En el siglo XXI, el capitalismo se ha impuesto en todas las esferas de la vida social, tanto en el ámbito privado (enajenación) como en el público (explotación y opresión), provocando consecuencias barbáricas contra la propia humanidad.

Un balance inmediato puede precisar que “en la sociedad actual se vive cada vez peor: La pobreza crece a un nivel inusitado; Las jornadas laborales cada vez son más extensas (para los que tienen empleo); El empleo se “flexibiliza” (es decir, que cada vez los trabajadores están menos protegidos y cada día que pasa los patrones tienen más poder); El poder adquisitivo de los salarios obreros se contrae progresivamente; La desocupación aumenta a cada momento; La mortalidad infantil no disminuye; Los niños que viven en la calle son cada vez más numerosos; Enfermedades curables amenazan con aniquilar naciones enteras; Las mujeres siguen siendo marginadas y humilladas; Los ancianos se convierten, con suerte, en sobrevivientes; Las filas de los que no tienen vivienda, tierra o techo no dejan de multiplicarse; La tierra se erosiona y pierde fertilidad; El clima cambia, el aire, el agua potable y los mares están cada vez más contaminados; Los policías, los parapolicías y los ejércitos reprimen cada vez con más saña, crueldad e impunidad; Los derechos humanos se convierten en engañosos espejitos de colores”.[1] Precisamente la militancia revolucionaria es la militancia por la transformación de la sociedad capitalista actual. La lucha contra el capitalismo es la lucha por destruir y construir. Destruir la sociedad avejentada y putrefacta, y construir una nueva sociedad, nuevas relaciones sociales de producción sin explotación entre hombres, construir una sociedad en la que gobierne la voluntad consciente de los hombres asociados. Por todo eso: un militante revolucionario actualmente es un militante por el socialismo.

Dos características de comportamiento hacen al militante revolucionario: impulso a buscar por sí mismo la verdad e impulso a insinuar la verdad a los demás.

En este siglo, el pensamiento – que es el único medio de búsqueda de la verdad – se encuentra subordinado a la lógica común del mundo de las mercancías. De esto se derivan múltiples consecuencias: ¿Cuántas personas pueden consagrarse al estudio disciplinado del conocimiento científico de la verdad sin honorarios y sin otra actividad retributiva económicamente?

Por otro lado, ya a mediados del siglo anterior los estudios de la pedagogía alcanzaban resultados conmovedores en relación al aprendizaje del lenguaje en el niño. Confirmando que el hándicap que un niño de familia pobre sufre frecuentemente, durante los dos primeros años de su vida, a consecuencia del subdesarrollo cultural impuesto por la sociedad de clases, produce consecuencias duraderas, en cuanto a la posibilidad de asimilar conocimientos científicos.

“La vieja afirmación de que la desigualdad social ahoga el surgimiento de millares de Mozart, de Shakespeare o de Einstein entre los niños del pueblo, sigue siendo cierta”.[2]

En el futuro, cuando la sociedad descanse sobre relaciones sociales de producción libres de explotación, donde la propiedad de los medios de producción sea común a toda la sociedad, seguramente los hombres destellarán en las artes y el conocimiento; el ocio – que actualmente es privilegio de una minoría poseedora y expropiadora – será la condición común a todos los hombres. Sin embargo, de lo anterior no puede desprenderse la representación de hombres ociosos en descanso permanente, mientras que la tecnología social cubre las obligaciones de todos los servicios, etc. En una sociedad superior, seguramente se impondrá una nueva moral, donde el trabajo recobre toda su centralidad en la configuración de la esencia humana. Nacerá la moral de los productores libremente asociados.

Como decíamos al principio, actualmente muy pocos están dispuestos a sacrificar su tiempo y esfuerzo, entre los avatares de la supervivencia individual y cotidiana, para dedicarse a cultivar el conocimiento científico de la verdad, por ello la militancia revolucionaria normalmente (en tiempos normales) es una minoría. La dependencia económica es una poderosa fuerza atomizadora de militantes. Y como resultado de esto tenemos la lamentable y natural exigua difusión del materialismo histórico: doctrina de combate del militante revolucionario.

También es necesario apuntar que el impulso y la actitud crítica y comprometida del militante revolucionario (parte viva y consciente de la sociedad) están condicionados objetivamente por las mismas toxinas que tienden a la disolución del actual orden social. Entonces, aunque el Yo individual prime en la mente del militante revolucionario, éste es parte indisoluble del complicado engranaje social. Y en ese sentido, el militante revolucionario es parte de una historia basta, profunda y precisa. Es la historia de la lucha contra el capitalismo, lucha que se ha librado en todas partes del mundo y que está llena de enseñanzas actuales y futuras. No existe afirmación más oportuna para un revolucionario que la que hiciera Cicerón cuando exclamaba: ¡Historia, maestra de la vida!

En la lucha por el socialismo en Bolivia, ¿con qué obstáculos tropieza actualmente el militante revolucionario?[3]

El movimiento socialista boliviano está integrado a las tradiciones políticas de la clase obrera y a sus reivindicaciones históricas. Por tanto, la situación de la clase obrera boliviana sirve para describir la situación política del movimiento socialista.

El socialismo como práctica presupone los siguientes elementos: 1. El proletariado tiene conciencia política de su condición; 2. El proletariado como clase tiene la fuerza para entrar en lucha con las otras clases, y; 3. La fuerza que suscita el proletariado en la sociedad tiene la capacidad de derribar el sistema de la ideología tradicional.

Hoy, en nuestro país, los tres elementos de la práctica del socialismo están ausentes.

