El “modelo económico plural” definido en el Art. 306 de la Constitución articula cuatro formas de organización económica sobre los principios de “complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, seguridad jurídica…”. Una falacia más de los teóricos subjetivistas que pretenden subordinar la realidad objetiva a sus esquemas mentales.

El Art. 306 de la Constituciòn Política del Estado Plurinacional señala: “I. El modelo económico boliviano es plural… II. La economía plural está constituida por las formas de organización económica comunitaria, estatal, privada y social cooperativa. III. La economía plural articula las diferentes formas de organización económica sobre los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, seguridad jurídica… La economía social comunitaria complementará el interés individual con el vivir bien público…”.

Es evidente que en el país coexisten todas esas formas económicas, hasta ahí no hay ninguna novedad; la interpretación subjetiva está en pensar que todas ellas se encuentran congeladas, sin “asimetrías”, en sus grados de desarrollo y que pueden coexistir de manera complementaria, recíproca, solidaria, etc; que unas –por ejemplo la privada– no tiene ninguna contradicción con otras formas –por ejemplo con la comunitaria–.

La experiencia diaria, ya no la argumentación teórica, demuestra que la compleja organización económica del país no se comporta de la manera que elucubran los teóricos masistas; que estas formas de organización están basadas en formas de propiedad distintas, unas que se han mantenido luchando tercamente por sobrevivir (la propiedad comunal) frente a otras nuevas que han sido impuestas por la cruz y la espada feudales y por los cañones capitalistas a costa de la destrucción de la primera (propiedad privada). O sea, que unas formas de propiedad, desde su origen, han surgido y se han impuesto en una lucha mortal, unas usurpando y expropiando, y las otras defendiéndose.

Las más fuertes en su desarrollo material han terminado imponiéndose frente a las más débiles. Esa lucha por la sobrevivencia y la dominación es el trasfondo oculto de los acontecimientos más importantes de la historia, desde la América precolombina, pasando por el coloniaje, hasta llegar a la República actual.

Basta abrir los ojos para ver que estas diversas formas de propiedad se encuentran en permanente contradicción, cuyas expresiones sociales luchan para defender y consolidar sus intereses materiales: los cocaleros y “interculturales” asentados sobre la pequeña propiedad privada contra los indígenas de tierras bajas asentados sobre la propiedad comunitaria; los pequeños propietarios de la tierra contra los grandes latifundistas del Oriente; los indígenas comunitarios contra los grandes y pequeños capitalistas dedicados a la explotación minera con la finalidad de preservar su hábitat natural; los cooperativistas mineros contra la grande y pequeña minería privada y contra las empresas estatales, etc.

¿Cómo podrían estas diversas y contradictorias formas de propiedad “articularse” armónica y complementariamente para crear una nueva realidad económica “Plural”?

Según los masistas esta “economía plural” ya es una realidad en los nuevos bloques de integración económica latinoamericana como el ALBA, donde el comercio entre naciones está basado no solamente en las relaciones comerciales, sino también en la solidaridad y la complementariedad. Olvidan que en el seno del capitalismo la única realidad es la economía de mercado, la razón de ser del sistema social capitalista del que no nos encontramos excluidos.

El mercado penetra a las formas económicas precapitalistas, y allí donde existe excedente en la producción el mercado se impone irremediablemente. Así se explica por ejemplo que los indígenas del TIPNIS establezcan relaciones comerciales con empresas madereras, pesqueras o turísticas; o que los comunarios del Norte de Potosí (laimes, jucumanis, etc.) dejen de producir papas para dedicarse al contrabando de autos indocumentados o al narcotráfico.

Esta es la forma concreta de cómo una formación económica de mayor grado de desarrollo se impone a las otras menos desarrolladas. El mundo en el seno del capitalismo es “asimétrico”, donde dominan los poderosos sobre los débiles.

Bolivia es un laboratorio vivo donde se demuestran las falacias de los teóricos subjetivistas que pretenden subordinar la realidad objetiva a sus esquemas mentales.

A los subjetivistas hay que decirles que la única forma de construir un mundo sin “asimetrías de poder” es acabando con la gran propiedad privada de los medios de producción para construir una nueva sociedad basada en la propiedad social, el comunismo.

* Dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR).