Washington, Londres, Beijin y La Habana (PL).- El calentamiento global y su influencia sobre los hielos del océano Glacial Ártico y el Continente Antártico despiertan el interés de las compañías que buscan nuevas fuentes de recursos. Se calcula que en las zonas árticas se acumula una cantidad de petróleo y gas natural equivalente al 25% de todas las reservas conocidas actualmente, lo cual alimenta múltiples reclamos territoriales. Pero hay algo más a tener en cuenta: si se derriten los hielos antárticos, la catástrofe mundial sería indescriptible, con un aumento de hasta 60 metros en el nivel de los océanos.

La Antártica es un continente con unos 14 millones de kilómetros cuadrados, o sea, el doble del tamaño de Australia, y posee el 70% del agua dulce del Planeta. Además de contar con una altura promedio de unos dos mil metros sobre el nivel del mar, el continente está cubierto por una capa helada que alcanza, según los lugares, entre 2.500 y 4.800 metros de grosor.

Esta capa es uno de los obstáculos más formidables para cualquier actividad de prospección y/o explotación de los eventuales depósitos minerales que se sospecha existen en abundancia en esta región helada del planeta. Los otros impedimentos son las bajísimas temperaturas y los vientos huracanados que soplan en casi toda la zona. Las temperaturas descienden a 50 grados Celsius bajo cero, con un récord de -89,3 grados en 1983 en la estación de observación rusa Vostok, y los vientos alcanzan corrientemente más de 200 kilómetros por hora.

La Península Antártica, que se proyecta como una lengua de tierra hacia el extremo sur del continente americano, es la que en verano muestra las mayores áreas desprovistas de hielo y donde se ha evaluado la existencia de recursos minerales. La otra manera de proyectar esas potenciales riquezas es considerando que la Antártica formaba parte del continente de Godwana, del cual se desprendieron todos los actuales. Por tanto, se infiere que aquí existe una estructura geológica similar a la del Cono Sur de América, Sudáfrica, la India, Australia y Nueva Zelanda.

De ahí que con esa información, comprobable en las tierras antárticas emergidas, se considere que hay depósitos importantes de carbón y hierro, así como la presencia de antimonio, cromo, oro, molibdeno, uranio y petróleo, entre otros. El Servicio Geológico de Estados Unidos afirma que el 30% de las reservas de gas del planeta y el 13% del petróleo están bajo los hielos del Ártico.

Pero la explotación de tales yacimientos está prohibida hasta el año 2048 por un protocolo firmado en Madrid en 1991, por los signatarios del Tratado Antártico, que entró en vigor el 23 de junio de 1961. Son miembros del Tratado 26 países de todos los continentes, en tanto que la Secretaría permanente radica en Buenos Aires.

Aunque algunos de esos estados mantienen reclamaciones territoriales sobre partes de la Antártica, éstas no son reconocidas por las Naciones Unidas, y están en la práctica congeladas en virtud del Tratado. Sin embargo, lo que más protege los recursos naturales de la zona de la explotación intensiva es lo inhóspito del lugar y los altísimos costos que implicaría cualquier inversión. ¿Y si con el calentamiento global cambian las cosas?

Un nuevo modelo de pronósticos dado a conocer por el científico Wieslaw Maslowski, ante una reunión anual de Geociencias de la Unión Europea, vaticina que los hielos del Artico desaparecerán durante los veranos en la presente década. Gran expectación e incluso escepticismo ha catapultado la aseveración del experto, pues sus estimados puntualizan que los hielos del Ártico desaparecerán totalmente durante los veranos aproximadamente en 2016. No obstante, sugiere un margen de error de unos tres años hasta 2019.

Un informe presentado con anterioridad por el profesor Maslowski, calculaba que esos augures se cumplirían en 2013. El estudioso asegura haber seguido esta vez métodos de trabajo e investigación similares a los del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC). El científico Walt Meier, del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de EE.UU., ha comentado que aunque el trabajo del equipo de Maslowski es bastante bueno, sostiene el criterio que esto ocurrirá alredor de 2040 o 2050.

