La Habana, (PL).- Nigeria tuvo una Navidad sangrienta y de parte de ella se hizo responsable la secta islamista Boko Haram, grupo autodenominado de “talibanes nigerianos” y sospechoso de tener vínculos con la red Al Qaeda. El año que finaliza demostró que la intolerancia confesional en Nigeria es un monstruo de mil cabezas.

Consternado con los crímenes, el Gobierno informó que investigaba más allá del Boko Haram, y atribuyó el “innecesario baño de sangre” a un grupo con “objetivos que no se ajustan a ningún principio religioso auténtico”. Sin embargo, el portavoz insurgente Abul Qaqa reivindicó los atentados y anunció ataques en los próximos días.

Al menos 45 personas murieron, entre feligreses, policías y residentes en zonas aledañas, bajo una secuencia de atentados dinamiteros en templos cristianos en Medalla, Jos, Yobe, y otras ciudades de diferentes estados del noreste nigeriano. La ola de violencia desatada por Boko Haram, ahora sujeta a investigación, amenaza la estabilidad de ese país, el segundo petrolero de África y el más habitado del continente con más de 150 millones de habitantes.

En Nigeria existen más de 200 grupos étnicos beligerantes entre sí, pero el problema mayor está en las marcadas diferencias religiosas entre el norte musulmán y el sur cristiano. Esa agrupación radical, en particular, reconoce que su lucha es para derrocar al gobierno e instaurar un Estado musulmán regido por la Charia, la ley islámica.

En ese país africano cobró fuerza el conflicto confesional, tras la negativa de los estados musulmanes del norte a aceptar los resultados de los comicios de abril pasado, ganadas por el actual mandatario, Goodluck Jonathan, procedente del sur cristiano. Las contradicciones también tienen un marcado interés económico por cuanto en la región austral se concentran las mayores riquezas procedentes del petróleo.

Esta Navidad sangrienta acrecentó el desplazamiento de miles de personas que huyen ante nuevas amenazas del grupo islámico armado contrario a la ingestión de bebidas alcohólicas. Por ello todos los centros expendedores de licores son blanco de los ataques de esa organización.

Boko Haram se autodefine ultra ortodoxo, considera pecaminosa la educación al estilo occidental, y dice ser una sociedad comprometida con la propagación de las enseñanzas del Profeta Mahoma y de la Yihad (Guerra Santa). Al grupo armado se le atribuyen más de 700 muertos, incluso fuera de Nigeria, y se presume muchos de sus miembros, al inicio universitarios y descendientes de clases sociales alta y media, recibieron formación militar de Al Chabab responsable de actos similares en Somalia.

Hasta 2009 el cuartel general de los insurgentes estaba ubicado en Maiduguri, capital del estado de Borno (noreste), cerca de las fronteras con Camerún, Níger y Chad, pero una ofensiva el ejército de Nigeria desmanteló su feudo y su jefe militar, Mohamed Yusuf, fue liquidado.

Ahora el grupo se mueve sin aparente ubicación fija y realiza atentados cada vez más sangrientos a dependencias de la policía, políticas, religiosas, e incluso a mediados de agosto atacó la sede de la ONU en la capital nigeriana, cuando murieron 24 personas. Antes de la última arremetida de los extremistas contra las iglesias cristianas, el ejército nigeriano realizó una gran ofensiva para su captura en Damaturu (noreste) y, según fuentes militares, fueron abatidos 50 insurgentes.

Otro año de Nigeria vs Boko Haram

Tras opinar que 2009 sería conclusivo para la organización musulmana Boko Haram, el año que finaliza demostró que la intolerancia confesional en Nigeria es un monstruo de mil cabezas. En 2011, las contradicciones entre comunidades religiosas (cristianos y musulmanes) causaron centenares de muertes y cuantiosos daños materiales, así como desencadenaron acciones coercitivas -como el toque de queda- para frenar el deterioro de la seguridad y proteger la convivencia nacional.

Si bien hubo sucesos acreditados al Boko Haram, la secta que propugna una aplicación a ultranza de la legislación musulmana expresada en la Sharía, en todo el país -cuando los creyentes del Islam se concentran mayormente en las regiones norteñas-, no todos los hechos tuvieron su sello aunque no dejaron de ser sangrientos.

En los 12 meses transcurridos se evidenció en los medios de prensa una clara postura a defender sólo las posiciones ideológicas de Occidente y dibujar al otro, al distinto, como el gran enemigo, y el movimiento musulmán se identificó como el componente diferente en ese debate ideológico.

Esto no exime a la secta de ser culpable de excesos, como el saqueo y la quema de iglesias y de negocios pertenecientes a cristianos, como aconteció en Maiduguri, en la región del Plateau, cuando se evidenció una intensificación de las contradicciones comunitarias.

En el caso nigeriano la pertenencia a una comunidad dada define al individuo en su relación con el colectivo social en cuanto a etnia, confesión, partidismo político, relaciones económicas y otros aspectos de la vida, todo lo cual integra el Estado-nación. De ahí que Boko Haram se presenta como una opción riesgosa del concepto de la institucionalidad, ya que asume un apego extremo y excluyente de su filiación religiosa, mientras se aparta de uno de los pilares de la seguridad nacional, la preservación de la convivencia.

La agresividad de la organización, considerada por la opinión pública de radical, es clara: en noviembre se responsabilizó con una serie de atentados en el norte del país que causaron decenas de víctimas. Según informes del estado de Yobe, donde ocurrieron dos ataques muy devastadores, la secta amenazó con más acciones violentas.

El comisario de la Policía de Yobe, Suleimon Lawal, aseguró que los atentados fueron ejecutados por terroristas suicidas que atacaron la comisaría de la Policía Estatal y las oficinas del Grupo Antiterrorista, entre otros objetivos, en las ciudades de Potiskum y Damaturu.

Aunque las cifras oficiales reportaron 53 muertos (36 civiles y 17 agentes), cuatro heridos y cuantiosas pérdidas materiales, un subcomisario de Policía había informado previamente de que el número de víctimas fatales podría ser de un centenar sólo en Potiskum.

Las actividades de la secta extremista son evaluadas por su espectacularidad para hacerse notar como un componente del cuadro nacional que por la fuerza exige espacio público, pero esas acciones también muestran un entramado más complejo. Boko Haram, que admitió en varias ocasiones su afinidad con Al Qaeda, se atribuyó la autoría del atentado contra la sede de las Naciones Unidas en Abuya el 26 de agosto pasado, causante de 24 muertos.

Este año que finaliza, la policía secreta al Servicio de la Seguridad del Estado (SSS) denunció el vínculo de importantes funcionarios con la secta radical islámica y para demostrarlo presentó a Ali Umar Sanda Konduga, quien admitió haber sido un vocero de la organización con el nombre de Usman al-Zawahiri.

El se identificó como un expolítico que actuaba con el grupo conocido como Ecomog, integrado por elementos financiados desde hace años por políticos en Borno, uno de los 36 estados pertenecientes a la República Federal de Nigeria. Las autoridades arrestaron a Ali Konduga el 3 de noviembre en Maiduguri, capital de ese estado, y luego de interrogarlo fue entregado a los tribunales, que lo declararon culpable y los sancionaron a tres años de cárcel por “actos terroristas”.

De acuerdo con la Directora Adjunta del SSS, Marilyn Ogar, esa detención confirmó las teorías policiales sobre el financiamiento de Boko Haram. Según The Guardian, Ali Konduga confesó por escrito que “Boko Haram comenzó como un grupo de matones apoyados por políticos”, entre esos el exgobernador de Borno, Ali Modu Sheriff, y al exembajador nigeriano en Santo Tomé y Príncipe, Seidu Pinda.

Pero la red detrás de la secta es más compleja: el SSS acusó igualmente de terrorismo a uno de los senadores nigerianos, Ali Ndume, debido a su supuesta implicación en ataques perpetrados por los radicales islámicos, informaron medios de prensa. Ndume, senador por el estado septentrional de Borno del Partido Democrático Popular (PDP), fue procesado en el Tribunal de Abuya, la capital federal, tras ser apresado por la Seguridad del Estado.

Las manipulaciones respecto al Boko Haram y su actuación enfocan a que es una organización terrorista y como tal se plantea hacerle la guerra -una idea difundida en occidente tras los sucesos del 11 de noviembre del 2001, con el derribo de las Torres Gemelas en Nueva York.

En una decisión que genera dudas, Francia ofreció este año apoyo a las autoridades nigerianas para enfrentar a la organización musulmana radical. Recuérdese que París ayudó a la caída del gobierno libio, el fin de la crisis en Costa de Marfil y bombardeó el litoral somalí. De ahí la duda de su voluntad constructiva, solidaria y desinteresada con Abuya.

* Periodistas de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.