La crisis económica y el incesante proceso de urbanización deterioran aceleradamente los servicios de salud y educación y excluyen a cientos de millones de niños que viven en centros urbanos de todo el planeta, alerta el informe Estado Mundial de la Infancia 2012: Las niñas y los niños en un mundo urbano, publicado este martes por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Más de la mitad la población mundial vive en ciudades grandes y pequeñas, y aproximadamente una tercera parte reside en tugurios. Todos los años la población urbana mundial aumenta en alrededor de 60 millones de personas; se estima que siete de cada 10 personas vivirán en ciudades grandes y pequeñas en 2050, y que cerca de 1.400 millones vivirán en asentamientos precarios y tugurios en 2020.

La migración desde el campo ha impulsado la expansión urbana y sigue siendo un factor importante en algunas regiones. Sin embargo, estimaciones realizadas en 1998 sugieren que los niños nacidos en poblaciones urbanas ya existentes representan alrededor del 60% del crecimiento urbano. Unicef calcula que mil millones de niños viven en zonas urbanas en la actualidad y vaticina que dentro de unos años la mayoría de los infantes crecerá en ciudades y no en zonas rurales.

Se considera que las ciudades son fuentes de empleo, desarrollo y crecimiento económico, pero cientos de millones de niños y niñas que residen en zonas urbanas están creciendo en medio de la escasez y las privaciones. En muchos países, la infraestructura y los servicios no guardan proporción con el crecimiento urbano, razón por la cual los niños pobres urbanos están en condiciones simi­lares o peores que los niños pobres de las zonas rurales.

El informe de Unicef demuestra que los niños urbanos no acceden a mejores servicios básicos (educación, salud, agua potable, saneamiento, protección y alimentación adecuada) que los que viven en el área rural, por lo cual un número cada vez mayor de niños y niñas que viven en tugurios y barrios marginales se cuentan entre los más vulnerables y desfavorecidos del mundo, advierte el director ejecutivo de Unicef Anthony Lake.

“Una de las cosas que más nos sorprendió fue la escasez de datos específicos sobre los niños de los entornos urbanos. A pesar de que esto se debe en parte a numerosas razones técnicas, en el fondo se trata de una decisión política, y a algunos sectores les conviene mantener el problema oculto para que esos niños sigan siendo invisibles”, dice el editor del Estado Mundial de la Infancia 2012 Abid Aslam.

El informe de Unicef señala que las ciudades son escenario de las mayores inequidades en materia de salud, educación y oportunidades para la infancia. A menudo, esas penurias quedan ocultas por los promedios estadísticos en los que se basan los programas de desa­rrollo y las decisiones sobre la asignación de recursos. Debido a que los promedios agrupan a todas las personas juntas, la pobreza de unos queda oscurecida por la riqueza de otros. Una consecuencia de esta situación es que los niños y niñas que ya sufren privaciones quedan ocultos y excluidos de los servicios esenciales.

Estos problemas pueden generar otros más preocupantes como el sometimiento a trabajo forzado, a trabajos peligrosos, a la explotación sexual, al tráfico de personas y a enfermedades graves, entre otras graves violaciones de los derechos infantiles. Cada año se practica medio millón de abortos selectivos de fetos hembra en India, lo cual ha provocado que si a nivel mundial el ratio por sexo al nacer es de 1.070 niños por cada mil niñas, en India la correlación sea de solo 914 mujeres por cada mil varones.

Derechos de la infancia en los entornos urbanos

Los niños que viven en zonas urbanas disponen de una amplia gama de derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos reconocidos por la Convención sobre los Derechos del Niño y otros instrumentos internacionales. Estos derechos incluyen la supervivencia; el pleno desarrollo; la protección contra el abuso, la explotación y la discriminación; y la participación en la vida familiar, cultural y social. [1]

Sin embargo, estos derechos no se plasman de manera equitativa en las ciudades del mundo. Por ejemplo, más de una tercera parte de todos los nacimientos de las zonas urbanas no se registran, y esa proporción está cerca del 50% en el África subsahariana y Asia meridional.

