Los bancos de América Latina y el Caribe (ALC) prestan poco y cobran mucho por sus servicios: Las tarifas por préstamos de depósito e hipotecarios son considerablemente más altas que en otras regiones del mundo, y el costo anual de una cuenta corriente duplica al de Asia y es siete veces mayor al de Europa oriental, revela el nuevo informe insignia del Banco Mundial (BM) “El dsesarrollo financiero en América Latina y el Caribe: el camino por delante”.

El sistema financiero fue el talón de Aquiles de la región durante los años 80 y 90, pero “ha crecido y se ha profundizado, integrándose más y haciéndose más competitivo con el surgimiento de nuevos participantes, mercados e instrumentos”, evalúala vicepresidenta del Banco Mundial para ALC Pamela Cox.

Los sistemas financieros de América Latina han logrado gran estabilidad en años recientes y ayudaron a contener la crisis económica, pero su mayor resistencia no ha derivado en un mayor número de servicios financieros en comparación con otras regiones del mundo.

Según el nuevo informe del BM, los bancos de la región exhiben varias debilidades: Prestan bastante menos y cobran más; financian el consumo individual por sobre la producción industrial de manera desproporcionada y son particularmente tacaños a la hora de entregar préstamos hipotecarios.

Los préstamos hipotecarios están fuera del alcance de las mayorías; el financimiento a largo plazo para hogares y empresas es problemático, y los mercados de capital acusan falta de liquidez. En general, los bancos de la región “todavía tienen una deuda pendiente con el consumidor”, afirma el economista en Jefe del BM para ALC Augusto de la Torre, coautor del informe junto a Alain Ize y Sergio L. Schmukler.

El sistema financiero en ALC

Los siete países más grandes de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) adoptaron una exhaustiva agenda de políticas para fomentar la inclusión financiera, con resultados notables en cuanto a la incorporación de hogares pobres y microempresas. El resto de la región ha sido menos activa al respecto, evalúa el BM.

El subdesarrollo de los sistemas financieros de ALC abarca muchos indicadores. Mientras Chile posee el fondo de pensiones más desarrollado, representando un 70% del Producto Interno Bruto, y Brasil la mayor industria de fondos de inversión, con un 42% del PIB, ambos indicadores representan el 10% o menos del PIB en el resto de los países de América Latina.

Las estadísticas brutas sobre el número de sucursales, cajeros automáticos y depósitos sugieren que los países de ALC se encuentran a la par de economías de Asia, pero acusan un retraso en relación con los países desarrollados del G7 y de Europa del Este. En cuanto al número promedio de depósitos por cada 1.000 adultos, las cifras de ALC son similares a las de Asia y de las economías avanzadas no pertenecientes al G7, pero inferiores a las de Europa del Este y del G7.

Respecto al número de préstamos, ALC tiene un desempeño superior a la mayoría de otras regiones. En años recientes, el crédito al consumo se expandió más en ALC que en otras regiones comparables y, en términos relativos, a costa de préstamos a compañías y créditos de vivienda. Los préstamos para hipotecas ocupan la posición más baja en comparación con otras regiones del planeta, representando 14% de los créditos totales en el período 2008-2009, frente al 58% en China, 49% en Europa y 47% en el G7.

Hay diversas barreras pecuniarias posibles al acceso. El balance mínimo medio requerido por los bancos en los países ALC normalmente es similar al observado en la mayoría de países en vías de desarrollo. De la misma manera, el balance mínimo requerido para mantener cuentas de ahorro y cuentas corrientes es más bajo que los exigidos en la mayoría de países en desarrollo y concuerdan con las prácticas de las economías desarrolladas. Sin embargo, las tarifas de los depósitos en ALC tienden a ser más altas que las observadas en otras regiones. De la misma manera, las tarifas de los préstamos al consumo y residenciales (hipotecarios) en América Latina superan sustancialmente a las de la mayoría de países de comparación.

En términos de barreras no pecuniarias, el número de documentos requeridos para abrir cuentas de depósito en América Latina también supera los requisitos de la mayoría de los demás países. Sin embargo, el número de lugares donde los clientes pueden abrir una cuenta corriente o postular a un préstamo es comparable o mayor en los países de ALC, incluso comparados con las economías del G7.

Las principales barreras al uso de los servicios en América Latina parecen ser los costos pecuniarios o tarifas cobradas por préstamos de depósito e hipotecarios, que siguen siendo considerablemente más altas que en otras regiones.

