Francia.- En agosto pasado y refiriéndose a la crisis estructural del capitalismo, el economista Nouriel Roubini subrayaba que hasta el 2010 los políticos siempre podían sacar un nuevo conejo de sus sombreros para reflotar los precios de las acciones y gatillar una recuperación económica. Y concluía su análisis señalando que “ahora se quedaron sin conejos”.

En efecto, como ya no tienen verdaderos conejos que sacar del sombrero para reactivar las economías están tratando de engañarnos sacando “conejos virtuales”, como la decisión de la Reserva Federal (Fed) y otros cuatro bancos centrales (Banco de Canadá, Banco de Inglaterra, Banco de Japón y Banco Nacional Suizo) de lanzar una acción coordinada con otros bancos centrales para inyectar dólares a bajo costo en los bancos de la zona euro (ZE), lo que permitió cerrar el mes de noviembre con alzas bursátiles y quizás evitar el desplome de algún banco importante.

La caballería de la FED y el FMI al rescate del euro

La crisis de la ZE se precipita, y como durante la gran crisis de las hipotecas “subprime” en 2007-2008 para salvar a los bancos causantes de la crisis, la Fed redujo el costo de los fondos de emergencia en dólares para los bancos europeos. Esta acción puede ser interpretada de muchas maneras. Para algunos, como Nigam Arora (Forbes, 30 noviembre 2011), pudo tratarse de una acción para impedir que un banco europeo cayera en default. Para otros, como el bloguero de Jesseâ€Ös Café Américain, se trata de una maniobra de la Fed para reforzar la dolarización de la economía global y ganar espacio a través de los bancos europeos, disminuir el impacto de la baja de calificación crediticia de los grandes bancos (en Estados Unidos y Europa) y ayudarlos a que cierren favorablemente sus balances del mes de noviembre, y de paso hacer subir las acciones de los bancos estadounidenses, reforzar los precios de las materias primas en dólares para beneficiar a los grandes centros especulativos.

Mohamed El-Erian, director ejecutivo de PIMCO (Pacific Investment Management Company), afirma que esta acción no estuvo dirigida a contrarrestar la contracción crediticia que afecta a los hogares y las empresas, ni para contribuir a fortalecer la actividad economía, como afirma la Fed, sino destinada a 1) actuar porque otras entidades (el Banco Central Europeo, BCE) han demostrado ser lentas e inefectivas;

2) porque sienten que no pueden ni deben ignorar una necesidad actual o anticipada de aliviar las fuertes presiones (existentes) dentro del sistema bancario. El-Erian concluye apuntando que hay quienes tienen la esperanza de que estos bancos centrales actuaron así porque confían en que los decidores políticos (en la ZE) finalmente se pondrán a la altura de esta gran y contagiosa crisis que tiene serias implicaciones para el crecimiento, los empleos y la desigualdad. Pero otros, agrega, temen que si han actuado de esta manera es porque sienten que deben prevenir otra serie de decepciones de los dirigentes y autoridades bancarias de la ZE.

Y para garantizar que no habrá decepciones, la “oportuna” intervención de la Fed y otros bancos centrales viene acompañada con la reaparición del Fondo Monetario Internacional (FMI) como actor principal para resolver la crisis en la ZE: El FMI “puede jugar un importante papel” en el “gran plan” para aplicar “creíbles planes de reducción de los déficits y una más fluida política monetaria” en la ZE, según un despacho de la agencia Reuters.

El FMI, de triste recuerdo y peor herencia en América Latina, el Pacifico, Asia y África, recibirá fondos de Alemania, Holanda y otros países de la ZE que tienen superávits en la cuenta corriente, lo que junto a las compras de obligaciones de los países endeudados por parte del BCE servirá para darle tiempo a los países (endeudados) a fin de que pongan en marcha los mecanismos políticos que garanticen una fuerte disciplina fiscal. Como aclara el digesto cotidiano de la prensa europea efectuado por Euronintelligence.com (1 diciembre 2011), la idea detrás de este plan es que el FMI tendrá mayor credibilidad que el BCE u otro mecanismo europeo cuando se trate de tomar medidas duras contra los países que reciban la asistencia financiera. Y colateralmente, según Eurointelligence, el papel del FMI también implicará que el BCE “recibirá instrucciones desde Washington”.

