Días antes de la “cumbre” de diciembre ya casi está todo dicho. En realidad la cita es para el 13 de enero cuando se confirme la re-agenda masista y sobre todo el 22, cuando el segundo mandato de gobierno cumpla dos años y, bajo presión, estrene nuevo Gabinete, si es que el Presidente no lo adelanta todo para antes de fin de año o patea el tablero sólo porque le da la gana.

El encuentro –predispuesto a las demandas del sector privado cruceño y sus 42 proyectos por 1.400 millones de dólares, estimuladas por el propio mandatario al desafiarlos a utilizar hasta 2.000 millones de dólares disponibles para la producción– tiene lugar al término de un año de contrastes gubernamentales que comenzaron en las postrimerías del 2011. (Sin descartarse que otra serie de errores, la autodesestabilización y las “traiciones” del proceso de cambio a sí mismo, lo sigan exponiendo a renovados riesgos, y no precisamente por obra y gracia de los opositores o los disidentes).

Después del frustrado gasolinazo, se produjo en febrero la caída, a manos de Chile y EEUU del narco-general de la Policía elevado por el régimen a las más altas funciones de inteligencia estatal. Luego, para distraer el escándalo por narcotráfico y revertir el bajón presidencial en las encuestas, se mostró el reconocimiento de un mandatario engañado por cinco años de fracasadas gestiones marítimas con Chile.

Antes de medio año, comenzaron a develarse las andanzas de la constructora brasileña OAS en Bolivia, a través de la estatal caminera ABC, que junto a los ambiciosos cocaleros y ex colonizadores necesitados de tierras nuevas por predios cansados de tanta coca, dieron origen a la movilización en el territorio indígena del Isiboro Sécure, a partir de la cual buena parte de los bolivianos, gritaron “todos somos Tipnis”, aunque la marcha Trinidad-La Paz significaba para antiguos depredadores y opositores sólo un pretexto más para cuestionar al gobierno masista.

Tras la represión y sus secuelas, no obstante que el gobierno mantiene en secreto quién fue el autor intelectual (“nosotros sabemos lo que ha sucedido”, dijo el vicepresidente Alvaro García, susceptible de ser acusado de encubrimiento), las elecciones judiciales de octubre pusieron en tapete de discusión no tanto la transparencia e idoneidad del Tribunal Electoral, sino de la misma cabeza del Estado Plurinacional, que cayó en la trampa del plebiscito y acabó derrotada al no conseguir el 70 % del electorado que se había propuesto como meta.

Ya en noviembre, el acuerdo-marco con EEUU con fuerte aroma a lucha antinarcóticos, considerada el punto débil de la gestión, fue la joya que coronó el desgaste y debilitamiento, estratégico o no; del régimen que, sin cambios sustanciales en cuatro años de ruptura, volverá a recibir al embajador norteamericano, en el contexto de la crisis internacional, la compleja situación nacional y las “tensiones” propias del proceso, incluida la conversión de dirigentes sociales en funcionarios.

La lógica de nuevas alianzas, casi semejante a la que hace 60 años impuso el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz, Ñuflo Chávez, Walter Guevara, Hernán Siles y Juan Lechín, las barzolas y los milicianos, incorpora de manera destacada a los grandes empresarios cruceños, hasta hace poco frecuentemente atacados por el régimen populista.

Tal incorporación tomó casi todo el 2011, desde que Evo Morales comenzara a lisonjearlos en un movimiento envolvente –y recíproco, dado el olfato empresarial atento a los negocios con el Estado. Así, los empresarios se suman a los consentidos militares y banqueros, estos últimos a punto de ser ligeramente afectados en sus ganancias por 176 millones de dólares anuales por un reciente impuesto que sumará apenas 2,7 millones: diríase, “un pelo al gato”

“Dando y dando”, ¿qué esperan los empresarios?

No poca cosa y casi nada que no se haya dicho antes: para empezar, nueva ley de inversiones y la reiterada seguridad jurídica, es decir, garantías para sus capitales y sus propiedades.

Formalmente, bajo la etiqueta de soberanía alimentaria plantean mayor producción agrícola (soya, maíz, arroz y caña) y ganadera, con diversificación en hortalizas y papa; liberar las exportaciones, sobre todo azúcar y oleaginosas, apoyando la cadena textilera y las pequeñas y medianas empresas; “mayor inclusión social” con nuevos productores, especialmente jóvenes y pueblos indígenas.

Por último, en sobre la base de propuesta trabajada por el líder del empresariado cruceño Gabriel Dabdoub, “desarrollo sostenible”, con productividad infraestructura, tecnología –y créditos, por supuesto, mucho financiamiento–a fin de generar empleo. Todo por al menos 1.400 millones de dólares.

“Errores” y ¿traiciones?

Desde dentro del MAS, las reflexiones acerca de la transición, los logros y los yerros se expresan de diversa manera. Si algo pesa, es que los dos tercios se han reducido al Legislativo, pues en las calles la desaprobación es del 55 % sobre una aprobación de 38%, porcentajes irrelevantes, sin embargo, en caso de un eventual revocatorio porque pese a los errores, aparte de Evo, “no hay más”.