El Estado Mundial de la Infancia 2012: Las niñas y los niños en un mundo urbano examina los principales fenómenos que definen las vidas de los niños en las urbes, entre ellos la crisis económica, la desigualdad social, la participación limitada en la toma de deci­siones, la falta de seguridad en la tenencia de tierras y viviendas y la protección legal. La discriminación por motivos de género, origen étnico, raza o discapacidad refuerza a menudo el grado de exclusión.

Muchos niños disfrutan de las ventajas que ofrece la vida urbana, incluido el acceso a los servicios educativos, médicos y recreativos, pero a muchos se les niegan servicios esencia­les como el agua potable, la electricidad y la atención de la salud, pese a que viven cerca de los centros que brindan esos servicios. Por esa razón, en muchas zonas son enormes las disparidades en las tasas de supervivencia, estado nutricional y educación.

A muchos de niños y niñas se les obliga a realizar trabajos peligrosos y se los explota, en lugar de fomentar su asistencia a la escuela. Muchos de ellos hacen frente también a una amenaza constante de desalojo, a pesar de que ya viven en vivien­das destartaladas y atestadas, en asentamientos altamente vulnerables a enfermedades y a desastres naturales que se han multiplicado por diez desde mediados del siglo XX.

Los desastres naturales afectan en particular a los residentes urbanos que viven en condiciones precarias y están mal equipados para prepararse o recuperarse ante eventos extremos. Los pobres urbanos tienden a vivir en casas ende­bles construidas en las peores tierras: en laderas susceptibles a deslizamientos de tierra, en terrenos bajos que se inundan fácilmente o cerca de sitios donde se arrojan desechos industriales, por ejemplo. Para millones de niños, la exposición a riesgos tales como ciclones, inundaciones, deslizamientos de tierra y terremotos complica e intensifica su pobreza urbana.

Las condiciones inadecuadas de vida son una de las violaciones más persistentes de los derechos de la infancia, ya que sin una vivienda decente y segura y sin sistemas de agua y saneamiento es mucho más difícil para los niños sobrevivir y prosperar, subraya el informe de Unicef.

Salud y nutrición

La mortalidad en menores de cinco años se redujo a nivel global, pero aumenta la mortalidad de los recién nacidos, asegura un estudio de la OMS, la ONG Save the Children y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (PloS Medicine). La investigación revela que la proporción de infantes que fallece antes de cumplir las cuatro semanas de vida es mayor que en 1990, debido al incremento de partos prematuros, asfixia en el nacimiento, infecciones severas y neumonías. El problema es más grave en África.

Las altas concentraciones de pobreza y la falta de maternidades y servicios de emergencia elevan las tasas de mortalidad infantil en los barrios más pobres de las urbes de todo el mundo. Los bajos niveles de inmunización tienen como consecuencia brotes más frecuentes de enfermedades en las comunidades que ya son más vulnerables debido a la alta densidad de población y a un flujo continuo de nuevos agentes infecciosos. Las condiciones de hacinamiento e insalubridad facilitan la transmisión de enfermedades como la neumonía y la diarrea, las dos principales causas de muerte de menores de cinco años.

El número de personas que defecan al aire libre se elevó en un 20% entre 1990 y 2008. El impacto de esta práctica en asentamientos urbanos densamente poblados es particularmente alarmante para la salud pública. El agua insalubre, el saneamiento deficiente y las condiciones antihigiénicas se cobran muchas vidas cada año, incluyendo alrededor de 1,2 millones de niños menores de cinco años que mueren de diarrea. [2]

En 2010, casi ocho millones de niños murieron antes de cumplir cinco años, la mayoría debido a la neumonía, la diarrea o a complicaciones durante el parto. En 2008, más de 350 mil mujeres murieron durante el embarazo y el parto, y cada año muchas más sufren lesiones que pueden convertirse en discapacidades permanentes. [3]

Por otro lado, el hambre y la desnutrición tienen un rostro cada vez más urbano. El número de pobres y desnutridos está aumentando más rápidamente en las zonas urbanas que en las zonas rurales. Incluso las personas aparentemente bien alimentadas pueden sufrir el “hambre oculta” de la desnutrición de micronutrientes, causante de más de una tercera parte de las muertes de menores de cinco años a escala mundial. Sin elementos esenciales como la vitamina A, el hierro o zinc que se encuentra en las frutas, las legum­bres, el pescado o la carne, los niños corren un mayor peligro de muerte, de sufrir ceguera y retraso del crecimiento, y de tener un menor coeficiente intelectual. [4]

