(Rebelión/Revista IN).- La pobreza baja, los bancos ganan como nunca, la oposición sigue de capa caída y el gobierno recompone fuerzas para la reelección. Pero una nueva chance es también una lucha contra las propias taras: intolerancia, caudillismo, desarrollismo, extravíos y prebendalismo. ¿Habrá mayor horizonte, apertura, pluralidad y más democracia ¿Necesita el proceso un nuevo líder y un nuevo “partido”?

La banca crece al 25 % y gana como nunca: 891 millones de dólares desde el cambio de régimen; la mora en los créditos es la más baja en años y si le va bien a la gente les irá mejor a los empresarios, aseguran estos; las exportaciones mineras rondan los 3.400 millones de dólares y aunque en regalías e impuesto dejan sólo 436 millones, hay derrama en salarios e insumos; y la inversión petrolera el 2012 apunta a 2.050 millones, no obstante que el 2011 sólo se ejecutó 1.200 de los 1.800 presupuestados.

Este año “va a ser muy similar al anterior”, augura el presidente de los banqueros, Kurt Koneigsfest, que el 2011 batieron otra marca en utilidades: 212 millones, sumando casi 900 millones de dólares en ganancias en los seis años del “proceso de cambio”.

“La economía está pasando un muy buen momento, todos los agentes económicos van a tomar ventaja de eso”, se felicita la próspera banca boliviana semanas después que un significativo sector empresarial que incluye a la agropecuaria cruceña acordó con el gobierno un pacto de productividad, mientras las manufacturas exportadas han batido récord: 2.200 millones de dólares, entre los que figura otro año bueno para los bonancibles soyeros (630 millones en ventas al mercado externo).

La pobreza está disminuyendo, de acuerdo a cifras oficiales que estiman una reducción de medio millón de pobres moderados y otro tanto de extrema pobreza, aunque todavía la mitad de la población se debate entre uno y otro drama, que es también caldo de cultivo para la reelección el 2014: el “voto duro” del régimen populista reside en el segmento de los de abajo, desengañados o no.

Desde el 2006, la renta petrolera ha sobrepasado la nunca vista suma de 12.400 millones de dólares, que es sólo una parte que lo que ha venido administrando el Estado Plurinacional. Su antecesor neoliberal, el de la última fase republicana (2001-2005) percibió en sus estertores apenas 1.600 millones.

Hay recursos como nunca, dinero a manos llenas en el Estado, las gobernaciones y los municipios, aunque no se los ejecute: “Pese a tener mucha plata en caja y el banco, por lo menos más de 1.000 millones de dólares no llegan a gastar”, reprochó el presidente Evo Morales a los alcaldes reunidos en Cochabamba. No olvida que su mismo gobierno arrastra problemas de ejecución presupuestaria: de 2.400 millones presupuestados para inversión, sólo se ejecutaron 1.600 millones, según la Fundación Milenio.

Y aunque el auge que sobre todo ostentan funcionarios, campesinos, cooperativistas y empresarios, no alcanza para abatir la pobreza de la mitad de los bolivianos, a pesar de las trabas y los berrinches de los últimos años las relaciones con EEUU mejoran, y aún los negocios cuestionados están en alza: el narcotráfico prevalece pese a las incautaciones de droga con pocos peces gordos detenidos –excepto el narcogeneral Sanabria– y los cocaleros extienden su frontera cultivable.

Y si el régimen redobla su entusiasmo, la reserva amazónica-andina del Isiboro Sécure será sólo un recuerdo partido por una carretera denunciada por sobreprecio e impugnada por los indígenas que la habitan.

Por lo demás, el contrabando es un negocio redondo, sobre todo el del combustible en los pueblos fronterizos y los 70 mil autos legalizados, luego de su internación irregular y los 8.000 robados, por devolver a países vecinos.

Así, buena parte de las condiciones “materiales” parecen estar dadas para la reproducción del poder dentro de 33 meses. Las ansias son inocultables. El viceministro César Navarro habla de la revolución “imparable”, “indefinida”. Está convencido que “sólo” hay que ampliar el liderazgo indígeno-originario-campesino a sectores obreros, populares y de clase media. El cemento: la “construcción del Estado”, (¿quizá menos prebendalista en su edificación?).

Pero quizá no estén todas las condiciones subjetivas: un “sujeto revolucionario” con demasiadas exigencias, movimientos sociales carcomidos por el prebendalismo y un liderazgo que al ser una de las mayores características del proceso, se muestra asimismo –caudillaje de por medio, intolerancia y poca pluralidad– como uno de sus los grandes obstáculos, debiendo luchar contra sí mismo.

El antídoto

El recetario de fórmulas ha sido planteado entre diciembre y enero recientes, a partir del espanto producido por el desgaste de dos años.

