Los dinosaurios, gigantes prehistóricos que dominaron los ecosistemas terrestres del Mesosoico durante 160 millones de años, desaparecieron hace 65 millones de años, pero continúan vigentes en la agenda científica y mediática mundial. Este año se conoció que los mamíferos con placenta surgieron hace 165 millones de años, que los plesiosaurios eran vivíparos y que los feroces tiranosaurios rex también habitaron el hemisferio sur del Planeta.

Hasta ahora existía una gran disparidad de opiniones sobre el momento en que los euterios, mamíferos con placenta, y marsupiales, que llevan sus crías en una bolsa externa como los koalas y canguros, evolucionaron por ramas diferentes. Con anterioridad, se había investigado ese momento con métodos moleculares, pero eso necesitaba ser verificado con fósiles.

Las pruebas de ADN sugerían que ello había ocurrido hace 160 millones de años, pero el fósil del placentario más antiguo que se había descubierto tenía 125 millones de años y pertenecía a la especie Eomaia. Pero, el hallazgo de un animal parecido a una musaraña que convivió con los dinosaurios evidencia que los mamíferos con placenta surgieron hace unos 165 millones de años, 35 millones de años más temprano de lo que se creía hasta ahora.

En China fueron halladas partes del cráneo, del esqueleto y tejido blando de un vertebrado bautizado como Juramaia sinensis, sin duda, el antepasado más antiguo de todos los mamíferos existentes, incluidos los seres humanos, según el autor principal del estudio Zhe-Xi Luo, del Museo de Historia Natural de Carnegie.

La nueva datación de los restos hace coincidir mejor la información a partir de análisis de ADN respecto al momento en que los euterios y marsupiales se separaron por derroteros evolutivos distintos. La pequeña juramaia viene a determinar una nueva fase en la historia evolutiva de los mamíferos placentarios y su hallazgo ayudará a comprender mejor la evolución de los mamíferos, aseguró el investigador.

“La divergencia de mamíferos euterios y marsupiales, que hizo aparecer la placenta y una nueva forma de reproducción, fue crucial en su éxito evolutivo, pero la adaptación al medio, que les permitió explorar los árboles, fue una característica que ayudó a su éxito”, expresó Luo.

Origen, evolución y extinción de los dinosaurios

El descubrimiento de un espécimen con características muy similares a los dinosaurios en un yacimiento al sur de Tanzania sugiere que el planeta estuvo habitado por estos animales mucho antes de lo pensado. De acuerdo con un artículo divulgado en Nature, la nueva especie denominada Asilisaurus kongwe pobló la Tierra hace 243 millones de años, 10 millones de años antes de los dinosaurios conocidos.

Los animales de la especie Asilisaurus kongwe, que forman parte de un grupo conocido como Silesaurus, medían entre medio metro y un metro de alto, y de uno a tres de largo. Pesaban de 10 a 30 kilogramos, caminaban sobre sus cuatro patas y comían carne y plantas, según expertos de la Universidad de Texas, Estados Unidos.

Los Silesaurus y los dinosaurios convivieron durante gran parte del Periodo Triásico (entre 250 y 200 millones de años), y tuvieron ancestros comunes. A pesar de que ambos comparten muchas de sus características, los científicos sitúan a los Silesaurus justo en el exterior del árbol genealógico.

Los dinosaurios pertenecían a los Saurópsidos, presentaban gran diversidad y colosal tamaño, e incluso los más pequeños alcanzaban elevadas proporciones comparados con otros vertebrados del período. Los dinosaurios eran herbívoros, omnívoros, insectívoros y carnívoros; y tenían una temperatura corporal cercana a la de los humanos (aproximadamente 37 grados Celsius en promedio), según los resultados de un estudio basado en el análisis de isótopos extraídos de los dientes de esas bestias prehistóricas.

Animales que vivieron hasta hace 145 millones de años como los braquiosaurios, que pesaban alrededor de 40 toneladas, tenían una temperatura corporal de 38,2 grados Celsius, mientras que el camarasaurio, de 18,5 toneladas, tenía 2,5 grados menos, reveló Jonh Eiler, geólogo y geoquímico de Caltech, uno de los autores de la investigación.

Eiler basó tales resultados en el principio de que los isótopos se unen con otros de peso similar y que la fuerza de tales vínculos varía de acuerdo con la temperatura con que se hayan aglutinado. Los isótopos son átomos de un mismo elemento, pero cuyos núcleos poseen una cantidad diferente de neutrones y por tanto difieren en masa. A temperaturas altas, la unión entre los isótopos es menos fuerte, pero con temperaturas bajas lo es mucho más. Esto permite conocer a cuál era el ambiente en que se formó la molécula. Los científicos analizaron isótopos de carbono y oxígeno de un mineral llamado bioapatita que se encuentra en el esmalte dental externo y en los huesos.

