En junio del 2006 escribí un articulo de crítica a los personajes de la “izquierda oficial” peruana que durante la campaña presidencial del 2006 se subieron al carro electoral del comandante Humala. Llamaron a votar por este militar acusado de crímenes y torturas. Ese artículo revive en 2011 cuando esos mismos personajes vuelven con más decisión y repiten su apoyo por este militar que ganó las elecciones presidenciales y actualmente se perfila represivo y se dirige a instaurar un régimen de dictadura militar “constitucional”.

Estos personajes, algunos con muchos años encima y hasta jubilados fraudulentamente siguen desfilando bajo la misma bandera de estafas electorales y de servilismo político. Por ejemplo, uno de estos personajes es Gustavo Espinoza Montesinos, quien en junio del 2011 saludando el triunfo electoral de Ollanta Huama dijo: “Estamos al pie de la esperazas… primera vez en la historia patria que un movimiento popular progresista y avanzado logra hacerse del gobierno”.

Pero el delirio de Espinoza fue mas lejos cuando señalo que con el triunfo de Humala, había llegado finalmente a “nuestras playas una verdadera revolución” que por las condiciones en las que se desarrolla “es más avanzada y apunta al socialismo”.

La lista de estos personajes es enorme. Solo para mencionar algunos de ellos, ahí está Hugo Blanco, Javier diez Canseco, Raúl Wiener, los dirigentes de la Confederación General de trabajadores del Perú (CGTP), el grupo “Patria Roja” y otros que desde el 2006 se enrolaron en el proyecto reaccionario del “nacionalista” Humala.

El tiempo no ha modificado en nada la conducta política de los grupos y personajes de la izquierda legal del Perú. Bajo el pretexto del “mal menor”, han manipulado a las masas y las han llevado tras el carro electoral de los candidatos de los grupos de poder y del imperialismo. Usan un discurso cínico cuyo objetivo es servir al gobierno de turno. Su método es el mismo. Se venden en cuerpo y alma al nuevo gobernante. Usan loas y los mejores calificativos para justificar su servilismo.

Pero cuando el presidente de turno que ellos contribuyeron a llegar al poder, inicia su ciclo reaccionario y de represión, la “izquierda” hace contorciones y con facilidad se declara “oposición”. Pero tal “oposición” es inexistente. Su objetivo en este periodo es infiltrar una vez las masas y sobre todo los sectores en conflicto y desde el interior desviar la lucha popular.

Un ejemplo reciente de esto es el conflicto del pueblo de Cajamarca y la actitud represiva del militar Ollanta Humala. Ahí acaban de hacer su ingreso los personajes de izquierda, quienes desde la CGTP o de sus magras organizaciones “amenazan” con movilizarse contra el gobierno de Humala que ellos llevaron al poder. Por Ejemplo, Hugo Blanco quien durante la campaña electoral dijo “yo voto por Humala” acaba de hacer un llamado para “ponerse del lado de los hermanos cajamarquinos contra el presidente que los traicionó”.

Aquí no hay ninguna traición, el mas despistado en política podía saber que este militar no era otra cosa que la continuación de los gobiernos anteriores.

La izquierda de don Jacinto Pelaez y el voto por Humala

Y cuando ustedes piensan con justa razón que la izquierda peruana, maltrecha y despreciada por tantos engaños y amores ingratos, aprendió la lección y que ahora no hay héroe o villano que le tome el pelo, se equivocan de cabo a rabo. Ahora en pleno 2006, con ojos moribundos y lastimeros de tantos fracasos, mira con destellos libidinosos al comandante Ollanta Humala, también fornido, de gruesas palabras y ducho en manejo de armasLa izquierda peruana, mejor dicho los minúsculos retazos de lo que ayer se llamaba “izquierda unida”, nos hace recordar a la joven desdichada y sin suerte de la novela de don Jacinto Peláez.

La pobre chica, narra don Jacinto, ya no era virgen como para sentirse orgullosa, y a golpe de engaños y mentiras tenia diez hijos de diferentes progenituras. Su vida era triste y errante, maltrecha, y sin belleza nadie la tomaba en cuanta, ni siquiera para contarle un nuevo cuento. Qué tristeza había en su vida.En 1985, como doncella en flor, abrieron los ojos y se entregaron a Alan García Pérez, en quien vieron al buen mozo, joven y fornido que les deparaba un destino confortable y prometedor.

Pobre izquierda, y ahí fue engañada, por decir una frase de la novela de don Jacinto Peláez. Después, cuando pasó los 9 meses y se dieron cuenta del engaño ya era tarde. Lloraron y gritaron derechista y reaccionario. Poco tiempo después, en 1990 apareció como un príncipe encantado Alberto Fujimori, un chinito con saco y corbata que les crispo el corazón y el flechazo fue a primera vista.

