La realización del próximo Encuentro Nacional que permitirá delinear la nueva agenda política del país, ha acumulado un sinnúmero de expectativas que previsiblemente irán desde la disputa por imponer la inclusión de diversas demandas sectoriales, hasta la eventual definición de un nuevo mandato popular que, según la Convocatoria firmada por el Presidente Evo Morales “profundice” el proceso o, en su defecto, y a decir de los sectores disidentes, provoque la “reconducción” del mismo.

“Las clases sociales y los hombres hacen la historia creyendo que la hacen, pero en realidad la repiten de un modo inconsciente, es cierto que transformándola”. René Zavaleta Mercado, Lo Nacional Popular en Bolivia. Ed. Siglo XXI 1986, p. 149. ******

Sea cual fuere el propósito y ruta final que adopte el Encuentro Nacional y, por tanto, la futuras acciones del Gobierno (que confiamos no se reduzca a la mera enumeración y listado de demandas en un pliego), el presente artículo busca reflexionar y aportar algunas pautas referidas a lo que se entiende como los aspectos medulares del proceso de cambio. Es decir (acudiendo a lo señalado por Rene Zavaleta en el texto transcrito más arriba) y al mismo tiempo de analizar la forma cómo se está construyendo historia, y delinear los rasgos de transformación que ya se perciben de este proceso cuya gestión gubernamental lleva algo más de 5 años; el análisis se centrará en las preocupaciones que giran en torno a: el modelo de desarrollo; los enfoques y tendencias políticas en disputa; el liderazgo social y el motor del proceso de cambio; los riesgos de involución, retroceso y reforma capitalista y el rol (persistencia) de antiguas lógicas de gobierno.

Tendencias y fuerzas en disputa al interior del proceso

De partida seguramente todos coincidiremos que la complejidad, abigarramiento y condensación social de Bolivia, no solo dan lugar a un innumerable conjunto de contradicciones y antagonismos que generalmente se traducen como conflictos y disputas (algunas de las cuales dieron lugar a momentos de crisis y revueltas sociales), sino que también provocan un estado permanente de interpelación sobre el futuro y el destino de Bolivia, donde se plantean desde falsos dilemas como apoyo o traición; amigo o enemigo; o asuntos de fondo como desarrollismo extractivista o armonía con la naturaleza para Vivir Bien; neoliberalismo o descolonización; capitalismo salvaje o socialismo comunitario, etc.

Tomando en cuenta estos aspectos que peculiarizan la realidad nacional, el abordaje de los temas y contradicciones que el Vicepresidente ha dado en llamar “las tensiones creativas”, se efectuará realizando un esfuerzo por desentrañar las fuerzas y las tendencias más sobresalientes, entendidas éstas como el impulso social y el tipo de pensamiento o las ideas que sustentan el accionar de los diversos agentes sociales del proceso. Según las leyes de la física, a toda acción le corresponde una reacción que contiene a su interior la misma fuerza y la misma potencia reactiva. Este principio aplicado a la realidad social, puede traducirse en el hecho de que los procesos de cambio y transformación contienen a su interior fuerzas reactivas (reaccionarias) que tienden a retornarlo al punto de inicio; es decir, devolverlo al estado conservador previo.

Por eso se explica en muchos casos el retorno, la traición o la degeneración de los procesos de cambio a su condición original pre o contrarrevolucionaria. Así, la revolución se hace contrarrevolución y la izquierda se reconstituye en la nueva derecha. De esa forma, lo que se hace no es cambiar el modelo establecido, sino reafirmarlo de un modo más contundente, pero a costa del pueblo y en contra de su voluntad; que suele ser usurpada por un grupo dirigencial y/o un sector social que raptan y sustituyen el liderazgo nacional, para imponer y apostar por el cálculo político, la conveniencia coyuntural o la componenda.

