Esta es una pregunta que escuche por ahí. También es como una hipótesis. Ambas, la pregunta y mucho más la hipótesis, son apresuradas. No responden a una preparación de la pregunta, a una evaluación del proceso constituyente, tampoco a la evaluación de la gestión de gobierno que debería aplicar la Constitución. No responde a un análisis de coyuntura, tampoco a un análisis de la crisis del proceso. Responde a otra cosa, a una predisposición. Un sentimiento y una impresión adelantada de que la Constitución es demasiado ampulosa, también demasiado exigente, define demasiados derechos, que el Estado no puede cumplirlos. ¿Por qué se hace eso? ¿Por qué se hace esa pregunta? ¿Por qué se lanza esa hipótesis? ¿Se presupone que debemos desechar la Constitución? De todas maneras la discusión que propone la pregunta y la hipótesis es importante, vamos a abordarla abriendo el debate, la lectura del problema desde varios ángulos.

Lancemos otras preguntas: ¿Por qué sería la Constitución Inviable? ¿El Estado plurinacional comunitario y autonómico es inviable? ¿Es un proyecto imposible? ¿No podemos salir del Estado-nación? ¿Esta invención indígena de la condición plurinacional del Estado es imposible de realizar? Estas preguntas deberían ser las principales en el debate y no si hay excesivos derechos que el Estado no puede cumplir, pues este tema del no cumplimiento de los derechos se encuentra en todos los estados, en todos los gobiernos y en todas las constituciones. Las constituciones abren horizontes que deben ser asumidos y hacia los cuales debemos aproximarnos. Los derechos fundamentales que establece la Constitución le da prioridad a los derechos sociales sin descuidar los derechos civiles y políticos. Es donde se plantea el derecho de los bolivianos a la vivienda, al trabajo, al agua potable, a los servicios, a la energía, a la salud, al medio ambiente sano. ¿Por qué no poner esto en la Constitución? ¿Tiene o no tiene derecho todo boliviano y boliviana a estas condiciones, que son condiciones de una buena vida? ¿Es acaso imposible cumplir con estas demandas? La razón de existencia de un Estado es precisamente cumplir con estos derechos fundamentales, si no los cumple, un Estado no se merece la existencia. Si sigue existiendo el Estado sin cumplir con esta satisfacción de la población es porque se basan en el desprecio de no sólo estos derechos sino de la propia gente. En el fondo se supone que la mayoría de la gente esta asociada a la condición de “pobreza” de una manera natural; como qué ha vivido acostumbrada en ausencia de estas condiciones, de condiciones adecuadas para vivir, entonces pueden seguir haciéndolo. Están habituados. Esa actitud es la demostración más clara de que estos Estados sirven a los intereses de las clases privilegiadas, de las clases dominantes, que obviamente gozan de sobremanera de esos derechos. No es un buen argumento decir que no hay dinero para abordar el cumplimiento de estos derechos. Pues al decir esto, los que dicen no se dan cuenta que están mostrando las grandes falencias administrativas y de distribución de los recursos. Una demostración; para muestra basta un botón. El programa de gobierno de vivienda popular, que contaba con bastantes recursos, se ha desmoronado, no por falta de dinero, sino por corrupción. El dinero se ha esfumado, las empresas fantasmas se han llevado el dinero y no han construido viviendas. Lo poco que se ha construido con otras empresas suena a negociados pues las casas no cumplen con los mínimos requisitos de habitabilidad adecuada y cómoda. A los ministros y viceministros involucrados, en vez de pasarlos a la justicia y a ser investigados, se los premia con otros puestos. ¿Cómo se pueden entender estas señales sino como complicidades opacas? En contraste se muestra, como ostentando, una compulsiva construcción de edificios de departamentos de lujo y para oficinas. Claro que en este caso está metida la banca, con los préstamos, y las grandes constructoras, que cuentan con estos préstamos, y probablemente el lavado de dólares. Entonces se produce una oferta especuladora de viviendas caras, que obviamente no están destinadas a los pobres. ¿Qué tiene que ver con esto el gobierno? Las políticas económicas permiten este destino del dinero acumulado por la banca, que es como de cuatro mil millones de dólares, sin exigirle mediante leyes y políticas una orientación productiva. Hay una suerte de complicidad en este circuito especulativo. Respecto a este ejemplo podemos decir que ilustra que no es un problema de recursos, sino una falta total de voluntad, de disposición a transformar las condiciones de vida; en vez de esto se da una especia de complacencia con lo que ocurre. Una renuncia a todo cambio.Lo mismo podemos decir con los otros derechos fundamentales. No se trata de que se cumplan de la noche a la mañana, sino de comenzar un tránsito transformador que avance en su cumplimiento. No se puede aceptar de ninguna manera que no se pueden cumplir con los derechos fundamentales. Esto no hace inviable a la Constitución. Lo que no se puede aceptar es que se acepte como viable lo que ocurre, la mantención de la diferenciación abismal de clase, la persistencia de un orden social discriminador y explotador, que arrincona a la mayoría de la población a la marginalidad. No se puede aceptar que algunos o muchos acepten como natural las condiciones de vida de la mayoría de la población, condenada a la miseria. La explotación social, la discriminación, la marginalidad, la miseria, no son fenómenos naturales sino históricos sociales. Estas realidades son productos de estructuras de poder, de relaciones de fuerza. Lo que la Constitución ha puesto en mesa es precisamente esto, que los diagramas de poder deben cambiar, que las relaciones de fuerza deben cambiar, que la correlación de fuerzas debe transformarse a partir de la participación abierta de las multitudes, de los estratos populares, del proletariado, de los movimientos sociales anti-sistémicos, de las naciones y pueblos indígenas originarios. Lo que no se puede olvidar es que la Constitución es producto de la crisis múltiple del Estado, crisis que abrió el terreno a fabulosas movilizaciones, luchas sociales con características semi-insurreccionales. El proceso constituyente asumió las demandas populares, de las naciones y pueblos indígenas, los tomó en cuenta y las trabajó en la Asamblea Constituyente, donde se escribió el texto constitucional, que contempla jurídica y políticamente las pasiones, los deseos, las esperanzas y las utopías de la gente, conformando un escrito que abre un horizonte histórico-cultural, un horizonte civilizatorio, estableciendo las rutas de la transición transformadora del Estado y la sociedad. La Constitución fue aprobada por la gran mayoría del pueblo boliviano. Este es el hecho político que no puede olvidarse, que no puede borrarse con ninguna triste pregunta sobre la viabilidad del proceso, sobre la viabilidad de la Constitución, ni con su hipótesis consecuente de la inviabilidad del proyecto. A propósito de hipótesis en juego y en consideración, podemos lanzar una hipótesis política con el objeto de interpretar lo que acontece. No es que es inviable la Constitución sino que el gobierno jamás la tomó en