Nueva Delhi (PL).- Después de varios años con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) superior al 8%, y contra lo que vaticinaron sus gurúes económicos, India sintió en 2011 los efectos de la crisis en Estados Unidos y la Eurozona. El gobierno redujo de 9,5 a a 7,5% las expectativas de crecimiento económico, evidenciando lo que ya era un secreto a voces: la pretendida o real robustez de la economía india no la ponía a salvo de los problemas financieros mundiales.

Los seis primeros meses del año parecieron anticipar que la nación surasiática continuaría el arrollador paso que, entre 2003 y 2010, le permitió saltar del lugar 54 al 10 entre las principales economías del mundo. Todavía hacia agosto, tras la degradación de los créditos de Estados Unidos por parte de Standard and Poor’s y la consecuente caída en los mercados de valores, el ministro Finanzas Pranab Mukherjee dijo que los fuertes cimientos económicos del país le permitirían conservar sus cotas de crecimiento en esos niveles.

Su optimismo parecía fundado, pues adicionalmente, en el primer semestre del año las inversiones extranjeras directas habían escalado hasta los 16.832 millones de dólares, un aumento del 57% frente a su similar de 2010, mientras otros indicadores básicos mantenían su pujanza. En ese lapso, por ejemplo, las exportaciones mantuvieron su creciente ritmo y ya en julio alcanzaron los 108.340 millones de dólares, casi un 54% más que en similar período de 2010. (1)

También a largo plazo las expectativas eran halagüeñas: por esas fechas, el vicepresidente de la Comisión de Planificación Montek Singh Ahluwalia comentó que la economía nacional estaba en condiciones de crecer del nueve al 9,5% durante la ejecución del plan quinquenal 2012-17. El propio primer ministro Manmohan Singh, considerado el arquitecto de las llamadas reformas económicas de primera generación desde su puesto de ministro de Finanzas en 1991, pronosticó que la expansión del PIB indio podría superar el 9% en el próximo lustro. (2)

Hacia principios de septiembre, empero, comenzó a apreciarse que las ondas expansivas de la crisis en Estados Unidos y Europa estaban causando oleaje en el océano Índico, poniendo a prueba la real o supuesta robustez de la economía india. La inflación interna, entretanto, se iba acercando a los dos dígitos.

A inicios de ese mes se hizo la síntesis del comportamiento del PIB trimestre abril-junio y el ministro de Finanzas calificó de decepcionantes los resultados: 7,7%, el nivel más bajo de los últimos seis periodos similares. Mukherjee atribuyó el frenazo a las incertidumbres de la economía mundial, especialmente en Estados Unidos y los países europeos, donde -dijo- “el rendimiento es inestable y la recuperación, muy pobre”. Con parte de la culpa también cargó la inflación, en franco aumento. Unos días después, usó los mismos argumentos para rebajar al 8% las expectativas de crecimiento en el actual año fiscal (abril 2011-marzo 2012). De la rupia no habló porque aún la moneda nacional se mantenía relativamente estable.

Septiembre trajo otra mala noticia: la producción industrial, que ya venía desacelerándose, marcó en ese mes un mísero 1,9% de crecimiento. Ante la visible zozobra del sector empresarial, en octubre el primer ministro calificó de infundado “el pesimismo de algunos sobre el futuro de la economía nacional” y aseguró que la desaceleración era un fenómeno a corto plazo, determinado por la situación en Occidente.

Al hablar ante el Consejo Nacional de Desarrollo, el máximo órgano de toma de decisiones sobre cuestiones relativas a las finanzas centrales, incluidos los planes quinquenales, Singh puso el parche antes de que saliera el grano: “Las tasas de crecimiento están siendo revisadas a la baja en todos los países”, dijo.

No tengo absolutamente ninguna duda de que las perspectivas a largo plazo de nuestro país son muy buenas, recalcó. Pero acto seguido filtró que la meta de expandir el PIB en nueve por ciento en el próximo lustro era “bastante difícil”. De hecho, en ese mes el Banco Central rebajó a 7,6% las expectativas de crecimiento del PIB y acotó que en determinados momentos podía estar por debajo del siete.

Desde sus propios ángulos, los partidos de oposición intensificaron las críticas al gobierno por su incapacidad para frenar la inflación y la corrupción, otro fenómeno que amenaza el publicitado milagro económico de la India y sus sueños primer-mundistas.

Descrédito internacional aparte, el sablazo de la corrupción no es cosa de cirugía menor: solo una de las grandes estafas que hoy ventilan los tribunales, relacionada con la concesión fraudulenta de licencias de telefonía de segunda generación, causó al erario público pérdidas por casi 40 mil millones de dólares.

Bajo investigación están otros casos relacionados con el desvío de fondos destinados a instalaciones de los Juegos de la Commonwealth (2010), el ocultamiento de cuentas en bancos extranjeros, y la entrega a funcionarios de viviendas que estaban destinadas a viudas de guerra. Acosado por los partidos de oposición y la sociedad civil, el gobierno ha prometido crear un Lokpal (versión india del Ombudsman occidental), encargado de combatir aquel flagelo.

Una de las mayores presiones procede del activista social Anna Hazare, quien en abril y agosto de este año protagonizó sendas huelgas de hambre para exigir la creación de una oficina anticorrupción autónoma y con alcance sobre los parlamentarios y todas las figuras públicas, incluido el primer ministro.

