Cuando en diciembre del pasado año era seleccionada y contratada Miren Gutiérrez como Directora de Greenpeace advertíamos que: “Le queda a Greenpeace un grave problema a resolver: cómo va a poder desligarse de Avina (y de Mar Viva) siendo su máximo exponente una persona que ha pasado por estas entidades y ni siquiera ha sido socia de Greenpeace. El polvo del amianto impregna todo aquello que Avina (Ashoka, Mar Viva y otras entidades muy vinculadas a Avina) termina infiltrando. Y la magnitud de la tragedia del amianto es de tal envergadura que a nadie deja impasible”.

Cuando en diciembre del pasado año era seleccionada y contratada Miren Gutiérrez como Directora de Greenpeace, ante las evidencias que se amontonaban escribimos un artículo aparecido en el Observador, el 29 de siembre de 2010, en el que advertíamos que: “Le queda a Greenpeace un grave problema a resolver: cómo va a poder desligarse de Avina (y de Mar Viva) siendo su máximo exponente una persona que ha pasado por estas entidades y ni siquiera ha sido socia de Greenpeace. El polvo del amianto impregna todo aquello que Avina (Ashoka, Mar Viva y otras entidades muy vinculadas a Avina) termina infiltrando. Y la magnitud de la tragedia del amianto es de tal envergadura que a nadie deja impasible”.

No cabe la menor duda que una dimisión tan sorpresiva e inoportuna no es asunto baladí, que se resuelva por el expediente de “motivos personales”. Aquí hay mucha más enjundia.

En efecto, después del artículo mencionado, en mi calidad de socio desde hacía más de 20 años, intercambié con la dirección de Greenpeace dos cartas. A la primera tuve respuesta, no así a la segunda. En esta segunda carta, además de argumentar del error cometido, indagaba las causas institucionales de tal “metedura de pata” y proponía fórmulas para que cosas así no volviesen a ocurrir. Esta carta no fue contestada ni, que se sepa, enviada a los socios.

A tenor de las actuales circunstancias, estamos igual que hace un año pero añadiendo a Greenpeace España una gran carga de desprestigio. Como los argumentos y las propuestas que formulé entonces siguen plenamente vigentes (se ha tratado de un año institucionalmente “perdido”), publico ahora la citada carta como “carta abierta” para que así pueda llegar a todo aquel socio que pueda interesarse por los motivos de lo que está ocurriendo. En ella hago propuestas muy concretas en orden a una mayor democracia y transparencia internas y en orden, también, a una mayor independencia de la organización de los poderes del capitalismo verde, que siempre andan merodeando por estas organizaciones críticas y de resistencia, como mostramos en el artículo arriba mencionado.

Ruego a todos aquellos que estén de acuerdo con estas propuestas, se lo hagan saber a la dirección para que escuche la voz de sus bases, cosa tan poco frecuente en Greenpeace. He aquí mi carta, escrita hace cerca de un año, que se ofrece hoy como carta abierta, en pleno vigor:

A la Junta Directiva de Greenpeace-España, 27 de febrero de 2011

Estimadxs componentes de la Junta Directiva de Greenpeace-España: Contesto a su atenta del 21 de enero del presente año, en contestación a la mía del pasado diciembre.

Mis preocupaciones lejos de aminorarse se ensanchan. Quizá está ocurriendo esto en más socios habida cuenta de los comentarios que aparecen en los blogs y de los que empiezan a llegarnos por otros medios. Hay que reconocer que hay preocupación en la asociación por distintos motivos, y eso que mis trabajos sobre Avina y Ashoka son poco conocidos aún a pesar de haber aparecido, desde hace ya dos años, en el Observador, en Rebelión y en Ecoportal, periódicos digitales que llegan a muchos miles de lectores.

Que conocen a Avina desde hace más de diez años sólo por el PVC no deja de ser llamativo, pues Avina se financia entre otras empresas, y según la información que suministran ellos mismos, por la llamada AMANCO, que fabrica tubos que vende por toda Latinoamérica, y que en los países en donde el amianto aún no está o estaba prohibido serían de este material (fibro-cemento le llaman para disimular). Esto coincide con la llamada “conspiración del silencio” en torno al asbesto que trata de abarcar a todo el mundo, por las responsabilidades contraídas por las empresas de amianto, que han contado entre sus mayores industriales a la familia suiza Schmidheiny, de la que Stephan resulta ser el fundador de Avina.

