Los Juegos Olímpicos son la manifestación que cada cuatro años reúne a miles de atletas de más de un centenar de países empeñados en multíplices disciplinas deportivas delante de una platea televisiva siempre en mayor expansión. Se asiste a una “fiesta faraónica” siempre más grande, convirtiéndose en una aventura prohibitiva para cualquier administración cívica que no tenga enormes contribuciones. Lo prueba el hecho de que desde hace algunos años solamente las grandes potencias económicas desean hospitarlos. Cediendo progresivamente a las naciones más fuertes, los JJ.OO. han dilatado su programa y ahora es materialmente imposible que se puedan realizar en las dos semanas tradicionales, convirtiéndose en un barullo de competiciones dificilmente decifrables.

Pretender que esta platea pueda ser alejada o enejenada de cualquier reclamación de movimientos raciales, separatistas, protestas políticas o contrastes ideológicos es no darse cuenta de la realidad en la que vive el mundo. Los Juegos crecen, aumentando la participación y los intereses publicitarios que giran alrededor de ellos, pero son expuestos a los riesgos de una contestación o de un chantanje político. Y la politización de los Juegos es cada vez más descarada. Organizarlos bien es querer mostrar al mundo, la cara muy a menudo falsa, de una entera nación. Desde hace años, los modernos JJ.OO. están muy ligados a la política del momento, no obstante los dirigentes del Comité Olímpico Internacional repitan a los cuatro vientos que el deporte es una cosa y la política otra. Conquistar más medallas significa adquirir mayor prestigio internacional incluso fuera de los confines del deporte.

La verdad es que ni siquiera el deporte logra hermanar razas y países divididos por contrastes insanables que tiene raíces lejanas. Por esta misma realidad, en 1908 en Londres, Finlandia, en esos tiempos bajo la dominación rusa, desierta la ceremonia de inauguración porque no ha podido desfilar detrás de su bandera. En 1916 los Juegos fueron cancelados a causa de la I Guerra Mundial y lo mismo sucedió por los Juegos en 1940 y 1946 a causa de la II Guerra Mundial y cuando se efectuaron en 1920 y 1924 en Amberes y París raspectivamente no se aceptaron la inscripción de las naciones que perdieron la guerra, en este caso Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía.

En Londres en los Juegos de 1948 no son admitidos los países como Alemania y Japón que han perdido la guerra. En los Juegos del 1952 en Helsinki, la URSS pretende y obtiene una ciudadela deportiva separada de todos los demás países participantes. Por esta misma realidad en 1956 en Melbourne se pidió la renuncia de participar a la Unión Soviética por protesta contra la intervención de las tropas soviéticas en Hungría; España y Holanda renuncian a los Juegos y China se retira porque el Comité Olimpico Internacional reconoce a China Nacionalista de Taiwan.

En 1964 en Tokio, el Comité Olímpico Internacional decide excluir a Sud Africa de los Juegos a causa de su rígida política de “apartheid” adoptada incluso en el deporte. En Ciudad de Méjico en 1964 se registra por primera vez la presencia separada de las dos Alemanias (Federal y Democrática) y clamorosa es la protesta de los atletas de color del equipo estadounidense que en el podio saludan con el puño cerrado.

En 1972 en Munich, los JJ.OO. son conmocionados por el sangriento “raid” terrorístico de los palestineses de “Sendero Negro” a la ciudadela olímpica de los atletas israelianos y es el año de la exclusión de Rhodesia acusada de racismo. En Montreal en 1976, 26 naciones africanas y Guayana e Iraq boicotearon los JJ.OO. a pocas horas de la iauguración por la presencia de Nueva Zelandia que mantiene relaciones deportivas con Sud Africa. A causa de la invasion de Afghanistan por parte de la Unión Soviética, en los Juegos Olímpicos de 1980 que se celebraron en Moscú, se asistió al boicotaje de los Juegos por parte de los Estados Unidos y de cincuenta naciones occidentales, entre las cuales estaba Alemania Federal, Canada, Japón y China, que hicieron caso omiso del artículo 26 del reglamento del Comité Olímpico Internacional que recomienda independencia y autonomía completa respecto a los poderes políticos o religiosos.

Es la misma realidad que en 1984 en Los Angeles los soviéticos y 17 países del bloque comunista, con la única excepción de Romania no participaron a los JJ.OO. aduciendo motivos que no tenían nada que ver con el deporte: era sólo una revancha por lo que había sucedido cuatro años atrás.

La amenaza en estos próximos Juegos Olímpicos que se llevarán a cabo en Londres entre el 27 de junio y el 12 agosto de este año es de otra naturaleza, no se trata de problemas políticos o raciales, existe la amenaza de posibles “apuestas clandestinas” así como ha sucedido ultimanente con partidos de fútbol jugados en medio mundo. Lo ha manifestado el Ministro Británico del Deporte que ha declarado: “Sabemos que existen enormes flujos de apuestas ilegales tanto en el subcontinente indio como en todo el Extremo Oriente”.

Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos se activará una unidad de inteligencia coordinada por Scotland Yard en colaboración con la Agencia Nacional contra el crimen organizado e Interpol, para descubrir los intentos de soborno a los atletas y combatir las apuestas clandestinas.

“Sabemos –continúa el Ministro- que la presión se realiza con mayor frecuencia en atletas y familiares de los mismos atletas. En algunas culturas, sobretodo orientales, es muy difícil admitir que el juego de azar es ilegal. Por lo tanto es muy difícil para la policía poderlos identificar”.

Aunque en los pasados Juegos Olímpicos no se haya podido descubrir “apuestas clandestinas” el Ministro inglés se siente perocupado porque no se está haciendo todo lo posible para prevenir el riesgo de las apuestas. El Comité Olímpico Internacional, ha prohibido a todos los atletas que participarán a los juegos y a su séquito, apostar durante el período que duren los Juegos Olímpicos y ha emitido un aviso para atletas y funcionarios informándoles que se ha instituído una “hotline” para señalar cualquier actividad sospechosa. En el pasado han sido utilizados sistemas de control sobre los flujos de apuestas tanto en los JJ.OO. de Pekín y Vancouver 2010, pero en ninguna de las dos olimpiadas se ha encontrada nada de sospechoso.

Mientras tanto la ciudad de Londres está lista para entrar en el año olímpico: a menos de 100 días de la ceremonia de la apertura de los XXX Juegos Olímpicos de la Era Moderna, la capital británica responde al gigantismo de Pekín presentando los Juegos con una característica muy definida: construyendo estadios e infraestructuras que sean útiles y utilizables también para un futuro próximo.