Ello se explica porque la construcción de un nuevo poder de una nueva hegemonía, contiene el germen de una nueva dominación, cuyo contenido no siempre es revolucionario, puesto que puede estar permeado por la persistencia y no destrucción de antiguos gérmenes coloniales, racistas o liberales, que han sido asimilados en el antiguo estado capitalista y neoliberal. El dominado espera ser el nuevo dominador. Por estas razones, el desafío de todo proceso de transformación y cambio (si efectivamente se plantea ese horizonte) consiste en deshacerse y superar las relaciones sociales y de producción prevalecientes, que en nuestro caso suponen superar la lógica de explotación capitalista y neoliberal, el colonialismo y las prácticas sectarias, excluyentes y discriminatorias. Apuntado esto, veamos ahora lo que sucede y se puede apreciar de la actual coyuntura nacional.

El riesgo de una agenda extraviada

Los acontecimientos de diciembre de 2010 cuando se abortaron las medidas neoliberales del llamado “gasolinazo”, así como todo el conjunto de hechos, actos y las posteriores consecuencias que tuvo el desenlace del conflicto del TIPNIS; han puesto en evidencia una serie de temas y contradicciones que afectan el contenido y orientación del proceso de cambio y transformación democrático cultural. Por ejemplo, es el caso del modelo de desarrollo que Bolivia emprende en la práctica, o la fractura del liderazgo indígena-originario-campesino que estaba representado en el Pacto de Unidad.

En el primer caso, la terca y persistente idea de llevar adelante la construcción de la carretera (que no es lo mismo que un camino) a pesar de que ya se aprobó y promulgó la ley que prohíbe hacerla atravesando el Territorio Indígena y Parque Nacional, pone de manifiesto sin lugar a dudas, no solo una intencionalidad gubernamental, sino un claro enfoque de desarrollo nacional que vale la pena desmenuzar en vista de las implicaciones y consecuencias que podrían tener sobre el contenido y orientación del proceso de cambio. Máxime si junto a ello, el propio Presidente Evo Morales no solo cuestiona y descalifica la obligación de dar cumplimiento al derecho de consulta y participación que asiste a los pueblos indígenas, asociándolos a éstos como una rémora y perjuicio para las obras de desarrollo planeadas, sino que insistentemente reitera su frustración y crítica pública respecto de las organizaciones indígenas que impedirían la realización de muchas inversiones y proyectos que el Gobierno ha decidido llevar adelante en diversos campos.

Tomando en cuenta este conjunto de criterios y lineamientos gubernamentales que expresan y denotan una forma de concebir el desarrollo nacional (y que además no ha estado exenta de descalificaciones y ataques a la dirigencia y las organizaciones indígenas), es importante explorar las implicaciones y la lógica que está asociada a este tipo de pensamiento, que pueden ser resumidas en los siguientes aspectos:

a) Corresponde a una visión desarrollista depredadora y extractivista de los recursos naturales, que no solo NO se conduele por los daños y efectos socio ambientales ni por la destrucción de la naturaleza, sino que ni siquiera significa una opción económica rentable desde el punto de vista capitalista, si se toma en cuenta la disminución planetaria del agua, los bosques y la biodiversidad, cuyos bonos se valorizan crecientemente en las bolsas de valores internacionales, precisamente por el impulso salvaje del capitalismo extractivista, que es la causa fundamental del cambio climático y los desastres naturales que ya sufrimos.

b) Supone la pérdida de una oportunidad invalorable para desarrollar e impulsar un paradigma alternativo al capitalismo salvaje, basado en una relación armoniosa con la naturaleza para Vivir Bien, permitiendo a Bolivia mantener el liderazgo mundial sobre los derechos de la Madre Tierra (Pachamama), pero sobre todo dotando de las herramientas y los instrumentos de lucha y emulación del proceso, a los movimientos sociales del mundo que ya se encuentran enfrentados contra el sistema.

