Se observa en todo el mundo una tendencia al aumento de los incendios forestales de grandes proporciones, como consecuencia de la intensa sequía, el fenómeno La Niña y el calentamiento climático. En 2011 se reportaron incendios críticos en Rusia, Grecia, Centroamérica, México y Estados Unidos. El 30 de diciembre, el Parque Nacional Torres del Paine en Chile fue declarado zona de desastre por un descomunal incendio que afectó más de 55 mil hectáreas de pastizales y bosques nativos.

El incremento de los incendios forestales en todo el mundo es consecuencia de la aguda sequía, la incidencia del evento de enfriamiento de las aguas del pacifico ecuatorial conocido como La Niña o ENOS, que trae consigo una reducción considerable de las precipitaciones, todo ello a causa del calentamiento climático.

El aumento de la temperatura global contribuye al desarrollo de grandes incendios forestales, alertó el informe “Resultados y consecuencias de una evaluación mundial a grandes rasgos de algunos megaincendios forestales” de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), presentado en la Quinta Conferencia Internacional sobre Incendios Forestales en Sun City, Suráfrica, en mayo de 2011.

Los incendios forestales ocurren en muchos casos por la acción del hombre, aunque también la sequía y el viento influyen, destaca el documento que evalúa los desastres ocurridos en Estados Unidos, Australia, Brasil, Indonesia, Rusia, Bostwana, Indonesia, Israel y Grecia. “Las causas de los megaincendios son antropogénicas principalmente, y el cambio climático probablemente los intensifica, pero ahora se sospecha que también forman un círculo vicioso que acelera el calentamiento del planeta”, explicó el oficial forestal de la FAO Pieter van Lierop.

Las temperaturas de la superficie de los océanos Atlántico y Pacífico pueden ayudar predecir la intensidad de los incendios forestales en América del Sur, aseguraron investigadores del Instituto UC Irvine de la Universidad de California y del Centro Goddard de la agencia espacial estadounidense, en un artículo difundido por la revista Science.

Los expertos estadounidenses basaron esas conclusiones en la medición de la temperatura oceánica y la intensidad de los incendios en 2010. Aunque leves, los cambios de temperatura oceánica tuvieron un impacto en la ocurrencia de incendios forestales. Los expertos utilizaron datos de los satélites de la NASA y diseñaron un modelo matemático basado en variaciones de la temperatura del agua y la duración e intensidad de los incendios en la última década.

En ese sentido, los científicos reconocieron la existencia de un “arco de deforestación” en Brasil, Bolivia y Perú al que consideraron causa desencadenante de los incendios forestales en los bosques tropicales. Durante este siglo las sequías se pueden intensificar y los bosques pueden ser más vulnerables, advirtió James Raderson, uno de los autores principales del estudio.

Incendios en Asia y Europa en 2011

En 2011 se registraron incendios de gran magnitud en Rusia, Malasia, Indonesia y en algunos países europeos. Hasta el 8 de octubre, fuertes vientos impedían detener un incendio forestal en la provincia de Heilongjiang, en China, que abarcaba un área de 7,7 kilómetros cuadrados.

En Malasia, el 12 de mayo una densa neblina causada por un incendio en bosques de la isla indonesia de Sumatra cubría varias zonas del país contaminando la atmósfera. Las autoridades orientaron el cierre de escuelas y advirtieron sobre la necesidad de usar máscaras protectoras en algunos distritos donde la niebla alcanzó una escala peligrosa. El 12 de julio, la extensa nube de humo generada por incendios en las islas de Sumatra y Borneo permanecía sobre gran parte de Malasia.

El Departamento de Meteorología indicó que 35 de las 40 estaciones desplegadas a lo largo de la nación reportaron un tiempo neblinoso con escasa visibilidad en algunas áreas, que llegaron a experimentar tan solo 1,5 kilómetros, siendo más de 10 el establecido. La calidad del aire en más del 80% del territorio nacional mostró niveles moderados y, en algunas zonas, cercanos a umbrales nocivos para la salud humana. Imágenes satelitales confirmaron la la existencia de casi 220 puntos candentes en Sumatra y más de 300 en Borneo, compartida por Malasia, Indonesia y Brunei.

