Atenas y La Habana (PL).- Grecia finaliza 2011 con peores expectativas de las que lo inició, pues durante los últimos 12 meses aumentaron la deuda pública y el desempleo, disminuyeron los ingresos del Estado, y todo ello agravado por la aprobación de un severo plan de austeridad. Grecia pasó en pocos años de tener el índice más bajo de suicidios de Europa a liderar esta dramática clasificación. Lo que se avecina para 2012 es un endurecimiento de los recortes sociales que empeorará las condiciones de vida de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Un año y medio después de la entrada en vigor del primer paquete de recortes, los ingresos y el nivel de vida de una gran parte de la sociedad griega cayeron drásticamente y no parece existir ninguna perspectiva de mejora en un futuro previsible. Los más afectados fueron los jóvenes, que comenzaron a emigrar del país en alto número, los funcionarios, los pensionistas y los pequeños negocios familiares, los cuales constituyen la espina dorsal de la economía griega.

Las políticas neoliberales de ajuste económico, impuestas desde la Unión Europea (UE), únicamente contribuyeron a empeorar los efectos de la crisis y a incrementar el monto de la deuda, situando al estado griego virtualmente en la bancarrota.

Si hace dos años el importe de esta deuda representaba el 115% del Producto Interior Bruto (PIB), durante la Cumbre Europea de julio este índice ya alcanzó el 150% y para 2012, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), se calcula que equivalga al 189%.

El colapso de las finanzas estatales trató de ser contrarrestado por parte del gobierno mediante el aumento de impuestos, la reducción de servicios sociales, el recorte de pensiones y sueldos de funcionarios, y la eliminación de 30 mil puestos de trabajo en el sector público, principalmente.

De este modo se llegó al final del año con una tasa de desempleo oficial de 18,4 puntos porcentuales, alcanzando entre los jóvenes de 18 a 24 años la cifra del 43,5 por ciento, y una pérdida del nivel adquisitivo de los trabajadores griegos estimada en el 20 por ciento.

Este descenso de la población activa se tradujo, lógicamente, en una caída de los ingresos estatales debido al menor número de cotizantes tanto del sistema de cobertura social como de la hacienda pública, pese al endurecimiento de la presión fiscal que resultó contraproducente.

Así las cosas, Papandréu recurrió a la banca internacional para tratar de evitar la quiebra del estado griego, pero ante el deterioro financiero el rescate de 109 mil millones de euros aprobados por la UE el 21 de julio se convirtió en 130 millardos en octubre, junto con una deuda soberana que pasó del 21 al 50 por ciento.

Acorralado por las permanentes y draconianas exigencias de la cúpula europea y del FMI para garantizar las metas fiscales de saneamiento de las finanzas internas y la reducción de la deuda soberana, Papandreu acudió a la propuesta de un referendo como tabla de salvación de un Ejecutivo, reprobado por la mayoría de los griegos.

La posibilidad de someter a escrutinio los acuerdos pactados con Atenas en la cumbre de la UE de fines de octubre, para el desembolso del sexto tramo del primer rescate financiero (mayo de 2010), sembró la alarma en Bruselas sobre el futuro cumplimiento del programa de austeridad con que se pretende evitar el colapso de la Unión en general.

Lejos de resolver los acuciantes problemas económicos, el gobierno de Papandreu no solo arriesgó la soberanía de Grecia al comprometer al país con obligaciones de un alto costo político y social, para recibir los auxilios financieros, sino que tampoco consiguió reducir el déficit ni los volúmenes de la deuda.

Cuando se pusieron en marcha las medidas del primer plan de austeridad en mayo de 2010, la deuda rozaba el 150% del PIB, poco más de 300 mil millones de euros. Las previsiones para 2011 suponen un incremento del débito superior al 160 por ciento del PIB con un déficit fiscal de 8,5 por ciento, también por encima de los cálculos oficiales.