La izquierda, un poco en sueños y un poco en la realidad, navegó en los oropeles del poder. Engañada vilmente por García Pérez, llamó a votar por el pretendiente Fujimori. Dijeron que éste era el “candidato del pueblo”. Y ahí nuevamente volvió a ser miserablemente engañada. El chinito salió más mentiroso que el propio García, y como narraría don Jacinto Peláez, esta infeliz moza cayó una vez más en las lujurias de sus ambiciones.

Pero no crean que esta desdichada izquierda aprendió la lección, y como dice con sabiduría don Jacinto, “gallina que come huevo así le corten el pico”, volvió a repetir la historia. En el 2001, sin ningún remordimiento de por medio, quedo hechizada por los encantos y promesas que le cantó en las orejas don Alejandro Toledo, al que esa izquierda, la que ahora vive como alma en pena, lo llamó el “cholo” y el gobierno de todas las sangres”.

Lo que vino después ya es historia conocida, y la pobre izquierda como la deidad embarazada se quedó esperando el paso de algún otro marchante que le reconozca el hijo.Y cuando ustedes piensan con justa razón que la izquierda peruana, despreciada por tantos engaños y amores ingratos, aprendió la lección y que ahora no hay héroe o villano que le tome el pelo, se equivocan de cabo a rabo.

En pleno 2006, con ojos moribundos y lastimeros de tantos fracasos, mira con destellos libidinosos al comandante Ollanta Humala, también fornido, de gruesas palabras y ducho en manejo de armas. El amor es ciego, y esta izquierda pasó por alto que este militar tiene las manos tintas en sangre por el asesinato de varios pobladores de Madre Mía en el Alto Huallaga cuando era uno de los jefes militares del fujimorismo.

Humala le robó el corazón a esa desdichada izquierda que sin respingo llamó a votar por el ex militar fujimorista. Y los recuerdos son simples recuerdos, y para qué acordarse de García Pérez, Alberto Fujimori y Alejandro Toledo, son malos momentos del pasado y nada más. En todo caso, como se dice don Jacinto Peláez, no hay primera sin segunda, y en penas y amores son muy pocos los entendidos.

Pero al margen de la historia novelesca y pueblerina de don Jacinto Peláez que el tituló “Las palomas se fueron volando”, es bueno aterrizar en los hechos actuales y recordar que esta izquierda no tiene nada de inocente. Los aparentes engaños fueron consentidos y en ese sentido no hubo delito de la parte contraria. Su trayectoria, si bien es cierto es deprimente como para ponerse a llorar, es simplemente oportunismo rastrero hacia el poder de turno. El carácter ideológico de su conducta es evidente y se trata que esta izquierda, ya no es izquierda, o en todo caso se trataría de la izquierda de la derecha peruana.

En estos últimos 30 años ha buscado cualquier pretexto para colaborar con los regimenes de turno. Así vieron en García Pérez, el radical contrincante de la derecha peruana, y así vieron en Fujimori, el opositor por excelencia de los grupos de poder liderado por el escritor Vargas Llosa. Y así vieron en Alejandro Toledo, al líder de los pobres y de los sectores democráticos del Perú. Y así vieron en 2006 a Ollanta Humala, al antiimperialista y el “grito y la esperanza de los excluidos, de los pobres que exigen un cambio del modelo económico”.

Sinesio López, antiguo dirigente de izquierda unida, acabó como funcionario del gobierno de Toledo.Lo que hay que tener en cuenta en la cándida historia de esta izquierda, es que su deprimente conducta para arrastrarse tras los candidatos de turno de los grupos de poder, va paralelo a su descomposición y crisis interna que se acentúa cada vez más. Basta mirar sus resultados electorales para saber que no representan a ningún sector de trabajadores ni del pueblo.

En el terreno político, sindical y popular no tiene ninguna vigencia. Ha perdido cualquier significación en las luchas populares, y al contrario esta izquierda es responsable directa de que los asalariados peruanos hayan retrocedido, hablando de conquistas sociales y salariales, a la década del 60. Sus traiciones y sus componendas con los gobierno de turno, ha hecho del movimiento sindical y popular, un amasijo desclasado, que sirve exclusivamente para el circo electoral, pero no para la defensa de los intereses y derechos de los trabajadores y el pueblo.

La lista es larga de nuestros “izquierdistas” devenidos en “humalistas”, y solamente queremos terminar esta nota señalando que la conducta sin principio y sin ningún tipo de moral política de estos personajes, configura la grave situación política que vive el Perú. No hay salida a corto plazo para las clases populares. El pueblo seguirá siendo masa miserable para los grupos de poder.

La carencia de dirección política es evidente, y mientras no aparezca una organización capaz de dirigir las luchas populares, las graves condiciones de crisis de la sociedad seguirán en desarrollo. Y en ese marco de descomposición de la sociedad y del Estado, los procesos electorales solo son instrumentos que utilizan los grupos de poder y el imperialismo para poner a tal o cual a sátrapa en el gobierno.

Ahora es el turno del “nacionalista” Ollanta Humala, quien como previmos antes de su triunfo electoral, seria la continuación del gobierno fujimorista y aprista. Sin duda este gobierno es la continuación de la militarización del Perú.