serio, creía que era un librito que podía ponerlo en la vitrina y usarlo para propaganda, de manera discursiva, mientras ejecutaba políticas que respondían a la orientación dada por un grupo reducido del ejecutivo. Esta orientación es la continuación del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. El gobierno interpretó la confianza de la gente como si le dieran un cheque en blanco, creyó que podía jugar con esta confianza mientras hacía lo que quería, otra cosa, diametralmente diferente a la Constitución. Se equivocó; el pueblo se levanto contra el gasolinazo, el pueblo defendió el TIPNIS, apoyando la marcha indígena, obligando al gobierno y a la Asamblea Legislativa a promulgar una ley en defensa del territorio indígena y de la madre tierra. Ahora el pueblo va exigir el cumplimiento de la Constitución.La Constitución Política del Estado es un horizonte, éste define una transición civilizatoria, hacia el vivir bien; establece la transformación pluralista, comunitaria, autonómica, intercultural y participativa del Estado; se abre a un modelo económico que apunta a la economía social y comunitaria, partiendo de la complementariedad integrada de las formas de organización económicas existentes, transitando por la industrialización de los recursos naturales, la intervención del Estado en la economía, en el marco de un condicionamiento ecológico, en armonía con la biodiversidad, en clave sustentable. El eje de esta transición es la soberanía alimentaria. Este horizonte abre un espacio de tránsito que debe ser remontado. De lo que se trata es de esto, de programas de transición; unos pueden ser más largos que otros, más curvos que otros, más complejos que otros, mas diferidos, pero estos programas diseñan caminos, rutas que conducen a transformaciones estructurales e institucionales. Se sabe que después de unos pasos, que van en ese sentido, vienen otros; no como ahora, de acuerdo a la conducta ambivalente del gobierno, cuando se tienen improvisaciones calamitosas, pasos desconectados, que empero conducen a la regresión y a la restauración. No es un tema de recursos, este cuento siempre ha sido utilizado como espectro en contra los pueblos que demandan. No es falta de capitales, pues las empresas trasnacionales se llevan grandes capitales en la condición material de recursos naturales. Se trata de relaciones de poder. El gobierno ha preferido continuar con la sumisión y la supeditación a los poderes vigentes, del país e internacionales, antes de pelear contra ellos junto al pueblo. Volviendo a la pregunta del principio, ¿es viable el Estado plurinacional comunitario autonómico? La construcción de este Estado exige la muerte del Estado-nación, la sustitución de éste por el Estado plurinacional mediante transformaciones profundas estructurales e institucionales, que implican el pluralismo institucional, administrativo, normativo y de gestiones. ¿Por qué no se podrían hacer estas transformaciones? ¿O es que se cree que el Estado-nación es eterno o es el fin de la historia? Lo primero no es sostenible empíricamente pues conocemos la historia y genealogía del Estado, se ha venido transformando no sólo desde esa historia europea de los estados patrimoniales, salidos de feudalismo, pasando por los estados de las monarquías absolutas, para llegar a las repúblicas, cuando se conforman los estados modernos, los llamados Estado-nación. Sino también, desde una perspectiva más amplia, incluyendo a los otros continentes; se puede hablar de la forma de Estado correspondiente a lo que se nombró como despotismo asiático, que corresponde a lo que llamó Marx el modo de producción asiático, comprendiendo sus diferencias, sus particularidades y singularidades, que Marx no pudo tomar en cuenta. Lo mismo podemos decir en el caso de Mesoamérica y la región andina, donde se conforman otras formas de estados, basadas en una articulación centralizada o confederada, dependiendo de los casos, de las comunidades, de las formas de comunidad involucradas. Tal parece que podemos hablar de esta forma política e institucional complementaria, que comprende un juego complejo de confederaciones combinadas con centralizaciones sobre la base de la articulación territorial de formas de comunidad. Algunos investigadores han encontrado analogías con los estados asiáticos, empero estas son comparaciones apresuradas, que no pueden sostenerse desde la perspectiva de las recientes investigaciones. En todo caso, cuando hablamos de la forma Estado, desde una perspectiva amplia, no necesariamente se usa la concepción marxista de Estado, tampoco la concepción moderna de Estado, sino una perspectiva epistemológica diferente. Gilles Deleuze y Félix Guattari comprenden la forma general de Estado como aparato de captura, como configurado y conformado por la práctica y función de captura; así también por su conflicto con las formas nómadas de las sociedades, con los espacios lisos, constantemente abiertos e inventados por los recorridos itinerantes. Se trata de aparatos de captura asociados a la construcción de espacios estriados, opuesto a los espacios lisos de las formas de ocupación y organización nómadas. Esta es una perspectiva diferente para entender la genealogía de los estados, que incluso hace más inteligible la crisis de los estados modernos. Empero, independientemente de las teorías del Estado no se puede sostener, desde ningún punto de vista la tesis de la inmovilidad del Estado-nación.Ahora bien, la hipótesis tardía del fin de la historia y de su culminación realizada en el Estado liberal, es también insostenible. ¿Fin de la historia? ¿Fin de los tiempos? ¿Realización absoluta de la historia en la forma de política liberal? ¿Fin de las guerras? Todo esto también implicaría el fin de la política; ¿la realización subjetiva e individual del último hombre? En el conocido libro de Francis Fukuyama El fin de la historia y el último hombre, el autor se esmera por exponer estas tesis, utilizando proposiciones fragmentarias de Hegel y de Nietzsche, por lo tanto des-contextuadas, bajo una lectura voluble de sus obras, polémicas y contrastadas por cierto, incluso opuestas. Por lo tanto la fuerza de este libro no radica en el uso escolar de los filósofos alemanes sino en otro lugar. Podemos decir que el peso radica en el inmenso peso del orden mundial de las dominaciones, conformado después de las guerras mundiales y la guerra del Vietnam. Una especie de Imperio moderno, como figuran Antonio Negri y Michael Hardt en el Imperio y en Multitud, retomando su tesis revisada en Commonwealth. No vamos a discutir aquí esta tesis sobre la figura moderna del imperio, tampoco el debate abierto y las críticas que ha suscitado. Así mismo no vamos a tomar una posición en este ensayo al respecto; dejaremos pendiente la evaluación del debate. Lo que interesa es mostrar la función ideológica del libro de Francis Fukuyama, la legitimación teórica de este orden mundial, llamados por unos Imperio, por otros imperialismo, o formas desenvueltas y complejas de imperialismos coaligados. El peso de las tesis de Fukuyama radica en la situación mundial, la estructura del poder mundial, en la realidad constatada de la coyuntura, visualizada por el autor como fin de la historia y no como crisis. De todas