En otras palabras, el capital financiero retorna a las viejas políticas y prácticas que tanto éxito le dieron en América Latina, y que tanta destrucción y desolación dejaron para los pueblos, en términos económicos, sociales y políticos.

Contracción crediticia y recesión en la ZE

En la ZE los índices de la economía real muestran que una recesión está en marcha y que el desempleo sigue aumentando, como es el caso en Francia y otros países, y que la contracción del crédito afecta desde “las aerolíneas globales y gigantes del transporte marítimo hasta las pequeñas empresas manufactureras” (New York Times, NYT, 28 de noviembre 2011), lo cual “está llevando la economía mundial al borde de otra depresión”.

El volumen del dinero y de los depósitos accesibles “muestra una alarmante separación” entre los países del Norte y del Sur de la UE, según Simon Ward, de Henderson Global Investors: No hay baja del M1 en los países del “bloque alemán”, pero en los últimos seis meses hubo una caída de 20.7 por ciento en Grecia, 16.3 por ciento en Portugal, 11.8 por ciento en Irlanda, 8.1 por ciento en España y 6.7 por ciento en Italia, país donde la baja de la masa de circulación monetaria está acelerándose debido a la fuga de capitales. Esta contracción monetaria es mayor que la experimentada a comienzos del 2008 – durante la crisis financiera global y la Gran Recesión- e implica una recesión más profunda para Italia y toda la periferia de la ZE, según Ward (The Telegraph).

Los países de Europa del Este también están sufriendo la restricción crediticia de los bancos de la zona euro. El presidente de Rumania, Traian Basescu, acusó a los reguladores austriacos, que ordenaron a los bancos de Austria la suspensión de todos los créditos fuera del país, de “estrangular la economía rumana”. En Hungría están paradas todas las construcciones financiadas por créditos de bancos de la zona euro.

Por la austeridad, las recesiones y las crisis serán más frecuentes

A este sombrío panorama cabe agregar lo que los economistas Sushil Wadhwani – ex miembro del Comité de política monetaria del Banco (Central) de Inglaterra – y Michael Dicks definen como el “nuevo paradigma” creado por el “acortamiento de la duración de los ciclos de aceptación del riesgo/rechazo del riesgo (risk off/risk on) por parte de los mercados financieros.

A partir de finales de la década de los 90 el “cambio de sentimiento” (aceptación del riesgo/rechazo del riesgo) por parte de los inversionistas se aceleró, pasando de “un cambio cada dos años a tres cambios cada dos años desde la Gran Recesión”, es decir desde el 2008.

Wadhwani y Dicks ven una interrelación entre la posibilidad de una recesión y el acortamiento de ciclos de “apetito de riesgo”, y temen que haya también otras “razones adicionales, independientes, sobre los motivos que hacen que las recesiones sean algo más común” en Estados Unidos, avanzando la hipótesis de que cuando las economías están a “punto de estancamiento” cualquier sacudón, incluyendo un desastre natural o políticas de austeridad de claro corte deflacionista, las empuja a la recesión.

El caso de Japón es ilustrativo. Después de la implosión de la burbuja financiera a finales de los años 80 Japón entró en una fase de estancamiento, la “década pérdida”, pasando de una tasa de crecimiento económico de 4.0 por ciento en 1990 al 1.0 por ciento en 2000. En esta fase de estancamiento económico Japón conoció, desde 1990 hasta la fecha, seis recesiones, mientras que en los previos 40 años sólo había experimentado dos recesiones.

En el caso de la economía de Estados Unidos, Wadhwani y Dicks señalan que su tasa de crecimiento potencial y sustentable del producto interior bruto (PIB), que era de 3.0 por ciento antes de la Gran Recesión, ha probablemente caído a algo así como el 2.0 por ciento actualmente, lo que aumenta el riesgo de caer en recesión en el caso de sacudidas internas o externas, estas últimas fácilmente transmisibles a través del sistema financiero.

Y siguiendo este análisis podemos agregar que la ZE, sometida a los planes de austeridad del FMI, no será una excepción.