Después de la profunda embestida capitalista de fínales de los 70 e inicios de los 80, el proletariado boliviano sufrió una profunda dispersión y sometimiento. Su acción posterior, en hechos específicos, se enmarca y disipa en la espontaneidad; Las veces que actuó en forma prominente – como en octubre de 2003 – fue en forma indiferenciada entre distintos actores sociales. Esta debilidad material (circunstancial) del proletariado boliviano se convierte en causa y efecto del infortunado desarrollo de su propia ideología,[4] que lo representa y caracteriza. Por ejemplo, está el mismo octubre 2003, que ante todo el mundo fue presentado como “la manifestación del movimiento indígena en su milenaria reivindicación”, sin que la ideología proletaria oponga observación alguna, cuando en realidad octubre 2003 no fue otra cosa que la prueba de vida de la lucha espontanea de los trabajadores contra el orden socioeconómico capitalista y su estado. Ósea, una manifestación de la lucha de clases; Eclosión proletaria[5] que muchos resistieron comentar entonces y, que la aceptaron como interpretación sociológica solamente desde el año 2011, por las nuevas e inconfundibles demostraciones de fuerza proletaria, sin que sea posible ya disimular o mistificar su contenido preciso.

Y justamente aquí aparecen los deberes éticos y políticos del militante revolucionario ligado a la historia en acto: librar la lucha ideológica socialista con la decisión de conquistar trincheras de combate para la futura ofensiva revolucionaria.

Hoy, debemos considerar que en nuestras filas, hay escasez de fuerzas intelectuales y en esas condiciones el materialismo histórico se desarrollará siempre en forma lenta y pausada. Tampoco podemos pasar por alto las tradiciones “científicas” que en un tiempo – no muy lejano – usurparon el nombre del materialismo histórico para recubrir añejerías positivistas (stalinismo, althuserismo, maoísmo y otros) que dejaron desarmados a los militantes revolucionarios, los cuales deben estar atentos contra este tipo de confusionismo pasado y presente. Por otra parte, todos los que están fuera del socialismo tuvieron y tienen interés de combatir al socialismo, desfigurar o ignorar al materialismo histórico, y a los militantes revolucionarios – actualmente – no les es dado emplear el tiempo, los cuidados y los estudios que hacen falta para que una tendencia doctrinal adquiera amplitud de desarrollo y madurez de escuela, como ocurre con otras tendencias que, auspiciadas por el oficialismo, crecen y prosperan.

Estamos convencidos de que a través del esfuerzo militante, el materialismo histórico ejercerá con el tiempo influencia en los estudios socio-económicos del país y en la interpretación de la realidad concreta como premisa de la transformación revolucionaria. El militante no debe perder nunca en cuenta de que el estudio de la concepción materialista de la historia y la política no será nunca objeto que se acomode al dominio intelectual de las amplias mayorías; Proyectarse un objetivo semejante es demagógico y resulta un contrasentido: Hace falta un esfuerzo individual y permanente dentro de las dificultosas combinaciones del pensamiento para conquistar esta concepción revolucionaria. El materialismo histórico no es la prefiguración intelectual de la sociedad futura. El florecer cultural de una sociedad sin clases obedecerá a una lógica distinta del materialismo histórico, que es una concepción de crítica integral de la sociedad capitalista y que aún debe desarrollarse en varias direcciones, pero siempre en este último sentido.

Tales son los problemas que el materialismo histórico – o mejor dicho la concepción materialista de la historia y la política – debe afrontar, los mismos que solo pueden ser resueltos por la intrepidez y el sacrificio denodado del militante revolucionario: un militante socialista.

Notas:

[1] Introducción al Pensamiento Marxista – Guía de Estudio,, N. Kohan, C. Korol

[2] Introducción al Marxismo, Ernest Mandel Ed. El Viejo Topo – Bolivia, 2010

[3] Es muy cierto que en cada país el socialismo tiene y tendrá diferentes situaciones específicas, pero es cierto también que el socialismo como relación social de producción, distinta del modo de producción y explotación capitalista, tiene características esenciales insustituibles: abolición de la propiedad privada sobre los grandes medios de producción, tendencia a la extinción del estado, planificación económica social por parte del poder de los productores asociados, transformación cultural como premisa del nacimiento de hombres nuevos. Es elemental entonces no juzgar un hecho o el contenido de un fenómeno por la descripción aparente que tiene su configuración o por el nombre que le impongan sus actores más directos. Ósea, por más que un partido pueda autodefinirse como socialista, sin perseguir estos propósitos (“características esenciales insustituibles” del socialismo) no puede ser considerado como tal. El caso boliviano es justamente el partido en función de gobierno (MAS) que aunque se titula “marxista, revolucionario y socialista” es una réplica de la tendencia de los países latinoamericanos de principios del presente siglo, que operan dentro del socio liberalismo, como una forma organizativa estatal tendiente a garantizar el orden imperialista y burgués en un contexto de quiebra del neoliberalismo en la región.

[4] Aquí estamos empleando el término “ideología” en su acepción común, y no en el sentido de “falsa conciencia” o “falsa representación de la realidad”

[5] “Eclosión Proletaria”, Raúl Prada Alcoreza, 2011. Justamente es un artículo que le dedica uno de los mayores exponentes de la ideología del partido de gobierno a las protestas de la Central Obrera Boliviana a inicios del año 2011. ver: www.bolpress.com

* Estudiante de la Carrera de Derecho UMSAMiembro de la Agrupación Marxista Revolucionaria – Bolivia.