Hizo falta que policías de Miami maten a ocho hombres de raza negra en circunstancias dudosas para que alguien en Washington, en el Departamento de Justicia, determine investigar a los involucrados en lo que toma proporciones de masacre. Se trata de la segunda investigación federal en una década sobre las violaciones sistémicas de los derechos humanos por parte de oficiales de la Policía de Miami.

La investigación de la muerte de jóvenes afroamericanos a manos de la Policía de Miami acaba de anunciarse en una conferencia de prensa donde Thomas E. Pérez, un asistente de fiscal general, precisó que esta decisión surge después de recibir numerosas “denuncias sobre un excesivo uso de la fuerza letal por arma de fuego por parte de miembros del Departamento de Policía” de este enclave mafioso del sur de la Florida.

Pérez reconoció que en los últimos 16 meses se han registrado “nueve tiroteos en los que estaba involucrada la Policía, que son de interés y que debemos investigar”, y señaló que desde julio de 2010 oficiales del MPD han disparado y matado a ocho jóvenes además de herir de gravedad a un noveno.

Sin embargo, el Departamento de Justicia hará un estudio de los métodos de entrenamiento y de las prácticas de la policía de la ciudad de Miami pero no llevará a cabo investigaciones criminales de las muertes, que, supuestamente, están siendo revisadas por la fiscalía estatal de Miami-Dade.

Las familias de los muertos han exigido investigaciones en numerosas oportunidades pidiendo transparencia de parte de la policía y de la fiscalía estatal. El NAACP y la Unión de Libertades Civiles Americanas (ACLU) se sumaron a las solicitudes. El entonces jefe Miguel Exposito, despedido en septiembre último por insubordinación, ni contestó.

Todos los pretextos sirven para matar al hombre negro

Los jóvenes de los barrios segregados de Miami que han sido víctimas fatales de tiros policíacos y cuyas circunstancias de la muerte será objeto del estudio federal en los referidos diez meses – sin que un solo informe de investigación haya sido entregado ni un solo policía inculpado – son:

1. Travis McNeil, de 28 años, que estaba desarmado, fue muerto a tiros en su auto en el Pequeño Haití el 10 de febrero por el agente Reinaldo Goyo. Un amigo de McNeil, Kareem Williams, también recibió disparos, pero sobrevivió.

2. Joell Lee Johnson, un menor de 16 años, baleado en una supuesta operación contra robos, el 11 de agosto de 2010.

3. Gibson Junior Belizaire, de 21 años, muerto en un tiroteo con agentes en relación con una pelea familiar, el 14 del mismo mes.

4. Tarnorris Tyrell Gaye, de 19 años, ejecutado el día 20 siguiente cuando, según la policía, apuntó a oficiales “con una escopeta mientras montaba bicicleta”.

5. Brandon Foster, 22 años, asesinado con siete tiros por tres policías en diciembre pasado, en el barrio segregado de Liberty City.

6. Lynn Weatherspoon, ejecutado a primeras horas del Año Nuevo 2011, supuestamente después de “un tiroteo” en el barrio segregado de Overtown. El policía que disparo ha sido identificado como Maurice Sodre, de 26 años.

7. DeCarlos Moore, asesinado en julio 2010 cuando “los oficiales pensaron equivocadamente que sus gafas de sol eran un arma de fuego cuando los saco de su coche” (sic).

Todos eran de raza negra.

No se mencionó el caso particularmente escandaloso del asesinato en Miami Beach, el 30 de mayo último, de Raymond Herisse, de 22 años de edad, un joven haitiano residente del condado de Palm Beach, ejecutado con 100 balazos por 12 policías, al negarse de parar su vehiculo al salir de una fiesta en la playa.

Ni una palabra publicaron las agencias internacionales de prensa , tan propensas a difundir mundialmente el menor incidente ocurrido en países que se enfrentan al poder imperial norteamericano, sobre la ejecución del haitiano en Miami. En la propia Miami, la prensa local – caracterizada por su colaboración ciega con las llamadas fuerzas del orden – han desviado la atención del público con una controversia alrededor de un teléfono celular cuyo dueño filmó la salvaje intervención policíaca que llevó a la muerte el joven Raymond Herisse.