c) Implica un criterio muy cuestionable y paradójicamente irónico por el cual se sustenta un supuesto antiimperialismo y anticapitalismo que protesta y rechaza a entidades, organismos y medidas asociadas a los intereses transnacionales; pero que a renglón seguido reproduce prácticas desarrollistas, extractivistas y de explotación de los recursos naturales y el hombre.

d) Permite la anulación y desplazamiento del liderazgo indígena que representa la lucha contra el capitalismo salvaje, el extractivismo y el desarrollismo; lo que además implica desarticular y fraccionar el liderazgo cultural y clasista del proceso (mientras se encontraba unida a campesinos y colonizadores), que constituye la base y sustento del Estado Plurinacional.

e) Refuerza un criterio desarrollista por el que se entiende que la construcción de mega obras de infraestructura permitirá hacer llegar el “progreso” a las comunidades y pueblos alejados; cuando en realidad no solo persiste la pobreza (porque de otra forma todos los pueblos que han quedado a la vera de las grandes carreteras serían ricos), sino que junto con la depredación de los recursos naturales, también desaparecen los pueblos indígenas, su identidad, su cultura y su historia, para reasimilarse como otros ciudadanos más de una sociedad monocultural y homogénea, pero profundamente colonial y funcional a los intereses del capital y el imperialismo.

f) Muestra la preferencia por un concepto de desarrollo asociada a la colonización territorial depredatoria de los recursos naturales, con base en la explotación individual y la propiedad privada de la tierra. Esta opción, literalmente tenderá a hacer desaparecer las identidades culturales y las prácticas comunitarias prevalecientes en relación al territorio y los recursos naturales, para dar lugar a ciudadanos indiferenciados que han perdido sus prácticas culturales y su identidad, y se hacen muy semejantes a campesinos, colonizadores o pequeños empresarios que seguramente se internarán en sus territorios por las carreteras y junto las obras de desarrollo construidas. Es decir, que al mismo tiempo de hacer desaparecer el potencial plurinacional y la diversidad étnico-cultural que se encarna en los pueblos indígenas, se habrá contribuido a reproducir semejanzas sociales muy compatibles y funcionales al tipo de desarrollo y progreso capitalistas.

Tomando en cuenta estas reflexiones y el desafío de construir una nueva Agenda Nacional, la pregunta que queda al respecto es si el Gobierno Plurinacional ha razonado sobre estos extremos, y si efectivamente mantendrá su empeño por enfocarse en este sentido, a pesar de lo anotado. En todo caso, es importante anotar que la única manera de luchar consistentemente contra el imperialismo y los intereses transnacionales capitalistas, no es reproduciendo prácticas extractivas, explotadoras y neoliberales, solo por el hecho de asegurar un supuesto desarrollo industrial del país, sino precisamente impulsando prácticas en armonía con la naturaleza y contra el capitalismo salvaje, que permitirán impulsar con solvencia banderas internacionales que los movimientos sociales globales ya se han planteado y cada día impulsan en los centros de poder internacional.

En cuanto a la fractura del liderazgo indígena-originario-campesino, esa trilogía establecida en la Constitución Política del Estado, también es importante hacer algunos apuntes. Existe el criterio de que “lo indígena campesino en Bolivia”, se ha constituido en el actor revolucionario del proceso de cambio y transformación. Este criterio se sustenta a partir de la consagración de la noción “indígena-originario-campesino” que se establece en la Constitución Política del Estado, como expresión del carácter plurinacional del Estado y la esencia de la revolución democrático cultural. Esta trilogía logra fusionar lo clasista y étnico cultural en la perspectiva del socialismo comunitario que, a su turno, se traduce como el nuevo paradigma alternativo al sistema capitalista predominante, sobre la base del postulado de la convivencia en armonía con la naturaleza para Vivir Bien, que se rescata precisamente de los valores y prácticas de los pueblos indígenas. Ahora bien, producida (ojalá no provocada) la fractura del Pacto de Unidad, que constituía el liderazgo y la alianza social y étnica fundamental del proceso, es importante efectuar un repaso a las implicaciones y consecuencias que ella tiene sobre el propio proceso de cambio y transformación, así como a la hora de construir una nueva Agenda Nacional.

