(CounterPunch-Rebelión).- En los últimos años, las universidades están adoptando el modelo corporativo en su administración. “Estoy especialmente preocupado por lo que esto significa para la cultura de la universidad… No capacitamos gente para ser organizadores comunitarios o activistas sindicales; no capacitamos gente para que ayude a mejorar algunos de los problemas causados por el movimiento hacia una economía de más libre mercado, de capitalismo sin trabas”, dice Peter Seybold, ex director la división de estudios laborales de la Universidad de Indiana.

Peter Seybold fija el origen de la perniciosa influencia que la corporativización ha tenido en el campus estadounidense en un memorando escrito por el abogado de Richmond, Virginia, Lewis F. Powell Jr. a la Cámara de Comercio de EE.UU. a finales del verano de 1971, casi una década antes de la Revolución de Reagan de 1980.

Powell,propuesto como juez de la Corte Suprema por el presidente Richard Nixon solo dos meses después, dijo que las empresas estadounidenses tenían que tomar la ofensiva para contrarrestar los movimientos sociales de los años sesenta y principios de los setenta, dijo Seybold, profesor de sociología en la Universidad-Purdue de Indiana en Indianápolis (IUPUI en inglés). Entre las instituciones que Powell dijo que deberían ser recuperadas por el mundo empresarial estaba el campus estadounidense. “Parte de esto fue un ataque cultural y político contra la universidad”, dijo Seybold.

Al llamado de atención de Powell para la erradicación de la izquierda estadounidense de los campus y de toda la sociedad se le da crédito por “inspirar la fundación de muchos think-tanks conservadores, incluidos la Heritage Foundation, el Cato Institute y el Manhattan Institute”, según el sitio en la web de PBS sobre la Corte Suprema que reproduce el memorando.

Titulado “Ataque contra el sistema de la libre empresa estadounidense”, menciona la universidad en primer lugar en la lista de fuentes de ataque de Powell: “Las voces más inquietantes que se suman al coro de crítica provienen de elementos perfectamente respetables de la sociedad: de los campus universitarios, de los púlpitos, de los medios, de revistas intelectuales y literarias, de las artes y las ciencias, y de la política”.

Aparte de los think-tanks derechistas, el memorando inspiró la acción del ex radical de la Nueva Izquierda, David Horowitz, entre muchos otros. El otrora editor de la revista Ramparts “ahorá está primorosamente financiado por la derecha para que haga todas estas cosas, comoerradicar a la izquierda del campo académico”, dijo Seybold.

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Seybold fue director la división de estudios laborales de la Universidad de Indiana y cuando la abandonó en 2001, había sido diezmada por la ofensiva de la derecha en el campus. Quince años después de sumarse a lo que es ahora el Programa de Estudios Laborales de la IU, el residente de Bloomington se fue y desde entonces ha servido como profesor asociado en IUPUI en el centro de Indianápolis.

Desde que entró al mundo académico en 1978, Seybold se ha concentrado en “sociología política, desigualdad, sociología laboral y el movimiento sindical” y exploró el impacto que el dinero tiene sobre la educación superior desde que hizo un estudio sobre la Fundación Ford a principios de su carrera.

“En 1984 me pidieron que diera una conferencia en un universidad de Pensilvania, y le di el título de ‘Hacia una estación de servicio corporativa’”, dijo el profesor oriundo de Nueva Jersey. “Fue una especie de comienzo de mi interés por el tema, porque incluso entonces ya vi que la influencia del dinero estaba cambiando la cultura de la universidad”.

En los últimos años, Seybold se ha interesado cada vez más de cómo imitan las universidades al mundo corporativo y cómo están adoptando el modelo corporativo en su administración. “Estoy especialmente preocupado por lo que esto significa para la cultura de la universidad y en general por la degradación del entorno en el que trabaja el cuerpo académico, el personal, los estudiantes y administradores debido a la acometida del modelo corporativo”, comentó.

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La calidad de la enseñanza, por ejemplo, no es ni de lejos tan importante en la contratación en la universidad corporativa como lo era históricamente, dijo Seybold. “Ahora la mayoría de los departamentos, cuando contratan nuevos profesores, consideran cuántas subvenciones aportan y su potencial para obtener subvenciones aún mayores en el futuro. Cuando comencé en el mundo académico, la obtención de subvenciones no constituía un factor importante en las decisiones de contratación”.

Los resultados, dijo, son profesores que enseñan lo menos posible, que utilizan subvenciones para buscar un camino para salir de la enseñanza y concentrar su investigación en ideas que tienen el potencial de convertirse en productos. “Lo describo como mercantilización de la universidad… Y diría que esto tiene efectos en todos los aspectos de la cultura universitaria”.

Entre esos aspectos está la manera de tratar a los estudiantes, la cantidad de adjuntos utilizados como “básicamente trabajo a tiempo parcial para reemplazar a académicos a tiempo completo”, las librerías y servicios alimentarios que ahora son franquicias, y la subcontratación de trabajos como el mantenimiento del campus, dijo Seybold.