Las duras condiciones exigidas desde Bruselas para la concesión de ese préstamo ocasionaron la caída de un gobierno que contaba con un limitado apoyo en el Parlamento y una total ausencia de legitimidad popular. El 9 de noviembre, Papandréu presentó su dimisión como primer ministro habiéndose comprometido previamente a facilitar la formación de un gobierno interino de coalición que llevara a la práctica las medidas impuestas por la UE y convocara elecciones anticipadas.

Otro gobierno europeo derrumbado por la crisis

Las medidas, altamente impopulares, generaron un clima de protesta social contra el gobierno social-liberal de Yorgos Papandréu, concretado en seis huelgas generales, decenas de paros obreros sectoriales y la ocupación temporal de numerosos edificios públicos, para tratar de frenar los recortes.

Los griegos no recuerdan quizás un período tan turbulento de incesante descontento popular como el acaecido entre mayo y diciembre de 2010, cuando se desencadenaron mes tras mes decenas de huelgas, concentraciones, vigilias y marchas a lo largo del país por el primer plan de ajustes. Más de una docena de intensas jornadas de protestas estremecieron las ciudades griegas a partir de diciembre del año pasado y no han cesado desde que el Parlamento, con la mayoría en manos del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), de Papandreu, aprobó a fines de junio el segundo programa de ajustes presupuestarios y recortes en el sector público.

De inicios de 2011 al verano boreal, el clima social no ha sido menos convulso, y como auguraban los movimientos contestatarios, el otoño tampoco sería tranquilo para el gobierno de Papandreu. Las huelgas continuaron toda vez que los partidos del ala izquierdista y los sindicatos dejaron en claro que responderán con firmeza a los recortes y las privatizaciones. Los sindicatos del transporte ferroviario, la Asociación Nacional de Médicos, la Federación de Maestros de Grecia, estudiantes y el gremio de controladores aéreos arremetieron con fuego artillero contra el Gobierno.

Tampoco el Ejecutivo de Atenas logró mantener “un matrimonio feliz” con las fuerzas afines, incluso con los conservadores. El voto de confianza al Movimiento Socialista Panhelénico, de Papandreu, se desplomó. Para el Partido Comunista de Grecia, “las medidas salvajes destruirán el presente y el futuro de los trabajadores y de la juventud”. La secretaria general, Aleka Papariga, afirmó que los recortes sumirán “literalmente a nuestros biznietos en un moderno Medioevo”, al vincular sus efectos con las futuras generaciones griegas.

Analistas coinciden en que la gestión del gobierno -castigado en las encuestas de opinión con una popularidad en picada desde 2010- no logró contentar a los socios europeos ni a los mercados. En una maniobra tardía, como calificaron los partidos izquierdistas helenos a la propuesta de consulta popular, el dirigente del Pasok intentó buscar en el referendo legitimidad a los acuerdos sobre el rescate externo.

La presión de los líderes europeos sobre Grecia, las divisiones internas en el Pasok y la postura crítica del principal partido de oposición, el conservador Nueva Democracia (ND) para sacar provecho del árbol caído, desencadenó una crisis institucional que obligó a Papandreu a convocar negociaciones para un gobierno con fachada de “unidad nacional”.

Al denunciar una farsa de la oligarquía nacional en connivencia con el capital financiero externo, los partidos izquierdistas griegos (Comunista PKK y Coalición de Izquierda Radical, Syriza) se mantuvieron al margen del proceso en boicot a otro gobierno de banqueros, según denunció la secretaria general del PKK, Aleka Papariga.

La salida intempestiva del primer ministro griego George Papandreu bajo la presión de la Unión UE y organismos financieros internacionales sitúa a su gobierno en el tercer gabinete del Viejo Continente que es derrumbado por la crisis. Mucho antes de Grecia, otros gobiernos europeos fracasaron en su gestión frente a la crisis económica a partir de dictámenes foráneos y de impopulares planes.

En Islandia, las multitudinarias protestas y los cacerolazos tumbaron la coalición encabezada por el primer ministro socialdemócrata Geeir Haarde (junio de 2006-febrero de 2009). La pequeña ínsula se vio sumida en 2008 en una hecatombe bancaria, al borde de la quiebra total. Tres años después, el parlamento de Reykjavik entabló por primera vez en la historia de ese país un juicio político contra Haarde, acusado de negligencia grave en el manejo de la delicada situación. Hasta ahora es el primer político europeo en ser llevado a la picota pública por la crisis.