El consenso de Washington para la ZE

El desarrollo cotidiano de las negociaciones políticas en la cúpula de la ZE en este momento de crisis no muestra divergencias de fondo, sino sobre cómo presentar, o mejor dicho en que narrativa envolver el siniestro paquete de la austeridad fiscal a perpetuidad. No hay divergencias en cuando al “rigor de la austeridad fiscal” que inevitablemente producirá un ciclo deflacionista y conducirá la ZE a una depresión.

Del lado francés quieren una narrativa con algún atractivo que haga olvidar el contenido. Del lado alemán quieren presentar el contenido como es, para que quede grabado a fuego y nunca más esos países indisciplinados caigan en la tentación del déficit fiscal. Por eso cada día nos ha traído, la última semana, diferentes versiones de cómo envolver la austeridad fiscal y evitar que sea objeto del debate político y de cualquier interferencia democrática.

El 29 de noviembre, horas antes de que se reunieran los 17 ministros de Hacienda de los países de la ZE para formular los objetivos de la Cumbre del 9 de diciembre próximo, las “fuentes bien informadas” alimentadas por las fugas orquestadas desde la cúpula de ZE hablaban de un probable acuerdo de “subordinación fiscal”, o sea que los países débiles (deudores) rindieran su soberanía política en materia de elaboración y ejecución de los presupuestos de los Estados nacionales como “quid pro quo” para respaldar una eventual ampliación de mandato del BCE, de manera que este banco central pudiese actuar como “prestamista de última instancia”. Otras “fuentes” mencionaban discusiones en el “bloque alemán” para crear una ZE sin los países del Mediterráneo.

Es en ese momento en que el Subsecretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el economista Pier Carlo Padoan, advirtió que si la zona euro no utiliza “todo su poder de fuego disponible” -o sea, que la BCE asuma el mencionado papel y se utilicen todos los recursos del fondo de estabilidad financiera-, se corre el riesgo de un posible desmembramiento de la ZE y de una recesión mundial. Agregando que estaba muy preocupado porque los gobernantes no actuarían a tiempo.

El título del resumen cotidiano de información de Eurointelligence.com del miércoles 30 de noviembre enfatizaba que “se acerca el riesgo de ruptura de la ZE” debido a que la canciller alemana Ángela Merkel había descartado la emisión de eurobonos por el BCE a cambio de la “integración fiscal” que sancionará automáticamente a los países miembros que tengan “déficits excesivos”, y que con esta actitud la Canciller alemana había eliminado cualquier posibilidad de un acuerdo significativo en la Cumbre de la ZE el próximo 9 de diciembre.

Este 1 de diciembre el ministro de Hacienda de Polonia, Jacek Rostowski, afirmó – según Reuters- que la “estrategia para la resolución de la crisis” se apoyará en dos puntales: un acuerdo político aun indefinido (cambios en los Tratados y posiblemente la emisión por un período limitado de eurobonos por el BCE) y la “toma de acciones de manera fuerte y que no dejen lugar a dudas para asegurar la estabilización de los mercados en el período que siga a la reunión” del 9 de diciembre.

Someter nacionales para no violar la Constitución alemana

En su edición del 5 de noviembre, la revista alemana Der Speigel se hacía eco de las declaraciones del nuevo Gobernador del Banco Central Alemán (Bundesbank), Jens Weidmann, quien se oponía a la compra ilimitada por el BCE de las obligaciones de los Estados miembros de la ZE. Weidmann “está diciendo no, y su mensaje es claro y enérgico, no sólo en Berlín, sino también en Bruselas, Paris y Washington. Si el BCE cede a la presión, argumenta Weidmann, no sólo violará los Tratados europeos y la Constitución alemana. Tal decisión será sinónimo de emisión de obligaciones (de la zona) euro”.

Aparentemente Weidmann tuvo una súbita “conversión religiosa”, como la economista y bloguera Yves Smith define el viraje del Gobernador del Bundesbank, que ahora no descarta la emisión de obligaciones comunes europeas, los llamados ‘eurobonosâ€Ö, siempre que se aplique una mayor integración fiscal de los países de la zona euro. Weidmann declaró esta semana al diario alemán Berliner Zeitung que esa integración fiscal “significa un control compartido sobre los presupuestos de los países miembros, incluyendo derechos de intervención en los países individuales que violen las reglas acordadas”.

