Hemos tardado demasiado en responder al libro de García. Pero ha valido la pena. Han pasado poco más de seis meses desde que un grupo de compañeras y compañeros firmáramos un Manifiesto (junio 2011) , y otro tanto desde que García ordenara a los funcionarios de la Vicepresidencia la publicación de sus confesiones (julio 2011) .

Hemos tardado demasiado en responder al libro de García. Pero ha valido la pena. Han pasado poco más de seis meses desde que un grupo de compañeras y compañeros firmáramos un Manifiesto (junio 2011) , y otro tanto desde que García ordenara a los funcionarios de la Vicepresidencia la publicación de sus confesiones (julio 2011) .

El tiempo transcurrido y los hechos sucedidos en este periodo, entre ese junio y este diciembre de un año ya viejo —la victoriosa VIII Marcha Indígena, el hecho más relevante de este tiempo, sin duda—, se han ocupado ya de ofrecerle una respuesta al bilioso García. Nada está demás, sin embargo, cuando se trata de desnudar al rey desnudo.

Así que aquí está nuestra respuesta, en forma de artículos escritos por compañeros con los que los y las firmantes del Manifiesto de Junio 17 nos identificamos plenamente (este es un adelanto, en versión electrónica, de la publicación impresa que está en curso y a la que se le añaden otros artículos).

El libro de García está hecho de dos cosas: una larga cadena de insultos, calumnias y descalificaciones personales dirigidas a quienes firmamos el Manifiesto, y una delirante defensa, pretendidamente conceptual, de la gestión de Gobierno, de la conducción del “proceso de cambio”, y de esta conmovedora “revolución” que sufrimos.

De eso, de la pretendida defensa argumental de García, de su vergonzosa e indignante ignorancia en un tema crucial para el país, la nacionalización de los hidrocarburos, por ejemplo, se ocupan largamente los compañeros en los artículos mencionados.

Lo que aquí deseamos es exponer, de manera brevísima, apenas tres paginillas del libro de García, tres paginillas que creemos retratan perfectamente lo que es el libro: la revelación y develación de García, a cargo de García.

Lo creemos así, porque en el libro de García, como quizá en ninguna de sus otras desventuras editoriales, revestidas de barniz “académico”, emerge el personaje político tal cual es, en su verdadera dimensión ideológica y condición humana. El poder, diríamos, se ha ocupado también de develar a su marioneta.

Dice García, en tres de sus trepidantes páginas (122, 123 y 124), que es tal la “absurda ceguera” de quienes firmamos el Manifiesto, que no hemos podido ver cómo es que en Bolivia ha ocurrido “la revolución política más importante del país y del continente en los últimos siglos”.

Tan ciegos estamos, claro, que no hemos podido ver ese “diminuto grano” que ha detenido esa “máquina universal infernal” [entiéndase por este artefacto demoniaco la Historia] y mucho menos fuimos capaces de percibir esa “pestañada” por cuya culpa “el curso de la historia y el universo” han podido desviarse en “180 grados”.

Tan ciegos estamos, y tan avispado es García, que la vida misma ha pasado sigilosa por nuestro lado, sin que caigamos en cuenta. La vida, claro, para el enervado pastor que quiere enderezarnos, no es otra cosa que un amasijo de “abusivos y explotadores” que han construido este maléfico paisaje en el que vivimos.

Pero, ¿qué es lo que le hace decir a García tantas sabrosuras?, y ¿quiénes son los protagonistas de esa “revolución” que ha redimido a la Historia? El hecho que conmueve a García es que “un campesino se vuelve Presidente”, que “un indígena se convierte en Ministro, Director o Senador”, y así siguiendo. Los protagonistas de esa “revolución”, claro, son “los humildes, los creadores de riqueza y de cultura, el pueblo llano, en este caso los indígenas”.

Hay que corregir a García: los indígenas de tierras altas, le faltaba decir, porque de los otros se ocupa la Policía .

Ese es García, simplemente García, obsecuente servidor de Morales y conductor de este “proceso de cambio” convertido en una mascarada, es decir, en una farsa, como dice el diccionario.

Finalmente, no puede uno resistir la fuerza de una imagen con la que seguramente García aparecerá muy pronto en algún recodo de la Historia. Y esa imagen no es otra que la de un triste espantapájaros.