Brasilia y Washington (PL).- América Latina y el Caribe tiene la mayor población afrodescendiente del mundo, estimada entre 150 y 200 millones de personas. El Fondo de Poblaciones de Naciones Unidas constató la desigualdad y la discriminación de los jóvenes afrodescendientes en la región. En Estados Unidos, los afroamericanos de clase media son hoy uno de los sectores más golpeados por la elevada tasa de desempleo de 9% que persiste en el país.

El Encuentro Iberoamericano en Conmemoración del Año Internacional de los Afrodescendientes, Afro XXI, efectuado en Salvador, capital del estado brasileño de Bahía, resultó una nueva oportunidad en la búsqueda de la eliminación de la discriminación racial.

Con el propósito esencial de recomendar estrategias nacionales, regionales e internacionales para promover la inclusión total de los afrodescendientes y superar el racismo, la discriminación racial, la xenobia y la intolerancia, la cita oficial, efectuada entre el 16 y 19 de noviembre, tuvo también un encuentro paralelo de entidades no gubernamentales dedicadas a este tema.

Ambos eventos permitieron una mayor visibilidad de las contribuciones sociales, culturales, políticas y económicas de los afrodescendientes a los países de América Latina y el Caribe, y destacaron la importancia de aplicar políticas públicas inclusivas para este segmento de la población.

Asimismo, ofrecieron nuevas perspectivas de cooperación y diálogo entre los estados y la sociedad civil en la búsqueda de la eliminación de la discriminación de la cual aún son víctimas en Latinoamérica y el Caribe los descendientes de los africanos. Afro XXI fue una iniciativa conjunta del Ministerio brasileño de Relaciones Exteriores, de la Secretaría de Políticas de Promoción de la Igualdad Racial, del Gobierno del estado de Bahía y de la Secretaría General Iberoamericana.

Realizada como culminación de las actividades por el Año Internacional de los Afrodescendientes, la reunión no pudo tener mejor escenario que el territorio que constituyó la puerta de entrada de los nacidos en África para ser utilizados como esclavos en las plantaciones agrícolas y los ingenios azucareros de los nacientes estados latinoamericanos y caribeños.

Como una forma de reparar la enorme deuda y la inmensa injusticia cometida contra esas personas, que hoy se traslada a sus descendientes -quienes son sin duda alguna el segmento poblacional más excluido y fiel reflejo de la desigualdad social-, algunos gobiernos aplican políticas para beneficiar a esa población y promover su inclusión social.

La preocupación por eliminar la discriminación racial también se reflejó en las declaraciones finales aprobadas, tanto en la del Encuentro Iberoamericano de Alto Nivel, como en la del foro paralelo de entidades de la sociedad civil.

La implementación de políticas públicas para eliminar la discriminación racial y el compromiso de los gobiernos a fin de adoptar acciones en favor de la inclusión social, cultural, económica y política de la población de origen africano destacan en la Declaración Final de las autoridades de los diferentes países participantes en la cita de Salvador.

El texto reconoce que a pesar del progreso alcanzado en diversos países de América Latina y el Caribe para promover los derechos de los afrodescendientes, aún hay grandes desafíos a fin de asegurar la integración plena de ese segmento poblacional en condiciones de igualdad en todas las áreas.

Resalta además el compromiso de los asistentes para combatir la exclusión social y la marginación de los afrodescendientes, así como con la eliminación del racismo y de todas las formas de discriminación e intolerancia. Los firmantes reconocen y destacan la magnitud de las contribuciones de las personas provenientes de África en la formación social, cultural, religiosa, política y económica de los países iberoamericanos.

Por ello, expresan la necesidad de preservar y diseminar el rico legado de África y sus descendientes en la construcción y desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños, en los cuales la construcción de la identidad nacional está íntimamente vinculada con el conocimiento de la historia y la cultura de ese continente.

Se pronunciaron a favor de aplicar programas educativos para promover el desarrollo integral de la personalidad humana y fomentar el entendimiento, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y grupos raciales y religiosos. El documento condena la violencia contra las comunidades religiosas africanas y aboga por luchar contra la desigualdad, la pobreza y la exclusión social por medio de la cooperación y el intercambio de experiencias.

La Declaración Final exalta también que América Latina y el Caribe tiene la mayor población afrodescendiente del mundo, estimada entre 150 y 200 millones de personas, lo que representa entre el 30 y 35 por ciento de la población total.

Por su parte, la Carta de Salvador, aprobada por representantes de movimientos sociales participantes en el foro paralelo a Afro XXI, ratificaron su compromiso con las poblaciones de origen africano y en exigir estrategias que beneficien a ese segmento de la sociedad.

El texto recuerda que hace 10 años muchos estados se comprometieron a establecer políticas para garantizar una vida digna y con derechos a afrodescendientes que viven en Latinoamérica y el Caribe.

Debido a ello, la Carta de Salvador indica la urgente necesidad de adoptar estrategias de desarrollo humano sustentable hacia las comunidades y pueblos tradicionales respetando las identidades culturales, saberes, costumbres y valores, en tanto considera preciso construir democracias que garanticen la eliminación de la discriminación racial.