maneras el mismo Fukuyama revisó sus posiciones en libros posteriores, ante la evidencia de la continuación de las guerras, las guerras del golfo, la nueva guerra en los Balcanes, la guerra de Chechenia y las guerras de intervención en Afganistán, Irak, Libia . Lo que importa es ver que tanto en la historia como en el presente no es sostenible la hipótesis de la inmovilidad del Estado; en la historia sufre transformaciones en su propia genealogía, en el presente no deja de ser afectado por las contingencias, la crisis y las luchas. No hay fin de la historia, tampoco puede sostenerse que el Estado liberar es la realización suprema de la historia política. De la misma manera, no se puede sostener, en una perspectiva menos ambiciosa que la tesis de las transformaciones que podemos llamar reformista, incluso escéptica, que el Estado tal cual se encuentra no requiere experimentar cambios y modificaciones. La adecuación del Estado a los requerimientos estratégicos y de políticas, incluso si se quiere su mejoramiento, entiéndase éste como modernización o no, implica desplazamientos administrativos, por más estrechos que sean. Estas transformaciones, estas modificaciones, estas reformas estatales no pueden detenerse con el argumento de la inviabilidad. Este argumento no sólo es conservador, sino expresa un abismal desconocimiento de la política, de la historia estatal y de la complejidad institucional. Este argumento expresa la pusilanimidad de quienes pronuncian estas apreciaciones, su desapego completo de la política, su renuncia a toda mejora, no soló al cambio, que sería mucho pedirle. Una muestra del profundo nihilismo incrustado en sus cuerpos y comportamientos. Durante las dos gestiones del gobierno de Evo Morales se tuvieron varias oportunidades de viabilizar las esperanzas, los deseos, las pasiones, los objetivos trazados por los movimientos sociales anti-sistémicos. Al principio, el 2006, cuando se asume el gobierno, contaba con todo el entusiasmo de la gente, con todo el apoyo, toda la legitimidad, toda la fuerza para comenzar por lo menos desplazamientos significativos en lo que respecta a la modificación de la función estatal. Se trataba de cambiar las prácticas de la política, las prácticas de la gestión, las prácticas de la ejecución, las prácticas de los estratos de funcionarios. Romper con la ceremonialidad del poder, la sombra inaudita de edecanes y sombras que acompañan a ministros y viceministros. Comenzar con la forma de democracia participativa, con la expresión del poder popular. Pero no lo hizo, prefirió mantener la vieja ceremonialidad del poder; edecanes, sombras de todo tipo y características conductas serviles, además de entornos de “lluncus” que crean microclimas de desapego de la realidad, amueblando los espacios de la función pública con el derroche de alabanzas serviles a los jefes. Al principio los nuevos ministros, de origen popular, manifestaron su asombro ante estas demostraciones, empero después de un tiempo perentorio les comenzó a gustar; dejaron placenteramente que continúe este ritual espantoso de servilismo, de acompañamiento fatídico de sombras y “llunqueriós” que encubren la pesada carga burocrática ineficiente e ineficaz. ¿Qué no se podía hacer nada? ¿Qué era inviable? ¿Quién lo dice? Incluso en una perspectiva reformista, en el lapso de tiempo anterior a la promulgación de la Constitución, no se trataba de grandes cambios sino de pequeños desplazamiento hacia otro orden de relaciones en el ámbito político y gubernamental. Lo importante en estos casos es obviamente la voluntad política, pero sobre todo la acción, la decisión y la práctica de las modificaciones. Lo importante es comenzar, definir fácticamente un punto de partida, después lo que sigue. Estas decisiones no se las tomaron; es comprensible que todo esto se haya dado en un ambiente de sorpresas. Se llegó directamente al gobierno al haber sacado la mayoría absoluta; no hubo necesidad de la pugna en el congreso y en las calles. Después el llegar al ejecutivo sin experiencia alguna. Empero estos saltos abruptos pueden provocar el principio una suerte de inmovilidad y una sensación de vulnerabilidad; sin embargo, hay como dos alternativas: una aceptar lo que se ha heredado, ocupar sus espacios, sin cambiarlos; otra, intentar cambios, desmarcándose de la herencia. Se optó por lo primero, dejando los cambios para después, postergando la decisión hasta la aprobación de la Constitución. Por este camino no se cambio la arquitectura estatal, la estructura normativa y la administración de las normas liberales. Se trató de compensar con medidas vinculadas a la Agenda de Octubre, la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente. Medidas que no sólo respondían al programa definido por los movimientos sociales, sino también medidas que abrieron rumbos políticos del proceso recuperando la capacidad soberana del pueblo. El problema era que si bien estos rumbos eran aperturantes, se lo hacían en un mapa institucional que se había mantenido incólume. No tardarían de llegar las contradicciones. No se puede sostener un proceso de nacionalización y un proceso constituyente con un mapa institucional conservador. Este mapa condicionó los comportamientos políticos respecto al proceso de nacionalización y en relación al proceso constituyente. Esta es la razón última de que el proceso de nacionalización se haya truncado y de que el proceso constituyente haya terminado en una Constitución no asumida como mandato, sino como discurso, quedando en la práctica como modelo ideal. Otro gran momento, quizás cualitativamente más importante que el anterior, sobre todo por la oportunidad otorgada de transformaciones estructurales e institucionales profundas, fue cuando se aprobó la Constitución. El mandato es abolir el Estado-nación y construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Con este mandato y la aprobación por la mayoría del pueblo boliviano se podía iniciar un proceso de transformaciones pluralistas, comunitarias, autonómicas, interculturales y participativas del Estado. Para esto se requería no sólo difundir la Constitución sino aprenderla colectivamente, también aprehenderla socialmente, discutirla abiertamente y asumirla como programa político y de movilizaciones transformadoras. En vez de hacer esto, se limita todo a la difusión sin su aprendizaje colectivo, sin asumirla ni siquiera por el gobierno y el ejecutivo. Se opta de manera improvisada sacar 100 leyes, transfiriendo esta responsabilidad a los ministerios. Los resultados son elocuentes; las leyes que se promulgan no son constitucionales, no son fundacionales, sino que responden a la inercia y continuidad de la forma de hacer leyes por parte de ministerios burocráticos, por parte de abogados, que se creían ser los indicados por su formación, sin haber entendido el proceso ni el sentido histórico-político de la Constitución. Sin embargo, se abrieron espacios de trabajo en equipos que tomaron en serio la apropiación de la Constitución y la elaboración de leyes fundacionales. Vamos a nombrar dos, por la proximidad que tuvimos con ellos. Uno es el espacio de trabajo del anteproyecto de ley de gestión pública, el otro es el espacio de equipos multidisciplinarios del Plan Plurinacional