Avalado por la Unión Europea (UE) para encauzar la situación económica de Italia, el flamante primer ministro Mario Monti deberá mostrar sin dilación sus habilidades frente a las turbulencias financieras y el creciente descontento social. El ex comisario europeo es la figura que irradia tranquilidad a los líderes de la UE para aliviar las dificultades con la deuda soberana italiana y minimizar sus impactos en la región.

Pero el aparente consenso político en torno a un “gobierno de tecnócratas” -como lo denominó el propio Monti- contrasta con el hartazgo de sectores populares, que al interior del tejido social italiano resurge contra el poder de los bancos, su avaricia y las políticas de austeridad. Tanto es así que la presentación del ejecutivo esta semana ante el Senado aconteció bajo un vendaval de protestas en más de 60 ciudades de la península.

Estudiantes y jóvenes, en su mayoría, profirieron durante las marchas duras condenas a los recortes presupuestarios, incluidos en el programa de ajustes de gastos, y a las reformas que afectan a la educación pública. “Ni Berlusconi, ni Monti” se escucharon entre las consignas de las manifestaciones que retumbaron en Roma, Milán, Turín y Palermo (y otras decenas de urbes) en defensa de la escuela pública y de reproche a la gestión gubernamental frente a la crisis.

La jornada internacional por el Día del Estudiante se consagró en Italia a la reivindicación del derecho a estudiar y a las críticas a los bancos, al saliente primer ministro Silvio Berlusconi, a la elite política del país, en particular al partido derechista Pueblo de la Libertad (PDL), de la controvertida figura.

Presionado por los socios de la Eurozona -17 países de los 27 de la UE-, Berlusconi fue compelido a pasar el mando del Gobierno antes del término previsto en 2013, abandonado esta vez por la aliada Liga Norte, que confirmó su ruptura con el PDL.

Sin embargo, la nacionalista agrupación de centro-derecha, de Umberto Bossi, se mantuvo distante de Monti, no así las formaciones opositoras como Partido Democrático (PD) e Italia de los Valores (IdV), que refrendaron su apoyo al nuevo ejecutivo “técnico”.

Programa anticrisis de Monti

Un día después de su juramento ante el Parlamento, Monti presentó las credenciales del programa económico con el que su gabinete pretende enderezar las finanzas y encauzar el crecimiento del país, con la segunda deuda pública más grande en la Eurozona, tras Grecia, equivalente a un 120 por ciento del Producto Interno Bruto.

Con un débito de 1,9 billones de euros, la nación trasalpina se situó en el ojo de la tormenta que golpea también a Irlanda y Portugal. Los aprietos por la deuda afectan en total a 12 de los 17 estados miembros de la moneda europea común, de ahí la preocupación de la cúpula sobre un devastador contagio.

Monti prometió ir más allá de los planes dispuestos por Berlusconi (valorados en 79 mil millones y 54 mil millones de euros, respectivamente) para equilibrar el presupuesto, que incluyeron despidos masivos, reducciones salariales, de las jubilaciones y privatizaciones de los servicios públicos y activos estatales.

El también ministro de Economía y senador vitalicio avaló el plan anticrisis en una rígida disciplina fiscal, reformas tributarias y la garantía del crecimiento. Monti enfiló los dardos al actual sistema de jubilación, que debe reformarse, según él, y al mercado laboral, donde pese al desempleo (8 por ciento, ocho millones de personas) se prevén más recortes de puestos de trabajo.

Esgrimió ante los senadores que serán necesarios más sacrificios para reducir el endeudamiento y demostrar la capacidad del país frente a la crisis.

Cuanto más tarde se acometa el paquete de austeridad, más tarde llegarán los beneficios, adujo al argumentar sus propuestas, las cuales recibieron el primer bautizo de repudio popular en las calles italianas.

Fue incisivo al advertir que “si fracasamos y no logramos las reformas necesarias, todos vamos a tener consecuencias mucho más duras”, ilustró el diario Corriere Della Sera, en alusión a las medidas similares que enfrenta Grecia, dictaminadas por la troika (UE, FMI y Banco Central Europeo).

Paradoja de un gobierno de banqueros

Al igual que los acontecimientos recientes en Grecia, con la abrupta salida del primer ministro George Papandreu y el nombramiento de Lucas Papademos, ex presidente del Banco Central Europeo (2002-1010), en Italia las riendas del país pasaron a manos de banqueros, economistas y académicos.

Precisamente la ola de protestas de indignados que inundó numerosas ciudades del mundo el 15 de octubre último fue contra la codicia de la banca, el despilfarro de las instituciones financieras, a las que los movimientos sociales y progresistas responsabilizan de la actual crisis sistémica.

Las organizaciones agrupadas bajo el eslogan del movimiento Occupy Wall Street -inspiradas en las protestas de Nueva York- critican la gestión de la crisis por medio de un auxilio financiero a la banca y de las impopulares políticas de austeridad.

Así, en Italia, junto con Monti, ocupa la cartera de Desarrollo Económico e Infraestructura Corrado Passera, ex jerarca del segundo mayor banco italiano Intesa-San Paolo; al frente de Bienestar e Igualdad designó a la profesora de Derecho Administrativo, Elsa Fornero. En total son 12 “ministros técnicos”, y ningún político, reseñaron los diarios El Mensajero y La República. Consideran como inédito, e incluso insólito en la historia de la República, que no haya ni siquiera un diputado dentro del Ejecutivo.

Otro nudo de añejas historietas -valga el epíteto- que los medios italianos tratan de desentrañar es la relación de Monti y Mario Draghi, extitular del Banco de Italia y ahora timonel del Banco Central Europeo (BCE).

Algunos analistas suponen aplicable la teoría de la conspiración en el caso italiano, al recordar que fue durante el mandato de Draghi, a la cabeza de la banca nacional, que el país acumuló la enorme deuda, y al final, resultó “promovido” para la máxima instancia financiera europea.

Umberto Bossi, antiguo aliado de Berlusconi, advirtió en repetidas ocasiones que el verdadero enemigo del gobierno saliente no estaba en el bando de la centro-izquierda, sino en el Banco de Italia y ahora en el BCE.

Conforme a esa versión, los tentáculos del poderoso banco inversionista Goldman Sachs, de Estados Unidos, habrían llegado a la nación europea a través de Draghi, cuando fue su vicepresidente (2002-2006), mientras Monti fungió como consejero internacional (por Europa) desde 2005.

Al emporio financiero le asocian buena parte de la especulación bancaria que originó la crisis de la deuda en Europa y la quiebra de muchas instituciones en el Viejo Continente.

De acuerdo con Euronews, Goldman Sachs participó en la operación de “maquillaje” para avalar el ingreso de Grecia a la Eurozona, con un pago previo de 300 millones de dólares. Draghi negó cualquier vínculo con las fraudulentas maniobras financieras. Ambos estudiaron y se doctoraron en universidades estadounidenses.

Con esos nubarrones que empañan la aludida credibilidad del nuevo Gobierno y los ruidos de sables de la poderosa nacionalista Liga Norte y del propio Berlusconi, las intenciones de Monti, de mirar al horizonte de 2013, podrían complicarse.

* Jefa de la Redacción Europa de Prensa Latina.