En cuanto al tema de la selección de la persona para Directxr hay algunas cosas que comentar:

En Reglamento de Funcionamiento Interno se dice, en el artículo 8, que como criterios para hacer la selección para este puesto se valorará “la capacidad de gestión, la experiencia en puestos similares, así como su pertenencia a grupos de defensa medioambiental”. En el caso actual parece fallar esta tercera condición, que es fundamental para saber qué se trata de gestionar, que no es una empresa cosa en la que estamos de acuerdo. El paso durante nueve meses de Miren por la Fundación MarViva como Directora de Comunicación y a título de contratada, como se reconoce en vuestra carta, no tiene nada que ver con la “pertenencia a grupos de defensa medioambientales”

Este tema está coleando por todas partes porque a la pregunta que hacen a la seleccionada Miren Gutiérrez, cuando la entrevistan, es que si es socia de Greenpeace. Se le ve aturdida al responder porque, en al menos dos entrevistas distintas, responde: “yo ya era socia en Greenpeace España” o “era socia pero no estaba vinculada a la organización ( …) yo me hice socia de Greenpeace porque hay que demostrar con acciones lo uno cree y defiende” (ON, revista de estilo ocio y televisión y Diario vasco.com, respectivamente). También en este caso la información dada por esa Junta es inequívoca: “no era requisito ser socio de Greenpeace España”, por lo que Miren no ha sido socia de Greenpeace antes de llegar a ser Directora.

La conclusión es la misma. El Reglamento que perfila claramente al futuro Directxr de la organización, no se ha seguido con rigor en este caso. Resulta llamativo, igualmente, la presencia de Greenpeace Internacional en esta selección. Hasta en tres ocasiones aparece la figura de esta organización. En la documentación, en las entrevistas y en la elección final, con el “consenso de GPI” me dicen.

En los Estatutos de Greenpeace España no aparece la disposición de federarse con GPI, ni en el reglamento se menciona intervención alguna de parte de GPI. Para el evento de la selección de director. En todo caso el constituir una federación o confederación (démosla de momento por buena) no conlleva esta enorme presencia en un decisión nacional tan importante como la estamos contemplando. ¿Hay acuerdos que obliguen en este sentido?

A la Consultora DUCI habría que preguntarle cómo siendo para Greenpeace tan medular el que la imagen y el nombre no quede menoscabada, y menos en un asunto de esta envergadura, no previó que MarViva era una fuente de “contaminación simbólica” por ser lo mismo que Avina, y que ésta tenía detrás la espada de Damocles continua del amianto y sus millones de muertos habidos y por haber.

Que parezca inviable la intervención del Consejo, máximo órgano representativo de la organización, ya de por sí comprimido (75 personas representan a 100.000 socixs), cuando existen sociedades mercantiles, deportivas, etc. con tantos o más socios y en las que se celebran asambleas universales, no parece razonable. Al fin y al cabo, hasta los ministros del gobierno norteamericano han de obtener el placet del Congreso de ese país, que cuenta con muchos más componentes.

Por último, en esta primera parte, he de decir a la Junta de Greenpeace que al dicho de que “ninguna empresa gobierno u organización ha sido capaz jamás de entrar en los órganos de gobierno de esta organización…” es una obviedad tomada literalmente: no lo permiten los estatutos, es más en los mismos se perfilan determinadas incompatibilidades que hacen retórica esta afirmación. Pero sí que es sumamente fácil para personas de empresas, fundaciones, etc. entrar en los órganos de gobierno. Al fin y al cabo a nadie se le pide nada de su vida privada y salvo que sea pública y notoria su pertenencia a la dirección de un grupo político, sindicato, etc. cualquier persona de una empresa, fundación, etc. interesada en influir por dentro en Greenpeace, le está expedita la pertenencia a alguno de los órganos de dirección. Hasta ahí creo que podemos estar de acuerdo.