En una entrevista concedida a Paul Walder, publicada por Punto Final hace dos meses, el vicepresidente García advirtió que la derrota del proyecto neoliberal no significa que no haya reacción ni riesgo de restauración aprovechando las fisuras y conflictos que se dan al interior del “bloque popular”.

Fracturas que pueden convertirse en “punta de lanza para el potenciamiento de la reacción”, dijo en torno a uno de los problemas que afronta el MAS, la institucionalidad, entendida por su bases como el copamiento de las instituciones.

El riesgo es que la institucionalización vaya a separar el partido, la elite política y la toma de decisiones de las organizaciones sociales, previno; y el problema es que el movimiento social tiende en momentos a lo corporativo, lo que lleva a un vacío: “¿Qué haces en ese momento, cuando un grupo lo quiere todo, incluso con el riesgo de arruinar al resto? Marx no dice nada, Lenin tampoco, Robespierre tampoco, tal vez Mao, pero es muy críptico ¿Dónde apoyarse? ¿Hay que dar más poder al Estado? Pero, ¿cómo, para que el Estado no arrebate iniciativas a la sociedad? Estas son las tensiones creativas, que no están en ningún manual”.

Para otros masistas, aunque no ha sido fácil llegar y mantenerse donde se está, las batallas actuales se presentan mucho más complejas por la ausencia de un “enemigo visible”, los problemas de pluralidad dentro del proceso, las divergencias sobre industrialización, y la falta de espacios que procesen estas y otras diferencias. Toda una amenaza.

Y lo más peligroso: la “construcción institucional” tensiona a la sociedad y conflictúa al mismo gobierno, cuestionándose por ejemplo ¿cuánto de industrialización sin depredar la naturaleza?, ¿dónde y cuánto de economía comunitaria? o ¿será posible combinar mercado con planificación participativa?

Evismo, liderazgo, entre otros problemas

Juan Carlos Pinto, ex jefe de la Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC) coincide que uno de los problemas es que los movimientos sociales asumieron que el Estado Plurinacional eran ellos y se replegaron a pelear por una mayor participación institucionalizada, convirtiéndose en funcionarios. Pero “se descabezaron y volvieron a ser organizaciones sociales, en las que operó un paulatino proceso de despolitización; las demandas se convirtieron en sectoriales y económicas, sin ningún contenido propositivo”.

Las pretensiones de la COB, los mineros cooperativistas, los movimientos regionales de Potosí y Oruro, los pueblos indígenas del oriente, son algunos ejemplos; igual que las juntas vecinales de El Alto y el enardecimiento en Caranavi, pulverizando todos “el tablero de la demanda estratégica” para exigir al Estado su parte de la redistribución.

Por su lado, el Estado “asumió plácidamente la entrega de recursos (bonos) entendidos también como la reproducción de una forma de poder”, sostiene también Pinto, actual director de Servicio Intercultural de Formación Democrática, del Tribunal Electoral.

En realidad, se fue vaciando de contenido político revolucionario y se limitó a sostener el “evismo” de manera que el MAS “se convirtió en el mismo freno del desarrollo” al posibilitar “la participación personal de los militantes en el Estado, dejando de plantearse el desarrollo revolucionario del proceso de cambio”. Por eso es comprensible el que exista más “evismo” que “masismo” de manera que el liderazgo representa la principal potencia, pero también su mayor debilidad.

Así, el despliegue de un proyecto de país luego de la primera victoria electoral, se convirtió precisamente en una reinvención del nacionalismo. “No es del todo extraño”, precisa Pinto, “que la idea del nuevo nacionalismo se asociara a la del desarrollo de las fuerzas productivas para generar un proceso de redistribución”, en el marco de una versión clásica del “capitalismo social”, que asume que se puede lograr una mejor redistribución a través del Estado, sin dejar el mercado.

Para el colmo, las “sombras colonizadoras” se multiplican al olvidar los dirigentes-funcionarios a sus bases, sin avanzar en una alternativa “para hacer contrapeso o complemento a la propuesta estatal del nacionalismo y a las políticas de desarrollo”.

Cerrando el sexto año

No obstante la bonanza en ingresos, pero también la cuestionada distribución de los gastos, el régimen persiste en sus dichos, desdichos y batallas perdidas como el combate al contrabando en general y de los combustibles igualmente, pese a la intervención de las FFAA, con el agravante de que la nacionalización de 180 mil autos chutos es toda una constatación de la derrota.

La falta de seriedad, paralela a la generación de incertidumbres, son otros factores que aumentan el descrédito: ocurrió con el nuevo anuncio de gasolinazo, que el Presidente alude como eliminación del subsidio a los hidrocarburos o la nivelación de sus precios, o como en las estratagemas desplegadas para atravesar “sí o sí” el Tipnis con una carretera, no obstante una reciente ley por él mismo promulgada.

