Han sido presentados a la prensa dos importantes documentos del Archivo Secreto del Vaticano. Son los dos primeros documentos que serán expuestos en los espléndidos salones del Museo Capitolino de Roma. Forman parte de un centenar de preciosos originales que cubren un tiempo que va desde el siglo VIII d.C. hasta el siglo XX, en ocasión del IV Centenario de la fundación del Archivo Secreto de la Ciudad del Vaticano.

Los cien documentos escogidos entre pergaminos, códices y manuscritos, estarán expuestos de febrero a septiembre del próximo año en la muestra llamada “LUX ARCANA”. Se trata de una iniciativa sin precedentes que está creando una enorme expectativa, alimentada por el misterioso fascino que el Archivo del Vaticano ha generado siempre en el imaginario colectivo.

El primer documento es la “Bulla Ineffabilis Deus” de Pio IX sobre el dogma de la Inmaculada Concepción de 1854 y el segundo es la carta enviada al Papa Pio IX en 1876 por la Monja Bernardette Soubirous.

El primer documento papal es la “bulla in forma libelli”, una carta solemne del pontífice escrita en pergamino con sello en plomo. El tipo de escritura es la típica “bullatica” llamada técnicamente “Littera Sancti Petri” una denominación que se refiere al nombre de San Pedro, del cual los pontífices romanos son sucesores y es una escritura usada en la redacción de documentos enviados por el pontífice.

El 1° de junio de 1848, Pio IX estableció una comisión especial de teólogos encargados de presentar un parecer sobre la oportunidad de definir el dogma de la Inmaculada Concepción. Los votos enviados al Papa fueron por la mayor parte favorables. La misma pregunta fue puesta a la Congregación de Cardenales establecida por encargo pontificio el 6 de diciembre. Los cardenales se expresaron a favor de la definición, recomendando que se pidiese “en primis” el parecer del episcopado por medio de una encíclica.

El 2 de febrero de 1849, Pio IX publicaba la encíclica “Ubi Primum” en el cual se dirigía a sus obispos para que lo informasen acerca de los sentimientos del clero y del pueblo en la definición de la Inmaculada Concepción. Sobre un total de 603 respuestas recibidas, 546 eran a favor de la proclamación del dogma: 50 obispos se dividían entre la abstensión y la obsoluta oposición y entre estos estaba el obispo de Perusa Gioacchino Pecci, futuro sucesor de Pio IX con el nombre de Leon XIII.

En 1850 la comisión teológica presentó su primer proyecto de constitución dogmática pero hacia el final de 1851 el pontífice concibió un nuevo esquema de bula en la que deseaba se uniese la condena de los errores modernos a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. A este propósito, en 1852, se estableció una comisión para examinar un proyecto de constitución que repondiese en ese sentido. Después de dieciocho meses de trabajo, la comisión pudo examinar sólo la parte relativa al dogma, produciendo un esquema que no recibió el favor del papa Pío IX.

El 22 de marzo de 1854 el pontífice decidió publicar la bula entro el año e instituí una congregación cardenalicia de asesoramiento que trabajó en otros cuatro esquemas de documentos, sujetos a una posterior discusión. El texto tuvo muchas críticas porque se parecía más un tratado de teología y no a un acto de suprema autoridad: por lo tanto se procedió a modificar la configuración del documento, que ahora se abría con las palabras “Ineffabiis Deus”.

El 20 de noviembre de 1854 de diferentes países llegaron a Roma un centenar de obispos. Hasta el 24 del mismo se tuvieron largas sesiones de cardenales y obispos, que pusieron muchas observaciones al texto de la bula. Pio IX, sin embargo, deseaba que la opinión del episcopado se aplicase solo a los espectos formales sin intervenir sobre los contenidos del texto en preparación.

En el consistorio secreto del 1° de diciembre de 1854 se examinaron las observaciones puestas por los cardenales, aportando varios cambios al documento pontificio. El papa, tomó sobre sí la entera decisión y ordenó a Mons. Luca Pacifici, redactar el texto definitivo de la bula. La complejidad del documento no permitía la completa elaboración del texto dentro del 8 de diciembre, por lo tanto, para esa fecha fue preparada solamente la parte relativa al decreto definitivo que establecía el dogma de la Inmaculada Concepción de María Vírgen.

Durante la celebración litúrgica en San Pedro, a la presencia de casi doscientos prelados de la Iglesia Católica y de una multitud enorme de fieles, Pio IX lo dió a conocer dando lectura del texto de la bula, interrumpiendo la lectura en varias ocasiones por la fuerte conmoción. A fines de diciembre fue terminada la redacción del entero documento, traducido en varias lenguas y comunicado al episcopado. La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, establecía la inmunidad de la persona de María, desde el primer instante de su existencia, del pecado original en virtud de los méritos de Cristo; además aumentaba en los fieles la devoción hacia la Vírgen, constituyendo también un paso decisivo para la definición de la infabilidad papal. Pio IX de hecho, a pesar de haber consultado obispos y cardenales en la preparación de la bula, no los menciona en absoluto. El acto pontificio se ponía por lo tanto como iniciativa única del papa y, gracias a la espontànea adhesión de los fieles, demostraba la autoridad soberana de la Iglesia en la doctrina y en la infabilidad de vicario de Cristo en tierra. Por lo tanto, Pio IX afirmaba la importancia del magisterio de la Santa Sede y de la gerarquía eclesiástica confirmando por el sensus fidelium.