El hecho es que la Antártica pierde cada año unos 150 kilómetros cúbicos de hielo y en los últimos años gigantescos témpanos se han desprendido de los hielos flotantes de la banquisa continental. El Ártico está derritiéndose a un ritmo acelerado, por lo que zonas costeras y fondos marinos de Rusia, Canadá, Estados Unidos, Noruega y Dinamarca, ricos en hidrocarburos y pesca, quedarán cada vez más accesibles.

Hombres de negocios de Canadá y Rusia, con áreas de sus naciones bajo los hielos, se interesan ya en la prospección y explotación de minerales en las tierras dejadas al descubierto por la desaparición de los hielos. Frida Bengtsson, experta de la organización ecologista Greenpeace en Noruega, ha alertado sobre lo difícil que será lograr un tratado vinculante de reducción de emisiones en medio de un auge de la explotaciones de nuevas oportunidades de negocio que ofrece el deshielo polar.

Si las inversiones resultaran un día rentables, ¿resistirían los preceptos del Tratado las presiones del mundo financiero? Aparte de los acuerdos para prohibir por ahora la explotación minera y proteger el medio ambiente, las leyes internacionales respecto a otras cuestiones son bastante deficientes y confusas, según expertos.

Tal es el caso de las investigaciones que se realizan sobre los llamados extremófilos, bacterias y organismos microscópicos capaces de vivir en ambientes extremos, cuyos genes podrían ser patentados para desarrollar con ellos medicamentos novedosos. Un informe de Naciones Unidas advirtió que tiene lugar una especie de fiebre del oro con las investigaciones sobre estos microorganismos capaces de resistir niveles de temperatura, radiaciones, salinidad y toxicidad fuera de lo común.

También se habla de promisorias rutas marítimas comerciales que acortarían y abaratarían sensiblemente el costo de la transportación naviera entre América, Europa y Asia, por frías aguas de los mares del norte, pero ahora sin necesidad de rompehielos. La merma de la cubierta helada en el Ártico a niveles mínimos abrió dos rutas navegables, una en el Pasaje del Noroeste, lo cual ocurre por segunda vez en la historia, y la otra en la Ruta del Mar del Norte, difundió la Agencia Espacial Europea (ESA). Con la apertura de esas rutas navegables, no solo quedan abiertos dos caminos entre Europa y Asia, también existe la posibilidad de que se produzca la migración de especies, consideraron investigadores de la agencia espacial.

La primera vez que se agrietó el Pasaje del Noroeste fue en 2007, momento en que la disminución de la cubierta helada del Ártico alcanzó niveles mínimos, récord que se puede romper en poco tiempo por la velocidad con que se derriten los hielos. Datos satelitales mostraron que cuando quedó abierto por primera el Pasaje del Noroeste se registró apenas la mitad de kilómetros de agua helada que las contabilizadas en 1980.

Las condiciones climáticas inusuales que se produjeron entonces con la llegada de vientos cálidos al Ártico no existen en estos momentos. Sin embargo, “la temprana apertura de las vías de navegación sugieren que podríamos estar a punto de batir un nuevo récord de pérdida de hielo”, indicaron científicos de la ESA.

Imágenes satelitales de la Agencia Espacial Canadiense (AEC) colocadas como si de un mosaico se tratara contribuirán a medir la velocidad con que se desplazan los bloques de hielo desgajados hacia el océano, explicaron expertos del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de California, en Irving, en un artículo publicado por la revista Science.

Se trata del primer mapa de alta resolución de la Antártica sobre el patrón del movimiento del hielo, el cual permitirá comprender mejor los efectos del cambio climático; “nuestro mapa representa una medida de referencia importante, al ser la primera instantánea completa del patrón de movimiento”, dijo Jeremie Mouginot, uno de los autores del estudio.

* Periodistas de Servicios Especiales y Temas Globales de Prensa Latina.