Aunque ya se conoce cuál era la temperatura corporal de los grandes dinosaurios, aún hay debate sobre si eran animales de sangre fría o caliente. Una teoría que data de la década del 70 sugiere que los grandes dinosaurios se movían lentamente porque necesitaban el calor acumulado que perdían en invierno o durante la noche. Sin embargo, teorías más recientes plantean que eran de sangre caliente, lo que se basa en evidencias de la anatomía, el hábitat y conducta de esos animales gigantescos.

Se creía que los plesiosaurios, reptiles marinos del período Cretácico, eran ovíparos, pero en realidad fueron vivíparos, pues parían una sola cría de gran tamaño, como las ballenas y delfines, revelaron F. Robin O‘Keefe de la Universidad de Marshall, y Luis Chiappe, director del Museo de Historia Natural de Los Ángeles, en un artículo publicado por la revista Science.

Investigaciones previas habían identificado muchas de las características de estos grandes animales extinguidos hace 65 millones de años, pero no se conocía con certeza la forma en que procreaban. Evidencias de un parto único la ofreció el fósil de una madre plesiosauria de la especie Polycotylus latippinus que llevaba un embrión en su interior.

Aunque los restos del reptil fueron descubiertos en Kansas en 1987, no se había detectado el embrión porque los restos del animal que vivió hace 78 millones de años se encontraban en cuatro bloques separados. Al realizar un análisis profundo de las osamentas, los científicos se percataron que algunas vértebras, hombros y caderas no correspondían a un ejemplar adulto.

Posiblemente las madres plesiosaurios profesaban cuidado maternal a sus crías que tendrían comportamientos sociales complejos. “Especulamos que, a la hora de reproducirse, los plesiosaurios pudieron haber exhibido comportamientos similares a los de las ballenas o los delfines, que son mamíferos”, infirió Chiappe.

La teoría de que los dinosaurios como el diploducus o el argentinosaurus desarrollaron su cuello largo para buscar pareja fue planteada en 2006. Con anterioridad se sugirió que usaron sus cuellos enormes como tubo de buceo, pero es creencia fue descartada y se concluyó que desarrollaron una vida terrestre por lo que el cuello largo era útil para alcanzar las hojas de los árboles.

Los dinosaurios de cuello largo no desarrollaron ese atributo para atraer a las hembras o luchar, de acuerdo con los resultados de un estudio de la Universidad de Bristol, en Reino Unido. Los análisis de los restos fósiles de diploducus no evidencian que la existencia de un cuello largo tuviera un objetivo sexual. Si la razón fuera esa, los machos hubiesen tenido una cerviz más larga en comparación con las hembras o viceversa. Las evidencias fósiles tampoco sugieren que fue diseñada para defenderse porque, contrario a lo que pudiera pensarse, no era suficientemente gruesa como para no sufrir daños con los golpes, precisó Mike Taylor.

Existen múltiples teorías sobre la extinción de los dinosaurios. La principal es que fueron exterminados por el impacto de meteorito de 15 kilómetros de largo en Chibxulub, Península de Yucatán, México. Restos de un material llamado de iridio, cuya presencia es rara en la Tierra, pero abundante en meteoritos, fueron encontrados en capas de arcilla de 65 millones de años de antigüedad, hallazgo que dio base a la teoría planteada en 1980.

Otra teoría no descarta la caída del meteorito, pero sugiere que los dinosaurios se extinguieron antes por un cambio climático ocurrido a causa de grandes erupciones volcánicas en la India. Sin embargo, el descubrimiento de un cuerno aporta evidencias a la desaparición de los dinosaurios por un cambio climático provocado por la caída del gigantesco meteorito.

Un cuerno fosilizado de ceratops hallado a 13 centímetros bajo el límite geológico del período Cretácico-Terciario (KT) momento en que se cree se extinguieron, podría poner fin a los debates sobre la causa de la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años, publicó la revista Biology Letters. El hallazgo sugiere que esos animales desaparecieron por un cambio climático ocurrido a raíz de la caída de un meteorito, escribieron científicos de la Universidad de Yale en la publicación. Lo que aún no se explican los científicos es la inexistencia de fósiles en capas de sedimentos 125 centímetros después de la caída del asteroide.

