Es seguro que no caerá bien pero tengo que decirlo. Para que la navidad sea lo que hoy es, en el periodo colonial tuvieron que fabricar políticas de exterminio cultural, asesinar memorias propias. Hubo un genocidio cultural que en dos siglos impuso a sangre y fuego una cultura ajena a la nuestra, rituales ajenos, divinidades ajenas, lengua ajena, era un mundo que perdió para que otros ganarán…Y la colonización tiene que mucho que ver en este asunto; ¿por qué? Porque fue el mecanismo con el cual se hizo posible el genocidio.

Por tanto, desde la descolonización tenemos la obligación de poner claros algunos asuntos que no se muestran como oscuros, sino todo lo contrario, se muestran con una naturalidad espantosamente lógica y racional.

Asuntos como el de la Navidad, tienen que ser puestos en cuestionamiento político, a la vez que histórico, no para una retirada o eliminación de esta costumbre cristiana -impensable además en términos prácticos-, sino para recuperar una esencia siempre descuidada: la memoria política de los indios.

La Navidad al presentarnos un viejito bonachón con gorra roja y diciendo con voz ronca JO, JO, JO, JO, está jugando un papel de colonización sentimental, enormemente perniciosa para los procesos emancipatorios, perniciosa por meternos de lleno en la lógica del capital, ampliación vertiginosa de la ganancia por medios bastantes conocidos, el mercado y la plusvalía.

¿No será mejor recordar este día como uno donde la memoria política insurgente se arma del ritual para denunciar al colonialismo y al capitalismo, al imperialismo y su cinismo genocida a la vez que patriarcal?

Creo que esta segunda vía es la que corresponde, denunciar el orden colonial que rodea a la navidad o fiesta del niño Jesús… un niño convertido en mecanismo para la reproducción ampliada del capital y la reproducción de los mecanismos contemporáneos de dominación colonial…

Eso es descolonización mental…

Desde la vereda de la despatriarcalización también se puede reflexionar la navidad, ya no por la perversión del colonialismo y el capitalismo, sino porque la Navidad nos enseña una mujer, María como la madre virgen, la inmaculada.

Madres marianas que expandidas como ideología se convierten en la reproducción simbólica del patriarcado. Es el patriarcado mismo en calidad de ideas y sentimientos.

Así pues entonces madre maría, niño Jesús, y José, se constituyen en figurillas cuya inocencia es precisamente su mayor ventaja colonial y patriarcal, que usadas desde la voracidad capitalista generan pingues ganancias a empresarios del sentimiento, la coca cola y todo empresario de las teletons.

Despatriarcalizar es denunciar, denunciar los genocidios cotidianos, menudos pero no por ello menos peligrosos.

Desde los pueblos indios, estamos pasando momentos extraordinarios que nos permiten visibilizar a la colonialidad del poder, del saber y del ser, pero no para quedarnos ahí sino precisamente para erradicarlos esa misma colonialidad.

Y los pueblos indios, hoy más que nunca comprenden -desde su lado- que la navidad es para recordarnos la piel y la máscara, la piel india y la máscara colonial.

Esa máscara se muestra inocente, infantil, bondadosa.

Mientras que la piel se presenta con toda su carga de reclamos, con todo su memorial de agravios. Al fin y al cabo, son quinientos años de historia.

Para poner fin al orden colonial de la navidad conviene en términos prácticos, darle un nuevo contenido, lejos de la colonialidad del poder, del saber y del ser, darle fin a la lógica patriarcal que la rodea.

Es decir la Virgen María, es la Madre Tierra y no al revés como tuvieron que ritualizarlo nuestros abuelos en la resistencia anticolonial.

El niño Jesús es el futuro cargado en la espalda, la wawa que siempre viene, que siempre está con su propia memoria.

Y José el mas vilipendiado por la historia patriarcal, es en realidad el Chacha que hace par con la Warmi, pero no es un Chacha Warmi de exclusividad biológica, sino de sustancia política e ideológica, que se construyen sobre la Madre Tierra, la Pachamama.

La descolonización al igual que la despatriarcalización, no constituyen una vuelta romántica a un pasado tawantinsuyano. Al contrario, son la praxis insurgente del Estado para erradicar el racismo y el machismo, pero no desde cualquier lugar, sino desde la identidad indígena, y la identidad indígena tiene un núcleo vital: Pachamama…

Mil felicidades en este año once del tercer milenio colonial, año sexto de la descolonización en Bolivia, y año dos de la despatriarcalización.