Tras reconocer el papel central de las mujeres afrodescendientes para avanzar en el desarrollo de las comunidades, el texto califica de inaceptable el genocidio y etnocidio de los jóvenes negros, que se acrecienta de manera acelerada y quienes siguen pagando por la pobreza, el racismo y la injusticia social.

Exhortamos a los estados iberoamericanos a promover y proteger los derechos de las juventudes mediante la adopción y ratificación de la Convención Iberoamericana de los Derechos de los jóvenes como instrumento para garantizar la participación política efectiva y el desarrollo humano integral e inclusivo de las diversidades de las juventudes afrodescendientes de la región, apunta el texto.

Considera inaceptable la escasa o nula representación política de los afrodescendientes en todas las estructuras de poder de los estados, así como en la directiva de instituciones internacionales.

La Carta de Salvador propone la instauración de un Decenio Afrodescendiente, con un plan para adelantar acciones que, desde una perspectiva de reparación global afrodiaspórica, conlleven al goce pleno de derechos sociales, económicos, civiles, culturales, políticos, ambientales y al desarrollo de esas comunidades.

Además, que se cree un Fondo de Desarrollo para implementar intervenciones transformadoras, así como un Centro de Memoria Histórica con vistas a de conocer de dónde vienen y quiénes son.

Finalmente, solicita la adopción de un Foro Global Afrodescendiente dentro de la Organización de las Naciones Unidas como mecanismo de coordinación, monitoreo, acompañamiento y consulta permanente de las propias entidades de esas comunidades.

Coincidiendo con esos encuentros, el Fondo de Poblaciones de Naciones Unidas (Unfpa) divulgó un estudio, denominado Juventud afrodescendiente en América Latina: realidades diversas y derechos (in)cumplidos, el cual constató la desigualdad y la discriminación de los jóvenes afrodescendientes en América Latina.

Refleja desventajas, exclusiones y discriminación de que es víctima la población de origen africano en Latinoamérica, donde se calcula viven unos 24 millones de jóvenes afrodescendientes.

Ese segmento de la población, precisa el estudio, sufre una triple exclusión: étnica-racial, de clase -generalmente son pobres- y generacional, por la edad. Y sumado a ello, las jóvenes de ese color cargan además con la discriminación de género.

No obstante, el Unfpa reconoce que la situación de los afrodescendientes en la región tiene mayor visibilidad en los últimos años, gracias a la creación de instituciones gubernamentales encargadas de los asuntos de estos integrantes de la población y al aumento de las organizaciones defensoras de sus derechos.

Sin embargo, sostiene, eso no resulta suficiente y propone inversiones y fortalecer políticas afirmativas para la juventud afrodescendiente en un contexto de derecho como vía para eliminar las desigualdades, la discriminación y la exclusión.

* Corresponsal de Prensa Latina en Brasil.

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Recesión en EE.UU. se ensaña con afroamericanos de clase media

Washington.- Los afroamericanos de clase media en Estados Unidos son hoy uno de los sectores más golpeados por la elevada tasa de desempleo de nueve por ciento que persiste en el país. La pérdida de puestos laborales eclipsó logros en materia de empleos y riqueza de la década anterior y socava la estabilidad de los barrios donde ahora conviven menos profesionales de piel negra, destacó el diario The New York Times.

Aunque la recesión económica surtió efectos devastadores en la clase media estadounidense en su conjunto, ha sido particularmente perjudicial para los negros de medianos ingresos en cuanto a desempleo y despidos de acuerdo con economistas y datos recientes del gobierno, indicó el rotativo.

Cifras oficiales precisan que en octubre la tasa de paro en el caso de los negros fue de 15,1 por ciento, casi el doble si se compara con el 8 por ciento para los blancos.

Los despidos en el sector público como estrategia para paliar la crisis fiscal deben tener en cuenta el impacto desproporcionado que provoca en las comunidades negras, alertó a inicios de año un estudio del Centro de Investigación y Educación Laboral en la Universidad de California.

Aunque el número exacto de afroestadounidenses sin trabajos resulta imprecisa, observadores alegan que la situación actual de Chicago puede ilustrar tan sombrío panorama. En esa urbe casi dos tercios de los empleados despedidos son de esa comunidad étnica, de acuerdo con un sindicato local de empleados.

Un estudio del centro Brookings Institution en 2007 encontró que menos de un tercio de los negros nacidos de padres de clase media devengó salarios superiores a sus progenitores, en comparación con más de dos tercios de los blancos de la misma categoría de ingresos.

La crisis hipotecaria también acabó con gran parte de una generación de ciudadanos negros propietarios de viviendas, recordó el Times. Recientes cifras del Censo muestran que en 2010, unos 49 millones de estadounidenses, es decir, una cifra récord de 16 por ciento de la población, pasaron a engrosar el pelotón de los más pobres en Estados Unidos.

De ellos, 25,4 por ciento corresponden a los afrodescendientes que junto a los latinos, con un 28,2 por ciento, representan los sectores más discriminados y desfavorecidos en la primera economía del mundo.