La Habana (PL).- Desde noviembre de 2010 hasta más allá de la mitad de 2011, apenas hubo tregua en la crisis postelectoral en Costa de Marfil y el paso a la posterior restauración no dejó de ser traumático. República Democrática del Congo (RDC) intenta detener los hechos de violencia para lograr la estabilidad y superar traumas que marcan la historia del país. En Sudán, ni un referendo independentista realizado el 9 de julio ni acuerdo alguno logran frenar el conflicto.

En el 2011 se escenificó en Costa de Marfil una batalla militar e institucional perdida por el presidente saliente, Laurent Gbagbo, y vencida por el entrante, Alassane Ouattara, quien para forzar la disputa fue respaldado por tropas de Naciones Unidas y Francia, así como por los exsoldados disidentes del ejército nacional, agrupados en el partido Fuerzas Nuevas.

La inconformidad de Gbagbo con los resultados de las urnas en 2010 desató la tensión que caracterizó el ambiente político marfileño hasta ese fin de año, una etapa en la cual hubo ejecuciones sumarias, violaciones de derechos humanos y civiles, y ajustes de cuentas, todo lo cual deterioró la vida del país, hundido en una guerra causante de tres mil muertos.

Si bien entonces el Consejo Nacional Electoral proclamó presidente a Ouattara, y reconocida su victoria por Estados Unidos y Francia, así como por las Naciones Unidas y la Unión Europea, el Tribunal Constitucional proclamó ganador a Gbagbo, que había vencido en la primera vuelta.

Sin dudas, la más sobresaliente acción judicial de ese proceso fue la presentación a finales de noviembre último -un año después de desatada la crisis postelectoral- del exgobernante en calidad de acusado ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya, Holanda, para enfrentar cargos por crímenes de lesa humanidad.

Aunque el presidente Ouattara se pronunció por conceder los derechos legales correspondientes al exjefe de Estado, nadie puede garantizarlo de hecho, pues la tendencia judicial está muy condicionada por el papel de las potencias que decidieron quién se quedaba con el poder en Costa de Marfil.

Para observadores, la solución bélica dada al problema institucional rememoró la historia de un estilo de ordeno y obediencia, predominante en la relación de Francia con sus excolonias africanas. También existe el criterio de que el caos alejó el entendimiento y la negociación, a la vez que sirvió de instrumento para ahondar la dependencia externa, la cual persiste en el ambiente político, pese a la realización de elecciones legislativas dirigidas a atenuar fricciones entre las partes implicadas en la crisis.

Tras su triunfo, Ouattara se preocupó por disminuir las contradicciones que impiden la armonía en el Estado; para ello promovió un trato inclusivo, reforzó vínculos con los países vecinos y soluciona problemas sobre la emigración marfileña, además actualizar sus relaciones con Occidente sin olvidarse del continente africano. Esto con el propósito de recomponer la imagen de estabilidad que acompañó la trayectoria del país y que incluso en los últimos meses de 2011 muestra un serio deterioro. Aún el mandatario se esfuerza por cambiar ese cuadro.

“El 25 de diciembre de 1999 un golpe de Estado, el primero en la historia del país, depuso al sucesor de Félix Houphouet Boigny. Desde entonces en Costa de Marfil ha pasado un proceso de empeoramiento económico y de disputas de carácter étnico”, subrayaron medios periodísticos.

Todo giraba alrededor de la llamada ivorité, relativo a quién es marfileño y quién extranjero; eso indujo a una discriminación que excluía de la sociedad pública a quien fuera considerado foráneo, y tal magnificación manipulada de nacionalismo condujo a enfrentamientos en la vida política. No obstante, Costa de Marfil, con una población de alrededor de 21 millones de habitantes, autóctona el 74 por ciento del total, está dividida en 66 etnias. Los no nacionales representan un 26 por ciento del conjunto.

Por otra parte, existe el criterio de que el caos político en general favoreció el interés de las autoridades de París de reforzar el componente militar en su ideología de metrópoli y en especial con respecto a Costa de Marfil, de donde nunca retiró totalmente sus tropas después de acordada la independencia.

La intervención de las fuerzas francesas y de la ONU en el diferendo interno, así como el respaldo político de la Unión Europea y la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental a Alassane Ouattara, reforzó en 2011 la percepción de que subsiste la tendencia al control neocolonial bajo un principio corporativo.

