Bagdad, El Cairo y Washington, (PL).- Tras la entrega de la base de Imán Alí, la última de las 505 instalaciones que controló el Pentágono en Bagdad, el presidente Barack Obama anunció el fin de las operaciones militares en Irak a casi nueve años de la invasión. La aventura bélica le costó a Estados Unidos más de 806 mil millones de dólares, alrededor de 36 mil bajas y al menos 4.500 muertos.

Bagdad y Washington acordaron en diciembre de 2008 que los cerca de 47 mil soldados norteamericanos que ocupaban Irak, casi un tercio de los más de 150 mil que permanecieron en la zona desde la invasión militar de marzo de 2003, se retirarían a más tardar el 31 de diciembre de 2011. El llamado Acuerdo sobre la Seguridad de las Tropas (SOFA en inglés), firmado por el primer ministro Nouri Al-Maliki y el entonces presidente George W. Bush, estipuló que las tropas norteamericanas en misiones supuestamente “no combativas” abandonarían el país a fin de año.

En virtud del mismo pacto, en junio de 2009 las tropas ocupantes salieron de las principales ciudades y aldeas para replegarse a sus bases militares. Obama hizo cuanto pudo para garantizar la permanencia de cinco mil de los cerca de 40 mil hombres que se encontraban en el país mesopotámico, e incluso logró que una mayoría en el parlamento iraquí avalara esa presencia bajo el formato de entrenadores.

Sin embargo, la Casa Blanca no consiguió se otorgara inmunidad judicial a sus efectivos, tal como la tuvieron los que encabezaron la invasión y ocupación en marzo de 2003 contra el régimen de Saddam Hussein para hallar armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.

El 6 de junio de 2011, cinco soldados estadounidenses murieron en un ataque contra una caravana en el sureste de Bagdad, en una jornada de atentados que causaron otros 20 decesos, incluidos 12 por un carro bomba en Tikrit, la tierra natal del derrocado presidente iraquí Saddam Hussein y que alberga varios complejos habitacionales lujosos, en uno de los cuales se celebraba el traspaso de esas instalaciones al Ejército.

Fuentes de seguridad valoraron la acción armada como la más mortífera sufrida por las tropas de Estados Unidos en Irak desde que hace nueve meses decretaron el fin de las operaciones combativas. Este año, las bases militares y caravanas de vehículos de las tropas estadounidenses fueron objeto de ataques de grupos iraquíes opuestos a la ocupación del país, que provocaron la muerte de dos uniformados extranjeros en mayo y 11 en abril.

La agresión del 6 de junio coincidió con una serie de ataques con armas de fuego o carros bomba contra fuerzas de seguridad y milicias irregulares iraquíes en tres áreas de predominio musulmán sunnita, con saldo de al menos 21 muertos.

El 31 de agosto, cuando Obama certificaba que se contraía el contingente militar, moría un soldado estadounidense en un ataque de la insurgencia en la ciudad de Tikrit. Aquella muerte elevó a 4.417 la cifra de bajas letales estadounidenses desde la invasión de marzo de 2003. Apenas una semana después otros dos soldados perecieron abatidos por disparos de un militar kurdo iraquí cerca de la misma urbe, capital de la provincia de Salah Al-Din, elevando a 20 la cifra de bajas fatales norteamericanas en lo que iba del año.

La retirada de soldados estadounidenses de las provincias de Wassit y Diyala el 26 de octubre de 2011, casi dos meses antes del plazo para la salida definitiva de Irak, fortaleció el consenso en este país árabe urgido de unidad y estabilidad. El portavoz del gobierno iraquí Alí Al-Dabagh confirmó ese día que cientos de camiones cargados con vehículos blindados y armamento pesado cruzaron la fronteras hacia Kuwait después de que las tropas norteamericanas habían abandonado ya 485 puestos y bases militares. El funcionario dijo que eso representa una “implementación exitosa” de las obligaciones entre los dos países, pues sólo restan 20 posiciones y bases militares bajo control estadounidense.

Retirada final

El 16 de diciembre de 2011, Estados Unidos entregó a las autoridades iraquíes el complejo militar Base Victoria, situado cerca del aeropuerto de Bagdad y considerada la instalación principal erigida aquí desde la invasión de 2003. La evacuación de esa base, que llegó a albergar a unos 42 mil militares y otros 20 mil de personal de apoyo, se asumió como el hecho que marcó el proceso de salida definitiva de los estadounidenses.

Tras la entrega del complejo Victoria, el mando norteamericano mantenía todavía cinco bases en suelo iraquí con 12 mil hombres, de los cuales poco menos de 500 estaban desplegados en Bagdad, incluidos cerca de 200 ligados a la embajada. En el momento más violento de la guerra desatada en Irak, el Pentágono movilizó a más de 170 mil hombres en distintas zonas.

También el 16 de diciembre, las autoridades iraquíes asumieron el control de la base Imán Alí en la ciudad sureña de Nasiriyah, con la cual concluyó el traspaso de instalaciones militares estadounidenses antes de la retirada definitiva de fin de año. La base, conocida por las tropas norteamericanas como Campo Adder, albergó a unos 15 mil soldados de Estados Unidos en el momento más álgido de la guerra. Imán Alí fue la última de las 505 bases que tuvo el Pentágono en Bagdad y su devolución ocurrió un día después de un acto en Bagdad para arriar y guardar la bandera, poniendo así fin a casi nueve años de ocupación.

