Convivir con las tensiones y prolongarse pese a los errores parecen ser los objetivos del régimen para reproducir el poder preservando los negocios de –y con el– Estado, ante un lejano horizonte socialista.

En un régimen que prácticamente ha proscrito la disidencia interna y donde especialmente “reconductores” no parecen tener cabida y son más resistidos que la propia oposición de derecha, resulta difícil admitir un golpe de timón que supone un llamado de atención al liderazgo y al caudillaje, dos de los problemas del estado plurinacional y causa de errores crónicos.

Pero el presidente Evo Morales –por lo menos de dientes para afuera– ha decidido aceptar el reto, despertando el beneficio de la duda respecto de sus verdaderas intenciones, a verse en lo que queda de su mandato.

Vivir con las tensiones generadas por la demanda popular (Yapacaní vs. el Presidente, con muertos de por medio), asimilar otras protestas (La Asunta y los cocaleros rebeldes a la erradicación) atender centenares de requerimientos de cuota-parte plebeya en la torta del Estado Plurinacional, y prolongarse en el poder a pesar de los yerros, parecen ser sin embargo los objetivos de gestión, lejana como está la meta final del gobierno socialista, que el vicepresidente Alvaro García vislumbró ya a mediados del 2011 que puede que no se vea “ni en décadas”.

Así las cosas, la cumbre campesino-cocalera-colonizadora y de la burocracia en el poder que logró involucrar a los utilitaria iniciativa privada, empezó convocando, a un supra Consejo Político Económico de “movimientos sociales, empresarios e intelectuales” que asesore al Gabinete, y, asombro aparte, a partidos opositores para debatir sus propuestas de “cambio”.

“Si me estoy equivocando, corríjanme oportunamente”, pregona el Presidente, pero después de las contramarchas a la ley del Territorio y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), su consabida tozudez y su no saber perder sinceramente (persiste en su idea de gasolinazo después de las disculpas de diciembre del 2010), pocos, tal vez la minoría del 35 por % que lo aprueba, pueden confiar en él. El restante 65 % puede que dude o que simplemente ya no crea en él.

Más allá de las sorpresas y la todavía sospechosa apertura, el Presidente dio curso al reconocimiento de algunas “debilidades” de su gestión, admitiendo tres (seguridad ciudadana, corrupción y narcotráfico) sin mencionar otras (como el mismo MAS convertido en una recicladora de empleos, los favoritismos del liderazgo, la obsecuencia que genera el caudillismo, el culto a la personalidad, las demandas corporativistas de los sectores que no ven el bosque, menos el país, el desgaste generalizado del régimen, el desaprovechamiento de la bonanza económica).

Admisión de errores que se produce en el contexto de una baja en la aprobación del gobierno (35 % actual, casi la mitad del 70 % hace 23 meses, según Ipsos, y una reprobación del 53 %) y que coincide con el acuerdo con EEUU a fin de restablecer las relaciones a nivel de embajadores, y la alianza con los empresarios, bajo la forma de un pacto productivo que éstos ofrecen a los indígenas, y que supondrá proyectos por 1.400 millones de dólares con base en una propuesta diseñada por el líder de los empresarios cruceños, Gabriel Dabdoub.

Reflexiones que igualmente, no aluden a gruesos errores como el frustrado gasolinazo de hace un año, el fracaso de las gestiones marítimas con Chile y la doble derrota, en las carreteras y en las elecciones, a consecuencia de la marcha indígena en defensa del territorio Isiboro Sécure y los comicios judiciales, además de su propósito de imponer una agenda nacional en sustitución de la incumplida “agenda de octubre”, tan falta de industrialización, por citar una de sus tareas pendientes.

Ocasiones ambas, la de enero y la de diciembre, aprovechadas sin embargo para advertir sobre la necesidad del gasolinazo gradual; de “aceptar” el regalo del revocatorio para prolongarse en las mieles del poder –ahora que se ha extendido con todas sus letras al ámbito judicial donde el Ministerio Público (que debería defender a la sociedad y no al Estado) ha virtualmente sobreseído a los dos mandatarios del cualquier cargo en la represión de los ya épicos “Tipnis”, que siguen haciendo historia–; de insistir que el número uno no es ni flojo ni corrupto, sabiendo que los diversos entornos (consentidos desde arriba) sí lo son: ahí está el bajo porcentaje de ejecución presupuestaria. Y las diversas demandas por el envilecimiento en el ejercicio del poder.

Nuevos aliados

El objetivo principal de la cumbre fue, en palabras del mandatario, debatir cómo potenciar y diversificar el aparato productivo del país: “con qué recursos, cómo y con cuáles proyectos diversificar el aparato productivo”.

La alusión a los empresarios y en especial a los agropecuarios fue directa. No en vano los había buscado desde el año pasado, ofreciendo hasta 2.000 millones de dólares para garantizar la seguridad alimentaria, cuando no la soberanía alimentaria, que es de otro cantar, con récord de importaciones cerrando el año y abrumando las cuentas de egresos. Rápidamente la Confederación empresarial dejó todo en manos de la Cainco, la CAO y la Confeagro.