“Se puede ver esa lógica en todas las partes de la universidad y ver cómo se implementa”. Por ejemplo, algunas disciplinas y departamentos que valen la pena y deberían apoyarse no pueden ganar dinero. “Está cambiando fundamentalmente la cultura universitaria”, comentó.

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La lógica se extiende a lo que debería ser la parte más significativa de la experiencia universitaria –la sala de clases– donde el modelo corporativo produce incentivos para salas de clase más grandes, educación en línea y un movimiento para apartar de la enseñanza personalizada, describió Seybold. “Las corporaciones suministran de buena gana materiales para que se incorporen en los cursos”.

El modelo corporativo también impacta negativamente en las vidas de los estudiantes, según Seybold. Muchos tienen instructores que no tienen oficinas en las que puedan discutir su trabajo en privado. Y debido a los elevados costes de la educación, van a más clases y frecuentemente realizan múltiples trabajos, degradando sus experiencias en el campus y las salas de clase.

En los campus urbanos como IUPUI, donde hasta un 75% o más de los estudiantes trabajan, el creciente coste de la colegiatura y de la vida en el campus ha causado un fenómeno llamado “no volver”. En consecuencia, los estudiantes muestran cada vez más interés en partes del estudio universitario que están directamente conectados con los negocios, dijo Seybold. Y la deuda que acumulan en la universidad también influye en sus opciones profesionales.

“Seis meses después de que terminan tienen que comenzar a pagar esa cuenta de préstamo de 50.000 o 60.000 dólares. Por lo tanto no se muestran tan dispuestos a decir AmeriCorps o Peace Corps o a trabajar para el movimiento sindical o un grupo comunitario porque tienen que ganar dinero”.

Otro ejemplo es el aumento del aprendizaje a través del servicio, en el cual los estudiantes obtienen crédito por trabajar en las comunidades en las que estudian. Seybold piensa “que es aprendizaje a través del servicio que se apoya básicamente el statu quo. No capacitamos gente para ser organizadores comunitarios o activistas sindicales. No capacitamos gente para que ayude a mejorar algunos de los problemas causados por el movimiento hacia una economía de más libre mercado, de capitalismo sin trabas”.

Si tuviera que identificar una señal como el punto clave en la corporativización de la universidad estadounidense, Seybold dijo que sería la disminución en el financiamiento público de las universidades. “Una vez que se hace algo semejante, una vez que se reniega del compromiso con una universidad pública mediante dineros públicos, se pone en movimiento toda esta mercantilización y corporativización”.

Esto significa que las corporaciones casi pueden, en efecto, comprar ciertos programas y que la lógica de los negocios se transfiera a la universidad, dijo, de modo que todo se convierte en conteo de personas y departamentos que ganan dinero.

La universidad de Indiana institucionalizó temprano la lógica corporativa con presupuestos centrados en responsabilidades, que trató de convertir a cada escuela e incluso a departamentos en unidades de negocios separadas que tienen que mantenerse cobrando a otros departamentos por sus servicios y cosas semejantes, reveló Seybold.

“Una vez que se acepta esta lógica, cuesta detenerse”.

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En un sentido social más amplio, el ataque de la derecha a la cultura universitaria refleja las preocupaciones de las elites respecto a la contracultura y los movimientos de los años sesenta y los esfuerzos por repudiarlas, afirmó Seybold.

“Esto incluye reescribir los años sesenta y convencer a las generaciones posteriores de que muchos de nuestros problemas provienen de los años sesenta… y que los años sesenta no fueron tan buenos como la gente que los vivió dijo que eran”.

Por lo tanto Seybold y otros que se adhieren a los ideales liberales del propósito y la cultura universitaria –“porque es una universidad pública, deberíamos servir a nuestros estudiantes”– son considerados básicamente como dinosaurios que se aferran a realidades que se han transformado.

Al provenir del movimiento sindical y como sociólogo interesado en la organización del trabajo, Seybold considera el campus corporativo como un ataque contra el trabajo del profesorado. “Considero que ser profesor es una ocupación especializada, y creo que mi trabajo se encuentra bajo ataque”.

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Seybold dijo que durante cerca de cinco años ha habido una creciente concienciación en todo el campus respecto a la influencia que las corporaciones tienen en la vida universitaria.

Piensa que existen ejemplos, uno de ellos un exitoso esfuerzo de organización que tuvo lugar este año por parte de trabajadores del servicio alimentario en la IUPUI. “Ha habido más activismo por la parte de organizaciones como la AAUP (Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios). Pienso que existe un aumento de la conciencia entre estudiantes graduados de que sus perspectivas laborales son muy inseguras en esta universidad corporativa”.

Pero la conclusión es que las universidades actuales entrenan más que educan, dijo Seybold, y las repercusiones tienen un impacto negativo en todos los aspectos de la vida universitaria.

“Lo describo como una degradación de la cultura de la universidad. Afecta a los estudiantes, al personal, al cuerpo académico y a la administración cuando la institución sirve cada vez más como una criada para las corporaciones”.

* Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/11/21/the-corporatization-of-the-american-university/Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens. Para contactar con Steven Higgs: editor@BloomingtonAlternative.com.