La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU (JIFE), órgano que supervisa la aplicación de los tratados sobre drogas a nivel mundial, ha recriminado a Bolivia, esta vez acusando al país de amenazar la integridad del régimen internacional de control de drogas por defender los usos tradicionales de la hoja de coca.

El Transnational Institute (TNI, por sus siglas en inglés) y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) consideran que este último ataque de la JIFE a Bolivia es otra prueba más de la terquedad e incompetencia de la Junta. La dura respuesta de la JIFE a Bolivia incita a preguntar cuál es el temor de la JIFE. “¿Por qué cree la JIFE que las convenciones internacionales de drogas son tan frágiles?” cuestiona John Walsh, experto de WOLA. “¿Cómo puede la JIFE creer que los esfuerzos legítimos de un país por reconciliar sus requisitos constitucionales con sus obligaciones a tratados internacionales pueden representar una amenaza a la existencia del sistema entero?”

El 1 de enero de 2012, Bolivia denunció a la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 y ahora busca adherir de nuevo a la Convención con la reserva de poder hacer usos de la hoja de coca en su estado natural dentro del territorio boliviano. Las otras partes de la Convención tienen doce meses para considerar la reserva de Bolivia, y a menos que un tercio de las partes se oponga, (62 países o más), la reserva de Bolivia “será permitida”.

Bolivia optó por salirse de la Convención y acceder otra vez bajo reserva después de que en 2011 una coalición liderada por los Estados Unidos bloqueara los esfuerzos de Bolivia de enmendar el Artículo 49 de la Convención Única, el cual obliga a los partidos a abolir el masticado de la hoja de coca dentro 25 años a partir de la firma de la Convención. La prohibición de la Convención Única sobre los usos tradicionales de la hoja de coca contradice la nueva Constitución de Bolivia, adoptada en 2009, que obliga al Estado boliviano a proteger “… la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural”, y dice que la coca “en su estado natural no es estupefaciente. La revalorización, producción, comercialización e industrialización se regirá mediante la ley”. Tras haber fracasado en enmendar la Convención, Bolivia decidió retirarse del tratado y re-acceder pero con una reserva.

En el prefacio de su informe de 2011, el presidente de la junta Hamid Ghodse, lamenta “este paso sin precedentes” de Bolivia, describiéndolo como algo que “va contra el objeto fundamental y el espíritu” de la Convención. Ghodse declara que “la integridad del sistema de fiscalización internacional de drogas se vería menoscabada y se pondrían en peligro los logros conseguidos en los últimos 100 años” si la denuncia y re-adhesión con reservas se vuelve un mecanismo que podría ser usado por otros países miembros.

En el pasado, la JIFE ha atacado a Bolivia por su defensa del uso tradicional de la hoja de coca. En julio de 2011, la Junta usó un lenguaje similar para criticar a Bolivia. En su nuevo informe, la JIFE expresa su voluntad de continuar un diálogo para ayudar a Bolivia a resolver sus problemas de manera respetuosa. Pero el concepto de “diálogo” de la JIFE es peculiarmente unilateral. “La JIFE funciona con un sentido totalmente equivocado y autoinflado de infalibilidad que supuestamente le exime de toda exigencia de basar sus juicios en argumentos racionales”, según Martin Jelsma, coordinador del programa de Drogas y Democracia del TNI.

En consideración de los procedimientos que Bolivia decidió seguir, la Junta haría bien en consultar el comentario oficial sobre la Convención Única de 1961, que declara explícitamente (p. 476) que: “en virtud del párrafo 3 del artículo 50, una Parte puede reservarse el derecho a permitir los usos no médicos, mencionados en el párrafo 1 del artículo 49, de los estupefacientes en él indicados, pero también el de usos no médicos de otros estupefacientes, sin estar sujetos a los plazos y a las limitaciones establecidas en el artículo 49.

“La repuesta de la JIFE es un claro indicio de que el régimen de control de drogas de la ONU está bajo presión y que las grietas en el llamado ‘consenso de Viena’ se acercan a un punto de ruptura”, según Jelsma del TNI. “Esta es una señal de que su principal guardián, la JIFE, está en apuros y ya no es capaz de responder a los retos de manera racional”.