Pero lo más grave parece ser la dispersión interna del proceso en al menos cuatro facciones (una de ellas ya sin retorno: el MSM de Juan del Granado) con disidentes para los que no hay amnistía ni apertura a sus críticas, radicales jacobinos con alta capacidad burocrática de trabar la gestión y pragmáticos que alientan los recientes pactos con nuevos actores en un arco que va de los allegados al servicio exterior a los de la embajada cubana. Casi todos preocupados por el estancamiento y mirando al Presidente, para que no cometa más errores que dañen al proceso, y no siga avalando las correrías de sus favoritos.

Algunas alusiones a la ligereza con que se encaran los problemas, a las fisuras internas y limitaciones de fuerza y tiempo dan cuenta de complejo panorama que vive el MAS y a costa de él, la sociedad civil.

“El Jefe de Estado sufre de paranoia –afirma el mallku de los ayllus y markas del Kollasuyo, Rafael Quispe– Está viendo en todos los lugares cosas que no existen y empieza a suponer cosas. Lo peor es que se refiera al TIPNIS cuando él ha firmado una ley que indica que ninguna carretera pasará por el parque; mientras estuvimos dialogando, él pidió perdón por las cosas que ha hecho y ahora dice que fue engañado. Eso no da señal de seriedad de un Mandatario”.

“Es un rompimiento requeté anunciado y exacerbado por todas las tensiones de la larga marcha en que las mellizas (indígenas) marcharon juntas y las trillizas (campesinos y sus mujeres, los ex colonizadores) se marginaron. Siendo distintos, seguimos siendo muy semejantes y complementarios… por lo mismo tampoco exige que todos vistamos la misma camiseta partidaria como si fuéramos soldaditos de plomo o levanta manos”, recuerda el jesuita Xavier Albó.

“Hemos dicho que en esta etapa, una vez que se tiene el poder político, lo que corresponde es avanzar hacia el poder económico… El Estado puede brindar elementos, recursos, pero la fuerza autoorganizada de la sociedad no la da el Estado. No puede hacerlo ahora como proyecto político alternativo”, previene Alvaro García.

“Transición, sí, pero ¿hasta cuándo? –agrega el vicepresidente, respondiéndose a sí mismo– Hasta que otros países, otros sectores sociales, puedan acoplarse a este ritmo… Pero aquí vamos. Tenemos un norte, que es una sociedad postcapitalista, que llamaremos socialista, comunista, pero eso no se hace ni en un año, ni en diez, ni en décadas, y tampoco lo hará Bolivia sola, ni el continente, sino el mundo”.

En tanto, corren las consultas para los relevos y nuevos rostros esperan ser designados: probablemente los sucesores de Walter Delgadillo y Carlos Romero, “cabezas de turco” a ser sustituidos. Po el momento, el ángel de la guarda de Sacha Llorenti está trabajando duro ¿o confía en que el ex ministro no dirá nunca quién autorizó el desatino?

Los retos y precauciones del MAS

La democracia formal y representativa y la de los consensos tienen igual derecho para construir Bolivia, pero en el desarrollo político del Estado Plurinacional la lucha ideológica será cada vez más preponderante. Pero dos perspectivas contrapuestas y enfrentadas tienen a la democracia intercultural como propuesta de convivencia de la diversidad, advierte Juan Carlos Pinto, muy cercano al vicepresidente García. Extractos del final de su “Tipnis: una mirada desde la Bolivia que somos”.

Para resolver las tensiones: o la mirada liberal vuelve a ser hegemónica, o las organizaciones y movimientos sociales son capaces de construir los fundamentos históricos del Vivir Bien, donde los derechos colectivos, la economía comunitaria, la autonomía indígena, sean capaces de establecer una propuesta de la plurinacionalidad. Mientras eso no ocurra, el país seguirá viviendo el despliegue de un proyecto desarrollista en lo económico.

Hay que construir una propuesta nacional que involucre a los actores sociales que hicieron posible este proceso, repolitizando el proyecto de transformación y revolucionando al propio Estado Plurinacional en su mandato de ser “gobierno de los movimientos sociales”.

No basta haber democratizado la representación de los indígena-originario-campesinos en el Estado, si no es acompañada de un proceso deliberativo y de formación política fuera y dentro del Estado. Esto sólo será posible si las organizaciones sociales asumen la permanente reapropiación propositiva del Estado Plurinacional y de su liderazgo.

Las demandas locales y particulares no aportan, ni tampoco las escisiones políticas de quienes apuestan a la sustitución del liderazgo, que lo único que pueden provocar es el crecimiento de una oposición que, arrinconada históricamente y sin argumentos, hoy apuesta a su rearticulación en base a los errores y traiciones en el marco del propio proceso de cambio.

El Estado Plurinacional debe recuperar su capacidad de tejer consensos y construir voluntades políticas para que la revolución de las voluntades no se trate tan sólo de funcionarios estatales. Mientras no exista un permanente reencuentro entre el Estado Plurinacional y las organizaciones sociales, los errores estatales continuarán y ellas se mantendrán sólo en las reivindicaciones.

Alimentadas desde la marginalidad política, las tensiones buscan una nueva correlación de fuerzas que atomice a los actores sociales y desmitifique el liderazgo que ellos no tienen, para reestructurar el poder colonial que aún no perdieron. Tendrán que ser asumidas como permanentes.

* Fuente: http://www.360.com.bo/DigitalIN/in19/