Entretanto, el ciudadano común seguía sintiendo en los bolsillos las mordidas de la inflación: en un país con una alta proporción de vegetarianos, los precios habían aumentado 65 por ciento en renglones como lentejas, arroz, leche, condimentos, frutas y verduras. Pero el fenómeno sobre todo golpeaba al 42% de los 1.210 millones de indios que viven por debajo de la línea de pobreza. (3)

Noviembre fue testigo de una reducción sensible de las exportaciones y de un bajón sin precedentes de la rupia. Mukherjee atribuyó el fenómeno a las turbulencias financieras globales y recomendó esperar por una “autocorrección de los mercados”. A fines de año, otras malas noticias: entre julio y septiembre, el PIB solo había crecido 6,9%. La última vez que la expansión de la economía india había estado por debajo del 7% databa del trimestre abril-junio de 2009, cuando las economías occidentales sufrían los primeros embates de la crisis financiera global.

En diciembre, además, la producción industrial marcó un descenso del 5,1%, el primero en más de dos años, y envió a la rupia a una caída histórica contra el dólar. Ya para esta época, y pese a las insistentes alertas de los analistas, desde marzo del año pasado el Banco Central de la India había aumentado 13 veces la tasa de referencia en un vano intento por cortar la espiral inflacionaria. Mukherjee redujo a 7,5% las expectativas de crecimiento, evidenciando lo que ya era un secreto a voces: la pretendida o real robustez de la economía india no la ponía a salvo de los problemas financieros mundiales.

El fin de año aún reservaba otro sinsabor al gobierno, que presionado por la oposición y hasta por algunos partidos aliados, tuvo que posponer la aplicación de una reforma encaminada a permitir el ingreso de las multinacionales de la distribución a la red minorista nacional.

Desde hace años, transnacionales como la norteamericana Wal-Mart y la francesa Carrefour están a la espera de que se le abran las puertas a un lucrativo mercado evaluado en 470 mil millones de dólares al año. Pero el Ejecutivo no pudo dar luz verde a la medida, considerada su reforma más emblemática para reactivar la economía, porque el grueso de las formaciones políticas representadas en el Parlamento la consideró ruinosa para millones de agricultores y pequeños comerciantes.

Así termina 2011 en India. Cierto que un siete por ciento de crecimiento económico que aquí parece bajo es una quimera para otras muchas naciones, pero la categorización de emergente y los sueños primer-mundistas conllevan sus exigencias.

Notas:

1. En febrero de 2011 el gobierno indio anunció que liberalizará su política para estimular las IED. El indicador alcanzó en junio 5.656 millones de dólares, la cota mensual más alta de los últimos 11 años, informó el Ministerio de Comercio e Industria. Las exportaciones en febrero aumentaron 49,7% con respecto a igual periodo de 2010, hasta alcanzar 23.597 millones de dólares. El acumulado desde abril de 2010 hasta febrero de 2011 llegó a 208.229 millones de dólares, un crecimiento del 31,4%. Las importaciones también crecieron en un 21,2%, y su valor monetario llegó a 31.701 millones de dólares. Las exportaciones indias ascendieron a 29.340 millones de dólares en julio, lo que representó un aumento del 82% respecto a igual lapso de 2010. Hacia finales de octubre, el comercio entre India y Nepal aumentó 36% en el último año fiscal al pasar de 1.985 millones de dólares a 2.700 millones. Ambos constataron “con satisfacción” que las ventas de la pequeña nación del Himalaya a su gran vecino del sur se incrementaron 5,3% y evaluaron medidas para equilibrar la balanza comercial, que actualmente favorece a Nueva Delhi en una proporción de 7:1. Se estima que el 47,5% de las inversiones extranjeras directas en Nepal son indias, la mayoría de ellas en los sectores fabril, energético y de los servicios (telecomunicaciones, banca, seguros, puerto seco, educación y turismo).

2. La economía de la India está en condiciones de crecer del 9 al 9,5% durante la ejecución del plan quinquenal 2012-17, afirmó el vicepresidente de la Comisión de Planificación Montek Singh Ahluwalia. En declaraciones al sitio Business Standard, Ahluwalia comentó que a pesar de la difícil situación mundial, “debemos de ser capaces de alcanzar un nueve por ciento de crecimiento (…) si se toman las decisiones correctas en las áreas críticas”. Un equipo de expertos ultimaba los detalles del plan quinquenal indio, que deberá comenzar a ejecutarse en abril de este año. El proceso coincide con presiones sobre el crecimiento debido al aumento de la tasa de interés por parte del Banco de Reserva de India para frenar la inflación. Ahluwalia admitió que crecer incluso un 9% no será fácil porque se requieren “muchas decisiones difíciles” en lo referente a los precios de la energía, las gestiones de infraestructuras y de recursos hídricos y la consolidación del sistema fiscal, incluido en este último capítulo la reducción de los subsidios no focalizados. Advirtió, empero, que no deben levantarse expectativas poco realistas sobre el crecimiento económico del país. “Hay que despertarse antes de oler el café”, graficó.

3. India es el país con mayor número de habitantes viviendo bajo condiciones de pobreza aguda con 612 millones, indicó un informe de la ONU. Esa cifra representa más de la mitad de la población, lo que contrasta con las estadísticas macroeconómicas del último lustro, con un crecimiento del PIB de 8% en promedio. El reporte incluyó en la categoría de “multidimensionalmente pobre” a ese número de personas al evaluar indicadores como los servicios de salud, educación, acceso al agua y a combustibles limpios para cocinar, productos básicos del hogar y normas de construcción de viviendas. Bajo esos patrones, la India ocupa un bajísimo puesto 134 entre 187 países en términos del índice de desarrollo humano (IDH), por detrás de Irak. En su región solo presentan una mejor situación Sri Lanka (lugar 97 pese a recién salir de una guerra civil de 25 años) y las Maldivas (109).

* Corresponsal de Prensa Latina en la India.