Descubrimientos y nuevas especies de dinosaurios

En 2008 fueron descubiertos en Corea del Sur huesos de la cadera y cola de una nueva especie de dinosaurio desconocido hasta la fecha que habitó la Tierra hace 103 millones de años durante el período Cretácico Inferior, indica un estudio divulgado en la revista Naturwissenschaften.

La especie bautizada como Koreaceratops perteneció a la familia de los ceratopsianos. Eran herbívoros, bípedos, con una estatura promedio de metro y medio de longitud; poseían protuberancias óseas y fauces similares a picos de ave. Tenían una cola plana que les permitía moverse en el agua, ya que la especie tenía una vida semiacuática.

Por otra parte, una especie desconocida de dinosaurio herbívoro que vivió hace 185 millones de años fue descubierta en 2005 entre dunas de arena fosilizada en el estado norteamericano de Utah, difundió la revista PLoS ONE. Investigadores de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, hallaron parte del esqueleto de un dinosaurio sauropodomorfo que data de entre hace 200 millones y 144 millones de años.

La nueva especie medía un metro de altura, 4,5 metros de largo y su peso era de entre 70 y 90 kilogramos. El animal de cuatro patas era capaz de sostenerse sobre sus extremidades posteriores. El hallazgo confirma la prevalencia de ese tipo de dinosaurio de cuello largo en los inicios del período Jurásico.

La revista PLoS ONE destacó en 2011 el hallazgo de una especie con 15 cuernos, uno de ellos en la nariz, otro encima de cada ojo, uno en la punta de cada pómulo y diez a lo largo de la parte posterior del collar de escamas. Kosmoceratops richarsoni parece un rinoceronte gigante con una cabezadesproporcionada, describió en el artículo Mark Lowen de la Universidad estadounidense de Utah.

La comunidad científica recopiló en 2011 evidencias de otra especie, considerada inédita hasta ahora, bautizada como “muslos de trueno” por sus grandes y musculosas patas. Científicos de la University College en Londres encontraron huesos de la cadera de dos especímenes, uno adulto y otro joven, que datan de unos 110 millones de años de antigüedad. Los paleontólogos precisaron en un artículo de la revista Actas de Paleontología que ejemplares de estos animales podían pesar unas seis toneladas y alcanzar unos 14 metros de largo.

Por otro lado, restos fósiles de 15 dinosaurios jóvenes, sepultados al parecer por una tormenta de arena, fueron hallados en el desierto de Mongolia, en una zona denominada Tugrikin Shire, publicó la revista Journal of Paleontology. Diez de ellos se conservaban completos y todos presentan características propias de animales jóvenes. El tamaño grande de las crías y su avanzado estado de desarrollo respalda la teoría de que estos animales permanecían en el nido durante las primeras etapas de su crecimiento.

Los ejemplares de la especie Protoceratops andrewsi vivieron hace unos 70 millones de años, durante el Cretácico tardío en una zona de dunas. Medían alrededor de dos metros de longitud y tardaban unos 10 años en alcanzar su desarrollo completo. Los primeros fósiles de este género de dinosaurios fueron hallados en la década de los años 20 del siglo pasado, detallaron los autores de la Universidad estadounidense de Rhode Island.

Además, paleontólogos estadounidenses hallaron restos fósiles de dos reptiles de grandes dimensiones que vivieron hace unos 60 millones de años, quizás en una brutal batalla por alimentos. Se trata de una serpiente Titanoboa, que habitó en las minas de carbón del Cerrejón, y un cocodrilo bautizado como Acherontisuchus guajiraensis.

La serpiente Titanoboa, extinta y de la familia de los boidos, es la especie más grande encontrada hasta la actualidad, de unos 13 metros de largo y 1,25 toneladas de peso. Su adversario, según describen los autores en la revista Palaeontology, era un cocodrilo bautizado como Acherontisuchus guajiraensis, con un hocico largo, estrecho y lleno de dientes puntiagudos, lo que indica una especialización en la caza de peces.

Ese reptil es el primer animal terrestre del Paleoceno, época posterior a la extinción masiva del final del Cretácico que marcó la desaparición de los dinosaurios. A juicio de los investigadores, con este hallazgo se podrá conocer mejor la diversidad biológica en los antiguos ecosistemas de la selva tropical.

Por otro lado, restos fósiles de un cocodrilo primitivo denominado Arenysuchus de hace 65 millones de años fueron hallados por paleontólogos españoles del grupo Aragosaurus-IUCA. Se trata de un cocodriloide de pequeño tamaño, con una longitud que oscilaría entre uno y 1,5 metros, describen los autores en la revista especializada PloSOne.