Además, el aire contaminado en el interior de las viviendas es responsable de casi 2 millones de muertes de menores de cinco años cada año. El uso de combustibles peligrosos para cocinar en espacios mal ventilados es uno de los factores que contribuyen al problema. [5]

Educación e ingresos

En los países en desarrollo más de 200 millones de niños menores de cinco años no logran alcanzar su pleno potencial cognitivo. Las desigualdades de ingreso, género o de origen étnico agravan el problema. Por ejemplo, los estudiantes provenientes de las minorías son más castigados dentro del sistema de educación estadounidense, según un estudio del Centro Nacional de Políticas Educativas (NEPC en inglés) basado en datos del Departamento de Educación.

El 16% de los hispanos en escuelas públicas de nivel medio en EE.UU. son suspendidos al menos una vez en sus años de calificación, por solo un 10% los blancos no hispanos. Los niños de raza negra enfrentan peor situación con un índice de 28% de expulsión. La mayoría de las sanciones se debe a faltas leves como el uso indebido del celular o violaciones al código de vestimenta y solamente un 5% son resultado de faltas graves, como el porte de armas.

La aplicación de las normas disciplinarias es injusta y no es igualitaria, aseguró Daniel Losen, del Centro por los Derechos Civiles en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), quien realizó la pesquisa. Losen encontró en las estadísticas oficiales de aplicación de castigo escolar entre 1972 y 2006 que la incidencia de suspensiones y expulsiones aumentó sostenidamente al tiempo que se incrementó la disparidad racial. “Aunque nuestra sociedad es más diversa que nunca, las escuelas muestran formas de segregación peor que hace 30 años. Es importante entender que existe un vínculo entre diversidad, disciplina y rendimiento académico”, señaló el director del NEPC Kevin Welner.

A partir de 2008, 67 millones de niños en edad escolar primaria se encontraban todavía sin escolarizar, de los cuales el 53% eran niñas.[6] En países tan diversos como Benin, Pakistán y Tayikistán, la brecha en los años totales de escolaridad entre el 20% más rico y más pobre de la población era mayor en las zonas urbanas que en las zonas rurales. Una encuesta reciente realizada en Sao Paulo (Brasil), Casablanca (Marruecos) y Lagos (Nigeria) mostró que las familias del quintil de menores ingresos gasta­ron más de una cuarta parte de sus ganancias en la educación de sus hijos.

Pese a todos los gastos y esfuerzos que esto supone, con demasiada frecuencia los logros educativos de los jóvenes no culminan en un empleo adecuado. A finales de 2010 había 30 millones más de personas desempleadas que antes de que estallara la crisis, y el número siguió creciendo en 2011 a escala mundial. La carga recae de manera desproporcionada en los trabajadores de 15 a 24 años.

Los efectos de la crisis económica desatada en las capita­les financieras de los países de altos ingresos en 2007 continúan manifestándose alrededor del mundo en altas tasas de desempleo, deterioro de las condiciones laborales y reducción de los ingresos reales, creando un escenario propicio para el aumento del crimen y la violencia. [7]

Las tasas más altas de criminalidad y de violencia surgen a menudo en lugares donde la prestación de los servicios públicos, las escuelas y las zonas de recreación son insuficientes. Un estudio de 24 de los 50 países más ricos del mundo confirmó que las sociedades con una mayor falta de equidad tienen más posibilidades de sufrir tasas más altas de delincuencia, de violencia y de encarcelamiento. Como promedio, los niños se unen a pandillas cuando tienen alrededor de 13 años, pero las pruebas sugieren que la edad de iniciación es cada vez menor. En los entornos urbanos marginados, estos grupos atraen a los jóvenes con perspectivas de una remunera­ción económica y un sentido de pertenencia.

La exposición temprana a un entorno violento puede socavar la confianza de los niños en los adultos y en el orden social y también puede impedir el desarrollo de los niños. Aquellos que crecen en medio de la violencia muestran un bajo rendimiento académico y mayores tasas de deserción escolar, así como ansie­dad, depresión, agresividad y problemas de autocontrol.

