Según las Naciones Unidas la hoja de coca es un estupefaciente; esta es una afirmación que no encuentra respaldo ni en el diccionario ni en los estudios científicos, es simplemente su palabra contra el mundo. En los hechos la hoja no produce alucinación, ni dependencia, ni estupefacción, ni somnolencia y más allá de su fuerte carga simbólica (1) que ha trascendido a los momentos históricos desde antes de la colonia española, es concretamente útil en las faenas duras de esfuerzo físico en el campo, en las minas, en las largas caminatas y ahora hasta en las cargadas horas de trabajo intelectual.

Territorialidad de la hoja de coca en Bolivia

Los productores de coca, desde 1985, han ido experimentando una división en dos sectores que se denominan en el debate nacional los de zona tradicional y no tradicional: el primero abarca ocho municipios de la región yungueña de La Paz (a 2900 m.s.n.m.) que son Coroico, Coripata, Yanacachi, Chulumani, Cajuata, Irupana, La Asunta y Licoma; y el segundo comprende a algunas zonas del norte tropical de La Paz, pero principalmente forman parte de este segundo grupo los productores del Chapare de Cochabamba (a 400 m.s.n.m.), un sector denominado también colonizador, debido a que los campesinos cocaleros se establecieron en esas zonas procedentes del altiplano boliviano, porque fueron sujetos de la descarga administrativa nacional traducida en la relocalización de las minas para salvar al país del colapso y también de la depresión climática por la sequía.

En ambos casos familias agricultoras bajaron de 3.900 a 300 m.s.n.m., portando consigo su manera tradicional de cultivar la tierra, hacia la selva tropical donde tuvieron que talar y quemar bosque para habilitar espacios de suelo que reciba semilla o almácigo, lo cual entre otras cosas, significó una transformación dañina de los ecosistemas de tierras bajas.

Un aspecto fundamental es que con los años las zonas tropicales han sufrido expansión de cultivos de la hoja de coca inclusive hacia parques nacionales, con la consiguiente, aunque muy lenta, reacción de los sectores afectados que son grupos étnicos originarios de población minoritaria. En estas zonas por ley, los cultivos son ilegales, además de no tradicionales.

En este momento se puede hablar en Bolivia de cocaleros versus cocaleros, Yungas versus Chapare, tradicionales versus no tradicionales. En la dimensión legal de la demanda de hoja de coca, los expertos consumidores indican que la producida en el Chapare no se puede acullicar (2) y la coca yungueña es la más buscada para este fin, por lo tanto este raquítico punto de la discusión simplemente produce una conclusión, que el destino de la coca chapareña (o de cualquier zona tropical) es el narcotráfico.

Cocacentrismo y el factor soberanía

El Plan Nacional de Desarrollo del primer gobierno de Evo Morales, que casi no ha recibido modificaciones en esta segunda gestión, está elaborado sobre la base de cuatro pilares fundamentales denominados Bolivia Digna, Bolivia Democrática, Bolivia Productiva y Bolivia Soberana. Este último pilar señala la revalorización de la hoja de coca como asunto de Cancillería, con el objetivo de llegar a despenalizarla algún día para posibilitar su comercio internacional, pero también para que se convierta en un valor cultural que matice las relaciones nacionales e internacionales, con todo el significado que se le pueda adicionar, como sucedió hace 500 años en los primeros contactos con los europeos, pero ahora no como bienvenida al visitante (posible dios), sino como posicionamiento identitario del dueño de casa.

En este complejo sentido se creó el Viceministerio de Coca y Desarrollo Integral que es uno de los tres que conforman el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras y tiene la misión de cumplir en la práctica parte de los preceptos del pilar Bolivia Soberana, pero lo único visible de su trabajo son sus intentos por regularizar la cantidad de cultivos de hoja de coca. Para esto canaliza financiamiento condicionado a proyectos alternativos a esta actividad agrícola, como turismo, educación, pecuaria y similares, con el financiamiento de la Unión Europea.

No existe ningún resultado hasta ahora de que la hoja de coca haya servido para consolidar la soberanía nacional, ni alimentaria ni de ningún otro tipo. El Presidente puso el tema en debate internacional hace unos 5 años y cuando estuvo logrando respaldo de algunos gobiernos como Argentina, Venezuela y Ecuador, pero se fue desgastando y se perdió hasta quedar solamente el apoyo de importantes organizaciones sociales internacionales como Vía Campesina, CAOI, CLOC, Movimientos sin Tierra y otras parecidas.

Como señal de soberanía nacional, puede ser que la expulsión de la DEA haya sido un acción determinante de liberación de uno de los tipos de intervención que los Estados Unidos ejerce en el mundo, pero no ha tenido una correlación consecuente con otras políticas de gobierno, lo cual se revela ahora mismo con la imposición de una carretera en el TIPNIS (3), como el más claro ejercicio de economía neoliberal, que consolida en Bolivia un modelo que se había propuesto erradicar, como lo dijo en una frase célebre Evo Morales: “O muere el capitalismo o muere la Madre Tierra”.

Si la hoja de coca ha sido planteada como factor de soberanía, se podía haber demostrado conceptual y científicamente que no es un estupefaciente, e iniciar un proceso despenalizador apelando a la misma Corte Penal Internacional y las oficinas o comisiones del sistema Naciones Unidas, pero las acciones soberanas se han quedado a medias a pesar de tener todos los fundamentos a favor de Bolivia. Esta medida incluso podría ser estrategia en la lucha contra el narcotráfico, porque visibilizaría a nivel internacional las propiedades de la hoja diferenciándola del largo proceso que implica obtener la cocaína que incluye otros ingredientes en la receta como kerosene, ácido, éter, acetona, cal, permanganato de potasio, amoniaco y alcohol concentrado, los cuales se encuentran vigentes en el comercio mundial de manera legal.