Muestra de los efectos de la remodelación de la estructura de poder en el primer productor de cacao a nivel mundial es la victoria electoral, en las legislativas de este diciembre, del partido del presidente Ouattara, la Unión de los Republicanos (RDR), lo cual con bastante antelación se preveía que lograría la mayoría de los votos.

El presidente de la Comisión Electoral Independiente (CEI), Youssouf Bakayoko confirmó que la Unión de los Republicanos (RDR) de Ouattara obtuvo 127 de los 254 escaños en las elecciones legislativas celebradas el 11 de diciembre. Su aliado, el Partido Democrático de Costa de Marfil (PDCI) logró 77, con lo cual la coalición obtuvo el 80 por ciento de las boletas, aunque fue muy baja la participación, del 36 por ciento de los cinco millones de electores convocados a las urnas. El diario marfileño Le Patriote precisó que con más de la mitad de los escaños a favor del RDR, todo quedaba claro.

Estas elecciones transcurrieron en un ambiente de recelo y bajo amenazas por parte del Frente Popular Marfileño (FPI) del encarcelado expresidente Gbagbo, el cual boicoteó la consulta.

A consideración de estudiosos, los comicios expusieron públicamente sólo la punta del iceberg de una sociedad gravemente fracturada ante el concierto africano, que por bastante tiempo observó a ese país como modelo de comportamiento democrático.

No obstante, los conflictos étnicos, las disputas por la tenencia de tierras fértiles y otros dilemas, pronostican que las tensiones persistirán más allá de este capítulo de la historia marfileña, aunque la ONU, París y Washington apoyen al nuevo gobierno.

República Democrática del Congo: En pos de la estabilidad

El gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) está interesado en detener los hechos de violencia para lograr la estabilidad y superar traumas que marcan la historia del país. Entre los hechos violentos de inicios de diciembre figura el ataque del grupo étnico Mai-Mai a una posición del ejército nacional en Mitwaba, 500 kilómetros de Lubumbashi, capital de Kananga. Al retirarse, los atacantes también dieron muerte al administrador del territorio.

Semanas después de un supuesto asalto en Virunga, la opinión pública se estremeció con el intento de un grupo armado de ocupar el aeropuerto katangués de Lubumbashi, cuyo control debió recuperar el ejército nacional. El vocero castrense, coronel Richard Kasongo, informó que unidades de la Guardia Republicana detuvieron a varios y recuperaron la zona ocupada en la terminal aérea, aunque horas después aún se escuchaban disparos en el área.

En principio, se identificó al grupo atacante con los antiguos Gendarmes de Katanga, unidad policial militarizada del período en que Mobutu Sese Seko gobernó al país, entonces Zaire. “El ejército de la República Democrática del Congo (RDC) recuperó el control del aeropuerto de Lubumbashi, ocupado desde esta madrugada por un grupo armado que exige la secesión de la provincia minera de Katanga”, apuntó la prensa.

Pero el 2011 trajo más sorpresas respecto al Congo Democrático, país donde 14 años de guerras causaron entre tres y cinco millones de muertos, y aún su región oriental, la más rica, sufre la actividad guerrillera perpetrada por cerca de dos decenas de diversos destacamentos beligerantes.

En el país existe una inconmensurable riqueza mineral, incluyendo materias de reciente aplicación en la tecnología de punta (como el coltán, colombo-tantalita, imprescindible en el campo de la informática y las telecomunicaciones) y otro de casi desconocidas aplicaciones en diversas ramas científicas, destacan investigadores. No obstante, esas potencialidades económicas operan a la manera de un boomerang, toda vez que -debido a la situación del país y las relaciones de intercambio desigual-, las transnacionales saquean ese territorio.

Con el 80 por ciento de las reservas mundiales (de coltán) en el Congo, los clientes no faltan: entre ellos, Malasia (importador del 42 por ciento de estos minerales de conflicto en 2010), Bélgica (15 por ciento) o Canadá (siete por ciento), apunta un articulista. Tal abundancia de riquezas es directamente proporcional a la intensidad de la pugna por el poder en un Estado que se reorganiza funcionalmente bajo el liderazgo del Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD).