Protección de la infancia

El artículo 19 de la Convención de los Derechos del Niño compromete a los Estados Partes a “tomar todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropia­das para proteger al niño contra todas las formas de violencia física o mental, lesiones o abuso, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluyendo abuso sexual, perpetra­dos por los progenitores, los tutores legales o cualesquiera otras personas encargadas de su cuidado”. El artículo 32 aborda la explotación económica y el trabajo peligroso, el artículo 34 se ocupa de la explotación sexual y el artículo 35 se centra en la trata de personas.

Sin embargo, la violencia sexual contra menores alcanza “dimensiones escandalosas”. En América Latina, Costa Rica sigue siendo uno de los más afectados, aunque bajo el signo de la globalización, la prostitución se interregionalizó: niñas hondureñas, salvadoreñas, nicaragüenses, costarricenses y beliceñas ofrecen sus servicios en burdeles y casas de cita guatemaltecas, mexicanas y estadounidenses, comprobó Unicef. [8]

El Consejo de Seguridad de la ONU fue advertido de que la violencia sexual vinculada a los conflictos constituye una amenaza global y conoció los nombres de varios ejércitos y grupos armados sospechosos de esa práctica. Muchos menores son reclutados por la fuerza, y a otros la vida no les da otra oportunidad que enrolarse en esos conflictos para subsistir e, incluso, ayudar a la manutención de su familia. Esos actos no son privativos de un país o continente y representan un riesgo general, alertó la representante especial de la ONU para la violencia sexual en los conflictos Margot Wallström. [9]

Unicef estima que cerca de 2,5 millones de personas reali­zan trabajos forzosos como consecuencia de la trata, de los cuales entre 22% y 50% son niños. Además, unos 215 millones de niñas y niños entre 5 y 17 años fueron sometidos al trabajo infantil en 2008, y 115 millo­nes de ellos realizaron trabajos peligrosos. [10]

Los niños nacen en sociedades profundamente desiguales y pasan sus vidas maniatados (y, a veces, ayudados) por percepciones, convenciones y estereotipos sociales, y no se les da la posibilidad de participar en la crea­ción de jerarquías, clases o castas sociales. Por lo tanto, es fácil considerarlos simplemente como víctimas de una fuerza que se escapa a su control. Pero si se analizan sus motivos y acciones como emigrantes, asevera Unicef, es evidente que los niños actúan también como agentes de su propio destino.

Aunque la mayoría de los niños migrantes se trasladan con sus familias, acompañando a sus progenitores o cuidadores en la búsqueda de empleo o de una oportunidad, una importante proporción de menores se trasladan dentro sus países por cuenta propia. Los niños que emigran sin la compañía de los adultos son especialmente vulnerables a la explotación, los abusos y la trata. Circunstancias similares pueden ocurrir a niños y niñas que son o se trasladan con refugiados o personas internamente desplazadas. Más de la mitad de los refugiados registrados en el mundo viven en entornos urbanos. [11]

Unidos por la infancia en un mundo urbano

Cientos de millones de niños, niñas y jóvenes luchan por subsistir en ciudades donde las élites políticas, cultu­rales y comerciales viven con comodidad. Demasiados pasan su infancia trabajando en lugar de ir a la escuela y viven bajo la amenaza del desalojo o en la calle, donde se exponen al peligro de ser víctimas de la violencia y la explotación, lamenta Unicef en su informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2012.

Por ello, la organización recalca que es necesario tomar cinco medidas urgentes para garantizar los derechos de niños y niñas, y promover su desarrollo:

1. Comprender el alcance y la naturaleza de la pobreza y la exclusión en las zonas urbanas, para la cual se requiere una mayor desagregación de los datos demográficos, acompañados de una sólida investigación y evaluación de las intervenciones destinadas a promover los derechos de la infancia a la supervivencia, la salud, el desarrollo, el saneamiento, la educación y la protección en zonas urbanas.