del Vivir Bien. Ambos proyectos culminaron después de varios meses de trabajo y discusión. Uno de ellos, el anteproyecto de gestión pública se presentó al Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, encargado oficial del anteproyecto. Sin embargo, el anteproyecto hasta ahora no se lo expuso al gabinete para su discusión. El otro proyecto, el del Plan Plurinacional del Vivir Bien, llegó incluso a presentarse en el gabinete donde se aprobó la parte conceptual del plan, dejando pendiente las políticas y metodologías. Una vez ocurrido esto se interrumpió abruptamente este perspectiva, indispensable para la aplicación de la Constitución, para incursionar en el modelo económico alternativo, para articular el trabajo del ejecutivo, de los ministerios e instituciones en el sentido de su propia transformación, contemplando también las tareas de transformación social, económica, política, cultural, encargada a la planificación integral y participativa con enfoque territorial. En ambos casos se muestra que el ejecutivo ya iba por otro lado, no por la transformación y el cumplimiento de la Constitución. Había ya escogido el camino de retorno, el de la restauración del Estado-nación y mantenerse en el modelo extractivista. ¿La razón de esto es que es inviable la Constitución? ¿Es imposible cambiar la gestión pública? ¿Es imposible la planificación integral y participativa con enfoque territorial, como establece la Constitución? ¿Cómo se puede saber si no se ha intentado? La verdad es que se renuncio antes de efectuar el recorrido de estas posibles experiencias. ¿Es que la gestión liberal, burocrática, pesada, sedimentada en varios estratos administrativos es la única viable? ¿Estamos condenados? ¿Quién lo dice? El problema que las propuestas de cambio se estrellaron con intereses consolidados y cristalizados en el aparato del Estado. Los funcionarios, la mentalidad de los funcionarios, a la que se adscriben plenamente los ministros, no podían aceptar cambios que atentaban con los intereses de la clase de funcionarios, de la clase burocrática del país. Se podía comenzar con la aprobación de la ley de gestión pública plurinacional comunitaria e intercultural, después seguir con desplazamientos y transformaciones institucionales sobre la base de una ingeniería institucional, de una ingeniería de la transformación, que podría llevar sus tiempos diferenciales, dependiendo de las áreas. Empero se retrocedió ante esta posibilidad, optando por aferrarse a lo mismo, encubriendo esta ineptitud con discursos rimbombantes. Lo mismo ocurrió en el caso del Plan Plurinacional del Vivir Bien. Se podía seguir adelante, en el trabajo en equipos, elaborando las políticas, las estrategias, abriéndose a la participación en todos los niveles, incluyendo los gobiernos autonómicos, las asambleas legislativas, las poblaciones y organizaciones de los territorios. Quizás esto habría durado su tiempo, empero ya se habría comenzado a consensuar un plan plurinacional del vivir bien orientado a abolir el modelo extractivista y construir el modelo alternativo productivo, ecológico, de la economía social comunitaria, en la perspectiva del vivir bien. Hubieran aparecido muchas dificultades en el camino; en su momento deberían enfrentarse las mismas de una manera participativa y abierta, buscando nuevamente salidas, en la perspectiva del horizonte abierto, la Constitución y la planificación integral y participativa. ¿Faltaban recursos para hacer todo esto? De ninguna manera. Lo que faltó es voluntad política. Se entiende que se pasó por momentos problemáticos de enfrentamiento con las oligarquías regionales, con los partidos de la derecha, con los medios de comunicación empresariales. Este periodo atraviesa todo el proceso constituyente, se vuelve altamente violento después de la aprobación de la Constitución, con la toma de instituciones y ciudades del oriente. Este periodo concluye en la masacre de El Porvenir, en el departamento de Pando. La derecha es derrotada políticamente y militarmente. Esta derrota se refleja en su derrota electoral del 2009, no llegan a tener ni siquiera el tercio de la Asamblea Legislativa, políticamente esta derecha se disemina. Al respecto hay que hacer dos anotaciones; primero que el conflicto con la derecha no puede detener, no puede suspender, la necesidad de los cambios institucionales; al contrario, inmovilizarse es hacerse vulnerables ante la ofensiva de la derecha. Por otra parte, una vez culminado el conflicto, con la consolidación electoral de la absoluta mayoría del MAS en la Asamblea Legislativa, en la segunda gestión de gobierno, se tenía limpio el camino para realizar las transformaciones diseñadas por la Constitución. Empero, paradójicamente, ocurrió lo contrario; en la segunda gestión el gobierno se mostró más conservador, más defensivo, más alejado de la Constitución, incluso cometiendo flagrantes violaciones a la Constitución tomando medidas que lo enfrentaron al pueblo. Una de esas medidas fue la llamada nivelación de precios; la otra política descabellada y contraria a la Constitución, fue el compromiso del gobierno con el gobierno brasilero, con la empresa OAS de atravesar la carretera por el núcleo del TIPNIS, territorio indígena y parque protegido por la Constitución y por las leyes, violando los derechos de las naciones y pueblos indígenas y los derechos de la Madre Tierra. En ambos casos el gobierno tuvo que enfrentar la movilización popular y en ambos casos fue derrotado. La pregunta es por qué ocurrió esto, justo cuando se tenía la mejor disposición para aplicar la Constitución. Para responder a esta pregunta vamos a recurrir a hipótesis de interpretación del lapso del proceso que corresponde a las gestiones de gobierno. Hipótesis 1. Habría que recurrir al recurso y uso adaptado del método estructuralista, a su esquema metodológico, que se estructura a partir de opuestos, de opuestos binarios. Aparece una oposición entre dos etapas claras del proceso; la primera corresponde a la etapa de las luchas sociales (2000-2005); la segunda etapa corresponde a las gestiones de gobierno (2006-2011). Ambas etapas se oponen, una abre el horizonte mediante la intensidad de las luchas, la otra parece clausurar esta apertura, cerrando este horizonte y retornando al anterior, el correspondiente al Estado-nación. Auscultando en la segunda etapa, la oposición parece repetirse, aunque en menor contraste, pues también pueden entenderse como una continuidad regresiva. El contraste es entre la primera gestión y la segunda, la primera gestión inicia el proceso de nacionalización, convoca a la Asamblea Constituyente y promueve bonos, que implican redistribución del ingreso; durante la segunda gestión se lanza la medida de nivelación de precios, una medida de shock, al mejor estilo monetarista, enfrentando el gobierno al pueblo; también se desata el conflicto del TIPNIS, enfrentando el gobierno con las naciones y pueblos indígenas originarios, las organizaciones indígenas y el pueblo que apoyó la marcha. Otro contraste que podemos anotar es que durante la primera gestión estalla el enfrentamiento con las oligarquías regionales y los partidos de derecha, en tanto que en la segunda gestión se establece la alianza con la burguesía.