Y vuelvo al tema recurrente, el asunto Avina. Me consta que personas que pertenecen a esta fundación forman o han formado parte de los órganos de gobierno (incluyo a Ashoka). Esto podría parecer inocuo y estatutario. Lo segundo lo es de momento al no haber incompatibilidades en este sentido concreto, pero lo primero no. En efecto Avina (y Ashoka) tienen como fundamento y objetivo unir movimientos sociales con empresas para ir juntos a hacer negocios (sostenibles y todo lo demás). Es decir, es la versión de eso que se llama técnicamente “el capitalismo verde”. Su modo de operar es cooptar socios-líderes o emprendedores de los movimientos sociales (ONGs, otras fundaciones, etc.) para legitimar este impulso “verde” del capital (“¿responsabilidad corporativa?”).

La presencia de Avina en las organizaciones provoca desencuentros y divisiones porque sus fines son otros y su intrusión en los movimientos sociales es militante: los necesitan (se puede ver todo esto en mis trabajos arriba mencionados). Por otra parte, Greenpeace no es ajena a esta preocupación como participante en la campaña “Derechos para las personas, reglas para los negocios” en la que se trata de hacer obligatorio (que se legisle y no sea voluntario) que las empresas no tengan un doble lenguaje y hagan en el Sur lo que no hacen en Europa, a través de la globalización y la deslocalización.

La segunda parte de esta carta es para insistir en la tragedia del amianto. Según Ángel Cárcoba, uno de los responsables de salud laboral confederal de CCOO, y la persona que más ha luchado contra esta plaga llamada amianto ha dejado dicho:

“Asistimos es una epidemia de cáncer por exposición al amianto o asbestos. Según la OMS más de 100.000 personas mueren cada año de cáncer de pleura atribuible al amianto. Cada cinco minutos el amianto se cobra una vida. En España han estado expuestos al amianto 240.000 trabajadores pertenecientes a más de 2.300 empresas lo que provocará en los próximos 20 años una mortalidad de 50.000 a 60.000 personas.

Entre los años 1970 y el 2.000 España importó más de 2.800.000 toneladas de amianto utilizadas en buques, trenes, construcción, universidades, hospitales, estudios de radio y tv, teatros, cines, bancos, conducción de agua y gas, frenos y embragues y un largo etcétera que han dado lugar a una epidemia de cáncer cuidadosamente silenciada por el lobby industrial y financiero (Uralita y Banca March) que han anestesiado a los poderes públicos que tienen la obligación de velar por la salud de la población.

Han sido las multinacionales del amianto como Uralita, Eternit o Saint Gobin, las responsables de esta epidemia. Multinacionales ligadas a los regímenes fascistas de Musolini, Hitler y Franco y al Apartheid de Sudáfrica.”

Detrás de todo esto, como uno de los personajes centrales, está Stephan Schmidheiny, fundador y mentor de Avina y MarViva, como he relatado en mi trabajo “MarViva es Avina: la metáfora del queso de Gruyère”.

Todo esto se puede ver con detalle en el libro que edité hace unos meses titulado “La mentira del amianto: fortunas y delitos”, cuya autora María Roselli es una periodista suiza de origen italiano, siendo la edición original alemana de 2007. Este libro lo he editado con ayuda de CCOO y junto al Documental de Juanmi Gutiérrez lo estamos presentando por todas partes. La última tuvo lugar en el Ateneo de Madrid el pasado 21 de febrero. Este libro es un alegato contra la familia Schmidheiny, su criminal comportamiento con los trabajadores de sus empresas y su colaboración con el régimen nazi, el de Somoza y del apartheid sudafricano.

El amianto es noticia porque en los próximos veinte años se exacerbará la tragedia de esos 60.000 españoles condenados a muerte por habérsele ocultado la letalidad del mineral.

La fortuna de este magnate debe dedicarse a resarcir a las víctimas y a eliminar de todo el mundo los más de 300 millones de toneladas esparcidos por todas partes, de los cuales 3 millones están en España, y que si se dejan en donde están seguirán contaminando y matando gente. El que hace el daño resarce, el que contamina paga. Por eso todo el dinero gastado en Avina y Marviva es dinero de las víctimas y es dinero para desamiantar, y no será suficiente.