2. Utilizar esta mejor interpretación de la exclusión para definir y suprimir los obstáculos que dificultan la inclusión e impiden que los niños marginados y sus familias utilicen los servicios y disfruten de elementos básicos de la ciudadanía como la protección legal y seguridad en la tenencia de la vivienda. La discriminación, la pobreza de ingresos, los costos directos e indirectos, el transporte y la falta de documentos oficiales se encuentran entre los factores que impiden el acceso a los servicios urbanos disponibles, asegura Unicef. En ese marco, la cobertura se puede mejo­rar mediante la abolición de tarifas a los usuarios y la creación de asociaciones comuni­tarias. Entre las medidas innovadoras cabe destacar las transferen­cias condicionales de efectivo, que han tenido éxito en varios países de América Latina y África.

3. Mantener un enfoque sólido en las necesidades y prioridades particulares de los niños en la planificación urbana, el desarro­llo de infraestructura y la prestación de servicios, teniendo en cuenta la edad, la capacidad y elgénero. Unicef propone una combina­ción de zonas libres de coches, rutas exclusivas para ciclistas y peatones, y transporte público.

4. Promover la cooperación entre los pobres urbanos y el gobierno en todos sus niveles. Entre los ejemplos positivos Unicef destaca las mejoras en la infraestructura pública en Río de Janeiro y Sao Paulo, Brasil; unas tasas más altas de alfabetización en Cotacachi, Ecuador; y la ampliación de la inscripción del nacimiento en Ciudad Guayana deVenezuela.

5. Consolidar alianzas internacionales entre organizaciones de la socie­dad civil para promover los intereses de los niños y establecer vínculos entre las comunidades de todo el mundo. Un ejemplo es la red Shack/Slum Dwellers International que reúne a las federaciones de base de los pobres urbanos en 34 países y les permite intercambiar soluciones a proble­mas referidos a la tenencia, la calidad de la vivienda y la infraestructura básica.

Notas:

[1] El artículo 6 de la Convención sobre los Derechos del Niño compromete a los Estados Partes a “garantizar en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño”. El artículo 24 invoca el derecho a “disfrutar del más alto nivel posible de salud y a acceder a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud”.

[2] Cerca de medio millón de niños menores de cinco años muere cada año por diarreas graves asociadas a la infección por rotavirus que se transmite por la ruta fecal oral, infectando células del intestino delgado y provocando una gastroenteritis que puede llevar a una diarrea e incluso deshidratación. Aunque estos virus fueron identificados en 1973 y son responsables de más del 50% de los ingresos hospitalarios de niños con diarrea severa, son todavía subestimados por la comunidad médica, sobre todo en países en vías de desarrollo. Esta situación afecta en particular a países africanos (Congo, Etiopía, Nigeria) y asiáticos (India y Pakistán), indica un estudio divulgado por la revista Lancet Infectious Diseases.

[3] Al menos 7,6 millones de niños murieron en 2010 en África Subsahariana antes de cumplir los cinco años, el 37% a consecuencia de diarreas y neumonías, valoró la directora de la OMS en Angola María José. El 75% de las muertes maternas se vincula a complicaciones obstétricas, usualmente demoras en recurrir al médico, falta de acceso a medios de transporte y lentitud en la atención sanitaria. Al menos 100 niños mueren de neumonía cada 24 horas en Kenia. El flagelo perjudica al 20% de los infantes de cinco años, cifra mayor que la de los afectados por la malaria, el SIDA y el sarampión juntos, reveló un estudio del Instituto de Investigaciones Médicas de Kenia (IIMK). Menos del 30% de los niños con pulmonía son tratados con los fármacos adecuados, pese a existir infinidad de vacunas, medicamentos y tratamientos. Los fondos dedicados por el Estado a sanidad representan sólo el 4,6% del Producto Interno Bruto de Kenia, por debajo del 5,5% que destinan en promedio las demás naciones africanas.

[4] Unicef solicitó 1.280 millones de dólares para brindar este año asistencia humanitaria a la población infantil de unos 25 países. La mayor parte de ese monto estará destinada a diferentes Estados del llamado Cuerno Africano en crisis alimentaria. Otras sumas irán a la República Democrática del Congo, Chad, Costa de Marfil, Sudán, Sudán del Sur, República Centroafricana, Paquistán, Haití y Yemen, entre otros.