La separación y ausencia de los pueblos indígenas y las comunidades originarias del Pacto de Unidad, al mismo tiempo de provocar una recomposición en la correlación de fuerzas y la pérdida de un componente fundamental que sustenta la construcción del carácter plurinacional del Estado; también ha implicado el desgaste y debilitamiento del gobierno y el propio proceso. Se han minado las bases y puesto en riesgo la posibilidad de construir la plurinacionalidad, el modelo alternativo al capitalismo y el proceso de descolonización, porque ya no se contaría con el sujeto central que origina y da sentido real a dichos procesos. Se desahucia y proscribe las prácticas comunitarias y el uso comunal del territorio y los recursos naturales, para favorecer la privatización capitalista e individual de la tierra, el eventual avasallamiento y usurpación de los territorios indígenas y las áreas protegidas, la expansión de la frontera agrícola de tipo monocultural y extensiva a costa de áreas naturales; así como se da pie al establecimiento del mercado de tierras que es apetecido por grandes intereses latifundistas transnacionales, pero también por otros sectores sociales que buscan ampliar la propiedad privada e individual de la tierra.

El desplazamiento de los pueblos indígenas del Pacto de Unidad y del liderazgo del proceso, si bien puede parecer en principio como irrelevante en vista de su poco peso electoral que de manera muy holgada puede ser cubierta por campesinos y colonizadores; sin embargo, cualitativa y políticamente tienen una significación transcendental, al constituir este sector la base material de la plurinacionalidad y la descolonización, el representante nato de la lucha contra el capitalismo salvaje y el desarrollismo depredador de la naturaleza, y la oportunidad para construir con solvencia el paradigma alternativo al capitalismo transnacional. Debe tomarse en cuenta que si bien las masas populares se apropian del espacio democrático, pero sin superarlo al no contar con los pueblos indígenas, tenderán a reproducirlo bajo la lógica burguesa de la representatividad, la componenda electoral y los acuerdos, en vista de la pérdida de pluralidad democrática y la persistencia de prácticas sectarias y excluyentes. De ahí que la nueva hegemonía adquirirá un carácter únicamente clasista, excluyente y sectario, con base en el sector social predominante.

Colateralmente se puede mencionar que la cooptación de las instancias de decisión de las organizaciones sociales, por grupículos clientelares y prebendales de la burocracia sindical (que se han hecho cada vez más corrientes), contribuirá a hacer desaparecer la democracia comunitaria de los pueblos indígenas (basada en el debate amplio y el consenso), para imponer la lógica sindical y vertical del voto y la mayoría, que suele sustituir el análisis y la deliberación. La mayoría manda.

Tareas pendientes

La construcción de la Agenda Nacional no debería estar al margen del establecimiento del tipo de tareas que han quedado pendientes y que se requiere abordar, así como la composición y estructura social que emprenderá y liderará el proceso.

Por ejemplo, es muy importante distinguir que un muchos casos no basta plantearse la lucha y derrota de las fuerzas contrarrevolucionarias y conservadoras ligadas a los intereses imperialistas, o atender y resolver las demandas sociales de los sectores populares (gobernar obedeciendo), porque ello bien puede quedarse en los límites clasistas de los sectores sociales empoderados, cuyos intereses no necesariamente se diferencian (sino más bien pueden ser favorables) al restablecimiento y restauración capitalista y conservadora de los partidos y representantes de la derecha.