El 15 de julio una nueva erupción del volcán indonesio Lokon, con lava y nubes de cenizas de hasta mil 500 metros de altura, causó serios incendios forestales aunque sin provocar víctimas, indicó la Agencia Estatal de Manejo de Desastres. El monte ubicado en Islas Célebes expulsó una gran cantidad de rocas fluidas y gases piroclápticos que quemaron la vegetación en un radio de cinco kilómetros alrededor del cráter.

Las autoridades evacuaron a unos 4.400 pobladores asentados en las inmediaciones de esa zona que alberga cerca de 28 mil habitantes.Cuatro días antes los expertos declararon alerta roja, la máxima en esa categoría, luego que el Lokon lanzara columnas de cenizas de hasta 500 metros de altura. El Lokon es considerado uno de los montes más activos de esa nación.

En Rusia, más de un centenar de personas pereció en el verano de 2010, a causa de los grandes incendios en zonas boscosas de la región central y del Volga. Un año después, el 3 de mayo de 2011, se registraban al menos 250 incendios forestales en varias regiones del Distrito Federal ruso de Siberia, sin reportarse víctimas morales. El Ministerio de Situaciones de Emergencia (MCHS) indicó que la situación era crítica en las comarcas de Krasnodar y Primorie, en las provincias de Kemorovo, Novosibirsk, Tiumen, Cheliabinsk, Jakasia, Tiba y Altai, mientras empeoraba la situación en Buriatia y Zabaikal.

Hasta el 7 de mayo, al menos 11.212 hectáreas de bosques ardían en Siberia, donde se registraron 279 focos de incendios a causa de las altas temperaturas, indicó el MCHS. Desde inicios de la primavera, se detectaron 3.981 puntos de incendios forestales en todo el territorio ruso, es decir 432 menos que el pasado año, en un área total de 86.405 hectáreas, lo que significó un aumento de 9.437 has respecto a 2010. Hasta el 10 de julio, el área de incendios forestales aumentó drásticamente en Rusia, al reportarse 22 nuevos focos en una zona de 22 mil hectáreas.

En España, al menos 1.500 hectáreas de bosques de Ibiza fueron arrasadas por un incendio forestal en esa afamada isla española del archipiélago de las Baleares, entre el 25 y 26 de mayo de 2011. Ese incendio fue considerado uno de los más graves ocurridos en Ibiza desde 1992. La causa del fuego, que se extendió a lo largo de seis kilómetros y llegó al mar, pudo haber sido una brasa desprendida de un aparato que usaba un apicultor de la zona para espantar las abejas de un panal.

En Grecia, el 27 de agosto, un incendio de amplias proporciones amenazaba con carbonizar la importante reserva de bosques de Dadia, en la región de Evros, norte de Grecia, donde se conservan 36 de las 38 especies europeas de aves rapaces únicas en el mundo. Las llamas ya habían arrasado cerca de 5 mil hectáreas de florestas y cultivos y, según un comunicado de Protección Civil, podrían desencadenar una gran catástrofe ecológica.

Los incendios estaban fuera de control y obligaron a las autoridades de Atenas a declarar el estado de emergencia cerca de la frontera noreste con Turquía y a pedir ayuda a otros países europeos. En Evros fueron evacuados dos pueblos ante el avance de las llamas. Los fuertes vientos avivaban el fuego y amenazaban con extenderlo a los poblados de Koila y Melía, y al de Papari, en el Peloponeso.

Incendios azotan a Norte y Centroamérica

Entre abril y mayo de 2011, varios países centroamericanos y México padecían una ola de incendios forestales con un alto costo para la economía y el medio ambiente. Uno de los más afectados fue Honduras, país centroamericano que perdió en el último quinquenio más de 300 mil hectáreas forestales. De 2007 hasta abril de 2011, Honduras registraba una pérdida promedio de 60 mil hectáreas por año.

Del 20 al 30 de abril del año pasado las operaciones del aeropuerto internacional Toncontín en Tegucigalpa fueron inestables por el humo de incendios forestales que asolaban la capital desde hace dos meses por la fuerte sequía, el calor y la acción humana, informó la Dirección General de la Aeronáutica Civil. Tal problema se acentuó por la topografía montañosa de la urbe, donde se estanca el humo si no hay vientos fuertes o lluvias.