El método estructural remarca los contrastes en la perspectiva de armar estructuras explicativas; si bien este método se ha aplicado prioritariamente en el análisis lingüístico, en el análisis antropológico, en el estudio de los mitos y de las instituciones culturales, también es susceptible de aplicarse en el análisis de otros campos, como el político. Si bien se encuentran avances de este recurso analítico estructuralista en investigaciones sociológicas, no ocurre necesariamente lo mismo con los análisis políticos, a no ser que consideremos los trabajos de Bourdieu y Foucault como si fuesen estructuralistas o post-estructuralistas, como los han calificado sus críticos y detractores. Ciertamente hay una marcada tendencia a resaltar los contrastes como opuestos en el armado de la estructura explicativa; esto hay que tomar en cuenta para no perder de vista la génesis y genealogía molecular del proceso mismo.

En todo caso es interesante preguntarse sobre lo que muestra la estructura armada por el análisis estructuralista. Al respecto, es importante antes hacer algunas anotaciones sobre la lógica en la que se mueve el estructuralismo. No olvidar que se trata de una problemática del sentido y del significado, del sistema de signos que sostiene la formación de sentidos y significados. Lo que se trabaja son las lenguas, los sistemas de signos, los sistemas de símbolos, las armaduras culturales, configuradas a partir de lo que podríamos llamar sistemas de mitos. Estamos como ante narrativas y textos que tienen que interpretarse a partir del develamiento de sus estructuras. Cuando salimos de estos sistemas y entramos a terrenos institucionales, como los relativos a las formas de organización, también se trata a las instituciones culturales como si fuesen sistemas de signos; se busca en estos sistemas institucionales sus estructuras subyacentes para poder interpretar sus sentidos y significados, que no dejan de ser culturales. Ahora bien, cuando nosotros nos desplazamos hacia los ámbitos y campos políticos, y aplicamos el método estructuralista de una manera adaptativa, lo mismo, podemos encontrar estructuras a partir de las oposiciones binarias; estas estructuras nos van a volver a plantear el problema del sentido y del significado de las estructuras políticas. El análisis estructuralista en los terrenos políticos no es un análisis histórico, tampoco empírico, ni descriptivo. Podemos también decir que tampoco es un análisis genealógico, no es un análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Es un análisis que busca el sentido y el significado político a partir de las estructuras encontradas. Ocurre como si estuviéramos ante lenguajes políticos conformados por acciones y hechos; de lo que se trata es de descifrar los sentidos estructurales que nos plantea una trama de hechos y de acontecimientos.

