El FELCO 2011 realizado en Bolivia tuvo como marco la nueva etapa de la crisis capitalista internacional en curso, signada por una agudización de la crisis de los estados, incluyendo la caída de gobiernos, como el Italiano y el Griego, y las movilizaciones de masas en todo el mundo contra los planes de ajuste. Mientras en todo el mundo la bancarrota capitalista pone en jaque al conjunto de las relaciones sociales existentes y empuja al capital a una ofensiva feroz contra los pueblos en todos los ámbitos, el arte y la cultura no son la excepción.

Declaración política

El FELCO 2011 realizado en Bolivia tuvo como marco la nueva etapa de la crisis capitalista internacional en curso, signada por una agudización de la crisis de los estados, incluyendo la caída de gobiernos, como el Italiano y el Griego, y las movilizaciones de masas en todo el mundo contra los planes de ajuste.

Como lo señaláramos en la edición del FELCO 2010, la utilización de los recursos de los Estados para rescatar a los bancos a costa de los trabajadores, no sólo no ha dado respuesta a la crisis en curso, sino que ha agudizado sus efectos, llevando a la quiebra a esos estados, y abriendo una etapa de crisis políticas.

Los esfuerzos por intentar rescatar un capitalismo en bancarrota han tenido por respuesta una enorme rebelión popular que se extiende por todo el planeta. La crisis no sólo puso de manifiesto la pobreza existente a nivel mundial, sino que la agudizó a límites intolerables.

Los rescates millonarios a bancos, no sólo no sacaron a estos de su quebranto, sino que sirvieron para aumentar la especulación financiera, que entre otras cosas, encareció el precio de las materias primas encareciendo los productos básicos, y empobreciendo aún más a los sectores populares.

En medio de la lucha por enfrentar las consecuencias de la crisis, la juventud trabajadora del mundo árabe comprendió que debía sacarse de encima las dictaduras y regímenes proimperialistas que las gobernaban desde hace décadas. Esta lucha abrió una nueva fase de resistencia, caracterizada por movilizaciones de masas y ocupaciones de los centros políticos. Las huelgas que precedieron la caída de Ben Alí en Túnez y de Mubarak en Egipto colocaron a la clase obrera en el centro de la lucha política.

Sus vecinos de Europa, inmediatamente tomaron las calles y las plazas bajo la bandera de los indignados contra el capital. Sumándose así al proceso de resistencia iniciado por la clase obrera griega movilizada contra el ajuste. Se expande por Europa el “que se vayan todos”, se impone la resistencia y la rebelión popular.

La novedad política más importante de la etapa es el estallido de movilizaciones multitudinarias en Estados Unidos, acompañadas por ocupaciones de lugares emblemáticos del centro del imperialismo (Wall Street, Puente de Brooklyng, etc). El incremento de la desocupación, de los desalojos y los recortes han despertado en el corazón del imperio una crítica al capitalismo.

El FELCO, que nació como expresión de un conjunto de representaciones artísticas de las rebeliones populares que recorrieron América Latina desde fines de la década del `90, como respuesta a los ajustes recomendados por el FMI y llevados a cabo por gobiernos de corte “neoliberal”, tiene más vigencia que nunca.

A una década de las rebeliones populares que sacudieron América Latina, las relaciones sociales en nuestro continente no se han modificado. Los gobiernos “nacionalistas” y centroizquierdistas fracasaron en su intento de darle una respuesta a las necesidades de las masas, que no sólo no fueron resueltas, sino que al calor de la crisis vuelven a agudizarse.

Las concesiones mínimas a los sectores populares, y los discursos “nacionalistas”, tuvieron como contraparte las negociaciones permanentes con la derecha, principal beneficiaria del crecimiento económico de la década.

Los discursos de autonomía nacional o “socialismo del siglo XXI” se encuentran hoy sometidos a las condiciones impuestas por el capital financiero y su bancarrota. La crisis mundial que está produciendo el derrumbe de la Unión Europea y su moneda, pone un freno a la especulación sobre el precio de las materias primas, condicionando aún más a estos regímenes políticos.

Todos los gobiernos latinoamericanos se muestran cómplices con los negocios capitalistas que destruyen el medio ambiente: con las represas hidroeléctricas, con los proyectos de minería a cielo abierto y con los agro negocios que desmontan selvas y desplazan a comunidades enteras de campesinos y pueblos originarios para remplazarlos por monocultivos.

Ante la crisis, los gobiernos “nacionalistas” y centroizquierdistas latinoamericanos no han dudado en aplicar procesos de ajuste contra los pueblos, adquiriendo estos la forma de tarifazos o de alza inflacionaria. Esta política ha comenzado a producir quiebres en su relación con las masas tal como lo prueba en Bolivia el conflicto del TIPNIS.

A su vez, en Chile los estudiantes enfrentan al gobierno en las calles por educación libre y gratuita, al igual que empieza a suceder Colombia. Los gobiernos derechistas muestras su inviabilidad como salida a la crisis.