Se trata del más antiguo fósil descubierto hasta ahora en Europa. Los especialistas consideraban que el continente europeo era un conjunto de islas aisladas hace 65 millones de años; sin embargo, este estudio demuestra lo contrario. La similitud de este ejemplar con los contemporáneos apunta que sí que existió intercambio y migraciones entre especies.

Mamíferos gigantes poblaban el hemisferio sur del Planeta

Los tiranosaurios rex vivieron hace 70 millones de años a finales del Cretácico; los más grandes medían 12 metros de alto y pesaban cuatro toneladas. Hasta ahora se pensaba que estos gigantes solo habitaron en el hemisferio norte, pero el hallazgo de una cadera de un antepasado pequeño en Australia echa por tierra esa creencia.

Los tiranosaurios rex también habitaron el hemisferio sur, evidenció el hueso de la cadera de uno de estos carnívoros encontrado en una granja en Queensland, estado del noreste de Australia. El hueso de unos 30 centímetros pertenecía a un ejemplar bautizado como NMV P186069 que medía de tres metros y vivió hace 110 millones de años, divulgó la revista Science.

El descubrimiento de este único hueso en el hemisferio sur “demuestra que hace unos 110 millones de años había tiranosaurios pequeños como el nuestro en cualquier parte del mundo. Este hallazgo demuestra que los tiranosaurios pudieron llegar a esas regiones en las primeras etapas de su historia evolutiva y también sugiere la posibilidad de que se descubran sus restos en Africa, América del Sur y la India”, indicó Roger Benson, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad británica de Cambridge y autor principal del estudio.

También fue hallado el esqueleto completo de un marsupial herbívoro de grandes dimensiones que habitó Canberra hace dos millones de años. Se trata de un vombátido gigante de unas tres toneladas de peso. Los marsupiales son animales caracterizados por llevar y amantar a sus crías en las bolsas que tienen en su abdomen, como los canguros. Los vombátidos (Vombatidae) son una familia de marsupiales diprotodontos conocidos como wombats o uómbats.

En Perú fue descubierto un cerebro fosilizado que mide 12 centímetros de ancho, 11 centímetros de largo y nueve centímetros de altura, de 20 millones de años de antigüedad, lo que demuestra que en ese territorio habitaron mamíferos gigantes mucho antes de lo que se pensaba. De acuerdo con Klaus Hönninger Mitrani, del Museo Paleontológico Meyer Hönninger, el cerebro pudo pertenecer a un megaterio, parecido a un oso perezoso gigante o a un gliptodonte, animal que se parece a un gran armadillo. El mamífero vivió en la región durante el Mioceno y posiblemente sufrió un fuerte golpe que sacó el cerebro del cráneo. El científico explicó al servicio de noticias británico BBC que el tejido blando se puede preservar en condiciones inusuales. Cuando el cerebro se salió del cráneo, el contenido sedimentario de la zona, un terreno abundante en carbonato de calcio, se encargó de preservarlo. El tejido primero se cocinó y después se fosilizó.

Este año, paleontólogos argentinos localizaron en el noroeste de la nación sudamericana fósiles de Eodromaeus o “corredor del alba”, un animal carnívoro muy veloz, cercano por su origen a los primogénitos, explicó el académico Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, en un artículo publicado en Science.

El Eodromaeus medía 1,2 metros, poseía dos patas, era muy ágil y tenía manos muy poderosas con capacidad de agarre. Sus dientes curvos indican también que era un gran depredador. Próximo en la escala evolutiva al primer carnívoro, encabeza por su ascendencia a los terópodos que más adelante evolucionaron y adquirieron tamaños tan enormes como el tiranosaurio rex.

En Brasil, investigadores analizan fragmentos de mandíbula de un cocodrilo de unos 2,5 metros de largo que habitó la región amazónica del estado de Acre hace ocho millones de años. Acaban de determinar que el hueso perteneció a una especie desconocida hasta ahora.

El paleontólogo y especialista en cocodrilos fósiles Jonas Pereira de Souza Filho refirió al sitio web G1, el portal de noticias de la Globo, que los restos óseos del animal fueron hallados en 1999 en el municipio de Senador Guiomard, en las márgenes del río Acre. Precisó que aunque con una mandíbula más prolongada, la nueva especie de reptil se asemeja al actual Caimán crocodilus que vive en la misma zona.

* Con información de Prensa Latina, Reuters, BBC y reportajes de la periodista Ana Laura Arbesú de PL.