¿Qué nos dice una estructura política configurada a partir de oposiciones binarias? Desencadenamiento de las luchas en contraposición de la gestión de gobierno, emancipación en contraposición de dominación, utopía en contraposición de realismo, ascenso en contraposición de descenso, participación en contraposición de especialización, y así sucesivamente. ¿Qué nos dice la articulación entre la primera etapa del proceso, la de las luchas, y la segunda etapa del proceso, la de gobierno? ¿Qué nos dice la articulación entre la primera gestión de gobierno y la segunda? ¿Qué nos dice la articulación entre medidas progresistas y medidas regresivas? ¿La estructura compleja de estos opuestos, de estos contrastes, devela una escisión profunda de la política?

La política no solamente distingue amigo de enemigo sino que se da como relación imposible entre amigo y enemigo; la política también distingue utopía de realidad y se da como imposible articulación ente utopía y realidad; la política distingue emancipación y dominación, se da en la imposibilidad misma de unir emancipación y dominación. La política se da en esa escisión, en esa separación, en ese choque, como un intento imposible de unir lo contrapuesto, lo antagónico, la contradicción misma. La política emerge de este choque, de esta pugna, de esta lucha profunda. Es como si no lograra resolver su problema una y otra ves, empero para para intentarlo de nuevo, una y otra vez. La política es como una explosión y un proceso desgarrado, que vuelve a nacer de su propia derrota. Su victoria relativa, que también puede interpretarse como su derrota relativa, radica en su nacimiento incesante, en la latencia e irradiación de la esperanza y el entusiasmo. Una vez que logra emerger y posesionarse en el espacio-tiempo destrozando la estabilidad de las dominaciones, nada puede volver a su estado inicial; todo ha cambiado, aunque esta efervescencia termine desplazada por un nuevo sosiego, aunque la rebelión termine derrotada por un nuevo conservadurismo.

Que una mirada estructuralista interprete la composición contradictoria de la política, de los procesos políticos, de los asensos y descensos de las revoluciones, no quiere decir que hay una especie de condena o de fatalidad de que esto ocurra siempre así; esto no es así, pues desde otra perspectiva no estructuralista, desde un análisis histórico-político, desde un análisis genealógico, se puede develar otras posibilidades otras potencialidades y otras alternativas de desenlaces. Lo interesante del análisis estructuralista es que expresa la trama contenida en un mapa de institucional, en una cartografía política, en un contexto de realidad. Mientras estos diagraman no cambien parece ser que la trama va desenvolver su propio recorrido como una escritura o una narrativa. En cambio si logran cambiar los diagramas, si logran emerger planos de consistencia, planos de intensidad, que transformen los mapas de fuerza y el mismo sentido de los mapas institucionales, se abren campos de posibilidad para otros desenlaces.

El problema no está en que no hay otros contextos de realidad que el que parece repetirse, sino que, en la medida que persistan determinados diagramas de poder, determinadas cartografías, determinados mapas de estructuras y relaciones de poder, estos hacen como condicionamientos para repetir la trama, aunque sea con distintas versiones. La tarea entonces de los movimientos emancipatorios es afectar no solo el escenario político, en el sentido de la ocupación de instituciones, del gobierno, del Estado, sino de modificar las condiciones mismas del espacio de las fuerzas, del espacio de las instituciones. Inventar otros espacios y tiempos, desterritorializar y reterritorializar, modificar la condición misma de los espacios. Por lo tanto. Nos abrimos con esto a otra producción de sentidos y significados más allá de la política.

La rebelión no solamente es contra el poder, contra el Estado, contra las dominaciones, sino contra la propia historia, contra las propias condiciones de posibilidad históricas. Hay que salirse de la historia para escribir otra cosa.