En Argentina la lucha por el juicio y castigo a los asesinos de Mariano Ferreyra puso en la calle gigantescas movilizaciones que denunciaron el entramado cómplice del Estado con la burocracia sindical y los negocios capitalistas que defienden la precarización y flexibilización laboral, bases de la recuperación de las ganancias capitalistas de la etapa.

La rebelión vuelve a recorrer las calles y los pueblos de América Latina. Pero ya con una experiencia a cuestas. Esa experiencia debe servirnos para montarnos en ella. La crisis no es de la humanidad, es del capitalismo, por lo tanto deben pagarla los capitalistas y no el conjunto de los pueblos; por ello, como ya dijéramos en la declaración del Felco 2010: La crisis capitalista, y las nuevas rebeliones populares que preanuncia, plantean la gran tarea de emancipar a la clase obrera del nacionalismo o el progresismo burgués, que no han demostrado tener otra receta que revivir al agónico capitalismo y su régimen de explotación contra las necesidades de las masas.

La integración latinoamericana no será obra de los explotadores sino de la unión de todos los sectores explotados de nuestro continente para terminar con toda forma de explotación y sentar las bases de la unidad socialista de América Latina.

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A los Artistas

Mientras en todo el mundo la bancarrota capitalista pone en jaque al conjunto de las relaciones sociales existentes y empuja al capital a una ofensiva feroz contra los pueblos en todos los ámbitos, el arte y la cultura no son la excepción. 

Lo que existe en potencia en todo ser humano, la capacidad de plasmar un conjunto de experiencias sensoriales, simbólicas, emotivas, culturales, históricas, en lo que llamamos una obra de arte, se encuentra vedado para la mayoría de la humanidad. Son las condiciones materiales de existencia de esa gran mayoría las que impiden el pleno desarrollo de esta potencia. Son las relaciones sociales existentes las que determinan que sólo una pequeña porción de la humanidad tenga acceso a la producción, la exhibición, y el disfrute del acto artístico.

La avasallante mayoría que queda fuera, forma parte de la masa de explotados que solo cuenta con su fuerza de trabajo para vender, y a quién se le quita cada vez más la posibilidad de educarse y formarse en la producción artística. Se los condena a la producción impersonal y al trabajo mecánico, impidiendo el desarrollo de su expresión en el terreno de lo simbólico.Solo una pequeña porción de esta mayoría logra vencer las trabas que la situación provoca, y logra desarrollarse como artista popular.

En este contexto, sólo aquellos seleccionados por el mercado serán consideradosverdaderosartistaspor este. Pero el artista, lejos de ser una figura ideal, capaz de abstraerse de la realidad, es una persona de carne y hueso, sujeta a las fuerzas sociales en pugna y a las limitaciones de la organización social actual.

Se encuentra, así también, maniatado por un mercado capitalista del arte, en donde los dueños de los espacios, revistas, galeristas, curadores, productores, merchants, serán los encargados de calificar y valorar la obra para convertirla en una mercancía más sujeta a las necesidades del mercado, que impide su expresión en verdadera libertad. Este mercado, a su vez, dominado por la cultura impuesta desde el imperialismo, se encuentra en crisis como todo el sistema capitalista.

Es en este contexto que los gobiernos latinoamericanos dejan el fomento de la educación, la producción, la exhibición y la distribución del arte en manos privadas o le destinan mínimos recursos.La prueba son las leyes de mecenazgo que intentan promulgar. Dejando el fomento del arte a empresas privadas y a sus intereses, cercenan, desde el comienzo, las posibilidades de desarrollar un arte independiente y libre de los condicionamientos que su mecenas imponga.

El artista, entonces, reconocido o no, en potencia o en acto, comparte con el conjunto de la clase obrera la necesidad inmediata de enfrentar el avance de la privatización, el vaciamiento, el empobrecimiento, los despidos, y la alienación que propugnan los capitalistas como fórmula de rescate del agotamiento del sistema.

Con total independencia del Estado y de sus partidos, los estudiantes, artistas y trabajadores de la cultura debemos organizarnos. Exigirle al Estado la ampliación de los presupuestos de cultura bajo gestión de sus trabajadores y rechazar el mecenazgo como forma de financiamiento; la creación de bolsas de trabajo para artistas controlada por sus organizaciones, y exigir los recursos para el desarrollo artístico independiente (salas de exposición, talleres, difusión, centros culturales, etc.).

Para ello, debemos poner en pie un movimiento de artistas sin imposición ni restricción estética alguna, que luche por el derecho al acceso a la cultura de la juventud y el pueblo, junto a los trabajadores, en el camino hacia la transformación por una sociedad sin explotación en la que pueda existir un arte verdaderamente libre.

Aprobado por unanimidad en la Asamblea, La Paz, 25 de Noviembre de 2011