De acuerdo con el Instituto de Conservación Forestal (ICF), en el departamento de Francisco Morazán, donde se ubica Tegucigalpa, ocurrieron un tercio de los siniestros reportados hasta esa fecha. El manto de humo, pocas veces visto en Tegucigalpa, oscurecía toda la ciudad, como si estuviera anocheciendo. Según los especialistas, se requerían al menos cinco aguaceros continuos y una fuerte corriente de aire para disipar el manto gris que desde hace más de dos semanas cubría el cielo de la capital.

El 27 de abril, la humareda comenzó a provocar severos problemas respiratorios, sobre todo a los niños. Sólo el Hospital Materno Infantil de la capital recibía a diario unos 80 menores con asma o bronquitis. Hasta esa fecha se registraron en Honduras 1.219 incendios que destruyeron 54.291 hectáreas de bosques, según el ICF. Los departamentos más afectados fueron Olancho, Gracias a Dios y Francisco Morazán, donde se encuentra la ciudad capital.

En Guatemala, el 20 de abril se registraba un aumento progresivo de los incendios forestales Guatemala desde el inicio de la época seca, en noviembre de 2010, los cuales totalizaban 543 en todo el país, informó la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred). Quiché, Jalapa y Baja Verapaz eran los departamentos más afectados.

Hasta el 5 de mayo, antes de que termine el periodo peligroso los incendios forestales rebasaron a los ocurridos en 2010.La Conred reportó 613 fuegos en zonas boscosas y de maleza desde noviembre pasado, frente a los 547 contabilizados en la temporada 2009-2010. Para el 11 de mayo, los focos sumaban 647, 18% más que en la anterior temporada, y subieron a 674 el 25 de mayo en todo el territorio nacional. La Conred informó que Quiché seguía siendo el departamento con mayor cantidad de fuegos reportados (122), seguido por Jalapa (85) y Alta Verapaz (82).

El 30 de mayo, las autoridades declararon alerta roja en el departamento de Petén ante el incremento de incendios forestales de gran magnitud en la última semana. Al menos 53 de esos fuegos habían afectado a esa zona desde noviembre de 2010. A nivel nacional se registraban ya 684 incendios controlados y liquidados, la mayoría en el departamento de Quiche y en Jalapa y Baja Verapaz, los cuales destruyeron casi tres mil hectáreas de bosques.

El 19 de diciembre, la Conred reportó un total de 21.715 hectáreas de superficie afectadas por 762 incendios forestales en Guatemala durante la temporada 2010-2011. Los departamentos más golpeados fueron Petén, Zacapa, Jalapa, Quiché, Alta y Baja Verapaz y las regiones más afectadas, las de bosques latifoliados, distinguidos por plantas de ramificación definida y hojas anchas o frondosas, y los de coníferas, de zonas frías y hojas resistentes. Entre las posibles causas de los siniestros, la más frecuente fueron hechos intencionados (51,36%), quemas agrícolas (24,6%) y de pastos (9,7%).

Entre febrero y mayo de 2011, 695 incendios afectaron 18 mil hectáreas en Cuba, informó Nury Corona, especialista en manejo de fuego de la jefatura nacional del Cuerpo de Guardabosques. El experto declaró a Prensa Latina que las provincias con mayores incidencias resultaron Pinar del Río, Camaguey, Holguín, La Tunas y los municipios de Isla de la Juventud y de la Ciénaga de Zapata. Allí las estadísticas superan las alcanzadas en cada uno de los parámetros de la actividad de protección contra incendios de los últimos 31 años.

El Cuerpo de Guardabosque de Cuba reportó que el incremento de esos sucesos, que en este año afectaron más de 20 mil hectáreas de bosques, estuvo condicionado por el déficit de precipitaciones y las sequías más extensas, acuciadas por la influencia del fenómeno climático La Niña. Sin embargo, las acciones humanas -subrayó el diario Granma- originaron más del 90% de esos eventos, sobre todo la negligencia de las personas, especialmente de transeúntes y fumadores. También incidieron las quemas para diferentes fines, así como el tránsito por áreas boscosas de vehículos y maquinarias agrícolas sin matachispas. Las pérdidas económicas se estiman en aproximadamente 22 millones de pesos y 16 mil en moneda libremente convertible, pero estas cifras no contabilizan el impacto de los incendios al medio ambiente y a la salud humana.