Esta “integración fiscal” significa cambios a los Tratados de la Unión Europea y en algunos casos a las Constituciones y legislaciones nacionales. Pero para evitar el estorbo de la democracia, como podría ser la discusión legislativa o referendos vinculantes acerca de si es aceptable o no cambiar Tratados para lesionar la soberanía política de los parlamentos sobre la recaudación y la redistribución de la riqueza nacional, y rendir esta soberanía a una instancia supranacional y no sujeta al escrutinio público ni imputable ante los respectivos pueblos, se habría escogido la vía de los “acuerdos bilaterales”.

Y este 1 de diciembre el diario Financial Times Deutschland reporta, precisamente, que la negociación está acaparada por la canciller Merkel y el presidente Nicolás Sarkozy. Y que dos posibilidades estarían siendo estudiadas para cambiar los Tratados. Una es modificar el protocolo 14 del Tratado de Lisboa que define la manera de opera de la ZE. La segunda posibilidad, más atrayente, es cambiar el protocolo 12, que define la implementación de los criterios de estabilidad desde el Tratado de Maastricht. La ventaja de utilizar esta avenida, según el diario alemán, es que el protocolo 12 “puede ser modificado por una decisión unánime de los jefes de Estado y de gobierno, sin (necesidad de una) convención, (de una) Conferencia Intergubernamental (de la UE), de ratificaciones parlamentarias o referendos”. Es decir mediante simples acuerdos entre los ejecutivos y fuera del debate político o popular.

Y es así como llevan la democracia al matadero.

Es bien sabido que para los mercados financieros que nos dominan la democracia no tiene lugar cuando se trata de cosas importantes, como seguir permitiendo que ese menos del uno por ciento siga enriqueciéndose a costa de más del 99 por ciento. En ese caso la ven como un riesgo que no quieren correr. No vaya a suceder que algún Parlamento se empecine y diga no, o que otro busque hacer el sistema más transparente y sujeto al control de los electos, y no de los tecnócratas a sueldo de las finanzas.

Por eso, y para evitar las discusiones democráticas que no se saben hacia donde conducirán en países repletos de desocupados, pobres y excluidos, y con clases medias aplastadas, el método escogido por la cúpula de la zona euro, es decir la pareja franco-alemana, ha sido el de efectuar “acuerdos bilaterales”, que no serán objeto de debates en los parlamentos sino que caerán bajo las prerrogativas que se asignan cada vez más los Ejecutivos. Y no hay lugar a dudas de que el modelo de esos “acuerdos bilaterales” ya fue redactado por los tecnócratas que responden al Bundesbank, al BCE, a la CE y al FMI, que son quienes controlarán esta “centralización fiscal”.

Refiriéndose a la época en que las poblaciones podían cambiar la política de sus gobiernos ejerciendo suficientes presiones, o elegir a un gobierno que efectuase esos cambios, el periodista irlandés Philip Pilkington (“The Coming Age of Neocla”) opina que en Europa “estamos viendo el nacimiento de un nuevo centro de decisión política”, que define como el “Politeuro”, y que él piensa “será mucho más difícil, para sus víctimas, de eliminar”. Luego cita al profesor Bill Mitchell, que dirige el “Centre of Full Employment and Equity” de la Universidad de Newcastle en Australia, quien definió esta política de la ZE como una unidad de vigilancia centralizada “para usurpar ulteriormente la capacidad fiscal de los Estados miembros sin al mismo tiempo establecer una completa capacidad fiscal ‘federalâ€Ö que compense las sacudidas de la asimétrica demanda agregada” en la ZE.

El plan que se busca hacer aceptar por los 17 países miembros de la ZE exige que el 15 de octubre de cada año cada país miembro envíe su proyecto de presupuesto a la Comisión Europea (CE), que podrá rechazarlo y -según el profesor Mitchell- alterar las propuestas de tributación y de gasto. Habrá también reglas más estrictas bajo el ‘Procedimiento para Déficits Excesivosâ€Ö destinado a la aplicación estricta del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. El académico australiano agrega que “todos los Estados miembros serán forzados a crear ‘consejos fiscales independientesâ€Ö que estarán comprometidos en la preparación de los presupuestos y de las previsiones oficiales. La obediencia de estas reglas será necesaria para que la nación que necesita asistencia financiera reciba el apoyo federal”. Y concluye en que el resultado “será un desastre total”.

