La Habana (PL).- La historia de Madagascar, la cuarta isla mayor del mundo, registra como momentos culminantes las migraciones que desde tiempos remotos poblaron el territorio, y las luchas del pueblo malgache contra el yugo colonialista de Francia. La población de Lesotho no fue víctima de la trata como la de las zonas occidentales de Africa, las cuales sufrieron un brutal despoblamiento por inescrupulosos traficantes que llevaron a hijos de ese continente a trabajar como esclavos en América.

La gran ínsula de Madagascar, con una fauna y flora impresionantes, posee 595.800 kilómetros cuadrados y está situada en el océano Índico a 400 kilómetros de la costa sureste del continente africano del que está separado por el canal de Mozambique. Algunos historiadores consideran que los primeros pobladores llegaron a Madagascar durante el siglo III a.n.e. y ya sabían obtener y trabajar el hierro, aunque son vagos los vestigios que sustentan esas consideraciones.

Marineros malasios, indonesios e incluso polinesios realizaban viajes de miles de millas a lo largo de las costas del océano Indico en sus frágiles embarcaciones, antes de llegar a una gran isla deshabitada, de un clima magnífico, fértiles llanuras, mesetas y bosques con abundante caza.

Los inmigrantes de las tribus bantúes de la costa africana tuvieron que atravesar una distancia más corta para arribar a Madagascar desde el sentido opuesto. Ese grupo étnico había avanzado desde el Africa Central hasta la región del Cono Sur Africano.

Los árabes también empezaron a llegar a la isla más tarde. A partir del siglo VII y en el transcurso de la Edad Media las costas de Madagascar fueron visitadas por navegantes árabes. Las migraciones de diferentes nacionalidades contribuyeron al mosaico étnico que prevalece en el país: malayos, negros, indonesios, árabes e indios, entre los principales.

La historiografía occidental atribuye como descubridores de la isla a los portugueses. El navegante Diego Díaz arribó a sus costas el 10 de agosto de 1500, denominándola Isla de San Lorenzo. Viajeros de esa nación también fueron los primeros en explorar zonas del interior.

Un siglo más tarde, en 1600, los portugueses, holandeses y franceses intentaron establecer colonias. Francia se instaló en el siglo XVII en el norte de la isla, pero su esfera de influencia fue limitada a la ascendencia de la monarquía de los hovas en la altiplanicie central. El Rey Radana (1810-1828) favoreció a los ingleses y permitió que se implantara el cristianismo, pero la reina Ranavolona I (1835), prohibió la práctica de la religión cristiana y puso fin al comercio con Europa.

Las disensiones en la cúpula dirigente malgache abrirían grietas que sólo favorecían a las potencias coloniales, en especial a Francia y Gran Bretaña. Ambas naciones disputaban la hegemonía en la región del Índico con ambiciones sobre isla Mauricio y el archipiélago de Seychelles, escenarios de agudas confrontaciones.

Tras el fin del comercio con Europa se inició un período de relaciones tirantes. Radama II otorgó concesiones a una compañía francesa, pero fue asesinado en 1863, y le sucedió su esposa Rasoherina, quien rehusó ratificar el acuerdo con los franceses.

Colonia francesa

El gobierno de París reconoció en 1886 a Ranavalona II como reina de Madagascar y acreditó a un cónsul, al igual que Gran Bretaña y los Estados Unidos. Con posterioridad, Francia se arrogó por la fuerza un mandato de protectorado, reconocido por Gran Bretaña en 1890 a cambio de concesiones en Zanzíbar, una isla del Océano Indico (después de su independencia en 1963 se unió a Tangañika para formar la actual República de Tanzania).

En 1895, al exigir Francia un dominio total por medio de un ultimátum, los malgaches se sublevaron, pero fueron derrotados por su inexperiencia en acciones militares, y por la superioridad en armas de los galos y su entrenamiento en cuestiones bélicas. No obstante, a partir de ese momento se inició una constante y valiente lucha del pueblo por establecer su soberanía nacional. A pesar de la represión, las autoridades coloniales gobernaban un país en permanente tensión.

Un año más tarde, en 1896, estalló otra sublevación popular. Desde París, el gobierno dio órdenes para que las tropas actuaran con mano dura, y como resultado el levantamiento fue ahogado en sangre.

Madagascar y todas sus dependencias pasaron a ser oficialmente colonia. Francia abolió la monarquía e inició una llamada pacificación que costó la vida a 700 mil malgaches en un lapso de 20 años y deportó a la reina Ranavalona III a la isla Reunión y luego a Argelia. Las autoridades coloniales intentaban castigar con el mayor rigor la osadía de luchar por la soberanía del país.

Siglo XX

El pueblo malgache nunca se conformó con el estatus colonial aplicado por la metrópoli francesa y con la llegada de la nueva centuria continuaron las luchas por la independencia. Esas luchas unas veces eran políticas y otras verdaderas sublevaciones.

Los movimientos progresistas de 1916 y 1929 resultaron aplastados y en respuesta el pueblo se sublevó nuevamente contra el dominio extranjero. Como consecuencia de la represión desatada por las tropas de París contra otra sublevación en 1947, murieron unas 100 mil personas.

Desde la instalación de Francia en suelo malgache en el siglo XVII, el pueblo vio morir a más de 800 mil de sus hijos víctimas de sangrientas represiones. En el orden económico la metrópoli saqueó despiadadamente las riquezas naturales. Pero las luchas de dos siglos darían sus frutos. Las autoridades francesas se vieron obligadas a hacer concesiones, y en consonancia la isla conoció varios estatutos: Estado asociado de la Unión Francesa; República Autónoma dentro de la Comunidad Francesa; e independencia en 1960.