En cuanto a la demanda de servicios bancarios, la gran mayoría de empresas (incluidas las PyMEs) en ALC tienen una cuenta bancaria. Entre las grandes empresas y las PyMEs, el uso del crédito bancario en las naciones más desarrolladas de ALC está más generalizado que en Asia y Europa del Este. Sin embargo, hay una diferencia perceptible (en todas las regiones) entre el número de empresas grandes y pequeñas que utilizan productos crediticios.

Si bien las PyMEs parecen hacer un uso más amplio de préstamos bancarios para financiar sus adquisiciones de activos fijos, la diferencia en la medida del uso entre las grandes empresas y las PyMEs es notablemente grande comparada con Asia o Europa del Este. Esta diferencia sustancial es un asunto de potencial preocupación que merece ser analizado con mayor profundidad, subraya el informe del BM.

La información de la demanda de los hogares es muy limitada y difícil de comparar entre países, porque los instrumentos del estudio y las muestras varían de país en país. Sin embargo, la CAF recientemente llevó a cabo estudios comparativos sobre los hogares en Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Uruguay (grupo ALC5).

Los estudios revelaron que el 51% de los hogares en ALC5 tienen una cuenta bancaria. Entre los hogares que no tienen una cuenta, entre las principales razones citadas aparece la falta de fondos (61%) o la carencia de un empleo (19%). Solo el 11% de los hogares “no confían en las instituciones financieras” o “no son capaces de cumplir con los requisitos para abrir una cuenta” y el 7% se quejó de las altas tarifas.

Las estadísticas referidas al uso de cuentas bancarias en los hogares en países fuera de ALC5 son muy similares. Aproximadamente el 52% de los hogares tiene una cuenta y, entre aquellos que no la tienen, el 72% menciona la falta de dinero; el 5% se queja de las altas tarifas y el 13% no cumple con los requisitos para abrir una cuenta.

El uso de los préstamos es aún menos típico que el uso de cuentas bancarias. Sólo cerca del 21% de los hogares en ALC5 tienen un préstamo, y 62% nunca han postulado a uno. En el caso de otros países de ALC (Bolivia, Ecuador, Panamá y Venezuela), sólo 16% de los hogares tiene un préstamo y 66% nunca han postulado a uno.

En general, los datos de los hogares revelan que el uso de servicios bancarios es más bien limitado en América Latina por falta de ingresos y autoexclusión. Si bien la falta de demanda parece ser un factor importante para explicar el uso limitado de servicios bancarios, las altas tarifas pecuniarias de los depósitos y préstamos también podrían estar actuando como barreras, indica el BM.

Desempeño de la banca comercial y de las AFPs

En primer lugar, la banca comercial de ALC tiene un desempeño inferior, tanto en términos de tamaño como de eficiencia. En segundo lugar, parece haberse producido un aumento sustancial del crédito al consumo, aunque gran parte a expensas de otros tipos de préstamos, entre ellos al mercado hipotecario (donde ALC sufre el mayor retraso) y al financiamiento de pequeñas y medianas empresas (PyMEs).

En tercer lugar, el mercado de renta variable interno también tiene un desempeño bajo en comercialización y liquidez, cuando no en capitalización. Finalmente, la industria de los seguros está retrasada en el tamaño tanto de las primas como de los activos.

En lo que se refiere a la capacidad de ALC de apostar por el largo plazo, a pesar del fuerte desarrollo de (y las altas tarifas cobradas por) sus administradores de activos, estos últimos siguen concentrando sus carteras en el corto plazo y/o en los títulos más líquidos.

La mayoría de los bancos comerciales optan por el corto plazo, y en general igualan la duración de sus activos con la de sus pasivos. Esto, a su vez, refleja sus propias preferencias de administración del riesgo, así como la existencia de requisitos prudenciales, que normalmente penalizan el desajuste entre plazo de vencimiento y duración.

Los bancos comerciales limitan el riesgo de largo plazo mediante hipotecas de tipos variables o igualando la larga duración de sus activos con la de sus pasivos mediante bonos con cobertura (como en Chile) o con financiamiento público de largo plazo (como en Brasil o México, donde los bancos comerciales canalizan préstamos de largo plazo de segundo nivel desde los bancos de desarrollo).

En resumen, los bancos de ALC ya son sumamente rentables sin asumir demasiados riesgos.

