Beijing y La Habana (PL).- Las relaciones entre China y Estados Unidos cierran 2011 con preocupaciones para el país asiático, luego de registrar altibajos, pese a que el año comenzó con una visita del presidente Hu Jintao a la otra nación. Este año, EE.UU. mantuvo sus tropas en el Pacífico, el Indico y el norte de Asia, y reforzó su presencia militar en Oceanía.

En el primer encuentro del año, ambos gobiernos acordaron forjar una asociación de cooperación basada en el respeto y beneficio mutuos y reiteraron compromisos en varios campos, incluidos el militar y económico. Poco antes, el entonces secretario de Defensa Robert Gates estuvo en Beijing, visita que aportó a una normalización de los contactos militares, que vivieron fuertes tensiones a principios de 2010 por la decisión del Pentágono de vender armas a Taiwán.

Favorecidos por los nuevos acontecimientos, los nexos sumaron en mayo otro momento importante, cuando el jefe del Estado Mayor General del Ejército Popular de Liberación Chen Bingde viajó a Estados Unidos, visita reciprocada por su homólogo Mike Mullen en julio.

Y como estos vínculos se caracterizan por sus altibajos, solo días después el presidente Barack Obama recibió al Dalai Lama. El encuentro motivó otra protesta china y devino fuente de mayores tensiones entre Washington y Beijing, que acusó a la otra parte de interferir groseramente en sus asuntos internos y dañar las relaciones.

Cierta normalidad se recuperó en agosto con la visita del vicepresidente Joe Biden a este país, uno de los viajes recíprocos anunciados cuando Hu estuvo en Estados Unidos. Luego, nuevas tensiones por planes de ventas de armas a Taiwán, anunciados en septiembre, y una iniciativa de carácter económico-comercial.

En octubre China rechazó firmemente un proyecto de ley promovido por senadores estadounidenses que acusaban a este país de manipular su moneda, tema de frecuentes fricciones entre Beijing y Washington. El gigante asiático reiteró su posición de que es ampliamente entendido que la tasa de cambio del yuan -la moneda china- no resulta la causa del desequilibrio comercial entre las dos principales economías del mundo.

La citada iniciativa fue muy criticada en medio de la advertencia de que podría desatar una guerra comercial, aunque al parecer las aguas se calmaron. Sus patrocinadores justificaron ese paso también con la necesidad de crear empleos en momentos en que la tasa de desocupación en Estados Unidos sobrepasaba el nueve por ciento.

Así transcurría el año en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y China hasta que en la etapa final las tensiones fueron mayores con el anuncio del presidente Obama de que aumentaría la presencia del Pentágono en Australia. La visita de Barack Obama a Australia introdujo nuevas preocupaciones en los vínculos: ¿Qué se persigue con el plan de que 2.500 efectivos y aviones estadounidenses operen en la ciudad de Darwin? Analistas advirtieron que ante su crecimiento como potencia, la decisión está asociada al gigante asiático.

Para tratar de calmar las reacciones, Obama dijo: la idea de que buscamos excluir a China es errada. Damos la bienvenida a una China en ascenso y pacífica. Según el mandatario, un fortalecimiento de los nexos militares con Australia atenderá la demanda de “muchos socios en la región de que tengamos la presencia necesaria para mantener la arquitectura de seguridad en el área”.

El director del Centro de Estudios de Estados Unidos de la Universidad Renmin (del pueblo) Shi Yinhong dijo al diario local Global Times que la expansión es otro paso para contener a China, a pesar de su sobre todo carácter simbólico. Añadió que la presencia aparentemente redundante en Australia está más cerca del Mar de China Meridional, un posible objetivo de esta expansión. Debe recordarse que el Pentágono tiene bases en Japón y Surcorea.

La mencionada zona, rica en recursos energéticos, adicionales a su importancia como ruta comercial, deviene tema de disputa entre varias naciones, la que China insiste en resolver entre las partes directamente involucradas en ella. Pero Obama también busca inmiscuirse en ese asunto, lo que justifica con la prioridad otorgada por su gobierno a la región de Asia-Pacífico, incluida la economía.

Beijing reaccionó por medio del portavoz de la Cancillería Liu Weimin, quien dijo que “puede ser no apropiado ampliar las alianzas militares cuando la economía todavía se está recuperando”. Y añadió: Estados Unidos dijo en reiteradas ocasiones no tener intenciones de contener a China y ha expresado su apoyo a una China fuerte, próspera y estable, esperamos que cumpla sus promesas.

Otro mensaje llegó con un comentario de la agencia de noticias Xinhua titulado Asia-Pacífico necesita un socio y no un líder, al recordar declaraciones del presidente Hu Jintao en la cumbre del foro Apec en Hawai. En esa ocasión, el mandatario dijo que China respeta los intereses de Estados Unidos en la región y le da la bienvenida para que desempeñe un papel constructivo en ella.

