Hoy muchos jóvenes comienzan a participar, poniendo toda la energía y predisposición desde diversas corrientes sociales, culturales, políticas, económicas y espirituales buscando nuevos paradigmas de vida a su existencia. El militante que se deja dominar por el conformismo, la falta de análisis crítico y de valores, termina siendo funcional al sistema de dominación.

El hermano de caminada y militancia “Perico” Pérez Aguirre ya no se encuentra entre nosotros, pero si en el pensamiento y compromiso del SERPAJ-Uruguay que hoy cumple 30 años de lucha y resistencia en defensa de los derechos humanos y de los pueblos. El señaló con preocupación la importancia de la acción y la coherencia en la militancia, los valores y ética, así como los riesgos y peligros cuando se equivocan caminos y objetivos.

Con fraterna amistad les dijo: “militante: ¡Cuidado con perder tu alma!, es necesario revisar y encontrar el sentido y los objetivos en los caminos de liberación adoptados. El entusiasmo de tantos jóvenes que participan y buscan asumir su compromiso junto al pueblo con ideales con el fin de construir sociedades más justa y fraternas, se encuentran ante la necesidad de formación, de conciencia crítica y de saber cuál es la pertenencia e identidad que lo lleva a asumir la militancia.

En el hacer se presentan los riesgos de la militancia y muchas veces queda inmersa únicamente en los problemas coyunturales, sin darse cuenta que se vuelven como el pez, “que no ve el agua porque vive en ella.”

El SERPAJ- Uruguay asumió la lucha contra la dictadura militar de su país, desde la opción junto a los más pobres y necesitados y continúa aportando en la formación, educación y compromiso en defensa de la vida, de los derechos de las personas y los pueblos desde hace tres décadas.

En ese caminar, Perico abrió sus brazos como jesuita y militante, construyendo espacios de libertad y participación social junto a los compañeros y compañeras del Serpaj Uruguay y América Latina. Su vida fue coherente y es bueno tener presente su testimonio donde los militantes encuentren fuerza para el compromiso al servicio de los pueblos.

Es necesario hacer un alto y reflexionar sobre la militancia y sus diversos cauces que desembocan en el gran río. Es necesario comprender la diversidad en la unidad, sabiendo que el cauce arrastra en su corriente todo, lo positivo y negativo. Que deja su sedimento en la memoria, la historia, sus luces y sombras, la riqueza y la pobreza, los desechos y conflictos que han costado sufrimiento y vidas a los pueblos, como también su capacidad de la resistencia y esperanza.

En este cauce continúan sus luchas, sabiendo que son parte del continente latinoamericano y comprendiendo que una gota de agua es todo el río y todo el río está en esa gota de agua.

Nuestro siglo sufre la aceleración del tiempo. Del tiempo mecánico, el tiempo natural y el tiempo personal, alterando sus ritmos. Por eso es necesario recuperar el equilibrio. La militancia no puede obviar esos cambios y dejarse dominar por la aceleración, necesita buscar caminos superadores y nuevas condiciones de vida. Es necesario decir como decía el querido “pelao” Monseñor Angelelli, el mártir de los llanos riojanos, que “hay que seguir andando nomás”.

Hoy muchos jóvenes comienzan a participar, poniendo toda la energía y predisposición desde diversas corrientes sociales, culturales, políticas, económicas y espirituales buscando nuevos paradigmas de vida a su existencia. Tienen capacidad para discernir entre precio y valor; saber que no son lo mismo.

No basta denunciar los males que vive nuestra sociedad, como el hambre en el mundo, no basta saber sobre los informes de la FAO que señala que mueren por día más de 35 mil niños de hambre en el mundo, cuando ha aumentado la capacidad de la producción de alimentos. Que la economía mundial provoque el desequilibrio donde el 20 por ciento consume el 85 por ciento de los recursos y bienes que produce el planeta y que el resto de la humanidad debe contentarse con sólo el 15 por ciento.

No basta hablar de los pobres y lamentarse, en todas partes se realizan congresos y encuentros, se publican estadísticas, pero ¿se preguntaron por qué hay pobres? ¿Se preguntan sobre el sistema neoliberal, que se apropia de los bienes y recursos de los pueblos y deja a la mayoría en la pobreza y marginalidad?

Si la lucha en defensa de los derechos humanos no se comprende en profundidad, nos quedamos en los efectos sin ver las causas, y la militancia se debilita y vuelve asistencialista, inoperante hipotecando el presente y arriesgando el futuro.

Los derechos humanos no son analgésicos del dolor, paliativos para sostener el sistema de dominación; a través de las luchas sociales se lograron gobiernos constitucionales. Se dice que vivimos en democracia porque hemos recuperado el ejercicio del voto, pero se continúa con el fraude electoral en varias provincias donde los señores gobernadores- feudales se han apropiado de las provincias y hacen lo que quieren y no lo que deben, utilizándolas para sus negocios e intereses políticos, quitándoles los documentos a los indígenas para votar y votando paraguayos que llegaron a Formosa a cambio de planes asistenciales del gobierno de Gildo Insfrán

La Argentina es un país que perdió su soberanía y poco se hace por recuperarla; un país que no controla sus propios recursos y bienes naturales, como las industrias estratégicas, es un país dependiente y sometido a los intereses de las empresas transnacionales.

No podemos engañarnos: se ha profundizado el sistema neoliberal desde la dictadura militar, se ha privatizado todo durante el gobierno de Menem, vendido y vilipendiado el patrimonio del pueblo con total impunidad, empresas como YPF, Agua, energía, minería, ferrocarriles, empresas del Estado, territorio, que está llevando en la actualidad a la destrucción de los recursos y bienes naturales.

El militante que se deja dominar por el conformismo, la falta de análisis crítico y de valores, termina siendo funcional al sistema de dominación. Basta mirar alrededor para darse cuenta de la desgracia en que han caído algunos militantes que han perdido la mística transformadora y revolucionaria de alcanzar nuevos paradigmas de vida, de sociedad y la visión de la lucha por la unidad de los pueblos en el continente, frente a los desafíos que hoy se presentan para la humanidad

Los intereses personales más de una vez afloran y confunden a los militantes cuando se anteponen a los objetivos y fines que dan sentido a sus acciones y caminos de liberación, esos militantes terminan perdiéndose en el laberinto del activismo por el activismo mismo que va hacia ningún lado.

* Premio Nobel de la Paz.