La reina británica celebra su 60 aniversario desde que llegó al trono. Desde que en 1066 la invasión francesa impusiera a Guillermo El Conquistador como soberano, ella es la 40ma persona en detentar la corona de Inglaterra, aunque solo su tatarabuela Victoria (monarca de 1831 a 1901) le ha superado más tiempo en el cetro (pero por solo 3 años).

Ella es la mujer más poderosa del planeta. El valor de sus palacios, colecciones, tierras y demás propiedades supera los $US 60,000 millones, mientras que sus ingresos anuales bordean entre los $US 80 y $US 100 millones anuales (la mayor parte de ellos pagada por los contribuyentes).

Elizabeth II es la jefa de Estado de las 4 naciones del Reino Unido más otros 15 países (incluyendo al segundo más grande del mundo, Canadá, y al único que abarca un continente, Australia), los cuales suman más territorio que Rusia. Además posee la isla de Man y otras en el canal de la Mancha más 14 territorios ultramarinos en todos los 7 continentes, los cuales juntos suman más áreas que Colombia, Perú o Bolivia.

Cuando Elizabeth II fue coronada en febrero 1952 ella reinaba sobre 33 países incluyendo el más poblado del África (Nigeria) y el segundo más poblado del islam (Pakistán). Hoy ella lidera la Mancomunidad de Naciones compuesta por 54 de los 193 países de las Naciones Unidas, incluyendo a India, que pronto sobrepasará a China como la nación más poblada.

El Reino Unido es la única potencia ‘democrática’ que nunca ha elegido a su jefe de Estado y a su cámara alta. Ella, en principio, puede revocar a cualquier gobernante, como pasó en Australia 1975, cuando defenestró al primer ministro laborista Gough Whittam.

Pese a ello y a que su imagen aparece en todas las estampillas y billetes británicos, pocos le acusan de ser una tirana pues su monarquía permite muchas autonomías y libertades reservándose ciertos vetos. Desde Winston Churchill a David Cameron ella ha posesionado a 12 primeros ministros de derecha y de izquierda. Ninguno de ellos ha sido elegido directamente por la población y tampoco juran públicamente en su cargo ante la nación. Todos ellos fueron escogidos por la reina, quien en una cita privada entregó la tarea de encabezar su gabinete al líder del partido que mejor quedó en las elecciones.

Además es la Gobernadora Suprema del Anglicanismo, la segunda mayor iglesia de occidente. Ninguna otra religión del mundo está subordinada a una reina, pero ella evita ser tildada de teocrática porque su monarquía tiene la habilidad de dejar los asuntos clericales del día a día al Arzobispo de Canterbury.

Su forma de hablar marca el estándar del idioma inglés, aunque su dinastía es alemana. Su Casa Real, los Saxe-Coburn y Gotha, se cambiaron de nombre a Windsor en la I Guerra Mundial para evitar sentimientos anti-germanos en la I Guerra Mundial.

La fuerza de la reina

Nos encontramos en un mundo lleno de contradicciones. Hoy los grandes medios occidentales saludan el 60 aniversario de la coronación de Elizabeth II mientras que su familia es la más fotografiada del mundo y sus suvenires generan billones, pero pocos quieren recordarse que ni ella ni su cámara alta jamás han sido electas.

Pese a que la moda es intervenir en Afganistán, Irak y Siria para deponer dictadores no electos, las hereditarias casas reales (desde las constitucionales de Europa o las ultra-autocráticas del Islam) no son cuestionadas.

Cuando estamos cerca de un posible bombardeo a Irán, a quien se sindica como una teocracia liderada por sacerdotes, no se quiere tomar en cuenta que la única reina que encabeza su propia religión es la venerada Elizabeth II, la misma que ya ha tenido 6 Arzobispos de Canterbury (el mismo número de Papas que Roma ha tenido durante su periodo en el poder).

Los monarcas británicos son los más poderosos que ha tenido la humanidad. Nadie como ellos ha conquistado tantas tierras y poblaciones y aún hoy poseen casi 20 millones de km2 en todos los 7 continentes.

Pese al carácter feudal de su institución y a que ésta se desarrolló en base a guerras, limpiezas étnicas, matanzas y esclavitud, esta monarquía atrae la simpatía de cientos de millones de americanos y de gente de todo el globo. Los que quieren hablar la lengua franca de la globalización imitan el inglés de la reina mientras que los chismes sobre su entorno son los más comentados de las revistas frívolas.

La fuerza de la reina está en su capacidad de dejar que otros gobiernen y que haya mucho pluralismo. Si bien ningún católico puede ser herederos del trono y ella es la que designa a varios obispos de su clero, su iglesia nunca ha querido monopolizar, permitiendo tan alta libertad de cultos que Londres es la metrópoli con más religiones.

A diferencia de la antigua España, cuya monarquía absoluta quiso imponer a todos sus súbditos su religión, lengua y modelo, los reyes británicos buscaron convivir con los reinos, idiomas y religiones de los pueblos que anexaban primando sobre ellos un interés comercial.

El Reino Unido consiguió estabilidad permitiendo una pluralidad de partidos y credos y parlamentos, en tanto que su imperio mantuvo diversos grados de autonomía dejando la posibilidad de que muchas colonias fueran evolucionando en su grado de dependencias hasta adquirir independencia en el marco de la Commonwealth o de la monarquía británica. La estructura hereditaria de poder sacrificó el autoritarismo democratizando su fachada y así se fortaleció.

La fuerza de Elizabeth II está en su capacidad de ir permanentemente renovando y modernizando su tradicionalismo y su imperio buscando no concentrar todo el poder en el trono sino dejar que los demás hagan y que ella sea el trono detrás del poder.