La Habana y Kabul (PL).- Tras más de una década de ocupación, Estados Unidos y la OTAN permanecen empantanados en Afganistán y en su desesperación por intentar apaciguarlo mediante la fuerza “confunden” a presuntos enemigos con civiles y colaboradores nativos. La cifra de civiles muertos en Afganistán se incrementó por quinto año consecutivo al contabilizar 3.021 en 2011, récord desde la invasión de Estados Unidos y Gran Bretaña en octubre de 2001, según un informe de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA).

De acuerdo con el estudio, ese número representa 231 fallecidos más que los 2.790 registrados durante 2010. Un 77% de las pérdidas de vida se atribuye a operaciones realizadas por fuerzas gubernamentales, de Estados Unidos y la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y la insurgencia afgana.

Entre ellas figuran los bombardeos aéreos que se convirtieron en las operaciones más mortíferas desarrolladas por las tropas afganas y aliadas, así como los atentados dinamiteros. El representante especial de la ONU en Afganistán Jan Kubis llamó a las partes a revertir esa tendencia en 2012 dado que los civiles pagan el precio más alto en esta guerra.

En el informe se indica que 11.864 personas no combatientes perdieron la vida por acciones armadas en Afganistán desde 2007, cuando subió la espiral mortífera de civiles en este conflicto iniciado hace más de una década. Esas fallas son consideradas por Washington y Bruselas en términos militares como “fuego amigo” y “errores” de su aviación, artillería e infantería, aunque desconociendo que resultó hasta el presente un fiasco invadir esa nación musulmana centroasiática dentro de su denominada “guerra contra el terrorismo”.

Este tipo de hechos aconteció en incontables ocasiones en la nación islámica, en los que centenares de habitantes, en su mayoría mujeres y niños, perdieron la vida en los últimos años por incursiones aéreas del Pentágono y la OTAN. Sin contar los más de 10 mil inocentes asesinados por los indiscriminados bombardeos a las diversas ciudades, incluidas Kabul, durante su agresión desatada el 7 de diciembre del 2001 bajo el eufemístico críptonimico de “Libertad Duradera”.

El enviado especial del Secretario General de la ONU Jan Kubics y el alto comisionado para los derechos humanos, Navanethem Pillay, expresaron su gran preocupación con motivo del incremento consecutivo del número de las víctimas entre los civiles. En iguales términos se pronunció el emisario de la cancillería rusa Konstantin Dolgov, quien instó a “los contingentes internacionales en Afganistán a dar inmediatamente pasos adicionales eficientes en la observación de los derechos humanos y las normas humanitarias en el marco del cumplimiento del mandato recibido del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

Dolgov subrayó que resulta inadmisible causar incluso daños no premeditados a la población y la infraestructura de Afganistán. Sin embargo, los talibanes denunciaron a la ONU por falsificar las últimas cifras de víctimas civiles en Afganistán y aseguraron que la OTAN y Estados Unidos ultimaron a más personas en redadas nocturnas de las que figuran en las estadísticas.

El documento responsabiliza a los insurgentes afganos de un 77 por ciento de las pérdidas humanas y afirma que la OTAN y las fuerzas afganas y estadounidenses mataron a 410 civiles. A través del sitio jihadista, los talibanes acusan a la ONU de intentar “legalizar los crímenes cometidos por las fuerzas extranjeras que invaden Afganistán”.

“Es sorprendente que en su informe la ONU asegure que sólo 63 personas murieron durante redadas nocturnas el año pasado”, considera el portavoz Zabiullah Mujaid y precisa que se contabilizaron al menos 374 muertes en dudosos registros nocturnos y ataques aéreos.

Mujaid argumenta que “Se trata de un informe político: la ONU repite lo que dice Washington, e intenta atribuirnos los crímenes inhumanos de este conflicto”. La afirmación del vocero insurgente constituyó una réplica a lo declarado antes por el general John R. Allen, comandante de la Fuerza de Asistencia a la Seguridad (ISAF) en Afganistán, quien manifestó su satisfacción en informe de la UNAMA que mostró una reducción de las víctimas civiles debidas a la coalición internacional.