Por otro lado, las administradoras de fondos de pensiones (AFP) de aportación definida se han convertido en los administradores dominantes en diversos sistemas financieros de la región. Los fondos de pensiones privados son importantes en Bolivia, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Perú y Uruguay, países que han implementado reformas de las pensiones al estilo de Chile.

Las AFPs se ven aquejadas por tres problemas interrelacionados: son caras para lo que hacen; invierten mayormente en activos estándares líquidos relativamente seguros; y tienden a gastar demasiado en marketing y en cobranza. Las tarifas de administración han bajado pero todavía son relativamente altas, y dan como resultado índices generalmente muy altos de rentabilidad para las AFP. 

A pesar de que la participación de los bonos estatales y los depósitos bancarios ha ido declinando, sigue representando, en promedio, alrededor del 60% de las carteras de las AFPs. Para beneficiarse tanto de la mayor liquidez como de los beneficios de diversificación del riesgo, las AFP invierten cada vez más en el extranjero en lugar de hacerlo en el interior.

La preferencia de invertir a corto plazo y en activos seguros, más que a largo plazo y en activos riesgosos, en gran medida refleja el hecho de que los fondos de pensiones no tienen una responsabilidad formal, para no hablar de una responsabilidad a largo plazo. Son los pensionistas, los que absorben todos los riesgos de inversión, no las AFPs.

Recomendaciones

Llegó el momento de que el sector financiero de ALC se expanda de manera sustentable en nuevas direcciones, fomentando la actividad económica y la inclusión financiera, recomienda el informe “El dsesarrollo financiero en América Latina y el Caribe: el camino por delante”. “La crisis reciente subraya la necesidad de que el Estado conduzca el proceso de desarrollo financiero por carriles seguros, y sin socavar la disciplina del mercado”, dice Augusto de la Torre.

Según el BM, los desafíos de los países de la región son encontrar un equilibrio adecuado entre la regulación de las inversiones financieras, por un lado, y dejar que los inversores asuman los riesgos, por el otro; mejorar los derechos de los prestatarios y su cumplimiento para fomentar el otorgamiento de créditos; y promover el desarrollo de mercados con financiación a largo plazo.

No se descarta que algunas de las recomendaciones del BM sean consideradas en la futura reforma financiera que negocia el gobierno de Evo Morales con la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban). Por lo pronto, la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) modificó una normativa que obligaba a las entidades financieras a otorgar préstamos solamente a las unidades productivas que tenían una declaración de tributos al Servicio de Impuestos Nacionales (SIN).

La directora ejecutiva de la ASFI Lenny Valdivia reconoció que esa exigencia generó preocupación en las micro, pequeñas y medianas empresas, por lo que se flexibilizó esa norma y se definió un plazo de hasta tres años para que el sector pueda formalizarse. La pequeña empresa, que concentra el 15,2% del total de la cartera de créditos del sistema financiero, recién a partir del 1 de mayo de 2014 deberá presentar su declaración de tributos al SIN para acceder a un crédito. Con relación a la mediana empresa, que recoge el 16,8% del total de la cartera de crédito, el plazo vence el 1 de mayo de 2013.

Respecto al sector de la microempresa, que absorbe el 35,7% el total de la cartera de créditos, la titular de la ASFI dijo que no existen plazos y que los bancos tienen que seguir otorgándoles préstamos sin mayores inconvenientes. Por último, la gran empresa, que abarca el 32,3% de la cartera de crédito, no se verá afectada porque cuenta con estados financieros. (ABI)

Por otro lado, el Poder Ejecutivo ha decidido cobrar un nuevo impuesto a las entidades financieras. Según la Disposición Adicional Quinta de la Ley Financial de 2012, “las utilidades de entidades financieras bancarias y no bancarias reguladas por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), exceptuando los bancos de segundo piso, que excedan el 13% del coeficiente de rentabilidad respecto del patrimonio neto, a partir de la gestión 2012, estarán gravadas con una alícuota adicional del Impuesto a las Utilidades de las Empresas (IUE) del 12,5%”.

“La banca ha estado ganando hasta 150 millones de dólares al año. Está bien, nos alegramos por ello, pero como ha estado sucediendo en otras actividades, se está proponiendo un impuesto sobre la rentabilidad excedente que pudiera tener el sector”, anunció el ministro de Economía y Finanzas Luis Arce.

Con el nuevo tributo, el Tesoro General de la Nación obtendría al menos 19 millones de bolivianos.

* Fuente: http://siteresources.worldbank.org/LACINSPANISHEXT/Resources/FLAGSHIP_esp1.pdf