Un panorama parecido ocurrió en Irlanda en 2009, cuando la economía del llamado tigre Celta se desplomó a causa de la profunda recesión, y el compromiso del entonces jefe de Gobierno Brian Cowen con el FMI y la UE para un rescate de 85 mil millones de euros desató una rebelión de la población y de las fuerzas opositoras. El partido Fianna Fáil, de Cowen, que había llevado las riendas del poder durante más de 80 años, tuvo que ceder ante la derrota en las elecciones legislativas de febrero de 2010.

Razones parecidas hicieron que el socialista José Sócrates abandonara el ejecutivo portugués, en marzo de este año, lo cual despejó el camino al nuevo primer ministro conservador Pedro Passos Coelho, en otro país de la Eurozona castigado con los problemas de endeudamiento público.

Papandreu no fue el único político separado del cargo entre los estados mediterráneos. Tiempo después el primer ministro italiano Silvio Berlusconi entregó las riendas de forma anticipada, algo impensable hasta hace poco, por los complejos manejos de la elite política de Italia.

El nuevo gobierno griego

Tras tensas y largas negociaciones entre los dos principales partidos políticos, el Pasok de Papandréu y el conservador ND de Antonis Samaras, el candidato elegido fue Lucas Papademos, un disciplinado tecnócrata del gusto de la UE y los acreedores internacionales.El nuevo gobierno incorporó ministros de ambas formaciones, aunque en mayor número del Pasok, e incluía un ministro de la ultraderechista Agrupación Popular Ortodoxa (LAOS), un partido minoritario que retornaba al poder después de haberlo hecho durante la dictadura de los coroneles en 1974.

Las agrupaciones con representación parlamentaria, que han hecho frente a las políticas de austeridad, tachan de ilegítimo al nuevo gobierno de transición pactado a espaldas de la ciudadanía. Para el líder de Syriza, Alexis Tsipras, lo que el Eurogrupo pide significa la máxima humillación a Grecia. De hecho ND y su líder Antonis Samaras se olvidaron de sus críticas a las políticas de austeridad dispuestas por el equipo socialista, como capital político para destronar al Pasok, que ganó con amplia mayoría en las elecciones generales de octubre de 2009, y ahora los ayuda, ironizó Tsipras.

Para varios medios noticiosos helenos, las negociaciones entre Papandreu y Antonis Samaras han convertido a Grecia en un gran circo, en una “opereta”, con los ojos atentos de los europeos. Significa la degeneración total del sistema político griego, sostienen algunos de los comentarios, que perciben al gabinete de transición como continuidad del anterior, lo cual sería desastroso para la nación europea.

La UE exigió que el ejecutivo saliente, el nuevo primer ministro interino Lucas Papademos y el titular del Banco Central prometan por escrito que cumplirán el plan de rescate. Sin ese compromiso, la UE no entregará los ocho mil millones de euros pendientes de 2010 y mucho menos gestionará el desembolso del segundo rescate de 130 mil millones de euros, prometidos a Atenas.

Tras unos días de cierta tregua, en que las encuestas de opinión reflejaron una frágil confianza de los ciudadanos en el nuevo ejecutivo (54,8% de los griegos no confía en que el nuevo gobierno adoptará una política distinta a Papandreu), la protesta social volvió a reactivarse luego del anuncio del que será el presupuesto para 2012.

Según explicó a Prensa Latina el economista Leonidas Vatikiotis, impulsor de la Comisión por la Auditoría de la Deuda Griega, el proyecto gubernamental aumentará la presión fiscal únicamente sobre los ciudadanos y no sobre las empresas. De modo que mientras los primeros sufrirán un incremento del 29% en sus cotizaciones a la hacienda pública con respecto a 2011, las sociedades mercantiles reducirán en un 22% su participación en los ingresos estatales.