Récord de siniestros en México

Hasta el 30 de marzo de 2011, el calor y la baja humedad, unido a la fuerte sequía, constituían un combustible natural para avivar las llamas que devoraban miles de hectáreas de vegetación en varias zonas de México. La situación más crítica se reportaba en los municipios de Muzquiz, Ocampo y Acuña, en el estado de Coahuila, donde los incendios forestales habían afectado casi 14 mil hectáreas, informó la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

La situación climatológica y los fuertes vientos impedían controlar los cuatro helicópteros destinados a sofocar el fuego de gran magnitud. Las regiones más vulnerables eran Puebla, Estado de México, Oaxaca, Durango, Michoacán, Distrito Federal, Jalisco, Chihuahua, Coahuila e Hidalgo. En lo iba del año, se registraban 4.269 incendios forestales con daños a 35.900 hectáreas en el país.

El 18 de abril se mantenían activos más de dos mil incendios, sobre todo en los estados de México, Coahuila y Quintana Roo. Las extensiones siniestradas en los municipios de Ocampo, Arteaga, Múzquiz y Acuña abarcan casi 104 mil hectáreas. En Quintana Roo fueron afectadas otras 800 hectáreas, y 250 hectáreas en Majahual. En el Estado de México se reportaron más de mil puntos castigados por los incendios.

Hasta el 27 de abril las llamas habían devorado 250 mil hectáreas en las localidades de La Sabina y El Bonito, el 84,5% de la superficie total dañada en el país. Se trata del más vasto siniestro forestal de los últimos 20 años en el país, calificó el secretario de Medio Ambiente Juan Rafael Elvira. Según la Conafor, de enero a esa fecha se registraron 6.700 incendios, a razón de 90 diarios, con una superficie afectada total de 290 mil hectáreas, de las cuales más de 250 mil correspondían a Coahuila.

Dos días después, en la sierra “La Marta” el fuego asediaba a las comunidades rurales cercanas a los municipios de Arteaga y Galeana, este último en el estado de Nuevo León. En la Huasteca de San Luis Potosí más de 420 personas fueron evacuadas. En Veracruz las autoridades reportaron un récord de 90 conflagraciones en solo dos días, de las cuales 30 seguían activas debido a las altas temperaturas y a los intensos y cálidos vientos del sur. Oaxaca reportó 15 focos en las últimas 24 horas. En la sierra del estado vecino de Tamaulipas, cuatro incendios tomaban fuerza con graves impactos en la fauna de venados, osos y hasta reses de los pobladores.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) entregó unos 89 millones de dólares a los productores del estado Coahuila el 2 de mayo de 2011. El pago anticipado contemplaba la activación del seguro de daños en instalaciones ganaderas del fondo de aseguramiento operado a través de la Confederación Nacional Ganadera, así como el suministro de suplementos y alimentos animal en los predios afectados.

El 13 de mayo, los incendios de Coahuila estaban virtualmente extintos. En 57 días 96 fuegos consumieron 317 mil hectáreas de flora, según cifras preliminares. En lo que iba del año, México reportaba 7.850 deflagraciones, 76% en Coahuila. El Estado había invertido 400 millones de pesos (unos 34 millones de dólares) en la emergencia, lo que equivale al 60% del presupuesto nacional del año.

El 22 de mayo se contabilizaron poco más de 534 mil hectáreas afectadas en México como consecuencia de 8.900 incendios forestales, informó la Conafor. Más de la mitad de la superficie afectada eran pastizales, en tanto la de arbustos y matorrales representa el 40%.Conafor precisó que México cuenta con una superficie forestal aproximada de 138 millones de hectáreas, que representan el 70% del territorio nacional.

El 1 de junio Quintana Roo vivía la peor temporada de siniestros, desde el paso del huracán Gilberto por la Península de Yucatán en 1988, reseñó el diario Excelsior. El fuego ya había dañado más de 45 mil hectáreas, y causado estragos en Lázaro Cárdenas y Benito Juárez.

Hasta el 5 de junio, la intensa sequía y las negligencias humanas habían causado 1.975 incendios forestales en todo el país, los cuales devoraron 611.700 hectáreas, según la Conafor. El director general de la institución Juan Manuel Torres señaló que esas cifras convirtieron al 2011 en el segundo año de mayor cantidad de estos siniestros en la historia, solo superado por 1998. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y Conafor aseguraron que los 32 estados del país, salvo Baja California Sur, tenían diversos grados de afectación por siniestros, y los menos perjudicados eran Colima y Tabasco.

