El Vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, en su presentación en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México el 7 de febrero pasado, afirmó en relación con las últimas luchas sociales: “Son los problemas que vivimos, las tensiones, las hermosísimas tensiones revolucionarias de un proceso vivo, de un proceso que se retroalimenta a cada rato, que modestamente ofrece sus experiencias a las experiencias de otros pueblos y del continente”.

¿No deja esto notar una afirmación fría, como si se tratara de experimentar a los pueblos indígenas originarios? Puso como ejemplo el ideario -según él popular- del desarrollo y de la defensa de la Madre Tierra. Lo primero que aquí se nota es un sofisma, porque en realidad el gobierno está de lado del desarrollismo, y sólo en el discurso al lado de la Madre Tierra. Es un sofisma revelador que oculta los hechos reales. Es un punto de vista del poder.

Afirmó también que el gobierno no puede hacer nada cuando unos guaraníes esclavizados en una hacienda, liberados por el gobierno, en tres años han vuelto a esclavizarse en otra hacienda. En este caso el gran culpable nuevamente es el indio.

Ante estas afirmaciones muchos nos quedamos azorados. Por ello las contradicciones no siempre son hermosísimas, sino catastróficas, dado que esas contradicciones son las que caracterizan al Estado y a la sociedad boliviana en 185 años. Y un proceso revolucionario (se reclamó de ser tal siete veces), está para resolver esas contradicciones catastróficas. Porque a causa de este hecho los aymaras quechuas o guaraníes, hoy los de Tipnis, sufren una ofuscación política y económica.

“Se ha recuperado el control de los recursos naturales que estaba en manos extranjeras, para colocarlo en manos del Estado, dirigido por el movimiento indígena (gas, petróleo, parte de los minerales, agua, energía eléctrica); en tanto que otros recursos, como la tierra fiscal, el latifundio y los bosques, han pasado a control de comunidades y pueblos indígeno-campesinos”, declaró el Vicepresidente (La Jornada, 7/2/2012).

¿Los recursos recuperados han sido puestos bajo decisiones de los indígenas? Esto es un sofisma extraordinario. El Vicepresidente sabe que eso no es cierto, porque el gobierno anula las decisiones. Pablo Gonzalez Casanova (ex rector de la UNAM) le replicó: “Qué están haciendo ustedes que están tomando decisiones de cómo resolver, pero que no sean los únicos que saben por qué toman las decisiones, sino que sepa todo el pueblo boliviano por qué las toman”. Un cuestionamiento muy duro y real.

Si bien algunos aymaras (muy pocos) o quechuas están en algunas posiciones importantes de decisión, pero no están dentro de sus instituciones históricas, sino la del estado colonial/liberal. Es poco trascendental éste, particularmente si el gobierno sigue actuando en forma incoherente con los más vilipendiados. Y no es algo definitivo estructuralmente, sino se tambalea junto al gobierno que se hunde cada vez más en sus propias contradicciones. Entonces ahí están las “¡hermosísimas contradicciones!”.

Ahora una de esas contradicciones es la promulgación de la Ley No. 222 de Consulta excontemporánea a los pueblos indígenas del Tipnis, después de haber aprobado anteriormente la Ley nº 180 de Protección del Tipnis. En este hecho político, el gobierno anda como un pequeño barco en un gigante mar que hace que el barco se mueva adonde va la fuerza de las oleadas. Hay una falta de dirección política e intelectual. Y si la hay, es autoritario, violentista. Por ello en tan poco tiempo el gobierno ha perdido solvencia moral y política. A ello se suma un cierto cinismo como la del senador Isaac Ávalos, del gabinete político, que habla de consulta previa, libre (no hablan de consentida), cuando hace exactamente dos meses no querían saber nada de consulta.

Es tan grave esto que si el gobierno retrocede ante la novena marcha anunciada por parte de los indígenas de la Amazonia y del CONAMAQ (Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu), pues será la tercera derrota consecutiva de Morales-García. Y si no retrocede volverán las jornadas sangrientas. Dentro de ello los argumentos no valdrán, sino la fuerza.

En esto hay que ser claros. Nadie se opone a la carretera en si misma, sino al fin que tiene esta carretera. Tampoco nadie se opone a la consulta, aunque extemporánea, sino al modo cómo ella se hace. Además, consulta es un derecho definido en la Constitución, pero el gobierno recién se acuerda que hay este derecho. Así las “contradicciones hermosísimas” se reproducen por todos lados.

En ese sentido éste resultan siendo un uso instrumental de lo indígena originario. Sobre este último el senador Eugenio Rojas sabe muy bien de tal hecho, pero está al parecer ofuscado. Y eso es muy serio. No están tomando en cuenta que acciones y errores consecutivos puede hacer estallar una real revolución social y político o la contrarrevolución. Y esto acompañado con las fragrantes “contradicciones hermosísimas” de García Linera.

En esto seguramente la llamada derecha aplauden pero que igual podrían salir derrotados junto con el gobierno. El ambiente político y social está tan cargando de tensiones y contradicciones. Tantas contradicciones en el gobierno que un día dice una cosa y al otro hace otra cosa. No está a la altura del gran momento histórico. Su clímax es que han cumplido su rol histórico de intentar una reforma institucional y ahí se acabará. No tiene otro horizonte más.

Los actuales gobernantes a su vez dijeron: “vamos enseñar a gobernar”. Hoy, por el contrario, se observa abuso en relación a los indios como en cualquier gobierno oligarca; como el de Gonzalo Sánchez de Lozada (que en el 2003 cometió genocidio en la ciudad de El Alto) y otros, mientras se crean contextos de alianza con la empresa privada.

Evo había dicho: “empújenme si estoy flaqueando”. Tan bellas palabras hoy no tienen sentido, porque no escucha a nadie ni quiere el consejo de su pueblo. Es cierto que Bolivia se movió hacia ciertos procesos políticos, pero en el fondo siguen siendo un país colonial, liberal, racista y anti-indio. La frustración es tan dura y más dolorosa que la de la revolución nacionalista de abril de 1952. Entonces seguramente escribiremos un texto que diga el “Proceso de Cambio traicionado desde el Palacio”. Si la traición se acentúa tendrá grandes consecuencias mayores e inmediatas en la historia.

* Sociólogo aymara y alteño. Maestro en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Ecuador). Tiene varios libros publicados: El Rugir de las multitudes. La fuerza de los levantamientos indígenas en Bolivia/Qullasuyu (2004); Geopolíticas indígenas (2005); Microgobiernos barriales. Levantamiento de la ciudad de El Alto (octubre 2003) (2005); Rugir de las multitudes-Microgobiernos barriales (2010); Wiphalas y fusiles: poder comunal y levantamiento aymara de Achakachi-Omasuyus (2000-2011) (2012). Dirige la Revista Willka. Actualmente es candidato a doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM-México.