La política boliviana es sinónimo de intereses mezquinos, ocultos bajo etiquetas nacionalistas proveniente de los doctores dos caras, quienes ni siquiera reconocieron a héroes como una Juana de Azurduy. Desde entonces, las instituciones existen para que los gobernantes las manejen a su antojo, como la Justicia boliviana, vilipendiada durante el Paz Estenssorismo y posterior matonaje de los militares de la Revolución Nacional.

Felizmente surgen los que no están de acuerdo como Genaro Flores o Domitila Chungara, etc. y no faltan los antagonismos que se profundizan como el del TIPNIS. De los que nacen procesos, algunas veces reforzados por profesionales que ingresan en el campo de las batallas reaccionando patrióticamente, caso del gran Sucre cuando la creación de Bolivia, y actualmente en diferente orden de Bazoberry, también ingeniero militar.

Pero están igualmente variantes de luchas sociales como la protagonizada por Evo Morales, precisamente porque los sabios que lo antecedieron en el poder, se dedicaron a perpetuarse con controles políticos, dictaduras militares, democracias representativas o elecciones en los que el tercero llegaba a la Presidencia. Extremos combatidos por protagonistas que surgieron de su accionar y llegaron al poder el 2006, al presente, empecinados en repetir usos y costumbres y evitar administraciones adecuadas de lo público en lo productivo.

En tal sentido, muchas veces los reclamos callejeros o de bloqueos, de igual manera se transforman en expresiones de grupos que quieren mantener sus privilegios, contrarios a las urgencias de una Bolivia diferente, como los de la COB, de las Cajas de Salud, Universidades Públicas, de los maestros, cooperativistas mineros, gremialistas, cocaleros, contrabandistas etc. Quienes sumados hacen mayorías con proclamas que vienen de décadas, cuando no de siglos, y que terminan esclerosando a cualquier movimiento popular.

Ante el fracaso que conllevan, no faltan asociaciones civiles sin fines de lucro que atenúan los sufrimientos de los más olvidados, como es el caso de las que dirigen los padres José y Sebastián. Paralelamente a exitosos emprendimientos privados competitivos, porque sin pedir nada a los gobernantes de turno o sus instituciones, logran utilidades que las reinvierten siempre, en una demostración de que en Bolivia lo bien hecho puede dar frutos a sus gestores, caso de la ejemplar empresa productiva Tusequis de los Bauer Elsner.

Es la contraparte de los políticos siempre abiertos a las reivindicaciones sectoriales planteadas para derrocar a los que ocupan los puestos públicos, anteriormente de exclusivo dominio de los que como Doria Medina y del Granado, etc., en estos momentos acerbos críticos de los problemas del país, cuyos gobiernos en los que participaron legaron a los actuales gobernantes, bajo la etiqueta de atender lo popular, están enfrascados siempre en peleas partidarias de poder, ¿y Bolivia? Bien gracias.