(SENA-Fobomade y PL).- Filipinas es el tercer país más vulnerable del Planeta a desastres naturales causados por el cambio climático. En 2011, el conglomerado de islas filipinas sufrió los embates de al menos cuatro tormentas tropicales y siete tifones. Nesat y Nalgae abatieron el archipiélago en solo cinco días y fueron los dos peores tifones del año. El 20 de diciembre, el gobierno filipino declaró el estado de calamidad nacional a consecuencia de las inundaciones que provocaron casi un millar de muertos y 350 mil damnificados.

Filipinas es el tercer país más vulnerable al cambio climático, y presenta un índice de riesgo superior al 24%, según un estudio del Instituto de las Naciones Unidas para el Medioambiente y la Alianza Alemana para el Desarrollo.

El índice de riesgo al cambio climático mide la exposición de cada país a desastres naturales como tormentas, inundaciones, terremotos, sequías y el incremento del nivel del mar. Las regiones de Asia-Pacífico y América Central ocupan las 10 primeras posiciones en el escalafón de países más vulnerables al cambio climático.

Filipinas sólo es precedido en el listado por Vanuatu y Tonga, con niveles de riesgo de 32 y 29%, respectivamente. Esas dos islas integran el grupo de territorios del Océano Pacífico amenazados con desaparecer ante la subida de los mares. Por detrás se ubican las Islas Salomón, Guatemala, Bangladesh, Timor Leste, Costa Rica, Cambodia y El Salvador.

El conglomerado de islas filipinas es azotado cada año por un promedio de entre 15 y 20 tifones de mediana y gran intensidad. Desde finales de 2010 hasta el 17 enero de 2011, las torrenciales lluvias dejaron un saldo de 51 fallecidos, casi dos mil desplazados, cerca de un millón y medio de damnificados y unas 16 mil hectáreas de cultivos dañadas en Filipinas. Las islas de Leyte, Samar y Mindanao fueron las regiones más golpeadas por riadas y aludes, informó el Servicio Atmosférico, Geofísico y Astronómico.

El clima filipino en 2011

En enero de 2011, al menos 17 personas fallecieron y unas 400 mil de 12 provincias resultaron damnificadas por las inundaciones y deslizamientos de tierra en el sur y el este de Filipinas, por lo que el gobierno decretó estado de calamidad en algunas zonas.

Hasta el 17 de marzo, al menos 15 personas murieron en Filipinas por lasintensas precipitaciones que afectaban el centro y sur del país. La isla Leyte, en la región de Visayas, y la localidad de Tacloban, a unos 570 kilómetros al sureste de Manila, fueron las más afectadas. Como medida preventiva, el gobierno suspendió las actividades escolares y ordenó la evacuación de miles de residentes,luego de que el Consejo Nacional para la Reducción y Gestión de Riesgos de Desastres confirmó que el desbordamiento de algunos ríos en Bohol, Samar y Mindanao.

El 22 de abril murieron al menos 30 personas y otras 40 desaparecieron tras un deslizamiento de tierra provocado por una tormenta en una zona minera de la isla de Mindanao. A principios de mayo, nueve personas murieron y miles tuvieron que ser evacuadas tras el paso de la tormenta tropical Aere, el primer fenómeno meteorológico de esas características del año, informó la Oficina Nacional de Manejo y Reducción de Desastres.

El organismo tropical Aere impactó la costa oriental de la isla de Catanduanes el 8 de mayo con vientos de 85 kilómetros por hora, provocando inundaciones y deslizamientos de tierra antes de continuar su movimiento hacia la isla de Luzón. La Administración de Servicios Atmosféricos, Geofísicos y Astronómicos Pegasa explicó que el fenómeno tropical penetró el archipiélago con rachas de hasta de 100 kilómetros por hora.

El 11 mayo subió a 24 el número de víctimas morales de la tormenta Aere.La provincia de Camarines Sur resultó la más afectada con 11 fallecidos, seguida de Albay con cinco. Ambos distritos fueron declarados en estado de calamidad, y redes de transporte, incluidos vuelos nacionales, interrumpieron sus servicios. El 13 de mayo ya se contabilizaban 31 muertos y al menos 100 mil desplazados tras el azote de Aere, que dejó pérdidas valoradas en 2,7 millones de dólares en la isla de Luzón.

A fines de mayo Filipinas soportó los embates del tifón Songda, fenómeno meteorológico que no tocó directamente el territorio filipino, pero provocó abundantes precipitaciones y riadas que obligaron a más de 300 mil personas a abandonar sus hogares. Hasta el 28 de mayo, Songda, con ráfagas de vientos cercanas a los 200 kilómetros por hora, cobró la vida de tres personas.

En junio llegó la tormenta tropical Sarika, provocando intensas riadas que afectaron a gran parte del país. Hasta el 10 de junio murieron al menos seis personas, otras 27 permanecían desaparecidas y 200 mil fueron afectadas en 19 municipalidades de 13 provincias, incluida la capital Manila. Sarika, con vientos de hasta 65 kilómetros por hora, arrasó con casas y escuelas, desbordó ríos y obligó a cerrar carreteras y a cancelar vuelos.

A fines de junio de 2011 intensas lluvias afectaron repentinamente a varias regiones del país y hasta el día 29 el Ejército filipino registró 25 muertos y 15 desaparecidos. El teniente coronel Leopoldo Galon, vocero de la Armada, indicó que muchas personas fueron arrastradas mientras dormían por la rápida crecida de las aguas del río Matina de la isla de Mindanao, que alcanzó los tres metros de altura en apenas dos horas. Cerca de 15 mil familias fueron evacuadas a zonas más altas.