En este momento político la hoja de coca, que por primera vez había concentrado la atención sobre sus propiedades nutricionales, gracias al Canciller David Choquehuanca y estaba construyendo un simbolismo propicio que convocó el interés internacional, se ha desvanecido sin lograr su defensa e identificación ni siquiera entre bolivianos y bolivianas, arrinconando el desinformado debate hacia tres ejes que son la expansión de áreas de cultivo, el consumo como medicina y las culpas arrojadas desde afuera sobre el narcotráfico, un flagelo mundial que no involucra millonarias inversiones del primer mundo para minimizar la verdadera demanda que se encuentra al interior de sus fronteras, acción que no le corresponde priorizar a los países productores como Bolivia, que tiene una demanda de cocaína en su población, insignificante con una economía promedio que busca la mercancía más barata procedente del Perú.

Cocatráfico

Al interior de Bolivia no existe el tráfico de la hoja de coca porque su comercio es legal, se encuentra en las calles, sale en postales y suvenir para el turismo, se fabrican mates en bolsitas de sopar como el té, artesanalmente se fabrican refrescos, medicinas, licores e importantes firmas farmacéuticas bolivianas, elaboran jarabes desde hace décadas.

Así las cosas, el hecho de que el Presidente Evo Morales haya nacido a la política justamente en la dirigencia sindical campesina del segundo grupo de cocaleros colonizadores, ha convertido a este sector en portador de un poder político particular que los ha convertido en un ejército social promotor incondicional de medidas gubernamentales, pero que no es beneficiado con políticas agrarias directas que reflejen algún desarrollo de su sector, tanto así, que la hoja de coca ni siquiera aparece entre los productos agrícolas de la torta del PIB, donde están la soya, maíz, trigo, arroz, sorgo, caña, algodón y ni siquiera aparece en la fracción que corresponde a “varios”. La prometida industrialización no ha sido emprendida hasta ahora, los proyectos han quedado en el camino y son un fracaso.

Entonces la hoja de coca como tema abstracto teje un entramado de relaciones tensas entre el gobierno y los cocaleros que va delatando el tráfico de intereses de apoyo sectorial a cambio de áreas de cultivo, como lo indica la marcha de diciembre del CONISUR, (4) pidiendo la construcción de la mencionada carretera que atraviesa esa área protegida, en contraposición con los indígenas originarios de la zona, que marcharon desde julio durante tres meses, por la defensa de su territorio.

La hoja de coca divide a los cocaleros y a los bolivianos en general en el debate, pero tiene vida propia en el mercado que seguirá generando ingresos a sus productores, trascendiendo a los hechos como medicina, mate o símbolo, con la misma importancia y valor en sí misma que ha tenido siempre, adicionándose un poder político que si Bolivia llegara a utilizar estratégicamente como era el plan, podría significar una diferencia en la relación con el imperio, como un factor más que éste no puede controlar, expresada en el dominio de la hoja de coca no por volúmenes crecientes de producción y venta (economía neoliberal), sino precisamente por regulación equilibrada de la producción de hojas de calidad, lo que implica, la erradicación de todo cultivo en zonas tropicales no tradicionales.

Así como tiene vida propia, es caprichosa poseedora de un poder que será depositado y arrebatado, cristalino y opaco, cuantas veces la inconsecuencia política y la incompatibilidad económica, ambos componentes del poder, así lo planteen. (5)

Notas:

1. Aquí una curiosidad de la carga simbólica de la hoja de coca: hoy no radica solamente en las culturas andinas, sino que se encuentra también en la Coca Cola, que ha sobrepasado a la bandera estadounidense en cuestión de representación del poder imperial, ubicándose en la mentalidad mundial como expresión del sueño americano y a través de él, de sus formas de vida como modelo, empezando por el económico.

2. Acullicar es mascar un puñado de hojas de coca, exprimiéndola hasta que queda molida. Luego se bota. Muchas personas acostumbran a acompañar el masticado con distintos tipos de legías.

3. TIPNIS: Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure. Una zona viva, perteneciente a la cuenca del Amazonas, protegida por varias leyes nacionales, tanto el territorio como los derechos de los pueblos indígenas originarios que lo habitan, reconocidos en la Constitución Política del Estado boliviana.

4. CONISUR: Consejo Indígena del Sur, que agrupa a campesinos colonizadores ubicados en el polígono 7 del TIPNIS, que no pertenecen al área protegida e introdujeron las plantaciones de coca, además de otros cultivos como arroz, yuca, etc. La referida marcha hacia La Paz, fue abiertamente promovida por el gobierno central y su único pedido fue la construcción de la carretera que atraviesa la zona protegida.

5. No hemos olvidado que para la DEA, la ONU y los Estados Unidos, Bolivia es tercer productor de hoja de coca, en segundo lugar está Perú y en primero Colombia, cuyo campesinado, como lo afirma Francisco Cortez de Vía Campesina, confiesa abiertamente que la hoja de coca colombiana no tiene ningún componente cultural o medicinal, ni nada parecido, sino que es exclusivamente producida para el narcotráfico.

* Asociación Inti Illimani, Energía solar para la vida.