También hubo reacciones de personalidades de países del área, incluido Indonesia, sede por estos días de varias reuniones, entre otras, encuentros de autoridades de la Asociación de Naciones del sureste Asiático (10 miembros) con homólogos de otros estados. Obama participó allí en la sexta cumbre de Asia Oriental, en la que Estados Unidos y Rusia debutan como miembros.

Con esta novedad como preocupación adicional cerró el año en las relaciones bilaterales, que para 2012 se augura cobrarán mayor fuerza como tema de la campaña electoral en Estados Unidos.

Asia, Estados Unidos y el anillo del Pacífico

Como parte de su política geoestratégica, EE.UU. refuerza su presencia militar en Oceanía, tras mantenerla en el Pacífico, el Indico y el norte de Asia. Ese objetivo contempla además incidir en las disputas sobre las islas Spratly, reclamadas por China, Vietnam, Filipinas, Brunei, Malasia y Taiwán.

El archipiélago conforma un grupo de islotes desiertos que nadie quería, excepto Hanoi y Beijing, hasta el descubrimiento hace unas tres décadas de riquezas energéticas en sus fondos marinos. Desde que se reveló la existencia de gas y petróleo, y otros materiales, los países reclamantes de partes o totalidad de las islas aumentaron su presencia en el área con barcos e instalaciones permanentes, con lo cual surgieron las pugnas territoriales.

Resulta extraño que Asia, el continente más poblado del planeta, fue el primer escenario donde el Pentágono se desplegó con todo su poderío bélico para esa llamada operación de represalia o venganza por el ataque del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington.

Sin embargo, ese cambio militar hacia el Este desde el Oeste se perfilaba por la Casa Blanca con el objetivo de controlar mejor las situaciones en las regiones asiática y europea dado sus grandes intereses económicos, estratégicos y militares en la región Asia-Pacífico.

El Comando del Pentágono en esa cuenca supervisa las fuerzas y operaciones militares, ejercicios y entrenamientos en un área de unos 170 millones de kilómetros cuadrados, que incluye 43 países y territorios, y es responsable de la defensa de Japón y Surcorea mediante viejos tratados, de 1950.

La nueva estrategia logró, como dicen los oficiales de alto rango estadounidenses, una cooperación multilateral fuerte en esa región, donde se dislocan más de 100 mil soldados norteamericanos en centenares de complejos terrestres, aéreos y marítimos en varios estados, en particular Surcorea y Japón. Esto representa, según diplomáticos y militares de Washington, “una importante forma de que Estados Unidos pueda demostrar su fuerte compromiso con sus aliados y amigos en Asia”.

Pero, lo cierto es que mediante los ataques devastadores y ocupación de Afganistán, los enmascarados en Filipinas, las amenazas a Corea Democrática y los diversos tipos de ejercicios de guerra anuales, las actividades militares del Pentágono adquieren influencias cada vez más preocupantes en la región.

Al margen de las relaciones de vital apoyo económico y político, el Pentágono mostró durante todo este año la necesidad de mantener una significativa presencia militar en el área oceánica. Ahora, la Casa Blanca planificó establecer un telescopio militar en Australia a partir del 2012, para lo cual desplegará 250 marines en ese territorio y acrecentará la cifra de efectivos hasta dos mil 500, según declaraciones del presidente estadounidense Barak Obama en una rueda de prensa, en Canberra, en noviembre pasado.

Sería la presencia estadounidense más cercana geográficamente al sur de China, cuya inversión militar en los últimos años es mirada con recelo por Washington. Con anterioridad, el Pentágono edificó un centro de comunicaciones militares por satélite en Australia, mediante negociaciones secretas en el 2007, según comunicó al Parlamento el ex canciller Alexander Downer.

De acuerdo con Downer, esa base estadounidense emite señales e información de inteligencia a las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio y Asia desde Geraldton, a unos 400 kilómetros al norte de Perth, la capital del estado de Australia Occidental. Ese centro intercepta señales de telefonía móvil y comunicaciones de la Antártida a Siberia, y recibe informaciones de inteligencia desde países asiáticos.

Aunque desde hace años el Pentágono mantiene centenares de efectivos militares en sus bases instaladas en Pine Gap, cerca de Alice Spings, que suministran alertas tempranas de lanzamiento de cohetes para Asia y Oriente Medio. También en Cabo Noroeste en Australia Occidental, que transmite señales a submarinos nucleares estadounidenses en la región Asia-Pacífico.

De lo cual se desprende que los atentados contra Nueva York y Washington sirvieron de pretexto a los halcones de Estados Unidos para intentar obtener la supremacía militar en todas las latitudes de Asia. El tiempo dirá la última palabra.

* Melián es corresponsal jefe de Prensa Latina en China y Navarro es periodista de la Redacción Asia y ex corresponsal en China, Corea, Japón, la India y Vietnam.