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La Antártica en la mira de los científicos

Hace 40 millones de años, la Antártida era un paraíso tropical de clima cálido, con bosques frondosos y una megafauna, según un estudio de investigadores de la Universidad de Leeds. Altos niveles atmosféricos de dióxido de carbono hicieron que el lugar tuviera una geografía muy diferente a como la conocemos en la actualidad: una zona gélida con montañas sepultados bajo el hielo, expresó Jane Francis del Colegio de Medio Ambiente de la mencionada institución.

La Antártida tuvo vegetación tipo tundra hace más de 12 millones de años, concluye un reciente estudio sobre cómo responderán las masas de hielo de esa región polar al calentamiento global, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Según el autor principal del estudio, John Anderson, esa región más al norte fue la última parte del continente en cubrirse de hielo y se estima que las capas heladas comenzaron a formarse hace cerca de 38 millones de años.

Los investigadores reconstruyeron el largo proceso de enfriamiento durante el cual la Antártica sucumbió al hielo y estudiaron las especies de plantas que existieron en la Península. Durante tres años, el equipo de especialistas, liderado por la geóloga Sophie Warny, examinó miles de granos de polen, preservados en depósitos debajo del suelo marino. El récord de polen es hermoso, tanto por su riqueza como por su profundidad; esto nos permitió reconstruir el rápido declive de los bosques durante el Eoceno, hace unos 35 millones de años y la expansión del hielo en el Mioceno hace unos 13 millones de años, señalan en su artículo.

Otro estudio difundido el 17 de noviembre por la revista Nature explica el origen de las enormes elevaciones sepultadas bajo el hielo de la Antártica. Tan altas como los Alpes europeos, las montañas Gamburtsevs surgieron hace más de mil millones de años y posiblemente fue allí donde comenzó a formarse la capa helada que cubre el polo sur en la actualidad. El estudio de estas elevaciones puede ayudar a entender los cambios climáticos en la tierra, así como los cambios posteriores, según un equipo multinacional de científicos dirigido por Robin Bell, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, de la Universidad de Columbia.

Investigaciones realizadas en 2008 y 2009 con aviones en el occidente antártico, así como imágenes de un radar de penetración permitieron trazar el mapa del sistema montañoso cubierto por el hielo. Para observar las profundidades, los científicos registraron campos gravitatorios y magnéticos locales.

Posiblemente las montañas Gamburtsevs “tuvieron dos vidas”, pues primero se erosionaron y luego volvieron a crecer. Hace mil millones de años atrás el desplazamiento de los continentes creó una masa continental llamada Rodina. Ese deslizamiento hizo subir las montañas y produjo una capa de hielo gruesa, una especie de raíz que se asentó en la corteza. Luego los picos de esas elevaciones se fueron erosionando y solo se mantuvo la raíz.

Pero 250 millones de años después la corteza comenzó a separarse de una serie de fallas cerca de la raíz, ello hizo que esta se rejuveneciera y recomenzara su ascenso para volver a establecer esas elevaciones, sugieren los expertos. Gracias a ríos y glaciares que dividieron valles profundos las montañas crecieron más, pero hace 35 millones de años esos glaciares se fusionaron y desplegaron para formar la capa helada del este de la Antártica, lo que enterró a las montañas Gamburtsevs.

El 3 de noviembre, China inició su 28 expedición a la Antártida, al salir del puerto de la septentrional municipalidad de Tianjin el rompehielos Xuelong (Dragón de Nieve), para cumplir una misión de casi seis meses. La 27 expedición china a la Antártida regresó en abril pasado a Shanghai, tras cumplir 31 misiones de investigación científica, 25 trabajos logísticos y un proyecto de colaboración internacional.

La nave Xuelong, capaz de romper capas heladas de 1,2 metros de espesor, Cubrirá un estimado de 31 mil millas náuticas y sus 220 integrantes realizarán 31 proyectos científicos. En esta ocasión se instalará un telescopio diseñado por expertos chinos en la tercera estación, la de Kunlun, erigida en el Domo Argus (Cúpula A), punto más alto del continente antártico, a 4.093 metros sobre el nivel del mar.