Recuerdo que EL DIARIO fue ocupado violentamente en octubre de 1970, por la vivencia que me tocó de joven, al lado de su principal propietario que estaba en el exterior, donde residía. Uno de los usurpadores ahora se dedica desde sus columnas a criticar de mentiroso al Gobierno actual. Lo hace exagerando en varios aspectos, aunque no deja de tener razón sobre los cultivos excedentarios de coca, la deficiente ejecución presupuestaria y la escasa inversión extranjera directa e inversión productiva en grandes proyectos de minería e hidrocarburos.

Dicha ocupación duró hasta agosto de 1971, cuando el falangismo – gorilismo – movimientismo, cuyos miembros actualmente también escriben en diferentes medios, en vez de devolver el periódico a sus dueños, lo intervino con un ex oficial de las SS, Mario Busch, dirigente de un grupo pro nazi de Croacia, “Ustacha”, de Ante Pavelic, quien ingresó a Bolivia desde Argentina en 1952, solicitado por Víctor Paz Estenssoro a Juan Domingo Perón, para conformar un equipo represivo de expertos extranjeros, con el comunista español Francisco Lluch, después jubilado en el Ministerio de Finanzas en época de Hugo Banzer, más Claudio San Román y Luis Gayán. Este último vinculado al primer cartel de narcotráfico internacional Huassaf-Harb, también de origen chileno.

El ex SS fue obligado a restituir el matutino, ante la valiente actitud de la desposada de su principal accionista, acompañada de uno de sus hermanos y único cuñado vivo. Por lo que los banzeristas y movimientistas no son los más recomendados para escribir sobre lo que debería ser un gobierno democrático, ya que si bien no acallaron a EL DIARIO, como lo hicieron los usurpadores de la época de la Asamblea Popular, tampoco estuvieron dispuestos a devolverlo de motu propio. Aunque corresponde reconocer que posteriormente en los años 90, un Ministro de la Presidencia que siempre acompañó a Banzer, rechazó un trato ilegal que se le quiso dar a EL DIARIO. Posteriormente uno de sus compañeros de partido, ahora máximo melitense, le serruchó el piso para ocupar su lugar.

Fue cuando EL DIARIO disponía de pruebas sobre una apropiación indebida de Amayapampa y Capacirca, por parte de un ex embajador en España, con cuya venta compró un medio periodístico, al que subvencionó su funcionamiento durante años para destruir al Decano de la Prensa, los dos únicos que competían, a tal punto que obligó a un Director de Impuestos Internos para que lo clausure con procedimiento súper abreviado.

Partidario de la libertad de opinión y legalista, el citado Ministro intervino, dando un respiro de 24 horas para que EL DIARIO se defienda y luego presente a la Renta una garantía tangible, facilitada incondicionalmente por uno de sus miles de lectores, entre tantas otras muestras callejeras de apoyo recibidas, de modo de dar fin a la arremetida de la competencia, la que después terminó vendiendo su periódico a unos españoles, quienes dieron cobijo al referido integrante de la banda de usurpadores de EL DIARIO en 1970.