeropuerto internacional de Kotoka, situado en las colinas que dominan el norte de Accra, y después de realizar las formalidades de rigor se adentra en la capital de Ghana por el Ring Road, circunvalación sembrada aquí y allá de enormes rotondas con nombres históricos.

En la rotonda Kwame Nkrumah Circle, doble a la izquierda para tomar la Avenida de la Independencia y llegará al corazón mismo de la urbe, donde los coloridos mercados de Makola 1 y Makola 2 parecen dominados por el ir y venir incesante de una abigarrada multitud en movimiento perpetuo.

¿Pero dónde está el mar, junto al cual se extiende la capital de Ghana? Por mucho que busque verá que prácticamente todas las calles del centro no desembocan nunca en las aguas del golfo de Guinea, sino que se enroscan en un dédalo de callejuelas ribereñas de edificios cuyas fachadas miran hacia la ciudad.

Accrá, como la nombran realmente sus habitantes, da inexplicablemente la espalda al mar. No obstante, es de las ricas aguas de este océano Atlántico huraño y tempestuoso que se extrae a la manera tradicional (con enormes redes tiradas desde la costa por decenas de personas) el pescado que junto al kenke (yuca molida y cocida) y el fufu (plátanos y yuca mezclados), constituyen los alimentos básicos en las aldeas de la costa ghanesa.

A decir verdad, el hecho de que la capital de Ghana mire tierra adentro no es demasiado extraño, pues en Accra no hay puerto, sino tan sólo una pequeña rada para pescadores. El puerto en si se encuentra en Tema, unos 20 kilómetros al este, construido en 1961, entre otras razones para poder desembarcar los materiales y grandes estructuras destinados a la gran represa de Akossombo sobre el río Volta.

Accra y Tema forman hoy un conglomerado, junto a los suburbios más alejados, de unos cuatro millones de habitantes, puesto que están unidas no sólo geográficamente, sino también por su gran interdependencia socioeconómica.

Fortines y castillos

Cuando las primeras expediciones portuguesas llegaron en el siglo XV a las costas de lo que hoy es Ghana, los pueblos que habitaban la zona no imaginaban que desde el mar le llegaría otra cosa que no fueran peces. Los conquistadores lusitanos fundaron el fortín de Elmina cerca de la actual ciudad de Cape Coast en 1482, 10 años antes del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, y de ahí en adelante, durante cuatro siglos, las expediciones europeas, ávidas de oro y esclavos, no dieron tregua a los ghaneses.

Europeos de todas las nacionalidades -portugueses, ingleses, franceses, holandeses, daneses y hasta suecos- estuvieron construyendo castillos y fortines durante casi 400 años en estos parajes, conocidos también como la Costa de Oro, debido a los ricos yacimientos de ese metal precioso en Kumasi.

En realidad estos enclaves eran centros para el comercio y la trata de esclavos, y no puntos a partir de los cuales se estableciera la colonización permanente de las tierras del interior. Tal cosa no ocurriría hasta el siglo XIX. En el dialecto local Accra quiere decir “ejército de hormigas”. Tal vez los primitivos habitantes de la zona nombraron así al lugar porque existen gigantescos hormigueros que en ocasiones duplican la estatura de un hombre.

Los Ga, una poderosa tribu que migró desde Nigeria, se estableció en la zona para siempre, a tal punto que el dialecto ga sigue siendo el predominante allí, a pesar de que el akan de los ashanti es el más extendido en todo el país. En el siglo XIX fue que Gran Bretaña estableció definitivamente su poder como potencia dominante y tomó posesión de los castillos y fortines para desde allí iniciar el proceso de controlar todo el país.

Oficialmente, la colonia se estableció en 1874 y sólo dos años después la corona británica trasladó la sede del gobierno el castillo de Christianborg, rebautizado después como Osu Castle, que hasta hoy sigue siendo el símbolo del poder administrativo.

Varias de estas instalaciones tuvieron que ser reconstruidas luego de los terremotos de 1862 y 1939. Una epidemia de peste asoló la ciudad en 1907.

Los últimos decenios

Tras la independencia, impulsada por Kwame Nkrumah, y gracias a un ambicioso plan de desarrollo, el crecimiento y modernización de Accra registró un nuevo aliento, con modernos proyectos de viviendas populares y edificios administrativos y de servicios de audaces líneas.

Más recientemente, durante los últimos 20 años, la ciudad se llenó de nuevas obras, tales como hoteles, bancos, teatros, centros deportivos, que han contribuido a resolver problemas pendientes y a dotar a la capital ghanesa de una necesaria infraestructura cultural, financiera y administrativa.

Una de las joyas arquitectónicas de la nueva Accra es el Teatro Nacional, situado en la conjunción de la Avenida de la Independencia y Liberia Road, en el distrito de Victoriaborg, cuyo proyecto y terminación fue un obsequio del gobierno chino.

Con casi 12 mil metros cuadrados de superficie, la extraordinaria instalación, que de lejos semeja una gaviota, es la sede oficial de la Compañía Nacional de Danza, la Orquesta Sinfónica Nacional y la Compañía Nacional de Teatro.

Otros edificios destacados son el Centro de Internacional de Conferencias, el parlamento, los ministerios, el distrito central de negocios y La Oficina para la Comercialización del Cacao, principal producto de exportación del país.

Cuando uno llega hoy a la capital de Ghana, mientras el avión sobrevuela el litoral, la aglomeración metropolitana semeja un verdadero mar de luz, del que sobresale la gran antorcha de gases quemados de la refinería.

Aunque en la propia capital hay industrias, es en el puerto de Tema donde éstas se concentran. La refinería, silos para granos, plantas para el procesamiento de alimentos y aceites vegetales, fábricas de cemento y otras se levantan en esa ciudad satélite.

Accra disfruta también de un clima parejo durante todo el año, sin grandes diferencias de temperaturas, lo cual permite el uso de una vestimenta ligera en todas las estaciones.

* Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina.