Naciones Unidas (PL).- La actuación y manejos del Consejo de Seguridad durante 2011 alimentaron la necesidad de una profunda y urgente reforma de ese órgano, exigida desde hace casi dos décadas por la abrumadora mayoría de los miembros de Naciones Unidas. El enteencargado de la paz y la seguridad mundiales llega a la última semana del año envuelto en enfrentamientos públicos y nada diplomáticos entre sus miembros más importantes.

El presente año concluye con un nuevo reclamo de una abrumadora mayoría de los 193 Estados miembros de la ONU a favor de una modificación sustancial de la integración y métodos de ese órgano de 15 escaños. De ese total, cinco asientos, ocupados por Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China, tienen carácter vitalicio y cuentan con el exclusivo privilegio del veto individual frente a cualquier decisión.

Durante 2011 los miembros no permanentes fueron Brasil, Líbano, Nigeria, Gabón y Bosnia y Herzegovina, que terminan su gestión de dos años el próximo 31 de diciembre, y Colombia, India, Suráfrica, Alemania y Portugal. Los que concluyen su mandato serán sustituidos por Guatemala, Marruecos, Pakistán, Togo y Azerbaiyán, electos por la Asamblea General en octubre pasado.

En marzo del año que termina, ese cuerpo, con el voto de solo 10 de sus miembros, autorizó la creación de una zona de exclusión aérea en Libia que abrió las puertas a los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra ese país. Esa intervención condujo a la caída del gobierno de Muamar el Gadafi, muerto por sus opositores tras ser capturado vivo luego de un ataque de la aviación de la OTAN contra el convoy en que viajaba.

El Consejo de Seguridad también avaló las acciones militares de los cascos azules de la ONU y de las fuerzas francesas en Costa de Marfil para capturar al expresidente de ese país, Laurent Gbagbo, quien se negaba a entregar el poder a Alassane Ouattara.

Por otro lado, debido al veto norteamericano, el órgano no pudo condenar a Israel por continuar la construcción de asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados. Al mismo tiempo, mantiene en suspenso una decisión sobre el pedido de admisión del Nuevo Estado Palestino como miembro pleno de la ONU, presentado en septiembre pasado y que cuenta con el apoyo de más de 130 Estados de la organización mundial.

Sin embargo, el 2011 concluye en medio de enormes presiones de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania para que el Consejo de Seguridad adopte decisiones que posibiliten una intervención en Siria, a lo cual se oponen Rusia y China. Ante esos intentos, el embajador ruso ante la ONU, Vitaly Churkin, quien preside esa instancia durante diciembre, advirtió que la aprobación de sanciones puede conducir a acciones militares contra Siria, como ocurrió en el caso de Libia.

El diplomático subrayó que el Consejo de Seguridad no fue creado para buscar el enfrentamiento, sino para evitar los derramamientos de sangre. Esas actuaciones del órgano y otras muchas registradas durante 2011 consolidaron las reiteradas demandas que desde hace casi 20 años abogan por su amplia transformación.

En los últimos días de noviembre pasado, ese clamor volvió a escucharse en la Asamblea General y durante la octava ronda de negociaciones intergubernamentales sobre la reforma del Consejo. Los puntos esenciales de las modificaciones propuestas apuntan a una ampliación del número de asientos permanentes y no permanentes que permita una mayor representación de los países subdesarrollados en la primera clasificación.

Una buena cantidad de países consideran injustificable que regiones enteras como África o América Latina y el Caribe no tengan un escaño permanente cuando más de la mitad de los temas de la agenda están relacionados, por ejemplo, con el continente africano. Con respecto al privilegio del veto, existe una extendida corriente a favor de su eliminación, pero, ante la perspectiva de que ese objetivo fracase, hay propuestas para que sea otorgado a los nuevos miembros permanentes surgidos de la reforma.

Todas las iniciativas buscan erradicar la falta de transparencia, democracia, representatividad, credibilidad y eficiencia que hoy marcan las acciones del Consejo de Seguridad, órgano cada vez más utilizado por las grandes potencias, en particular Estados Unidos, Reino Unido y Francia, en beneficio de sus intereses.

En ese sentido, existen ideas para reducir al máximo las llamadas consultas a puertas cerradas, garantizar un nivel de acceso real a los Estados no miembros del cuerpo y para que esa instancia se ocupe de los temas que le corresponden y no invada los de otros órganos. Para muchas delegaciones, no podrá existir una verdadera reforma de la ONU hasta tanto no se reforme el Consejo de Seguridad.

Fin de año candente en el Consejo

El Consejo de Seguridad llega a la última semana del año envuelto en enfrentamientos públicos y nada diplomáticos entre sus miembros más importantes. La magnitud de la situación quedó en evidencia el 24 de diciembre cuando el embajador ruso y actual presidente de ese órgano, Vitaly Churkin, pidió a sus colegas de Estados Unidos y Francia que se relajen, reconsideren su actitud y dejen la impaciencia y el nerviosismo.

El detonante de la controversia radica en la pretensión de Washington y París de impedir una investigación por parte de la ONU de la muerte de civiles durante la campaña de bombardeos de la OTAN contra Libia, como reclama Rusia. El pedido de Moscú cobró fuerza con recientes revelaciones del diario The New York Times sobre la existencia de decenas de víctimas mortales civiles a causa de los ataques de la alianza atlántica.

El pasado jueves, el representante permanente de Rusia ante la ONU denunció la existencia de una campaña de propaganda lanzada para presentar la intervención de la OTAN como una operación perfecta. La OTAN ha adoptado una postura propagandística afirmando la ausencia total de víctimas civiles en Libia, lo cual, “en primer lugar, es absolutamente improbable, y en segundo, no es verdad”, dijo Churkin.

El diplomático también criticó las declaraciones del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien la semana pasada justificó la actuación de la OTAN en Libia con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad. Al respecto, el embajador ruso instó al titular de la ONU a ser más cauteloso en sus opiniones sobre asuntos de importancia que pertenecen a la competencia del Consejo.

Inmediatamente después de las declaraciones del emisario de Moscú, los jefes de las misiones norteamericana y francesa, Susan Rice y Gerard Araud, salieron a la palestra en defensa de la OTAN. Con términos pocas veces escuchados en la ONU, Rice calificó de truco barato, rimbombantes y fraudulentos los reclamos de Moscú para investigar lo sucedido en Libia, mientras que Araud consideró que se trata de una estratagema del Kremlin.

Como contraataque, ambos embajadores embistieron contra la postura rusa hacia la crisis en Siria que pide condenar no solo al gobierno, sino también a los grupos opositores, por la violencia en ese país y se opone a aplicar sanciones contra Damasco, como pretenden Washington, París y Londres. En respuesta a un periodista, Churkin rechazó cualquier vinculación entre ambos temas como objeto de negociación y consideró que tal proceder sería un intercambio cínico.

En estos momentos, el Consejo de Seguridad tiene sobre la mesa un proyecto de resolución presentado por Rusia la semana pasada y que denuncia “la violencia proveniente de todas las partes”, entre ellas las autoridades sirias y los elementos extremistas. Al mismo tiempo advierte sobre el suministro ilegal de armamento a grupos armados sirios y llama a “países vecinos y otros a adoptar medidas para evitar esos abastecimientos”.

En octubre pasado, Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad junto con Estados Unidos, Francia y Reino Unido, vetaron una resolución que pretendía imponer sanciones contra Siria. “Estoy preocupado con el Consejo de Seguridad, pues no se está avanzando en la buena dirección”, expresó Churkin al hablar ayer a los corresponsales en la sede de la ONU en Nueva York.

Y reprochó a quienes pretenden que las cosas se tienen que hacer a su manera, ahora y no de otra forma, sin objeciones y sin admitir otros puntos de vista. Esto no es bueno para el trabajo del Consejo de Seguridad, es una situación que lastima seriamente la habilidad del órgano para avanzar. Espero que mis colegas se relajen, reconsideren su actitud y abandonen la impaciencia y el nerviosismo, indicó.

Otros cinco años con Ban Ki-moon

Con un creciente alineamiento con las estrategias políticas de Estados Unidos y Europa Occidental, Ban Ki-moon termina ahora su mandato de cinco años como secretario general de la ONU e inicia otro período al frente de la organización. Para el excanciller surcoreano de 67 años de edad, el 2011 fue un año extraordinario por el derrocamiento del gobierno de Muamar el Gadafi en Libia “por decisión de su pueblo y no por la intervención militar de la OTAN”.

En su última conferencia de prensa del año, el titular de la ONU defendió la actuación de la alianza atlántica en los acontecimientos que derivaron en el asesinato de Gadafi y elogió “el papel esencial que desempeñamos en la liberación de Libia”.

Con ese mismo espíritu instó a la comunidad internacional a “actuar en nombre de la humanidad” en el caso de Siria, reiteró sus críticas al presidente sirio, Bashar Al Assad, y pidió “acciones coherentes y concertadas” para poner fin a la actual situación en ese país árabe. Sin embargo, evitó pronunciarse sobre el uso de aviones no tripulados (drones) para labores de espionaje y ataques militares de Estados Unidos contra otras naciones.

Durante 2011, Ban Ki-moon siguió la línea trazada por la Casa Blanca con respecto al Medio Oriente y respalda las acciones que promueven la reapertura de negociaciones frente a la decisión palestina de pedir la entrada de su nuevo Estado como miembro pleno de la ONU.

Y ante la admisión de Palestina en la Unesco y la represalia norteamericana de suspender sus contribuciones a esa institución, el funcionario, lejos de saludar el ingreso, expresó preocupación por el impacto de ese asunto en el financiamiento de las agencias de la ONU.

El máximo responsable del organismo mundial fue más allá y reclamó a los palestinos que se abstengan de solicitar su ingreso a otras instituciones del sistema de Naciones Unidas.

Con respecto a Costa de Marfil, al igual que en las crisis libia y siria, el titular de la organización mundial se sumó al manejo realizado por las principales potencias occidentales en torno al concepto de Responsabilidad de Proteger. Bajo ese pretexto, Ban Ki-moon ordenó acciones militares de los cascos azules de la ONU en ese país, junto con fuerzas francesas, para capturar y deponer al entonces presidente Laurent Gbagbo, quien se negaba a entregar el poder tras las elecciones. “En Costa de Marfil estuvimos firme a favor de la democracia y hoy Gbagbo está en La Haya (sujeto a juicio por la Corte Penal Internacional)”, dijo con orgullo.

De cara a América Latina y el Caribe, la credibilidad de Ban Ki-moon y la ONU sufre un creciente deterioro por su actuación en Haití, donde el organismo mundial, que se erigió como el eje de la ayuda a ese país luego del terremoto de enero de 2010, es blanco de constantes críticas.

Señalada como responsable de la epidemia de cólera que ha costado más de cinco mil vidas y sujeta a una demanda presentada por familiares de víctimas de esa enfermedad, la ONU enfrenta ahora varios casos de abusos cometidos por sus cascos azules contra civiles haitianos.

Sin aspectos relevantes hacia la región latinoamericana, la labor del secretario general se limitó en 2011 a sendos periplos que incluyeron a Perú y Ecuador, en febrero, y a Argentina, Colombia, Uruguay y Brasil, en junio.

Ban Ki-moon llegó al máximo cargo de la ONU en enero de 2007 en sustitución del Kofi Annan y a través de un proceso de selección muy criticado y que forma parte del creciente reclamo por una reforma de Naciones Unidas, en particular del Consejo de Seguridad, y la revitalización del papel de la Asamblea General.

El secretario general es nombrado por la Asamblea para un mandato de cinco años, pero a recomendación del Consejo de Seguridad, por lo cual su elección está sujeta al derecho de veto que disfrutan los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China).

El ex canciller surcoreano es el octavo político que desempeña ese cargo desde la fundación de Naciones Unidas en 1945. Los anteriores fueron Kofi Annan (Ghana, 1997-2006), Boutros Ghali (Egipto, 1992-1996), Javier Pérez de Cuéllar (Perú, 1982-1991), Kurt Waldheim (Austria, 1972-1981), U Thant (Birmania, 1961-1971), Dag Hammarskjöld (Suecia, 1953-1961) y Trygve Lie (Noruega, 1946-1952).

Según la Carta de la organización, no hay límites al número de mandatos que un secretario general puede cumplir, aunque hasta ahora ninguno ha sobrepasado dos períodos consecutivos.

* Jefe de la corresponsalía de Prensa Latina en Naciones Unidas.