[5] La vida urbana también expone a los niños a altos niveles de contaminación del aire exterior. El tráfico de vehículos representa otra seria amenaza para niños. La OMS estima que 1.300 millones de muertes al año en todo el mundo se deben a lesiones del tráfico por carretera. Estas lesiones son la principal causa de muerte entre personas de 15 a 29 años, y la segunda para los de 5 a 14 años.

[6] En India, “una mayor mortalidad femenina a partir del año de edad indica claramente una discriminación constante”, comenta P. Arokiasamy, profesor del Instituto Internacional para el Estudio de la Población. Esa discriminación -explica- se da en tres áreas: alimentaria y nutricional, cuidados de salud y bienestar emocional. De éstas, la negligencia en los cuidados de salud es la más determinante en la mayor mortalidad de las niñas. “La desnutrición es el caldo de cultivo de todas las enfermedades y una de las principales causas de la mortalidad infantil. En India, alrededor de 1,3 millones de niños no llegan a vivir más de un año”, lamentó el presidente de la Asociación India de Pediatras (AIP) Rohit Agarwal. Las niñas de uno a cinco años tienen 75% más de posibilidades de morir que los niños. Aunque en la mayoría de las naciones los fallecimientos femeninos en ese grupo etario bajan a un ritmo superior a los masculinos debido a factores biológicos, la tendencia se invierte en India y China, las dos naciones más pobladas del planeta.

Según un reciente informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (DAES) basado en datos de 150 países, en los primeros años del siglo XXI los dos gigantes de Asia son los únicos donde la mortalidad infantil femenina supera a la masculina. En naciones desarrolladas la proporción de muertes de bebés varones y hembras de cero a un año es de 122 a 100, en China de 76 a 100, en India 97 por cada 100, en Sri Lanka 125-100 y en Pakistán 122-100. En el grupo de uno a cinco años las cifras de India son las peores del mundo: desde la década del 70 del siglo pasado la relación de muertes de hembras y varones es de 100 a 56. El informe de DAES atribuye tal disparidad a los valores socioculturales. El 24 de enero, Día Nacional de la Niña, la ministra de la Mujer y el Desarrollo Infantil Krishna Tirath clamó por “un compromiso político de primer orden” para equilibrar el número de nacimientos de mujeres y varones. En los últimos años se ha reportado una fuerte caída en la proporción entre sexos, tendencia que trasciende clases sociales y procedencia rural o urbana. Según los resultados provisionales del censo del año pasado, de los 1.210 millones de habitantes de India, 623,7 millones son hombres y 586,4 mujeres, a causa de una atávica preferencia por los hijos varones, lo cual induce a muchas parejas a recurrir al aborto cuando saben anticipadamente que tendrán una niña. Aunque desde 1994 el país se dotó de una ley que prohíbe revelar el sexo del feto, muchos médicos “arreglan” con los futuros padres y después de la ecografía les hacen saber mediante señas o frases convenidas si esperan a un varón o una hembra. Cada año se practica medio millón de abortos selectivos, lo cual ha provocado que si a nivel mundial el ratio por sexo al nacer es de 1.070 niños por cada mil niñas, en India la correlación sea de solo 914 hembras por cada mil varones.

[7] Los pobres son especial­mente vulnerables al aumento del precio de alimentos y combustibles porque ya gastan entre 50% y 80% de sus ingresos en alimentos. En Inglaterra, las parejas con hijos enfrentan una coyuntura económica mucho más difícil que aquellas parejas sin niños. Una pareja con dos hijos tendrá hasta 2015 una desventaja económica de 1.250 libras esterlinas al año (alrededor 1.500 euros) con respecto a parejas sin niños, informó el Instituto de Estudios Fiscales (IFS). Los ingresos de las familias con niños caerán notablemente en un 4,2% hasta 2015, pero las familias sin hijos tan sólo verán una pérdida del 0,9%, equivalente a unas 215 libras esterlinas anuales (unos 260 euros). En las familias monoparentales donde el progenitor carece de empleo los ingresos promedio se reducirán en más del 12%, lo que equivale a unas dos mil libras esterlinas al año (unos 2.400 euros). Se prevé que unas 500 mil familias con niños menores de cinco años caerán en la pobreza absoluta para 2015-16. Para esa fecha, la media de los hogares con un niño menor de cinco años enfrentará un desplome de los ingresos económicos del 4,9%. El promedio de entradas monetarias en hogares con tres hijos decrecerá en un 6,8% en 2015-16, en comparación con la media de hogares con un niño que caerá solamente en un 3,3%.

