(SEMlac).- Mónica Mayer es una de las artistas feministas más importantes de México. A lo largo de 30 años de trayectoria como artista visual, investigadora y crítica de arte, ha analizado, diseccionado y replanteado la imagen y arquetipos tradicionales con los que las mujeres lidian en la construcción de su identidad.

Mayer ya gozaba de una extensa trayectoria artística nacional e internacional cuando comenzó a ser conocida por el gran público mexicano, en 1987, gracias a su performance “MADRES”, en el que junto con su cómplice y compañera del grupo Polvo de Gallina Negra, Maris Bustamante, embarazó y nombró Reina del Hogar al conductor Guillermo Ochoa, durante la emisión del programa matutino “Nuestro Mundo”.

Desde entonces, además de su labor de performance, ha creado diversas obras visuales; tuvo una columna de arte en el diario El Universal; ha expuesto obras en México, Estados Unidos y Europa; ha dado conferencias en congresos nacionales, internacionales, universidades y galerías, y ha escrito los libros Chillante: mujeres y performance y Escandalario: los artistas y la distribución del arte.

En charla con Cimacnoticias, Mayer comparte sus experiencias y visión artística construidas en 30 años de activismo feminista.

¿Cómo llegó a convertirse en artista feminista?

“Me hice feminista porque cuando estudiaba arte, una compañera habló de mujeres artistas y mis compañeros dijeron que las mujeres éramos menos creativas porque la creatividad se nos iba por la maternidad. A lo cual yo dije: ¿Y estos son los artistas revolucionarios, progresistas e intelectuales?. Me cayó el veinte: por más que una fuera buena artista y que mis compañeras fueran buenas artistas, pues no iba a pasar nada, porque ya había esta marca”.

Mayer usa el humor como medio para plantear las situaciones más insospechadas: “El sentido del humor es algo así como una estrategia. Cuando trabajamos Maris Bustamante y yo en nuestro grupo, el sentido del humor era la única estrategia posible de lucha contra la forma tan cerrada de sexismo que hay en este país”.

Prosigue: “¿Cómo hablas de cosas como violación o aborto si no es a partir del sentido del humor? En general, la mayoría de la gente está tan cerrada que piensa que las feministas odian a los hombres, sin entender”.

¿Por qué cree usted que el feminismo goza de tan mala fama?

“A mí me sigue sorprendiendo. Hay esta confusión extraña de que feminismo es antónimo de machismo. El feminismo es algo que cuestiona y sigue molestando, y por lo mismo ha habido una campaña muy fuerte, muy profunda y muy constante en contra del feminismo.

Tan es así, que en general se hacen estudios de género y no estudios de la mujer. Ha habido estrategias como de suavizar las palabras. ¿Debería uno decir que hacemos arte feminista o que estamos involucradas en una discusión de género? La palabra sigue estando muy estigmatizada; tiene que haber un trabajo de reivindicarla, de cambiarla o de usar las dos estrategias a la vez: cuando hace falta utilizarla para escandalizar, escandalizar”.

Mónica Mayer observa también que hay una reticencia del mundo cultural hacia el arte feminista: “Muy seguido me topo con curadoras que están tratando de organizar exposiciones en un museo, y no se las aceptan. En las grandes antologías del arte contemporáneo mexicano casualmente no se incluyen las cosas de arte feminista, aunque tengan un capítulo entero dedicado a la identidad”.

Con todo, es optimista respecto a la situación actual del arte feminista en México: “Está en muy buen momento. Estamos organizando exposiciones, hay más artistas, me encuentro en las redes sociales grupos de mujeres artistas y feministas todo el tiempo: Las Sucias, Las Disidentes, Las Desobedientes, La Mala Leche, La Madre Araña… hay muchos grupos. Falta su presencia en el medio artístico en general. En el mainstream hay una invisibilidad; no somos parte de ese medio”.

Impacto social

Mayer destaca que la unión entre el arte y el activismo feminista ha contribuido al reconocimiento de los derechos de las mujeres: “El movimiento feminista en México, si ha tenido algún impacto, es por todo el trabajo de las artistas, diseñadoras, mujeres que hacían arte sin saber que eran artistas. Ahora es nuestra responsabilidad sacar ese trabajo, analizarlo y cuestionar la historia del arte que ha invisibilizado a las artistas con todo este trabajo”.

Señala que en la reciente “Marcha de las putas” el manejo visual de la protesta fue muy convencional. “En los setentas y ochentas nos metimos a cambiar lo que eran las marchas: nos hace falta otra vez trabajar con eso y darle al movimiento feminista y a este tipo de marchas una imagen diferente”, recalca.

“El arte contemporáneo de hoy día no existiría como tal si no hubiera habido movimientos feministas que han cambiado la concepción entera de lo que es el arte y de cómo funciona, para qué sirve y cuáles son los públicos y su relación. Hay trabajos de intervención con grupos sociales que vemos hoy día como perfectamente normales; cosas que ni parecen arte. Eso viene de los movimientos de arte feministas setenteros que buscaban precisamente que su trabajo tuviera otro tipo de efecto”.

Mayer reconoce que hay avances sociales a favor de las mujeres pero aún es insuficiente: “Existe el mito de que el feminismo ya ha pasado, ya se ha logrado todo y ya podemos irnos a otra cosa. No es cierto. Lo cambios no se dan tan rápidamente. Los cambios son en lo social, en nuestra forma de ser y de sentir y en la forma en la que estamos conformadas. Desafortunadamente es muy difícil que los cambios sean tan rápidos”.