Estados Unidos y Canadá

Hasta el 13 de abril de 2011 se reportaban al menos 14 incendios forestales diseminados en miles de hectáreas de 19 condados de Texas, con saldo de un bombero herido grave y decenas de casas destruidas. Especialistas consideraban que dado el calor y la sequía era probable que las quemas en 2011 sean las peores de los últimos años.

Según el diario USA Today, entre los condados más afectados por las llamas figuraban Tom Green County, Midland, Stonewall, Knox, King y particularmente en Presidio, donde 40 viviendas quedaron en escombros. El gobernador James Perry declaró zona de desastre a 249 de los 254 condados del Estado y reclamó, por quinta vez desde diciembre de 2010, la participación del Gobierno para responder a las adversidades naturales.

Hasta el 9 de junio, casi tres mil personas tuvieron que abandonar sus hogares por un incendio forestal de grandes proporciones en Arizona, que devoró desde el 29 de mayo hasta esa fecha casi 157 mil hectáreas. La gobernadora Jan Brewer declaró que la situación “es horrible, algo que nunca había visto”. Las autoridades del Condado de Apache, en el nordeste de Arizona, reportaron el tercer incendio más grande de los que se tenía constancia en la zona, cuyo punto principal tenía una longitud de 48 kilómetros.

Mientras tanto, la humareda del mega incendio de Arizona llegaba a otras regiones estadounidenses como Iowa,Colorado, Nebraska y Kansas (centro sur) y provocó el desvío de avionescon destino a Alburquerque. Bajo un cielo taponado por el humo, autoridades del condado de Apache demandaron a las poblaciones de Springerville y Eagar abandonar sus casas, informó CNN. El diario The Arizona Republic describió el pánico de muchas personas ante el avance de las llamas por las Montañas Blancas. Simultáneamente, un incendio de grandes proporciones amenazaba la reserva india de los Miccosoukee, en el estado de Florida, y ya había consumido unas 12 mil hectáreas.

Desde inicios de 2011 hasta el 15 de junio se registraron 31.650 incendios en Estados Unidos, cifra superior a los 27.077 de igual período de 2010, arrasando 9.375 kilómetros cuadrados de bosques, informó el Centro Nacional de Coordinación Interagencias. Las llamas en Arizona devoraron más de 1.898 kilómetros cuadrados de área forestal y destruyeron 32 casas y cuatro edificios comerciales.

Hasta el 19 de junio, los incendios forestales en el suroeste y la ola de calor histórica que azotaba la costa este y la región central mataron a por lo menos cinco ancianos en Tennessee, Maryland y Wisconsin. Los termómetros batieron por lo menos 300 récords de temperatura, obligando a cerrar varias escuelas en Filadelfia, Maryland, y algunas zonas de Nueva Jersey. Los fuertes vientos, las altas temperaturas y el clima seco expandieron las llamas particularmente en Arizona, donde carbonizaron más de 19.335 hectáreas en la parte sur, mientras que hacia el este, en los límites con Nuevo México, fueron consumidas cerca de 495.016 hectáreas.

El 29 de junio, cerca de 350 bomberos y expertos trataban de impedir que las llamas de un gran incendio forestal en Nuevo México alcancen al laboratorio nuclear de Los Alamos, el principal del país, con el apoyo de cinco helicópteros y unos 12 camiones cisternas. Esas instalaciones fueron fundadas durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) como un centro secreto, cuyo objetivo era coordinar el desarrollo científico del Proyecto Manhattan, destinado a conseguir las primeras armas nucleares. La planta almacena miles de bidones de acero con residuos radioactivos. El fuego había consumido más de 1.400 hectáreas desde que comenzó a unos 12 kilómetros al suroeste de la ciudad de Los Álamos, y miles de personas fueron obligadas a abandonar sus viviendas.

El 7 de septiembre, el gobernador de Texas Rick Perry advirtió a sus compatriotas que los incendios forestales que azotaban la región desde hace una semana eran “significativos, rápidamente mutables y muy peligrosos”. El Servicio de Guardabosques de Texas registraba 181 incendios que quemaron 48.560 hectáreas y destruyeron más de 700 viviendas.