Ya en enero, Daniel Sánchez, el ejecutivo a nivel nacional, remarcó que su presencia en encuentro para “profundizar el cambio” fue “para ponerle el hombro al Presidente y a su gobierno, para seguir avanzando”, dejando sentado que es indispensable la conformación del Consejo Económico Social junto con el régimen y organizaciones sindicales y sociales.

“Hemos sido escuchados y en verdad hacía mucho tiempo que queríamos tener esta oportunidad”, agregó Sánchez, principal figura de la incorporación de la empresa privada a la alianza oficialista.

“Esta es la verdadera Asamblea del Pueblo boliviano que aportará a los intereses económicos, sociales políticos, y que busca proyectar Bolivia”, había dicho en diciembre el Presidente mientras quedaba colgada en el aire la pregunta ¿para qué sirve entonces la millonaria Asamblea Legislativa Plurinacional? ¿Sólo para levantar las manos, calentar los curules y aceptar a fardo cerrado lo que diga el Organo Ejecutivo Plurinacional?

Grandes ausentes, algunos retornos

Sin los indígenas del oriente y todas sus etnias, más una significativa parte de los originarios del altiplano; sin la dirigencia de la Central Obrera, sin los disidentes ni la oposición, el encuentro sirvió para que el conglomerado masista en el poder hiciera una demostración de fortaleza en todo al Presidente para recobrar alianzas perdidas, pero también para que el mandatario logre con la cumbre lo que por sí mismo no puede hacer, a causa de la falta de fuerza que le suponen el pesado liderazgo y el favoritismo.

Pero sobre todo para evitar que se extienda la creciente impresión de que Evo Morales no sólo divide sino que comienza a ser impopular.

La guardia vieja masista vuelve a imponerse entonces y quizá sea su cuarto de hora frente a una nomenclatura agazapada en los ministerios, donde muchos de sus titulares han hecho todo lo posible –incluso cargar los yerros, culpas y responsabilidades del hermano mayor–por ser alejados de sus cargos. Y ser repuestos después. O extraordinariamente recompensados.

Viejas figuras de los comienzos del proceso de cambio han vuelto a Palacio. Son las que tienen aún “incidencia estatal y no solamente mediática” en sus observaciones (está prohibido criticar); son las que recomiendan pragmatismo, internacionalismo, continental ismo; retroceder un paso para avanzar dos, darse un baño de multitud y presunta legitimidad; tolerar la disidencia sin hacerle caso. Total estamos en un nuevo año. El MAS-Evo modelo 2012 puede esperar.

“Estamos en un momento político donde tiene que haber muchas transformaciones, entre ellas el MAS: muchas veces se constituye en una agencia laboral y disputa de pegas que ha desnaturalizado al partido”, proclamaba el viceministro César Navarro, antes, muchos días antes de que la sangre corra en Yapa cañí como ocurrió en Caranavi el 2010.

Pero los problemas no se reducen a haber reciclado a ex funcionarios y militantes de la derecha hoy enclavados en el entorno evista; a las corruptelas de la militancia o al reparto de tesoro nacional, sino a la derechización del régimen y las consecuencias de eso para la izquierda y el llamado proceso de cambio.

“En verdad, actualmente existen dos derechas en Bolivia: una tradicional, sujeto de la democracia pactada y administradora del neoliberal ajuste estructural, cuya definitiva derrota la ha dejado en un irrelevante rol testimonial, y la otra, crecientemente nutrida de la primera, que es la que gobierna bajo el manto discursivo de la reivindicación étnica y la revolución democrática y cultural, en función del mismo proyecto histórico capitalista, colonial y oligárquico”, dice el ex ministro Alejandro Almaraz

“Es probable que si hay algo que amargue y mortifique a (los ex presidentes) Sánchez de Lozada, Tuto Quiroga o Paz Zamora, sea comprobar cómo el Gobierno de Evo Morales es más efectivo que los suyos para proteger y promover los intereses que ellos se consagraron a servir con la abnegada lealtad, claridad doctrinal y calidad técnica de las que aquel carece, y por cuya defensa fueron defenestrados y sustituidos por el mismo advenedizo”, añade Almaraz, en ataque directo al vicepresidente García, de quien asevera:

“Es solo una prescindible pieza de segunda línea en el aparato político de la reconquista oligárquico-transnacional, un servidor de Evo Morales consciente y hasta orgulloso de su obsecuencia, que actúa con la descontrolada agresividad de quien se sabe irremediablemente perdido y sin camino de retorno”.

Por lo pronto, el mandatario, que descansa de su baño de multitudes y su intento de “profundizar el poder del pueblo” como le hacen creer algunos de sus colaboradores candidatos a nuevos ministros, incansable como es, versátil, se da tiempo para otros detalles de gestión

Una de sus últimas preocupaciones que las bolivianas con peligrosas prótesis de silicona, de efectos cancerígenos en quienes las porten, sean atendidas gratis para quitárselas en los centros de salud de Bolivia, según reporta América Economía. Las prótesis PIP, como se conocen a las mamas de la discordia, provienen –como la coca ilícita, los autos “chutos” y el tráfico de combustibles en la frontera– del mercado negro y del contrabando, cuando no de la ineficiencia gubernamental.

* Fuente: Revista IN N° 20, Santa Cruz, dic-2011 – http://in.com.bo/2012/01/%C2%BFquien-le-cree-al-presidente