Con el pleno goce de su soberanía, Madagascar se incorporaba al concierto de naciones africanas que se habían librado de la otra forma de esclavitud.

Rebelión anticolonialista en Lesotho

La población de Lesotho no fue víctima de la trata como la de las zonas occidentales de Africa, las cuales sufrieron un brutal despoblamiento por inescrupulosos traficantes que llevaron a hijos de ese continente a trabajar como esclavos en América. La lejanía del país del centro proveedor de esclavos, como fueron las naciones ubicadas en regiones costeras del océano Atlántico, impidió que los grupos étnicos sotho y nguni, los principales del país, corrieran la misma suerte de otros africanos.

Sin embargo, esas etnias conocieron otra variante de la esclavitud como fue el colonialismo, en particular el implantado por Reino Unido, la potencia dominante en la zona, con su desprecio de los derechos más elementales de la población autóctona y el saqueo de las riquezas.

El pequeño reino de Lesotho es menos conocido en el contexto internacional que otras naciones africanas. Su territorio está completamente rodeado por Suráfrica, y casi una tercera parte de sus poco más de 30 mil kilómetros cuadrados se encuentra cubierto por montañas.

En las altas áreas montañosas y algunos bancos del río Orange, uno de los dos más importantes (el otro es el Tugela), se han encontrado fósiles y huellas de dinosaurios que datan de hace unos 200 mil años.

Los primeros habitantes del actual Lesotho fueron tribus kwena, que buscaban refugio en las altas cordilleras ante el avance de grupos nómadas. En los primeros años del siglo XVIII, los nguni cruzaron la cordillera Drakensburg y se asentaron a lo largo del río Caledón. Cien años después, tribus zulú penetraron en la región y exterminaron a gran parte de los habitantes. Los sobrevivientes buscaron refugio en la montaña.

En 1824 solicitaron la protección de un cacique local, el rey Moshe (Moshoeshoe I), soberano del pueblo basotho desde 1818. Las montañas de Thebe Bosia eran la fortaleza principal contra las invasiones de zulúes, moebeles y matabeles.

Luego el rey tuvo que contener el ataque de los bóers, colonos de origen holandés que habitaban la provincia surafricana de Transvaal. Entonces surgieron diferencias con el Estado Libre de Orange (en Suráfrica), y el jefe del pueblo basotho buscó la “protección” británica de la colonia del Cabo.

En 1871 sin consulta alguna, Reino Unido añadió Basutolandia (como se llamaba en aquella época), a sus dominios en la colonia del Cabo, aunque el pueblo basotho ya había visto mermado su territorio al proclamar los británicos la soberanía sobre tierras adyacentes al río Orange. Posteriormente los británicos renunciaron a su dominio sobre la parte que correspondía a los bóers y de nuevo el pueblo basotho tuvo que tratar de sobrevivir a las ambiciones de los estos y también de los británicos.

Tras el fallecimiento del rey de los basothos, ocupó el trono su hijo. Acto seguido Reino Unido se adueñó directamente del país, la metrópoli adoptaba las decisiones sin tener en cuenta la opinión de los nativos.

Levantamiento popular

Los abusos y el trato despótico provocaban el rechazo y el odio hacia la potencia colonial y sus representantes en el territorio. Las tropas británicas actuaban con gran crueldad contra las manifestaciones de protesta.

En respuesta a tanto atropello, en 1880 estalló una rebelión, cuando los británicos trataron de desarmar al pueblo. La envergadura de la insurrección tomó por sorpresa a la Corona, y en Londres las autoridades ordenaron a las tropas emplear todos los medios para sofocarla.

A pesar de la superioridad en armamentos y entrenamiento militar de los británicos, el levantamiento popular se prolongó durante tres años dejando un saldo considerable de muertos. En 1884 el territorio otra vez pasó al control total de Reino Unido, pero en lo adelante con el estatus oficial de colonia.

La rebelión del pueblo basotho fue una de las primeras contra el dominio de Londres en Africa. Los jefes tribales quedaron como gobernantes de sus tribus, conforme a las costumbres establecidas, mientras un gobernador británico ejercía la autoridad en todo el país.

En el siglo XX

Con la llegada de la nueva centuria, Lesotho estrenaba una etapa diferente en su evolución política. En 1910 quedó establecido con los jefes de tribus el Consejo de Basutolandia, pero la autoridad ejecutiva permaneció en manos del Alto Comisionado británico.

Ante los reclamos de la población y el incremento de la efervescencia política, la Corona tuvo que hacer concesiones y en las décadas siguientes Lesotho dio pasos, aunque lentos, hacia una vida independiente. Se crearon nuevas estructuras, incluida una Constitución y un Cuerpo Legislativo.

Las autoridades británicas retardaban el otorgamiento de la independencia utilizando disímiles argumentos. La celebración de comicios con vista al establecimiento de un autogobierno fue aplazada 12 meses. Pero el mantenimiento del colonialismo se hacía insostenible en el nuevo escenario que se había creado en Africa y en el país en particular. En octubre de 1966, la nación denominada Basutolandia accedió a la independencia con el nombre nativo de Lesotho, bajo un régimen de monarquía constitucional.

En la memoria de las etnias sotho y nguni, la insurrección de 1880 fue un hecho heroico que, si bien no triunfó, mostró la rebeldía contra la esclavitud colonial británica.

* Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.