El 3 de octubre, enormes columnas de humo negro y grandes llamaradas se observaban en una planta química en la localidad de Waxahachie, Texas. En el interior del complejo que produce fertilizantes se registraron fuertes explosiones y fue evacuada una escuela en la cercanía, informó el diario Waxahachie Daily Light.

En Canadá, hasta el 17 de mayo, intensas tormentas habían propagado al menos 116 incendios forestales en la provincia de Alberta, de ellos 39 fuera de control. La cadena noticiosa CBC confirmó que uno de esos siniestros dejó parcialmente destruida la ciudad de Slave Lake y obligó a evacuar a sus más de siete mil residentes.

El 4 de agosto, una veintena de nuevos focos de incendios forestales fueron detectados en el noroeste de Ontario, elevando a 140 los fuegos que afectaban a ese territorio canadiense desde inicios de julio. Hasta esa fecha, la magnitud de la floresta quemada equivalía al área que ocupa Toronto o más de 550 mil hectáreas. Los incendios se intensificaron desde finales de julio y ya en los perímetros de Thunder Bay, Sioux Lookout, Ottawa y Winnipeg había casi cuatro mil evacuados.

Las llamas devoran miles de hectáreas en Sudamérica

En la gestión 2011 se incrementaron los focos de calor en varios países de Sudamérica, principalmente por el avance de la frontera agrícola y el fenómeno climático El Niño. En Bolivia, la pérdida de 300 mil hectáreas de superficie forestal en promedio en los últimos cuatro años y el incremento de focos de calor hacen necesario un plan de manejo y control de incendios forestales en la Amazonía boliviana, afirmó el director representante de CAF en Bolivia Emilio Uquillas.

El incremento de incendios provocados por el uso del fuego para la habilitación de la tierra y la expansión de la frontera agrícola en Bolivia ha provocado una pérdida de un promedio anual de 300 mil hectáreas de bosques primarios desde 2007 y más de seis millones de hectáreas de superficie forestal en los últimos 30 años. En la gestión 2010 se incrementaron los focos de calor hasta en 400% en relación a 2009.

En ese marco, la CAF decidió apoyar al Programa Nacional para el Cambio Climático (PNCC) del Ministerio de Medioambiente y Agua de Bolivia, en la ejecución de acciones de emergencia en el manejo y control de incendios forestales. Esta actividad se enmarca en el Programa Amazonía sin Fuego (PASF), iniciativa compartida con la cooperación italiana y el gobierno de Brasil.

En la primera semana de 2012, los incendios forestales irrumpieron con fuerza devastadora en gran parte de las naciones sudamericanas. El fuego avanza con saña en varias regiones de Argentina, Chile, Bolivia, Colombia y Paraguay, avivado por las altas temperaturas del verano austral. En Argentina, bomberos auxiliados por hidroaviones intentaron contener un incendio de más de mil hectáreas en la provincia argentina de Chubut y decenas de turistas y cientos de pobladores fueron evacuados de la zona andina de la Patagonia.

El 21 de diciembre comenzó el verano en Paraguay; los termómetros registraron 39 grados centígrados en Asunción, la temperatura más alta del año. Allí resultan comunes temperaturas superiores a los 40 y 45 grados, y en zonas como la Región Occidental de la nación, el Chaco, la canícula sobrepasa los 50 grados. Paralelamente, el consumo de energía se disparó a 2.014 megavatios y se acercó al máximo histórico de 2.028 reportado en noviembre. Similar comportamiento tuvo el consumo de agua, que llegó a su capacidad máxima de producción con 356 mil metros cúbicos.

El 22 de diciembre Paraguay alcanzó un nuevo récord en el consumo de electricidad al subir la demanda a 2.071 megavatios. La Administración Nacional de Electricidad (ANDE) reveló que a las 20:50, hora local, se produjo el pico eléctrico que superó en 44 megawatts la anterior cifra alcanzada el 28 de noviembre. La alta temperatura de 39 grados centígrados, récord para Asunción en el año, disparó el consumo de energía a 2.014 megavatios. Los medios de comunicación reportaron cortes de energía y de agua por varias horas en algunas zonas del país.