Retomando la pregunta sobre los contrastes del proceso, podemos decir que, en la medida que no se ha modificado el mapa institucional, el diagrama de poder, la curva del proceso vuelve sobre sí misma, como que retorna al peso gravitacional de sus condicionantes. El orden tiene que restablecerse, aunque en otro escenario. Las jerarquías retornan y las diferencias, las dominaciones vuelven, aunque los ejecuten otros personajes y nuevas alianzas. Y lo más perturbador es que se restablecen las supeditaciones al orden de dominación mundial y las formas de hegemonía regional; peor aún, se restablecen los circuitos perversos de la corrosión y la corrupción, que acompañan como lógicas y relaciones paralelas a las relaciones y lógicas oficiales del poder. 2. Sería peligroso quedarse con la impresión de que la hipótesis anterior suspende a los protagonistas políticos de sus responsabilidades en la incidencia del proceso, como si todo fuese una historia de estructuras y relaciones, donde no intervienen los sujetos, las personas, los actores y perfiles individuales. Sabiendo además que los sujetos también responden a relaciones y estructuras constitutivas. Nada más equivocado que esta impresión; los individuos, los perfiles individuales inciden en los desenlaces del proceso, aunque estos desenlaces no pueden explicarse por la actuación personal en los mismos. Esto sería caer en la comprensión de la política como si fuese una novela o, en el peor de los casos, una eterna conspiración. Esta es la inclinación del sensacionalismo de los medios, pero también de los analistas políticos, así como de los llamados políticos. Una vez que nos hemos puesto de acuerdo en que estamos hablando de matrices histórico-políticas, de estructuras y relaciones de poder, de diagramas de fuerzas, de mapas institucionales, como condicionantes de los decursos políticos, la pregunta que tenemos que hacernos es ¿cómo inciden los perfiles individuales en los cursos y desenlaces de un proceso? Vamos a tratar de responder a esta pregunta con otra hipótesis interpretativa.

Estamos en desacuerdo con el conjunto de teorías que le dan un papel preponderante al individuo en la historia, sobre todo cuando estos individuos se sitúan en lugares decisivos de los acontecimientos. En primer lugar porque el suponer individuos históricos en contraste con individuos que padecen la historia forma parte de un supuesto altamente discutible; primero, precisamente por razones que tienen que ver con las figuras complejas de acontecimiento y de proceso. No hay individuos que hagan solos historia, siempre responden al ámbito de relaciones en los que se encuentran, sobre todo relaciones con organizaciones, movimientos, masas, multitudes. En todo caso el papel de los individuos llamados históricos se encuentra en interrelación con conjuntos, colectivos, clases, naciones y pueblos, que actúan en el mapa dinámico de los acontecimientos. Segundo, estos individuos son producto de imaginarios colectivos, aunque también del imaginario de los historiadores. La historia no es una novela, empero los individuos, todos los individuos, los llamados históricos y los que padecen la historia, no dejan de tener responsabilidades en el decurso de los acontecimientos.

¿Cuál es esta responsabilidad? Las decisiones que se toman, las acciones que se asumen, las prácticas en las que se participa, incluso, obviamente las relaciones en las que se comprometen, juegan un papel en la incidencia de los hechos. Estas responsabilidades son altamente comprometedoras cuando se asume la función de gobernante. Las decisiones que se tomaron al principio, en los primeros pasos del gobierno durante el 2006, las decisiones sobre la forma del proceso de nacionalización, las decisiones sobre la forma de convocatoria a la Asamblea Constituyente, las decisiones sobre la forma de los contrato de operaciones, las decisiones sobre las políticas económicas, las decisiones sobre la nivelación de precios, las decisiones sobre los acuerdos con el gobierno de Lula da Silva el 2008 y la aceptación de la construcción de la carretera que pasaría por el TIPNIS, incluyendo la aceptación de que sea OAS la constructora de la carretera, son decisiones que ciertamente han incidido en el decurso del proceso.

Ahora bien, estas decisiones se dan en contextos, en marcos institucionales, en ámbitos de relaciones y de estructuras de poder, se dan también en atmósferas donde otros también toman decisiones. Los dirigentes de las organizaciones toman decisiones, los dirigentes medios y las bases también toman decisiones. El pueblo también toma sus decisiones, aunque generalmente lo hace en las elecciones, y circunstancialmente en momentos de emergencia y movilización general. Unas decisiones pueden reforzarse con otras, viendo los mapas en juego de los conjuntos de las decisiones, o en su caso truncarse, provocar desplazamientos. Ocurre que, en la primera gestión de gobierno el mapa de las decisiones es como acompasado, las decisiones se refuerzan, se complementan, por decirlo así. El conjunto de las organizaciones, que acompañaron a las movilizaciones del 2000 al 2005, decide replegarse y dejar la iniciativa al ejecutivo. Las tensiones que pueden haberse creado quedan como diseminadas en el contexto. Aunque hay que considerar sus variabilidades debido a tal o cual tema; incluso cuando se llegan a dar conflictos, como el caso de Huanuni donde se enfrentaron obreros mineros y cooperativistas, estos son de carácter corporativo y gremial. No llegan a cuestionar el mapa de las decisiones concomitantes.

Los conflictos entre percepciones y decisiones encontradas se dan en la segunda gestión de gobierno, cuando parte del bloque de apoyo al gobierno decide oponerse al gasolinazo, cuando las organizaciones indígenas deciden defender el TIPNIS y el pueblo boliviano de las ciudades, las organizaciones sindicales urbanas, la COB, deciden apoyar la marcha indígena de defensa del TIPNIS. En este caso no solo se constata el conflicto de las percepciones, también el conflicto de las subjetividades y las decisiones, sino que se muestra palpablemente que las decisiones de los gobernantes no prosperan, tiene que retroceder ante un levantamiento popular y abrogar la medida de nivelación de precios, tiene que retroceder ante una marcha indígena persistente y que cuenta con el apoyo de las ciudades, sobre todo de la ciudad de La Paz y del distrito 14 de la ciudad de El Alto. Las decisiones inciden en el decurso, empero lo hacen en el contexto de relaciones y estructuras de poder.

Lo que se puede observar en lo que respecta a las decisiones del gobierno, a su insistencia en una conducción altamente centralizada y, podríamos decir, elitista, en una orientación que pasó de pragmática a inconstitucional, apostando por la continuación del modelo económico extractivista, apostando por el autoritarismo y descartando la participación, ha ahondado la crisis del gobierno y la crisis del proceso. En este caso la estructura de los perfiles personales de los gobernantes se ha terminado de convertir en obstáculos para viabilizar soluciones concertadas en la imprescindible tarea de revitalización del proceso.