Desde el punto de vista de la salud, es una tragedia mucho más relevante que la que se debe a la energía nuclear, por ejemplo, contra la que luchamos con denuedo, y ha matado hasta el día de hoy a mucha más gente que Hiroshima, Nagasaki y Chernobil juntas.

Cada vez que salga el amianto saldrá su relación con Avina y MarViva, con lo que será inevitable asociar esta tragedia, de alguna manera, con Greenpeace. ¿Qué va a ser de la imagen de una organización que muchos llevamos más de veinte años apoyando incondicionalmente? ¿Cómo la contratación de un trabajador puede poner en jaque una organización de esta trayectoria?

Mi compromiso es con Greenpeace, pero más aún con las víctimas del amianto, contra la persistencia de su uso en los países del Sur por, en muchos casos, las mismas empresas que lo tienen prohibido en el Norte desarrollado. No podemos poner a Greenpeace en peligro, pero antes hemos de parar el crimen del mineral que ha sido denominado como “genocidio del amianto” y a sus responsables se les calificado como presuntos autores de crímenes contra la humanidad.

De todo lo anterior surgen las siguientes propuestas:

1. Proponer al Consejo que modifique el reglamento de Funcionamiento en lo relativo al nombramiento de la Dirección Ejecutiva, en el sentido de que la pertenencia a Greenpeace durante 5 ó 10 años (?) sea condición para acceder a la candidatura.

Asimismo, reglamentar la intervención de GPI en el proceso de selección, en el sentido de más autonomía a Greenpeace-España. Y que sea el propio Consejo el que convalide la decisión final, en base a tres candidatos ya preseleccionados

2. Modificar los Estatutos en el sentido de añadir en el apartado de incompatibilidades relativas a la pertenencia a la Junta Directiva (articulo 39 de los estatutos), una más, que sería algo así como lo siguiente:

3. Personas con responsabilidad, o de notoria relevancia, o que desarrollen actividades que puedan colisionar con los fines de la asociación en Fundaciones u otras organizaciones dependientes de grandes corporaciones empresariales o Estados. Sería recomendable que el Consejo revisara la selección de la Directora Ejecutiva actual a la luz de los nuevos informes y reacciones de los socios, ahora que estamos a tiempo, aunque esto provoque algunos trastornos evidentes.

4. En todo caso que el Consejo o la Junta hagan una declaración pública en la que explícitamente se desvincule a Greenpeace de Avina y de MarViva así como de las responsabilidades con el amianto, mostrando su rechazo a esta industria, como está haciendo en la actualidad Greenpeace Argentina.

Por último, lejos de mantener estos debates cruciales en el ámbito de la propia asociación, que es como esconder los problemas, más bien los hemos de sacar los socios de Greenpeace a la calle para mostrar que no hay que ocultar y para hacer gala de capacidad autocrítica y autorreformadora. La trasparencia es obligada. Peor sería que con el tiempo aparezca el Wikileaks de turno y el daño fuese irreversible.

Como lo que ha ocurrido y ocurre en la actualidad con las miles de víctimas del amianto, contra las que el silencio y la insolidaridad se ha cebado, por mi parte estoy tan indignado que, como dice S Hessel en su reciente libro titulado ¡Indignaos!, “cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible”.

Lejos de dar por zanjada esta cuestión seguiré luchando por activa y por pasiva, privada y públicamente, hasta conseguir que Greenpeace no pase está página, sin abordar el grave problema en el que anda metido y que tienen que ver especialmente con su imagen.

¿Estamos dispuestos como organización a ser cómplices del genocidio del amianto? Yo no lo estoy y me acompaña la legitimidad de más de 22 años colaborando y apoyando a esta organización.

Con el ruego que hagan esta carta lo más extensiva posible, especialmente a los miembros del Consejo, y si es posible publicarla en la web, se despide atentamente. Pacho Puche

* Málaga, Francisco Puche Vergara Socio N. 19724, desde 1988. Fuente: www.ecoportal.net