La comercialización deportiva, un fenómeno nefasto de la sociedad contemporánea, toma vuelo cada día y el mundo lee asombrado las noticias sobre su expansión y desarrollo. Muy recientemente, el boletín alemán Sport Inter, reprodujo un artículo del periodista Sam Mamudi aparecido en el MarketWatch, un sitio digital estadounidense de información financiera, en el que destaca que la cadena de televisión NBC Universal cobra hasta cuatro millones de dólares por un espacio publicitario de 30 segundos.

Según el Sports Business Journal, la NBC estaba sobre los 3,5 millones de dólares por cada espacio de 30 segundos para el Super Bow (partido final del Campeonato de la Liga Nacional de Fútbol Americano) de este año, en comparación con los tres millones de dólares ganados por la cadena Fox por cada espacio publicitario durante la edición pasada. La transmisión del 2011, continúa el Sports Bussiness Journal, fue el programa de mayor teleaudencia en la historia de la televisión estadounidense y en él los publicistas gastaron 228 millones de dólares.

Por su parte, MarketWacht enfatizó que es muy probable que el número de televidentes de este año sea similar, lo que incrementaría los mil 72 millones de dólares gastados por los publicistas en los últimos 10 años.

Las cifras son una evidencia palpable de la “salud financiera” de las grandes cadenas de televisión, que cada vez suben el listón de sus ganancias en nombre del espectáculo deportivo y en detrimento de la actividad de la mente y el músculo.

Pero los conflictos derivados de la comercialización deportiva no solo competen a las grandes cadenas de televisión. Con casi un mes de atraso comenzó la temporada de este año el torneo de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA) de los Estados Unidos, uno de los certámenes más seguidos y mejor pagados del planeta.

El motivo fue la discordia entre el alto mando de la NBA y el sindicato de jugadores, una puja que se recicla cada cierto tiempo porque “profetas (pagadores) y paganos (jugadores) velan por sus intereses. Una característica intrínseca del sistema.

Los dueños de equipos, golpeados por pérdidas colectivas que rondaron los 300 millones de dólares durante la pasada temporada, exigieron que sus jugadores bajaran del 57 al 47 el porciento de sus dividendos que representan los cuatro millones 300 mil dólares de ingresos anuales que se embolsilla el certamen.

Pero detrás de la protesta de los jugadores se escondió el verdadero dilema de sus conflictos, la pérdida de una vida acomodada, rodeada de lujosas mansiones, autos del año, yates, y sobre todo del empleo, porque eso son “obreros asalariados”, pero con diferencias irreconciliables con los del resto del planeta.

Fútbol en el colimador

El mismo “leiv motiv” financiero sacudió al fútbol español que retrasó una fecha el inicio de temporada de su Liga. El motivo fue la gran deuda que algunos clubes tenían con 200 jugadores que seguían engrosando con su sudor sobre el césped las ganancias del torneo.

Igualmente en el Calcio italiano, el sindicato de jugadores se negó a firmar el nuevo convenio colectivo que no defendía completamente sus intereses.

Los reiterados escándalos de corrupción han puesto a la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) en varios aprietos y aunque su titular, Joseph Blatter se muestre como la figura prominente en esa “cruzada”, contra la pudrición el fenómeno es como un espaldarazo a la crítica situación que vive el deporte en la actualidad.

* Colaborador de Prensa Latina.