[8] La explotación sexual comercial de menores o prostitución infantil aumenta en Costa Rica. Según la Alianza por tus Derechos, los principales centros de operaciones de los proxenetas y pedófilos se concentran mayoritariamente en las zonas fronterizas y las costas. Las redes se dedican a la producción de pornografía infantil, sobre todo en Puntarenas, Guanacaste y Limón. El turismo sexual y la explotación de menores, así como la pornografía, crecieron de modo paralelo al boom turístico en el país. Esta actividad devino en la última década uno de los principales motores de la economía de Costa Rica, que recibe un promedio anual de casi dos millones de visitantes. En 2011, el Patronato Nacional de la Infancia de Costa Rica procesó 67 casos de explotación sexual comercial de menores.

[9] En su informe ante el Consejo de Seguridad, la especialista señaló que la violación sexual se ha convertido en parte de la coerción política y en una amenaza para la paz colectiva y la seguridad con consecuencias de largo plazo. La experta denunció por esos delitos al Ejército de Resistencia del Señor (LRA) que opera en la República Centroafricana y Sudán del Sur. También incluyó a varias milicias en Costa de Marfil y a efectivos de las fuerzas armadas marfileñas y de la República Democrática del Congo (RDC). También ocurrieron esas prácticas en Chad, Nepal, Sri Lanka, Timor Leste, Liberia, Sierra Leona, Bosnia y Herzegovina, Egipto, Guinea, Kenia y Siria, entre otros. Unicef estimó entre 250 y 300 mil los niños soldados en el mundo, un tercio de ellos en África. El asesor del ente internacional para la protección de los menores en África Occidental y Central Joachim Theis dijo que la RDC acumula el mayor número de niños armados. Durante 2011, unos 1.900 niños, entre ellos 266 niñas, fueron desmovilizados en la RDC, otros 2.200 en la Republica Centroafricana y 360 en Chad. Según la ONU, en África existen más de 100 mil niñas y niños involucrados “voluntariamente” o por la fuerza en conflictos bélicos, más en Uganda, Liberia, RDC y Sudán.

[10] El 87% de los 400 mil jornaleros menores de edad en Estados Unidos son hispanos, estima el Fondo México Americano para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF). Ese grupo tiene una tasa de deserción escolar cuatro veces mayor al promedio nacional; la propia secretaria del Trabajo Hilda Solis reconoce que ese sector es más vulnerable en el país y se expone a “las ocupaciones más peligrosas”. El trabajo agrícola es peligroso y no es apropiado para menores de edad, aseguró Norma Flores, vocera de Association of Farmworker Opportunity Programs (AFOP).

[11] La organización The Children’s Society reveló que cada vez es mayor el número de menores inmigrantes en Inglaterra que salen a las calles a pedir limosna, e instó al gobierno británico a impedir que niños refugiados y solicitantes de asilo caigan en la miseria. Abusos, maltratos y vejaciones sufren los hijos de inmigrantes detenidos en el centro de reclusión Yarl’s Wood, en el condado de Bedfordshire del Reino Unido, creado en 2001 y gestionado por la compañía privada Serco desde 2007. Algunos niños son encerrados de forma innecesaria, sin que se tome en consideración su bienestar, según una investigación de la inspectora general de prisiones de Reino Unido Anne Owers. Estadísticas de las Asociaciones para la Tutela de los Derechos de los Menores indican que la mayor parte de los niños encerrados tiene menos de cinco años. Otro informe elaborado por la organización Defensor del Menor para Inglaterra denunció que a los infantes se les niega atención médica urgente, son tratados con agresividad y expuestos a graves peligros. El estudio describe un panorama escalofriante y espantoso y hasta escenas de salvajismo contra los niños.

Con información de los periodistas de Prensa Latina Isabel Soto Mayedo, Pablo Osoria Ramírez y Alberto Salazar.