En su discurso, el secretario de Defensa estadounidense Leon Panetta elogió lo que valoró de “sacrificios extraordinarios”, pese a que dejan tras sí más de 100 mil muertos iraquíes y un país devastado, inseguro y con violencia sectaria. Entretanto, Al-Assadi señaló que la acción marcó el paso final antes de completar la retirada de Irak de los soldados extranjeros, en virtud de un acuerdo firmado en diciembre de 2008 que fijó como plazo el último día de este año. “Anunciamos con orgullo hoy al pueblo iraquí la entrega de la última base militar norteamericana. Hoy estamos pasando la última página de la ocupación”, apuntó en nombre del primer ministro Nouri Al-Maliki.

Luego del izamiento de la bandera iraquí, el nuevo comandante de la base, el teniente coronel de las fuerzas aéreas Hakim Aboud describió la jornada como “un día de libertad y prometemos a nuestro pueblo ser fieles a nuestro Ejército, a nuestro Irak y a actuar por su unidad”.

De acuerdo con fuentes castrenses en Bagdad, aún permanecen unos cuatro mil soldados norteamericanos en el país, una cifra ínfima tomando en cuenta que desde 2003 pasaron por Irak más de 1,5 millones de estadounidenses y que en 2007 hubo hasta 170 mil uniformados.

Los mercenarios se quedarán en Irak

El 17 de diciembre, el presidente de Estados Unidos Barack Obama destacó el fin de las operaciones militares en Irak y saludó el regreso de las tropas, a casi nueve años de iniciada la invasión al país árabe. El primer ministro Nouri Al-Maliki calificó de “triunfo para las negociaciones” la retirada de las tropas estadounidenses tras la entrega de la principal base militar.

“Adoptamos negociaciones en una etapa dura y sensible de la historia moderna de Irak para definir la presencia de fuerzas extranjeras en el país”, señaló el jefe de gobierno iraquí al destacar el “Youm Al-Wafaa”, expresión árabe para referirse al “día de cumplimiento de la promesa”.

Explicó que el repliegue total de los soldados norteamericanos de esta nación, previsto para el 31 de diciembre próximo, era “imposible de concebir pocos años atrás”, pero hoy se está concretando para “iniciar una nueva etapa de la relación” con la Casa Blanca.

El primer ministro señaló que los nexos bilaterales entre Bagdad y Washington se basarán en “un marco estratégico que cubre aspectos políticos, económicos, comerciales, culturales y educacionales… Irak está listo para cooperar con países vecinos a los que llamamos a establecer las mejores relaciones bilaterales basadas en la buena vecindad y el respeto mutuo”.

Pese a la retirada del contingente militar, Washington conservará un papel protagónico en la región del Oriente Medio, recordó el propio Obama el lunes durante las conversaciones oficiales con el primer ministro iraquí Nouri Al-Maliki, quien realizó una visita oficial a la Casa Blanca.

Para ello, se prevé mantener una “fuerte presencia diplomática” en ese país, a través de los cerca de 16 mil empleados, contratistas de seguridad y expertos en comercio y agricultura bajo la égida de la embajada norteamericana en Bagdad. Incluso, el secretario de Defensa recordó recientemente que el Pentágono dispondrá de unos 40 mil soldados en la región del Golfo Pérsico, en momentos en se acentúa la presión sobre el gobierno de Irán para hacerlo desistir de su programa nuclear con fines pacíficos.

Funcionarios estadounidenses malgastan los fondos aprobados para formar a la policía iraquí y garantizar la seguridad de ese país, indicó un informe oficial del Inspector General Especial de Estados Unidos para la Reconstrucción de Irak (Sigir en inglés).

El Sigir, una agencia aprobada por el Congreso para prevenir el fraude y el abuso de los fondos destinados a la reconstrucción, considera que el programa de formación de las unidades policiales es una de las piedras angulares del plan de retirada de la Casa Blanca.

El informe precisó que de los recursos aprobados por el Congreso sólo el 12% se emplea en los fines previstos, y el resto se usa para garantizar la seguridad y los gastos de alojamiento y manutención de las personas encargadas de formar a los policías. El informe indica además que las autoridades iraquíes no valoran especialmente el programa e incluso consideran que los estadounidenses deben usar esos fondos para algo que pueda beneficiar a su propio pueblo.

Obama recordó los alrededor de millón y medio de efectivos que en este período tomaron parte de la contienda, así como los más de 4.500 muertos desde el inicio de las operaciones en 2003. Pródigo en loas a los combatientes, el gobernante eludió mencionar los más de un millón 455 mil iraquíes muertos, sin contar los lesionados y daños materiales incalculables provocados a la infraestructura básica de esa nación.

La segunda guerra en Irak ha sido el conflicto más mortífero para los periodistas después de la Segunda Guerra Mundial. Reporteros sin Fronteras registró 230 casos de periodistas y colaboradores de los medios de comunicación que murieron en el país desde el inicio del conflicto, el 20 de marzo de 2003, más que en veinte años de guerra en Vietnam o que en la guerra civil de Argelia.

En un informe titulado “Guerra en Irak, una hecatombe para la prensa. 2003-2010”, Reporteros sin Fronteras también da cuenta del fenómeno de los secuestros de periodistas durante el conflicto. Con más de 93 profesionales de los medios de comunicación secuestrados, Irak fue durante varios años el mercado de rehenes más grande del mundo.

Sospechosos de colaborar con los grupos insurgentes, los periodistas iraquís fueron víctima de numerosos arrestos durante la guerra, ya sea por la nueva administración iraquí o por el ejército estadounidense. El número de periodistas arrestados por las fuerzas del ejército estadounidense entre marzo de 2003 y agosto de 2010 ascendió a más de una treintena, principalmente en 2008.

A inicios de enero de 2006 el centro de detención estadounidense de Camp Bucca (ubicado al sur de Irak, entre las ciudades de Bassorah y Oum Qasr) se convirtió en la prisión más grande de Medio Oriente para los periodistas, denuncia RSF. (http://es.rsf.org/irak-guerra-en-irak-la-mas-grande-07-09-2010,38296.html)