Erosión que comenzó con el triunfalismo y la soberbia del 64 % logrado el 2009, la ruptura con los “sin miedo” y el consiguiente bajón de las municipales 2010; el gasolinazo con que terminó el año y comenzó otro con el narco-general infiltrado en la inteligencia estatal (pese al sobre aviso), paralelo al desengaño con Chile, próximo a cumplir un año desde que se cayó en cuenta y seis desde que pisó el palito, y una demanda marítima internacional que no prospera,

Desgaste que prosiguió con las sucesivas denuncias sobre el subimperialismo brasileño que derivaron en sindicaciones contra la constructora OAS, el gran conflicto nacional de “los Tipnis”, la represión en Yucumo, las muertes en Yapacaní, y la nueva ola de choques entre ayllus –para aumentar el pavor del régimen a más enfrentamientos.

Diagnóstico en mano, as medicinas y el tratamiento se reducen, bien mirados, a tan pocos pero esenciales ingredientes, que asombra la incapacidad para haberlos recetado antes y administrado a tiempo:

Reformulación de las metas y horizonte para superar el estancamiento, los desvíos, la desaceleración – ¿cuán consistente será el proceso de cambio el electoral 2014?–. Cohesión a fin de re articular con los engreídos movimientos sociales por medios no prebendales, pero sobre todo para neutralizar la lucha interna entre facciones de cúpula por la candidatura vicepresidencial (o la misma Presidencia, desplazando al líder; no importa que el tiempo, por ahora, dirán algunos, no sea propicio). Reducir la confrontación; exponer menos al líder centralizando lo estratégico y desconcentrando lo operativo.

Finalmente, recomponer el Gabinete, reciclando a alguno que, sin riesgo de convertirse en el tercero en discordia, haga los contrapesos para evitar el empoderamiento del que resulte encabezando carrera por la re-Vice, supuesto que su adversario está en la lona, víctima de sus temores en Yucumo. Neutralizados los bandos la cohesión gana y el liderazgo también. Por ahora.

¿Será?

Con un Presidente de raíz indígena y rasgos mestizos que denotan su apellidaje sincrético, y que hace rato que ya entró a la historia por protagonizar la mayor presencia india en el Estado y revertir la participación social en el reparto de la renta nacional –lo cual no garantiza que salga de los anales patrios con menos talante por errores propios, atribuidos o asimilados– el asunto es si hay la capacidad para digerir el recuento de errores, asumir el diagnóstico, considerar los riesgos de las perspectivas y actuar en consecuencia.

Todo frente al gusanito de los deseos (incontinencia de la coplas carnavaleras, por ejemplo), la soberbia campante y rampante, la complacencia ante el halago, el cuasi-endiosamiento, el caudillismo dañino, la condescendencia al culto de la personalidad y todo eso que favorece la autocracia hasta que la anula por extinción paulatina del mismo sujeto que la aplica.

Es decir: la incoherencia frente a lo razonablemente trazado, la necesidad de abrir espacios para el debate y la tolerancia, recobrar la pluralidad perdida y el espíritu de la democracia en la revolución y la cultura.

Dificultades adicionales: in-capacidad de compatibilizar el más crudo y multidiverso capitalismo “cholo” –popular según Pablo Stefanoni–, con las corrientes comunistas y comunitarias manifestadas por facciones del régimen (el decano PC en las minas y algunos ministerios, por ejemplo) que postulan la proletarización de los emprendedores, entre otros, el caso de los cooperativistas mineros o los cuentapropistas sin beneficios sociales; o la integración de modalidades económicas comunitarias que van desde lo ancestral hasta la formas salvajes de la expansión de la frontera agrícola para el cultivo de cocales.

Complicaciones varias: suficiencia ante la oposición, embutir a todos los adversarios en un mismo saco, confianza en que no habrá segunda vuelta ni que es imposible una tercera vía alternativa y considerable; insistir en los desaciertos (palacio chico, gobierno muy grande), la verdadera infiltración del neoliberalismo encubierto, la adulación dañina a cambio de granjerías. Creer que los distraccionismos –“primarias” entre opositores, helicópteros presuntamente sobrevaluados, mayores mercedes al comando policial, fotos truchas, propaganda renovada, separatismo reflotado– son efectivos para distraer la atención y la opinión pública.

Quizá algo de eso alcance para revertir lo que Roger Cortez, ex líder del partido Socialista 1 registra: “El régimen más fuerte de la historia boliviana contemporánea, que ha conseguido erigir en plazos brevísimos un bloque dominante de raíces plebeyas, está sembrando con el mismo enfebrecido ritmo las bases de una crisis y descomposición de ese Estado que apenas ha comenzado a construirse”.

¿Podrá el líder establecer un esquema más abierto, plural, y democrático? ¿Necesita el proceso una nueva cabeza y un nuevo partido?

* Versión Original en revista IN, N° 22, Feb-marzo, Santa Cruz: http://www.360.com.bo/DigitalIN/in22/