La reelección del presidente, Joseph Kabila, hijo de Laurent Desire, el 28 de noviembre en sólo una vuelta comicial, acreditó este año el interés oficial de avanzar en la construcción de la institucionalidad, en el fortalecimiento de la seguridad nacional y de moverse en concordancia con el consenso internacional al respecto.

Sin embargo, Kinshasa, la principal ciudad de la República Democrática del Congo (RDC), sufrió una serie de disturbios tras la Comisión Electoral declarar vencedor de la consulta a Kabila con el 48,95 por ciento de los votos, contra el 32,33 del opositor Etienne Tshisekedi, de la Unión para la Democracia y el Progreso Social.

Acorde con los resultados oficiales, Kabila obtuvo ocho millones 880 mil 944 boletas y Tshisekedi cinco millones 864 mil 975. El presidente del tribunal electoral, Daniel Ngoy Mulunda, afirmó que de los 32 millones 24 mil 640 ciudadanos llamados a elegir al jefe de Estado, participaron más de 18 millones, alrededor del 58,81 por ciento.

La Unión Africana (UA) llamó a la calma en el Congo Democrático tras los incidentes que sucedieron al anuncio de los resultados electorales, los cuales en algunos barrios de la capital incluyeron la quema de neumáticos y el emplazamiento de obstáculos para obstruir el paso de vehículos e impedir la normalización los itinerarios del trasporte público.

El presidente de la Comisión de la UA, Jean Ping, solicitó contención a los políticos congoleños y que “demuestren el sentido de la responsabilidad exigidos dadas las circunstancias y la situación de fragilidad de la RDC, un país que ha vivido varios años de guerras particularmente violentas y devastadoras”.

Por su parte, los observadores de los comicios invitaron a todos los actores a dar pruebas de su madurez y espíritu de responsabilidad para mantener la estabilidad del país. Aunque el propio presidente, Joseph Kabila, admitió en conferencia de prensa algunos errores en el desarrollo de la consulta, eso no invalidó la credibilidad del sufragio, en el cual resultó vencedor por un amplio margen de votos.

Según uno de los observadores, el Centro Carter, las “irregularidades” que hubo en los comicios “no cuestionan el orden del resultado”. Al concluir el 2011 se estimó que una de las prioridades del mandatario será la desmovilización efectiva de los destacamentos armados que operan con diferentes líneas ideológicas y en muchos casos protagonizan guerras particulares, con secuelas sangrientas para la población civil.

Sudán 2011: Más divididos y beligerantes

En 2011 Sudán del Sur logró la anhelada independencia oficial de Sudán, tras un referendo realizado el 9 de julio con una aprobación del 98 por ciento poblacional en apoyo a la separación. Un acuerdo de paz entre el gobierno de Sudán y el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS), firmado seis años antes en Naivacha, Kenya, concedió la autonomía al Sur, pero establecía una consulta popular en 2011.

En todo ese tiempo, Occidente y las partes interesadas maniobraron para un divorcio, so pretexto de poner fin a largos años de muertes y desplazamientos. Ni referendo ni acuerdo alguno logran frenar el conflicto en esta región, y los acuerdos de alto al fuego en Kordofán del Sur, zona rica en petróleo perteneciente al norte, son violados por ambas partes.

El 5 de junio pasado comenzaron, y no cesan, los choques armados en esa región entre efectivos sudaneses y el Movimiento Popular para la Liberación de Sudán/Sector Norte (MPLS-N), escisión de la rebelión sudista que por dos décadas luchó por la independencia del país y hoy es gobierno en el Sur.

En Kordofán y en Nilo Azul, una catástrofe humana azota a millones de personas ante una creciente malnutrición e inseguridad alimentaria, sumados a los riesgos de vivir bajo bombardeos aéreos y ataques artilleros.

Las quejas de socorristas de las Naciones Unidas crecen ante el difícil, y a veces prohibido acceso por las fuerzas beligerantes para llevar ayuda a hambrientos, enfermos y civiles heridos. En reiteradas ocasiones el gobierno de Jartum acusó a Juba de apoyar ataques rebeldes contra sus tropas en Kordofán del Sur.

El Consejo de Seguridad amplió el mandato de la fuerza de la ONU al establecer la Fuerza Provisional de Seguridad de las Naciones Unidas para Abyei (Unisfa), a fin de poder avanzar en la ejecución de los acuerdos sobre desmilitarización.