Sin embargo, el propio asesinato de este hijo de una humilde inmigrante haitiana, aparentemente no interesa a nadie entre los detentadores del poder en esta ciudad con rasgos persistentes de odio racial y de segregación.

Criticadas por haber confiscado y destruido cámaras y teléfonos móviles tras matar a Herisse durante el festival hip-hop Urban Beach Week, las autoridades municipales de Miami Beach cuestionaron el martes la versión de un testigo que dijo que un policía le apuntó a la cabeza con un arma, lo esposó y le destrozó a patadas su teléfono móvil.

El comunicado afirma que la policía detuvo al testigo – un afronorteamericano – no porque estaba filmando sino porque era “muy parecido” a la descripción de un sospechoso que fue supuestamente visto huyendo. Una versión cuyo tono racista no escapa a nadie.

Sin embargo, ningún reporte de los acontecimientos se refiere a la muerte del joven Herisse que la prensa local se ha encargado, con la ayuda de la propia policía, de describir como un delincuente, con una insistencia más que sospechosa. El expediente judicial de Herisse se parece a el de miles de jóvenes afronorteamericanos, en esta ciudad cuyos barrios segregados están diariamente patrullados por equipos SWAT, con pésima fama.

La policía anunció varios días después de la muerte de Herisse que “encontró” una pistola “escondida” en su carro. Algo muy sospechoso en una ciudad donde los casos de “armas plantadas” han sido objeto de escándalos en el pasado.

Herisse ha sido acribillado después de haber chocado con su Hyundai contra una barricada de la policía para luego huir, en el medio de un evento popular que atrae anulamente a miles de aficionados del hip-hop en su gran mayoría afronorteamericanos.

Mientras tanto, las “grandes” agencias mantiene un preocupante silencio alrededor de este escandaloso acontecimiento que demuestra que en el país que acusa continuamente de violar a los derechios humanos a las naciones que agrede, el color de la piel justifica en sí una condena a muerte.

Miami prefiere esconder su historia de racismo y violencia

“Tenemos una crisis en esta comunidad, donde el departamento de policía recurre con demasiada facilidad a la fuerza letal, especialmente cuando se trata de jóvenes de la raza negra…”, señaló Howard Simon, director ejecutivo de la ACLU de la Florida, al conversar con la prensa local.

La investigación es la segunda en una década que realizan las autoridades federales sobre violaciones sistémicas de los derechos humanos por parte de oficiales de la Policía de Miami. La prensa local de Miami prefiere no recordar la historia de racismo y de violencia de esta ciudad.

En la madrugada del 17 de diciembre de 1979, la policía de Miami mató a golpes Arthur McDuffie, un motorista negro desarmado. La absolución de los oficiales por un jurado blanco en 17 de mayo 1980 provocó una rebelión que fue sofocada por 3.500 soldados de la guardia nacional.

En 1982, dos agentes de la policía mataron a un hombre negro de 20 años, Nevel Johnson Jr., sin provocación, en un salón de billar en las cercanías de Overtown. La verdadera rebelión popular docurrida espués de la absolución de uno de los asesinos fue sofocada por 3.500 soldados de la Guardia Nacional.

El 16 de enero de 1989 (Día de Martin Luther King), Clemente Lloyd, de 23 años, fue asesinado a balazos por un policía mientras conducía su motocicleta. Su pasajero, Allan Blanchard, de 24 años de edad, murió de sus heridas. Una rebelión estalló, y el oficial de policía asewsino, William Lozano, fue condenado por homicidio… pero en 1993 su condena fue revocada en apelación.

Esto en esta misma ciudad donde cinco cubanos fueron condenados a extravagantes sentencias de decenas de años de cárcel por infiltrar a organizaciones terroristas, inspiradas por el Estado y protegidas por las autoridades judiciales locales.