Afganistán está bajo la ocupación de unos 98 mil efectivos dirigidos por Estados Unidos y otros 40 mil de la ISAF. Esta, compuesta por militares de 37 países y bajo mando de la OTAN, se creó en diciembre del 2001 por el Consejo de Seguridad de la ONU para secundar a las tropas del Pentágono en la ocupación y pacificación de Afganistán. Los militares canadienses y estadounidenses ocupan Kandahar y Khost, mientras que los británicos lo hacen en Helmand, los holandeses en Uruzgan (centro) y los españoles en Herat.

¿Cuándo se marcharán EE.UU. y la OTAN?

En la actualidad, esto constituye un acertijo. Se desconoce con exactitud. Sólo se comunicó por el secretario de Defensa de Estados Unidos, León Panetta, que espera que sus tropas ocupantes comiencen sus retiradas escalonadas después del 2013. De esta forma, el jefe del Pentágono pretende que sus efectivos desplegados en el marco de la ISAF, que comanda la OTAN, salgan en esta fecha, un año antes de lo previsto por la Alianza Atlántica.

Aunque el embajador de Washington en Kabul Ryan Crocker estableció con mayor precisión a la prensa: “EE.UU. está comprometido con el calendario de Lisboa, que significa mantener la misión de combate hasta 2014, y más allá”.

Ni corta ni perezosa, tras esta declaración, la OTAN demandó a los gobiernos aliados la creación de un fondo multimillonario para financiar la policía y el ejército afgano una vez que tomen el control de la seguridad del país en 2014. Esos planes pretenden que el ejército y la policía afganos se refuercen con 350 mil integrantes más para 2014, pero expertos consideran que esas fuerzas pueden minimizarse sin arriesgar la seguridad, para reducir sus costos.

Una vez alcanzados esos resultados de financiación se puede lograr un contingente de hasta 240 mil efectivos el ejército y l60 mil la policía, para cuya formación se necesitan miles de instructores militares y de seguridad extranjeros. Por lo pronto, varios países se comprometieron a enviar sus adiestradores, como Estados Unidos, Croacia, Polonia, Portugal y Rumania, entre otros.

De acuerdo con fuentes de inteligencia de la ISAF, en territorio afgano se mueven entre 20 mil y 30 mil insurgentes, y centenares de combatientes islámicos voluntarios. Los rebeldes se agrupan en tres grandes formaciones: los Talibán, la red Haqqani y la del Partido Hezbe-e-Islami, del antiguo primer ministro y señor de la guerra Gulbuddin Hekmatiar.

Sin embargo, una cuestión primordial a solucionar por los estrategas del Pentágono y de la OTAN es cómo mantener en las filas a los policías y soldados ya formados, sí se sabe que la tasa de deserciones de los agentes de seguridad es del dos por ciento mensual, y de evitar las infiltraciones insurgentes. Entre los planes figuran mejorar el entrenamiento, aumentar el salario y diversos incentivos para fomentar el reclutamiento y la permanencia en filas.

Uno de cada cuatro soldados del Ejército Nacional Afgano (ENA) abandonó esa fuerza en los últimos meses, según datos registrados y difundidos por la Secretaría de Defensa de Estados Unidos. Estas cifras indican que la tasa de abandono del ejército aumenta y que podría acelerarse en los próximos años a medida que caduquen los contratos de los soldados reclutados por tres años.

Mientras, la OTAN esboza un plan de acción para combatir las infiltraciones de antigubernamentales en el ejército, tras la muerte de cuatro soldados franceses a principios de 2011 a manos de un militar afgano que se encontraba en entrenamiento. Los hechos hablan por sí mismos: hasta la fecha más de mil 892 efectivos estadounidenses perdieron la vida en el país islámico centroasiático, desde que fue invadido en octubre de 2001, mientras la ISAF tiene hasta el presente 991 fallecidos

Y el temor es que un suma y sigue indefinido acabe, al igual que en Irak (4.484 muertos), y muestre que algunas guerras (como la sangría en Vietnam) son imposibles de ganar, incluso para la maquinaria bélica más potente del globo.