Los perfiles individuales, las estructuras subjetivas, pueden volverse obstáculos en un proceso que requiere circulación de ideas, de debates, flujo de críticas, que requiere participación y construcción colectiva de la decisión política, que requiere la democratización de la gestión. Quizás el lugar más difícil de cambios sea uno mismo, ese lugar donde se guardan secretos, memorias, frustraciones y logros, pero sobre todo ese lugar profundo donde se forma la persona y la personalidad, sobre la matriz incognoscible del sujeto y la subjetividad. Podremos hasta decir que ese espesor del cuerpo donde se aloja el sujeto es a la vez el lugar donde se conservan los efectos más moduladores del poder, así como también es el lugar turbulento de las crisis y de la escisión del sujeto, lugar también de la ruptura del equilibrio interno.

Si se termina aceptando el guion del caudillo, del clarividente, de especialista, del jefe, del experto, se termina aceptando un rol, un papel que reproduce precisamente la diferencia entre el que manda y el que obedece, dejando de lado la posibilidad de construir el conocimiento de lo que ocurre y las políticas de incidencia y transformación en la coyuntura de manera colectiva. Se reproduce la élite, los entornos, es decir, las estructuras que separan al gobierno del pueblo. Se convierte a los gobernantes en los amos de la política y al pueblo en espectador. Esta es precisamente la estructura de la trama de los gobiernos liberales, criticados por esta separación y esta división de roles. De esta forma en las repúblicas la democracia se reduce a la periodicidad de las elecciones, en tanto que el ejercicio democrático termina convirtiéndose en un ejercicio burocrático de funcionarios y especialistas. En este sentido la democracia no se ejerce, no se ejerce el gobierno del pueblo. Llama la atención que esto haya ocurrido precisamente con un presidente y un gobierno que usan hasta el cansancio el eslogan zapatista de gobernar obedeciendo.

No solo habrían entrado en contradicción pasado y futuro, estructuras del pasado y tareas del futuro; también la maquinaria fabulosa heredada del Estado-nación y la tarea de construir un Estado plurinacional comunitario y autonómico; así como viejas practicas administrativas y la exigencia de la democracia participativa, el ejercicio plural de la democracia; sino también habrían entrado en colisión estructuras subjetivas, perfiles subjetivos, conservadores frente a la necesidad de abrirse a relacionamientos fluidos, intersubjetividades plásticas, potencialidades creativas colectivas. Los lugares más difíciles de cambiar son estos perfiles patriarcales, estas complicidades machistas conformadas en fraternidades cómplices.

ConclusionesUna primera conclusión tiene que ver con que no es que la Constitución es inviable, lo inviable es el estado de cosas existente, la perdurabilidad de la explotación, la desigualdad, la discriminación, la sumisión y el sometimiento. No son inviables los derechos fundamentales, las cuatro generaciones de derechos, los derechos individuales, civiles y políticos; los derechos sociales; los derechos colectivos y los derechos de la madre tierra; lo inviable es seguir por el camino del no cumplimiento de estos derechos. Lo inviable no es el Estado plurinacional comunitario y autonómico, sino el mantenernos en la condición de un Estado-nación subalterno, administrador de la transferencia de nuestros recursos naturales al centro del sistema-mundo capitalista. Lo inviable no es optar por un modelo económico alternativo que salga del extractivismo, apunte ala industrialización de los recursos naturales, a la soberanía alimentaria, bajo los condicionamientos ecológicos y de una concepción sostenible, en la perspectiva del vivir bien, lo inviable es continuar por la ruta del despojamiento y la destrucción del modelo extractivista. Una segunda conclusión tiene que ver con que no es sorprendente que el proceso haya llegado al nivel de las contradicciones profundas manifiestas en los conflictos del gasolinazo y del TIPNIS; las contradicciones profundas, históricas y políticas forman parte de todo proceso, de toda revolución. Revisando la historia podemos ver que ninguna revolución ha podido sortear estas contradicciones, ha terminada hundida en las mismas. De lo que se trata ahora es de resolver las contradicciones en el sentido de la profundización del proceso; esta profundización sólo se la puede hacer con el empleo del ejercicio plural de la democracia, el ejercicio de la democracia participativa, la construcción de consensos, además de las transformaciones estructurales e institucionales que requiere la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Una tercera conclusión tiene que ver con que las contradicciones de las que hablamos tienen que ver con estructuras, relaciones y diagramas de poder, que, en la medida que no se los desmantele, terminan condicionando, determinando, orientando las estrategias y políticas del gobierno. De lo que se trata es de enfrentar y desmantelar estas relaciones, estas estructuras, estos diagramas de poder, acompañados por movilizaciones populares, de tal manera que la invención de otro mundo, de un mundo alternativo, de la transición civilizatoria forme parte de la experiencia colectiva y los saberes colectivos, las prácticas y las acciones colecticas, dando pasos firmes de transformación compartida por todos. Una cuarta conclusión tiene que ver con la responsabilidad individual de los gobernantes. No escapan de la responsabilidad y su incidencia en el decurso del proceso por orientar el análisis a las relaciones, estructuras y diagramas de poder, sino que su responsabilidad aparece en el ámbito de la toma de decisiones, donde los individuos, las reuniones de individuos, los espacios de decisión de grupos que agrupan individualidades delegadas, terminan asumiendo una forma de gobierno, una forma de gobernar que incide gravitatoriamente sobre los desenlaces. Se ha dicho que este lugar, de la subjetividad y de los perfiles subjetivos, es el que entra en conflicto con los grandes desafíos del momento, pues es el sitio más conservador del proceso. Este es el lugar donde se guarda la memoria patriarcal.