En la primera semana de 2012, el gobierno Paraguay reveló que más de 700 hectáreas de bosques fueron consumidas por las llamas en el Parque Nacional Caazapáy en las Reservas de Recursos Manejados del Yvytyrusu y San Rafael, declaradas en alerta roja. El director de Áreas Protegidas de la Secretaría del Ambiente Rafael González manifestó que solo el 5 de enero se registraron más de 700 focos en distintas regiones del país.

En Chile, los incendios forestales se propagan con facilidad durante el verano que asomó a comienzos de diciembre con temperaturas por encima de lo habitual, situadas entre los 32 y los 35 grados Celsius. En esta época del año en Chile se registran alrededor de seis mil siniestros, con un daño promedio de 50 mil hectáreas, principalmente de pastizales, matorrales, plantaciones forestales y bosque nativo.

Desde el 27 de diciembre de 2011, la región de la Araucanía, en el sur de Chile, se encontraba en estado de alerta amarilla por la propagación de incendios forestales, atizados por las altas temperaturas y la escasa humedad de la zona. Rolando Pardo, jefe del Departamento del Manejo del Fuego de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), señaló a Radio Bío Bío de Chile que las comunas más afectadas por la llamas eran Purén, Los Sauces y Collipulli, con un saldo inicial de unas 350 hectáreas afectadas.

Organizaciones ecologistas chilenas calificaron de tragedia medioambiental el incendio en el Parque Nacional Torres del Paine, situado en la región de Magallanes y Antártica, a más de tres mil kilómetros de Santiago, y considerado un ícono del patrimonio natural y del turismo de este país.

El 29 de diciembre, el ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter informó que unas 1.500 hectáreas de bosques nativos habían sido severamente afectadas por el incendio originado en la comuna Torres del Paine. Admitió que el trabajo de enfrentamiento al siniestro era complejo por la intensidad de las llamas y la fuerza de los vientos, con rachas que sobrepasan los 100 kilómetros por hora.

El ministro apuntó que se tuvieron que evacuar unas 400 personas, mayoritariamente turistas, de las inmediaciones del Parque Torres del Paine de una superficie de más de 200 mil hectáreas, formado por numerosos ríos, arroyos, lagos, lagunas y cascadas que nacen del Campo de Hielo Sur, en la frontera entre Chile y Argentina, y declarado reserva de la biosfera por la Unesco en 1978.

Dos días antes la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) decretó el estado de alerta roja en la provincia de Ultima Esperanza, perteneciente a la Patagonia chilena y donde se encuentra enclavado el referido sitio turístico. Hasta ese momento el fuego había destruido unas 300 hectáreas, incluidas áreas de bosques nativos. Aunque no se conocía con exactitud el origen del incendio, expertos de la Conaf estimaban que pudo ser causado por una fogata mal apagada u otra acción irresponsable.

El 30 de diciembre, el gobierno chileno declaró zona de catástrofe el Parque Nacional Torres del Paine, donde el voraz incendio había arrasad ya con 8.500 hectáreas de bosques nativos. El presidente Sebastián Piñera acudió ese viernes a la Oficina Nacional de Emergencias, donde encabezó una reunión urgente y dio instrucciones a su gabinete para enfrentar ese desastre.

El mandatario dijo que el pronóstico en el área de siniestro era sombrío, pues el fuego seguía avanzando por la fuerza del viento en el lugar. Refrendó asimismo la opinión del titular del Interior, quien atribuyó el origen de las llamas a la acción irresponsable o el descuido de alguna persona.

Ante la envergadura del desastre, el gobierno decidió solicitar ayuda a países como Argentina, Australia y Estados Unidos. Asimismo determinó aumentar la dotación de brigadistas que combaten el fuego e incorporar a esa tarea aviones cisterna, helicópteros, camiones aljibes y motobombas. Según el parte meteorológico, las rachas de viento en las inmediaciones de Torres del Paine alcanzaban incluso los 120 kilómetros por hora.

Al día siguiente, la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) decretó el estado de alerta roja en la región del Bío Bío, debido a un incendio forestal que ya arrasó 600 hectáreas. La Onemi precisó que la citada condición rige sobre todo para las provincias de Concepción y de Ñuble, situadas a unos 500 kilómetros al sur de Santiago.