¿Era de negociaciones?

Una serie de movimientos políticos desarrolla Washington para negociar la pacificación de Afganistán con personajes ajenos al jefe supremo del Talibán, mullah Mohammad Omar, al parecer ante el fracaso militar de la estrategia de Estados Unidos y la OTAN en esa nación centroasiática.

Al menos, el diario Washington Post confirmó esas tentativas al comunicar que las conversaciones pueden iniciarse en pocas semanas tras la entrevista del enviado especial de la Casa Blanca, Marc Grossman, con el presidente Hamid Karzai para asegurar su apoyo.

Poco después, Karzai admitió también el diálogo con antigubernamentales, luego de reunirse en secreto con representantes del Hezb i Islami, un grupo liderado por Gulbuddin Hekmatyar, uno de los denominados Señores de la Guerra y barón de Peshawar, controladores del narcotráfico en Afganistán.

Según medios de prensa afganos, el mandatario informó ante la Asamblea Nacional (Parlamento) de ese encuentro, indicó que procedían de Pakistán y mencionó además que su gobierno santificaba la apertura de una oficina de los talibanes en Catar.

Con anterioridad, esa representación se reunió por separado con David Petraeus, ex jefe de las fuerzas expedicionarias de la OTAN y ahora director de la CIA, el embajador de Washington en Islamabad, Ryan Crocker y el general John Allen, comandante de las tropas en Afganistán.

El grupo Hezb-e-Islami (Partido Islámico) reconoció que conversó con Karzai y Estados Unidos, y que actúa de forma independiente respecto al Talibán, núcleo central de la insurgencia afgana. Políticos afganos recuerdan que Hekmatyar, antiguo primer ministro muyadín, propició la división del país, se enriquece con el tráfico de drogas y la corrupción imperante, y figura en la lista de terroristas de Estados Unidos.

Sin embargo, fuentes de la insurgencia en varios sitios web permanecen aún sin confirmar la disposición de otros integrantes de los insurgentes a participar en tales negociaciones, censuradas duramente en declaraciones del mullah Omar, máximo líder de los estudiantes del Corán (Talibán).

Pero, los Talibán mediante un comunicado por correo electrónico solo admitieron que “actualmente hay negociaciones con la comunidad internacional para resolver la situación, aunque eso no significa que abjuren de la yihad (guerra santa) ni reconozcan la constitución de la administración de Kabul”. También condicionan esas conversaciones de paz a la liberación y transferencia hacia Catar de los detenidos en la base naval en el oriente de Cuba, usurpada por Estados Unidos.

El documento de Internet precisa que ellos pelean desde hace 15 años para establecer un gobierno islámico en Afganistán, en concordancia con los deseos de su gente y con ese objetivo incrementan los esfuerzos políticos hacia un mutuo entendimiento a fin de resolver la actual situación.

En contraposición, la Casa Blanca exige que renuncien a la violencia, se desvinculen de la red islámica Al Qaeda y apoyen la Constitución afgana, en especial la referida al respeto a los derechos humanos y de la mujer. Aunque para Estados Unidos, esas pláticas son muy necesarias y de suma urgencia dado el descalabro de su política en Afganistán, donde se encuentran empantanados más de 90 mil de sus soldados junto con los 40 mil de la ISAF, comandada por la OTAN, que esperan ansiosos completar su retirada en 2014.

Y como advirtió el mullah Omar vía Internet, dará garantías a las fuerzas extrajeras si se retiran de Afganistán y, si permanecen, serán derrotadas. El escurridizo jefe de los estudiantes del Corán, por el cual la Casa Blanca ofrece 20 millones de dólares, sostuvo que “los estadounidenses, pese a su tecnología avanzada, fueron incapaces de prever su derrota, pero gracias a la ayuda de Dios recogen cada día los cadáveres de sus soldados y sufren grandes pérdidas humanas y financieras”.

Por lo pronto, la mesa está servida y ahora faltan por llegar los invitados.

* Periodista de Prensa Latina y ex corresponsal en China, Corea, Japón, la India y Vietnam.