Hasta el 2 de julio la cifra de muertos subió a 30 en la ciudad de Davao como consecuencia de un arrasador torrente que golpeó esa urbe cuatro días antes. La saturación del suelo desencadenó el desbordamiento del río Pangi y el agua se esparció de modo incontenible por varios sectores de la ciudad de más de un millón de habitantes. El 5 de julio, el hallazgo de dos cadáveres de infantes elevó a cinco la cifra de fallecidos y a ocho los desaparecidos por un deslizamiento de tierra en la zona montañosa de la isla de Mindanao.

El Consejo Nacional de Gestión para la Reducción de Riesgos por Desastres reportó que solo entre mayo y junio de 2011 las adversidades climatológicas dejaron alrededor de 60 muertos en el sur y el norte del archipiélago surasiático.

Más tormentas y tifones

A fines de julio otra tormenta tropical, denominada Nock Ten, afectó a 15 poblados agrícolas y a tres ciudades en la provincia filipina de Albay. Las inundaciones y aludes de tierra provocaron nueve muertos y cuatro desaparecidos hasta el 26 de julio. El 1 de agosto, el Centro Nacional de Desastres de Filipinas informó que la cifra de muertos por la tormenta llegó a 57, mientras que más de 900 mil personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Según datos preliminares, las pérdidas superaban los 40 millones de dólares.

También el 1 de agosto el tifón Muifa acrecentó las vicisitudes de la población filipina, al dejar a su paso cuatro muertos, que se sumaron a las 57 víctimas de Nock Ten. El tifón Muifa generó vientos sostenidos de 170 kilómetros por hora, con ráfagas superiores a 210 kilómetros por hora, y fuertes lluvias en la isla de Luzón. El fenómeno golpeó el norte del archipiélago cuando esa región apenas retornaba a la normalidad tras las severas afectaciones de Nock Ten.

En julio de 2011 más de 70 personas murieron en Filipinas por el efecto combinado del tifón y la tormenta tropical. En agosto la población filipina sufrió los embates del tifón Nesat, que causó al menos 50 muertos y daños a la frágil infraestructura del norte de Luzón, estimados en casi 137 millones de dólares.

Luego llegó el tifón Nanmadol que mató al menos a ocho personas y desplazó a cinco mil pobladores a su paso por las regiones del noreste del archipiélago. El 28 de agosto más de 50 mil personas se encontraban aisladas en la provincia de Pangasian, en particular en la zona montañosa de Baguio.

Hasta el 31 de agosto, las autoridades reportaron que el tifón Nanmadol causó 35 muertos, unos 400 mil damnificados y daños cercanos a los 50 millones de dólares en el norte de Filipinas. El Consejo Nacional de Prevención y Respuesta a Desastres precisó que 70 mil damnificados colmaban los 38 centros de evacuación habilitados.

El tifón Nesat ingresó al territorio filipino el 27 de septiembre y ocasionó las primeras siete muertes como resultado de sus abundantes lluvias y potentes vientos. El ojo del meteoro tocó tierra por un punto del litoral oriental de la isla de Luzón, donde provocó las mayores afectaciones. Numerosas zonas de Manila se encontraban inundadas y en algunas de ellas los niveles de las aguas rebasaban el metro de altura.

Amplios sectores de Luzón permanecían sin fluido eléctrico y resultaban evidentes los destrozos, con árboles y postes caídos, junto a decenas de viviendas despojadas de sus techos. La mayoría de las actividades públicas fueron suspendidas, en tanto que decenas de vuelos debieron ser cancelados, al igual que el servicio de transbordadores en la bahía de Manila.

Nesat, considerado uno de los peores tifones de la actual temporada, registraba vientos sostenidos próximos a los 150 kilómetros por hora. Los especialistas alertaron sobre el alcance de su acción, pues su diámetro sobrepasaba los 600 kilómetros, más del doble de lo habitual.

El 1 de octubre, el gobierno filipino declaró alerta en 31 provincias del país, incluida la capital Manila, ante los embates del tifón Nalgae, el segundo que azotaba la región en menos de una semana.Hasta el 6 de octubre, los tifones Nesat y Nalgae causaron más de 82 muertos y desplazaron a 270 mil personas a su paso por Filipinas. Ambos meteoros se abatieron sobre el archipiélago en solo cinco días de separación. Según los especialistas, fueron los dos peores tifones sufridos este año en Filipinas.

En diciembre, las inundaciones provocadas por el tifón Washi dejaron al menos 713 muertos y 563 desaparecidos en el sur de Filipinas hasta el 19 de ese mes, informó la secretaria general de la Cruz Roja Wendolyn Pang. La mayoría de las víctimas dormían por la noche cuando las inundaciones aparecieron de súbito desde las laderas de las montañas.

Las corrientes arrastraron troncos y árboles de raíz y arrasaron con centenares de viviendas y aldeas en las provincias de Bukidnon, Negros, Compostela Valley y Zamboanga del Norte, dejando hasta la fecha 167.460 damnificados, informó el Consejo Nacional de Prevención y Desastres.

El 20 de diciembre, el gobierno filipino declaró el estado de calamidad nacional a consecuencia de las inundaciones que provocaron casi un millar de muertos, pérdidas millonarias y 350 mil damnificados. Se creará un fondo de asistencia económica de algo más de 26 millones de dólares con la máxima prioridad de realojar a las miles de personas evacuadas.

Las regiones más afectadas se ubican en la isla de Mindanao, arrasada por las lluvias que trajo consigo el tifón Washi entre el sábado y domingo y que significaron una cantidad de agua superior a la de todo un mes. De acuerdo con el más reciente parte de la Agencia Nacional para Situaciones de Desastres, la cifra de muertos llegó a 957 y las condiciones sanitarias en los centros de evacuación son insuficientes.

Con información de la corresponsalía de Prensa Latina en Manila.