El 29 de noviembre y en entrevista a la cadena de televisión francesa France 2, la ministra del Presupuesto Valerie Pecresse subrayó que los países de la ZE deben incorporar a la Constitución nacional el objetivo de déficit cero, y que “la regla de oro es regresar al equilibrio en 2016”. El miércoles 30 la agencia Dow Jones, en un despacho desde París, informa que la ministra Pecresse dijo que su gobierno quería cambios en los Tratados europeos, que estaban siendo elaborados por Alemania y Francia, para incluir “los compromisos de una mayor disciplina presupuestaria por parte de los países de la ZE”.

El analista financiero Edward Harrison de creditwritedowns.com” consideró este objetivo como “castillos en el aire” y una muestra de que “malas cosas sucederán en Eurolandia”.

¿Dónde se esconden los políticos en esta hora crucial? El discurso dominante en la zona euro (ZE) machaca con insistencia que es necesario aplicar rigurosos planes de austeridad “para no dejarle la deuda de los Estados a nuestros hijos y nietos”. En realidad con esos planes de austeridad que implican el desmantelamiento de los programas sociales y las privatizaciones de lo que resta de servicios públicos, como lo vimos en América Latina hace varias décadas, la descendencia de los europeos no sólo quedará atada por décadas a una deuda endémica alimentada por el bajo crecimiento económico y las crisis a repetición que impedirán la necesaria recaudación fiscal para enfrentar el pago de los intereses y el capital de la deuda, sino también a un desempleo crónico, a una falta de oportunidades y a una pobreza creciente en el ámbito de un sistema sin servicios básicos de salud y educación para las mayorías, y que será autoritario, como suele suceder por donde pasa el FMI. Esto es previsible porque los políticos “de gobierno”, es decir los partidos de derecha y los socialdemócratas que se alternan en el poder, apoyan la política de austeridad o mantienen un silencio cómplice.

Jean-Luc Mélenchon, Diputado ante el Parlamento Europeo y candidato del Frente de Izquierda (frente electoral del Partido Comunista Francés, del Partido de Izquierda y de la Izquierda Unitaria) a la presidencia de Francia para los comicios del 2012, escribe en su blog y bajo el evocativo titulo “¿Por quién suenan las campanas en Europa?”, que la crisis del euro es una buena herramienta para los dirigentes de la ZE que quieren reforzar la transformación (neo)liberal europea. Para los alemanes, el reformateo de Europa está a su alcance () El objetivo es someter a todo el mundo a una zona del marco (la antigua moneda alemana) maquillado en pequeña ZE. Pero, agrega, la obstinación del gobierno alemán se convirtió en una agresión contra la viabilidad de la Unión Europea. El rechazo alemán a dejar que la BCE financie directamente a los Estados-nación “es un acto de no asistencia a una Europa en peligro”.

Y recordando que vivimos en un momento “sin precedente”, Mélenchon afirma que uno tras otro “todos los fundamentos de la organización democrática de nuestras sociedades están siendo anulados”, y luego de subrayar que el “episodio del referendo griego abortado ha sido una ilustración especialmente cruda”, se pregunta “cuántos sucesos de la misma naturaleza han estado multiplicándose” sin que se hayan conmovido los políticos tradicionales. Y ahora le toca el turno a los parlamentos nacionales.

En este contexto es legítimo preguntarse cuál será la reacción de los parlamentarios de los países de la ZE, que posiblemente a partir de la próxima semana no podrán legislar ni decidir de manera soberana sobre cuestiones tan importantes como la recaudación y la redistribución de la riqueza nacional que permite mantener los programas sociales, regímenes de pensión, reparar las infraestructuras y compensar la falta de financiamiento propio en la mayoría de municipalidades y comunas, y que ante la perspectiva de recesiones recurrentes por los programas de austeridad que impone la cúpula de la ZE carecerán de poder de decisión para adoptar medidas anticíclicas que impliquen un déficit presupuestario para compensar la ausencia de inversiones del sector privado y evitar, por ejemplo el aumento del ya enorme desempleo.

* Alberto Rabilotta es periodista argentino y colaborador de Prensa Latina.