Diez años antes de la bula “Ineffabilis Deus”, el 7 de enero de 1844 nacía en Lourdes, una pequeña localidad de los pirineos franceses, Marie-Bernarde Soubirous. La pequeña Bernardette tiene catorce años cuando el 11 de febrero de 1858, en una gruta de Massabielle, le aparece una “pequeña señora joven”, que viste un velo blanco, cintura azul y una rosa dorada en cada pie, que le pide que regrese a ese lugar, cada día, por dos semanas.

En las sucesivas apariciones, la “bella señora” la invita a la oración y a la penitencia. No revela però su identidad hasta el 25 de marzo cuando le dice “Que soy era Inmaculada Concepciou” (Yo soy la Inmaculada Concepción). Bernardette no sabe que esa expresión exprime un dogma de fe definido pocos años atrás: será el abad Peyramale a explicarle esa vocablo incomprensible para ella. El encuentro con la Virgen deja un signo en la niña que en julio de 1866 entra como novicia al monasterio de Saint-Gildard en Nevers.

El 17 de diciembre de 1876, mientras su salud empeora siempre más, Bernardette dirije una carta a Pio IX, escrita en francés en hojas dobles de papel, donde le dice: “que del cielo la Santísima Vírgen ponga sus ojos maternos sobre Vuestra Persona, Santo Padre, por haberla proclamado Inmaculada Concepción”.

El Archivo Secreto del Vaticano representa un patrimonio de la humanidad que tiene como epicentro la ciudad de Roma y la exposición se revelará sin duda alguna un evento de valor mediático y científico sin precedentes.

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Desclasifican la tres horas de un consistorio “reservadísimo” sobre el fascismo

El 23 de julio de 1931 Pío XI congregó a los cardenales para un encuentro “reservadísimo” cuyos detalles acaban de conocerse al desclasificar el Archivo Secreto Vaticano el discurso que el Papa Achille Ratti pronunció en él, trece páginas que suscitaron controversia entre los purpurados.

Tras la firma del Tratado de Letrán el 11 de febrero de 1929, que resolvió la cuestión del estatus de la Santa Sede en la Italia unificada que había invadido los Estados Pontificios, las relaciones entre el Papa y el régimen de Benito Mussolini no habían hecho sino empeorar.

Las pretensiones del régimen fascista de monopolizar la educación y controlar toda la sociedad habían llevado a la encíclica condenatoria Non abbiamo bisogno del 29 de junio de 1931, en la que Pío XI usaba palabras de gran severidad contra el régimen (habló de “estatolatría pagana”), que un mes antes había llegado incluso a cerrar centros de la Acción Católica.

El 9 de julio, el Directorio del partido había declarado incompatibles la militancia en el fascismo y en la Acción Católica, lo que en la práctica dificultaba a los católicos militantes la participación en la vida pública.

Según cuenta el diario L‘Avvenireal dar cuenta de la documentación desclasificada, el día 23, a instancias del cardenal Eugenio Pacelli (secretario de Estado y futuro Pío XII), el Papa convocó a los cardenales (estuvieron 22 de los 25 residentes en Roma) para declarara su vezqueno eran compatibles “con la conciencia y la profesión de católico esos principios contrarios a la doctrinay a losderechos de la Iglesia”ni “la adscripción voluntaria a obras que tienen tales principios y limitan el derecho a educar”.

Hubo debate entre los cardenales, en un encuentro que empezó a las nueve de la mañana y duró tres horas. Allí el Papa defendió haber plasmado en una encíclica su criterio sobre el fascismo, “para que los episcopados de todo el mundo pudiesen conocer y compartir la ofensa a que se había sometido a la Iglesia”.

Según el estudio de Giovanni Coco que acompaña a la publicación del documento por la Universidad Gregoriana, el cardenal Bonaventura Cerretti (luego prefecto de la Signatura Apostólica)era el más partidario de la condena del régimen sin ambages, mientras que otros cardenales, como Giulio Serafini (prefecto de la entonces Congregación del Concilio) y Carlo Rossi (secretario de la Congregación del Consistorio), también partidarios de la dureza, apoyaban algunas medidas que mantenían abiertas vías de comunicación.

Fue, al final, la postura que prevaleció:amenaza de ruptura, sin llegar a la ruptura. A la mañana siguiente el Papa hizo llamar al padre Pietro Tacchi-Venturi y en presencia del cardenal Pacelli le dictó un mensaje para llevar en mano a Benito Mussolini. El Duce le recibió esa misma tarde, y según cuenta Coco, le demudó el semblante “con el dolor de alguien que percibe un mal inminente”, y lo percibió como “una declaración de guerra”.

Y surtió efecto. Aunque también a Mussolini le animaba un sector más duro, el 2 de septiembre se volvieron a abrir, aunque con algunas restricciones, los centros de Acción Católica. Las tres horas de debate ante el Papa para precisar la delicada respuesta diplomáticahabían valido la pena.

Fuente: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=19397