El economista también llamó la atención sobre los recortes presupuestados en todo tipo de partidas sociales, mientras se incrementa en más de un 16% el presupuesto de participación en la OTAN y en un 67% los programas de adquisiciones de material bélico. Su conclusión fue que la crisis de la deuda griega la generó la elite dominante de este país, pero quienes la sufren son las clases populares a las cuales, además, se somete a draconianos planes de austeridad.

El panorama es desolador tras la rebaja de sueldos y pensiones entre un 25 y un 40%, el aumento de los impuestos, la eliminación de 30 mil puestos de trabajo en la administración, y el anuncio de nuevos y masivos despidos para el año entrante, así como la privatización de las empresas públicas.

Junto a la deuda y el alto agujero presupuestario, Grecia afronta una espiral de desempleo que se sitúa en 18,4%, según cifras de agosto, frente a un 16,5% de julio, calificado por analistas como un récord para el país mediterráneo. La desocupación juvenil trepó a 43,5 puntos porcentuales en el período analizado, muy superior al 30,8 registrado en agosto de 2010, según la Autoridad Helénica de Estadística.

A medida que se fueron incrementando las drásticas políticas de recortes comenzaron a degradarse numerosos indicadores sanitarios y de bienestar social, que adelantan un preocupante futuro cercano para el país. La pobreza se duplicó y el número de los sin techo ya llega a 20 mil solo en el centro de Atenas.

Lo que se avecina para el año entrante es un endurecimiento de los recortes que, lejos de solucionar los problemas, no hará sino empeorar las condiciones de vida de la inmensa mayoría de los ciudadanos e incrementará el deterioro, cuando no la desaparición de los servicios públicos.

* Antonio Cuesta es colaborador de Prensa Latina en Grecia y Odalys Buscarón es jefa de la Redacción Europa de Prensa Latina.

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Aumentan los suicidios en Grecia

Los países con índices de suicidio más altos de la UE son Lituania con 39 casos por cada 100 mil habitantes; Hungría, Letonia, Estonia y Eslovenia con 23/24 casos; y Finlandia, Francia y Bélgica con unos 20 casos. Con la crisis, estos índices se incrementaron significativamente en los Países Bálticos y en Grecia.

Grecia pasó en pocos años de tener el índice más bajo de suicidios de Europa a liderar esta dramática clasificación como consecuencia de la severa crisis económica que asola el país, informaron el 20 de diciembre autoridades del Ministerio de Salud.

Las estadísticas muestran un aumento del 40% en el número de suicidios entre enero y mayo de 2011, en comparación con el mismo periodo de 2010. Estos datos contrastan con los recogidos antes del inicio de la grave crisis, hace tres años, cuando Grecia contaba con la menor tasa de muertes voluntarias de toda Europa: 2,8 por cada 100 mil habitantes.

La cifra se ve ahora duplicada, pero al tiempo también aumentaron los intentos frustrados de suicidio, por lo que numerosos psiquiatras demandan urgentemente una política nacional de prevención de estos casos pues hasta ahora se consideró innecesario.La mayor parte de los casos se produjeron en la región de Atenas y en la isla de Creta, donde un buen número de hombres de negocios, sin antecedentes visibles de enfermedad mental, se quitaron la vida en los últimos 18 meses.

Según un trabajo realizado por el diario británico The Guardian, los hechos más frecuentes se dan en las mujeres con edades comprendidas entre 30 y 50 años y en hombres de 40 a 45 años desesperados por los problemas económicos. Los datos fueron proporcionados por Eleni Beikari, psiquiatra de la organización no gubernamental Klimaka, quien aseguró que la motivación principal procede de las deudas, el desempleo o el temor a ser despedidos. También indicó que la asistencia especializada brindada por su organización se multiplicó por diez desde el inicio de la crisis.

Al mismo tiempo, y ante la práctica desaparición de los programas públicos de prevención, aumentó el consumo de drogas y los enfermedades de salud mental. Como consecuencia de todo ello los índices de delincuencia se dispararon tras el cuarto año de recesión económica, pero la respuesta gubernamental para 2012 fue incrementar las partidas presupuestarias policial y militar, las únicas que suben el año que viene.