La Unisfa colaborará con los dos Sudán en el monitoreo y verificación de la frontera conjunta, y todo cuanto asegure los acuerdos sobre seguridad fronteriza, pactados en junio pasado. También este año hubo un reclamo del organismo internacional a ambas fuerzas para permitir el movimiento desde y hacia Abyei de todo el personal y la logística de la ONU.

El ente pacifista de la ONU fue creado en junio con un mandato oficial de seis meses y con el paso del tiempo ha crecido en su membresía y espera llegar a siete mil efectivos militares. El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, llamó la atención por la alarmante situación en Abyei y la frágil seguridad en la región, ante una escalada mayor en Kordofán del Sur y Nilo Azul.

Desde noviembre último las contradicciones mayores se centraban en el bloqueo de Jartum a las exportaciones de petróleo del Sur, ante una deuda de hasta 727 millones de dólares por tarifas de tránsito petrolero. El Sur realiza la construcción de un gasoducto a través de Kenya, pero su terminación llevará tiempo y aún depende del norte para exportar el crudo.

El nacimiento del Estado 193 de la ONU y el 54 de Africa dista mucho de revertir resquemores sembrados por más de dos décadas de guerra y la terrible secuela de dos millones de muertos y cuatro millones de desplazados. Solo el 9 de julio, día de la independencia, hubo mil 800 muertos, y los disparos cruzados no fueron de celebración, sino de discrepancia feroz.

Pero uno y otro Sudán, pese a la colosal riqueza petrolera, enfrenta, más en el Sur, una compleja situación económica y social ante un elevado nivel de pobreza, analfabetismo, mortalidad infantil y una deuda externa infranqueable. Serios asuntos, desde los acuerdos de paz promovidos por la ONU, quedan pendientes y si bien tampoco resolverán del todo el conflicto, ayudarán a limar asperezas.

Es impostergable fijar un nuevo pacto para compartir los beneficios generados por la producción de crudo, dos tercios de la cual quedarán en Sudán del Sur, pero condenado a refinar en el norte y además exportarlo por puerto del enemistado vecino.

Deberán también fijar un nuevo reparto del crudo e incluso ponerse de acuerdo en cuanto a la división de la deuda pública, que ambos estados deberán enfrentar. Falta también acuerdo en torno a los más de dos mil kilómetros de frontera común, causa de fuertes colisiones.

Tampoco está definido a quién corresponde o cómo quedará dividida la región petrolera de Abyei, el mayor frente de combate y donde no hubo referendo que ampare pertenencia legal.

En mayo, Jartum ocupó el territorio considerándolo propio y, aunque se retiró un mes después, la incursión armada provocó el desplazamiento de unas 100 mil personas. Quizás de estos menesteres se ocupen las fuerzas de la Unisfa ante las llamadas novedosas misiones otorgadas por la ONU en términos de “verificaciones, investigaciones, seguimiento, funciones de arbitraje, coordinación e intercambio de información”.

Para la ONU, la situación en esta nación “constituye una amenaza contra la paz y la seguridad internacionales”.

Génesis del divorcio

La desunión fue presentada como una solución a conflictos étnicos, religiosos y territoriales, pero en esencia con profundas raíces económicas y sobre todo de injerencia occidental por el control del petróleo sudanés. Es esta una enorme región de África rica en recursos, que podría estar unida y desarrollada, pero las potencias coloniales de ayer y las imperialistas de hoy incitan a la fragmentación y al caos interno.

La división -oficializada en 2011- viene caminando desde la época de la colonia, cuando Reino Unido conservó en el norte el árabe como lengua y el Islam como religión, y para el Sur impuso el inglés y el protestantismo. Desde entonces hubo una diferencia, con base económica muy fuerte entre Norte y Sur, que llevó incluso a una guerra civil, la cual terminó con un acuerdo de paz.

Pero cuando en 1970 la compañía petrolera estadounidense Chevron descubrió importantes yacimientos de petróleo en el Sur, volvió a quebrantarse esa paz y dio paso a una segunda contienda que duró más de 25 años, hasta los acuerdo de 2005 y el referendo de 2011.

La paz no llega a los dos Sudán porque al petróleo es necesario ponerle nombre y apellidos, y que los sudaneses puedan decidir a quién venden tan codiciada materia prima.

* Periodistas de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.