No debe olvidarse que si bien el enfrentamiento y derrota de las fuerzas reaccionarias es más fácil identificarlas y combatirlas al exterior del proceso, porque se trata de los partidos de derecha, los terratenientes y latifundistas, o aquella burguesía proimperialista por ejemplo; sin embargo, resulta más complicado hacerlo al interior de las filas del proceso, donde pueden persistir prácticas e intereses procapitalistas, coloniales y neoliberales. Es el caso de campesinos y colonizadores por ejemplo, que bien pueden tener una muy clara identificación ideológica y afinidad con el Presidente y el proceso, pero que al mismo tiempo no pueden negar su extracción clasista y los intereses económicos que representan.

Ello permite afirmar que los alcances del proceso no están establecidos exclusivamente por una buena o mala gestión pública, por la capacidad o incapacidad de sus gobernantes o gestores públicos como suele criticarse; sino por el contenido de clase y los intereses de los sectores predominantes que genéricamente se los ha definido como movimientos sociales, pero a la que hace falta analizar más detenidamente, a la luz de los hechos sucedidos en la historia reciente, para establecer con mayor claridad las fuerzas económicas, sociales y políticas que entrañan y representan. Al respecto, se ha hecho mención muchas veces al motor económico del proceso, identificando al Estado como la locomotora que impulsa el desarrollo del país.

Al mismo tiempo, mientras el Pacto de Unidad había conservado la presencia y liderazgo de pueblos indígenas, campesinos y colonizadores, era innegable el contenido cultural y clasista que la Constitución Política había establecido en la noción “indígena-originario-campesino”, apuntalando las condiciones para construir el Estado plurinacional, intercultural y descolonizado. Por tanto, desde la perspectiva del contenido social (de clase) y étnico cultural que adopte el proceso, es claro que puede favorecerse la perspectiva plurinacional mencionada, o sencillamente retornar al Estado monocultural, homogenizante y eventualmente racista que ha constituido el permanente objetivo de aquella burguesía liberal y conservadora, fallida como clase y como proyecto capitalista nacional.

En esta línea de razonamiento, sea oportuno mencionar y enumerar algunas tareas inconclusas que han quedado como parte de la problemática de la tierra. En principio, hay que reconocer que se han iniciado acciones en contra de los terratenientes que habiendo constituido alianzas directas con los intereses del imperialismo a través de la asociación con transnacionales petroleras, la exportación de soya y la especulación financiera; también representan la expresión de la concentración latifundista de la tierra y la persistencia de las relaciones servidumbrales de semiesclavitud que aun todavía no logran ser erradicadas y se imponen sobre la población indígena de las tierras bajas. Sin embargo, queda pendiente por ejemplo la lucha contra la extranjerización y pérdida de soberanía sobre la tierra, cuya expresión más importante se expresa en las grandes propiedades en manos de ciudadanos extranjeros que concentran más del 70% de las exportaciones de soya que realiza el país.

Por otra parte, si bien se han adoptado medidas para asegurar la seguridad alimentaria, obligando a los grandes productores agropecuarios a garantizar el abastecimiento del mercado interno y exportar solo excedentes; sin embargo, queda pendiente la necesidad de diversificar la producción agropecuaria que permita sustituir los grandes monocultivos extensivos y prestar (no competir por medio de empresas productivas estatales), un apoyo técnico y financiero para desarrollar empresas comunitarias campesinas, la recuperación y conservación de semillas y la producción ecológica de productos que permitirán alcanzar también la soberanía alimentaria.

En fin, el Encuentro Nacional deberá plantearse si el proceso de cambio y transformación democrático cultural, se limitará a cumplir las tareas limitadamente nacionalistas que han quedado pendientes, o si por el contrario emprenderá iniciativas de fondo para superar el estrecho marco del desarrollismo capitalista, la descolonización y la construcción del nuevo paradigma del Vivir Bien en armonía con la naturaleza, que por supuesto debería incluir la recomposición y recuperación del liderazgo y las fuerzas sociales y culturales que actualmente se encuentran separadas y divididas.

* Sociólogo, boliviano. La Paz – Bolivia, diciembre 7 de 2011.