Trascendió también el sábado que un turista israelí de 23 años de edad, identificado como Roter Singer, fue formalmente responsabilizado por el gigantesco siniestro desatado tres días antes en el Parque Nacional Torres del Paine. Singer, quien quedó con arraigo nacional mientras dure la investigación judicial por uso negligente de fuego en un bosque, confesó haber provocado el siniestro como resultado de una fogata mal apagada, que hasta el 31 de diciembre había consumido más de 11 mil hectáreas de bosques nativos.

Singer por su parte negó este domingo haber confesado que originó negligentemente el fuego. “Jamás confesé. Las cosas se dieron de mala forma por un problema de traducción. Nunca tuve la intención de admitir mi culpa”, manifestó. Unos 700 turistas fueron evacuados en las últimas 48 horas de Torres del Paine, hasta donde llegan en los meses del verano cerca de 130 mil visitantes, procedentes de países de Suramérica, Estados Unidos y sobre todo de Europa.

El 1 de enero, el presidente Piñera aseguró que se logró controlar gran parte del siniestro que devoró unas 13 mil hectáreas de bosques nativos en el Parque Nacional Torres del Paine. Se está trabajando incansablemente, sin ningún respiro y ya tenemos tres de los seis focos del incendio bajo control, precisó el ministro Hinzpeter.

“Puedo dar garantías a los compatriotas; ya tenemos controlado gran parte del incendio y estamos trabajando para reabrir el parque lo antes posible para que la temporada turística no se pierda”, afirmó el mandatario, y se mostró partidario además de endurecer la legislación contra los responsables de actitudes negligentes que puedan derivar en incendios forestales, ya sean nacionales o turistas extranjeros.

Yo creo, dijo Piñera, que la legislación tiene que endurecerse porque esa es la única manera de que todos los que vayan a conocer maravillas como las Torres del Paine y tantos otros parques en Chile, asuman también la responsabilidad y el compromiso de cuidarlas. Vamos también a revisar la ley para que los turistas puedan apreciar, disfrutar, gozar de las joyas de nuestra naturaleza, pero al mismo tiempo cuidarlas y protegerlas, agregó el titular del Ejecutivo.

El Consejo de Defensa de la Patagonia (CDP) y parlamentarios de la oposición opinaron que faltó celeridad en la respuesta gubernamental frente a la magnitud del siniestro. Peter Hartmann, de la secretaría del CDP, dijo que lo ocurrido es señal de la escasa preocupación que hay en el país con respecto a las áreas protegidas y parques nacionales, incluidos los patagónicos.

El senador del Partido Socialista Pedro Muñoz estimó asimismo que las brigadas contra incendio tardaron en desplazarse hacia Torres del Paine. No obstante, reconoció que la propagación de las llamas ha estado favorecida también por las condiciones topográficas y climáticas del lugar: paisaje montañoso de difícil acceso, rachas de viento de más de 100 kilómetros por hora y vegetación altamente combustible.

El director de la Oficina Nacional de Emergencia Vicente Núñez señaló que la situación meteorológica impidió el combate aéreo contra el fuego. Para el sábado se esperaba que el viento amaine y que se produzcan chubascos en la Patagonia, lo cual ayudaría a poner freno a las llamas.

Hasta el 2 de enero se reportaron 40 viviendas destruidas y más de 10 mil hectáreas arrasadas por el fuego el centro y sur de Chile, principalmente en la región del Bío Bío. El 3 enero la veintena de incendios forestales ya habían devorado casi 40 mil hectáreas en el centro sur chileno, declarado zona de catástrofe en varios puntos de su geografía. Hasta esa fecha, las llamas arrasaron en total más de 55 mil hectáreas y provocaron la muerte de siete personas en Chile. La región del Bio Bío era la más afectada y el gobierno chileno declaró zona de emergencia agrícola a los municipios de Florida, Quillón, Ránquil y San Rosendo.

Entre tanto, la Dirección Meteorológica de Chile pronosticó una ola de calor en los comienzos del 2012 en el centro sur del país, con temperaturas que podrían rebasar los 34 grados Celsius. De hecho, en los valles centrales y en algunas localidades de las regiones de Valparaíso y Metropolitana, donde los termómetros han estado por encima de lo normal en el cierre del año. El pronóstico climático indica la permanencia del fenómeno La Niña sobre territorio chileno hasta marzo, lo que traerá aparejado un verano muy caluroso en el país.

Con información de Prensa Latina.