Evo Morales es prisionero del imperialismo, de sus “socias” las transnacionales y del malestar social reinante; avanza, retrocede y se muere de terror ante la posibilidad de que las masas enfurecidas terminen con él. Es como un barco sin timón que se mueve al influjo de un mar tormentoso. Y la república liberal de Bolivia, con su actual variante de “Estado plurinacional”, aún es una ficción.

Morales anunció que su gobierno organizará, este fin de año, una cumbre social para discutir la necesidad de acabar con la subvención a la gasolina y al diesel; ha reiterado el trillado argumento de que mantener esta subvención significa una sangría para el Tesoro General de la Nación y que en breve plazo puede provocar un déficit fiscal de tales dimensiones que ponga en riesgo la saludable situación macroeconómica que tiene el país. Ha señalado que durante el presente año la subvención le ha costado al país 600 millones de dólares y estima que para el próximo año llegará a 700 millones.

Inmediatamente el CEDLA ha puesto al desnudo las cifras que maneja el gobierno señalando que el subsidio sólo llega a la mitad de los montos que maneja el gobierno con la clara intención de manipular la conciencia de los bolivianos para obligarlos, a la larga, a terminar aceptando la criminal medida que pretende imponer el imperialismo.

El CEDLA sostiene que “el subsidio neto de los 4,4 millones de barriles de diesel que importó el país el 2010, equivale a 197,2 millones de dólares y no 380 millones…como informó el Ejecutivo; el valor de la compra de ese combustible fue de 567 millones, pero con la comercialización se recuperaron 370 millones.

“En cuanto a la gasolina, en 2010 se importaron 580 mil barriles con 74,8 millones de dólares. Según el gobierno, el Estado erogó 49,4 millones de dólares, pero…ese pago no supera los 24,8, pues 50 millones se recuperaron con la venta interna. Por otro lado, este año, en repetidas ocasiones el presidente de YPFB, Carlos Villegas, aseguró que ya no existe subvención a la gasolina pues las refinerías producen todo lo que demanda el mercado interno”.

El fondo del problema es que el gobierno se ve obligado a nivelar los precios de los carburantes a los del mercado mundial por la presión del imperialismo (FMI, MB, BID, etc.) con la finalidad de garantizarles a las transnacionales que invierten en el país mayores ganancias. También se trata de una de las condiciones que las “socias” del Estado boliviano le imponen a Evo Morales para seguir realizando nuevas inversiones en el rubro.

De este modo, el gobierno sirviente del imperialismo pretende cargar sobre las espaldas de los trabajadores y de la mayoría de este país no sólo la subida de los precios de los hidrocarburos sino las consecuencias de la materialización de la medida: la espiral inflacionaria que redundará en la depauperación de los ingresos de los sectores independientes y en la caída vertiginosa en la capacidad de compra de los sueldos y salarios.

El gobierno duda, avanza y retrocede; tiene terror a la reacción popular. Cuando las declaraciones de Evo Morales ya provocaban un torbellino de rechazos en los diferentes sectores y cuando los precios de los artículos de consumo empezaban a subir desenfrenadamente, el ministro Canelas, como siempre, haciendo el difícil papel de traductor de Evo Morales, aparece ante los periodistas señalando que el Presidente ha sido mal interpretado por la prensa, que no quiso decir lo que dijo y, por el contrario, jura por todos los santos que el gobierno no tiene ninguna intención de suprimir la subvención a la gasolina y al diesel, ni de golpe ni gradualmente (poco a poco).

Lo que está claro es que todas estas volteretas del gobierno ya no tienen ningún efecto de credibilidad en las conciencia de los explotados.

Conflictos en un país atrasado y localista

Los hechos están confirmando la justeza del análisis del POR sobre la situación estructural del país. Es la única corriente política que caracteriza a Bolivia como un país capitalista atrasado, donde coexisten –con profundas contradicciones– formas de propiedad y de producción distintas y hasta opuestas, hecho que determina también su compleja composición social, las limitaciones y la posibilidades de las clases sociales, sobre todo las del proletariado y de la clase dominante nativa.

Una de las conclusiones básicas del programa trotskista es que la existencia de Bolivia como una república liberal con su actual variante de “Estado plurinacional”, es una ficción. La república nunca ha tenido una existencia real, al modo de los países capitalistas clásicos que han logrado desarrollarse gradualmente hasta alcanzar tal crecimiento en sus fuerzas productivas que les ha permitido consolidarse como poderosas repúblicas habiendo logrado la creación de un mercado interno y, en torno a él, la unidad nacional.

En Bolivia no ha sucedido nada de esto, el capitalismo ha invadido desde afuera en la segunda mitad del siglo XIX, hecho que ha marcado a fuego la naturaleza del país porque la “civilización” sólo ha llegado al sector extractivo de materias primas, dejando el resto del país en el pre capitalismo que significa miseria, abandono –sobre todo—atraso. El poco desarrollo de sus fuerzas productivas, que se traduce en el poco volumen de su producción, no ha permitido el surgimiento de un mercado interno que, a través de vías de integración (caminos, y ferrocarriles) pueda unir a las regiones y a sus múltiples culturas logrando la conformación de un real Estado nacional y una cultura que surja como una hibridación de las ya existentes.

En Bolivia la democracia representativa, la independencia de los poderes del Estado, etc., han sido ficticias precisamente por su poco desarrollo material. Se trata de un remedo de Estado unitario consolidado donde las regiones se mueven en el localismo, hecho que se traduce en una permanente pugna entre las regiones que arbitrariamente han sido fragmentadas en departamentos y municipios donde la miseria en que viven los empuja a permanentes reyertas en torno al control de sus territorios y sus habitantes porque de ellos depende el tamaño de sus ingresos por concepto de la redistribución de los impuestos que se concentran en el gobierno central.

Según estadísticas del propio gobierno, sólo el 7% de los municipios tienen saneados sus linderos; el restante 93% se encuentra en permanente litigio en la demarcación de sus fronteras que, en el actual proceso de descentralización administrativa, constituye un volcán a punto de explosionar.

Los conflictos de linderos interdepartamentales como los de Oruro y Potosí y los múltiples conflictos entre municipios aledaños como los de La Paz, Achocalla, Mecapaca, Palca; en Cochabamba los municipios de Tiquipaya y Colcapirhua, etc., adquieren tal virulencia que amenazan en convertirse en verdaderas guerras regionales. En medio de estos conflictos, poblaciones vecinas de las zonas fronterizas que participan de la misma cultura como aquellas que se encuentran a ambos lados de la frontera entre Potosí y Oruro que actualmente está en entredicho no dudan en enfrentarse porque los intereses económicos y regionales son más fuertes que los lazos que pudieran unir a segmentos de la misma cultura.

Pareciera que el gobierno se hubiera dado cuenta muy tarde de las dimensiones de los conflictos regionales en torno a los linderos. Ahora, aterrorizado, pretende postergar indefinidamente la aprobación en el Parlamento de la ley de límites porque teme que ese instrumento legal puede terminar desencadenando mayores conflictos de los que ya existen entre las regiones.

Todo este panorama descrito es la negación contundente de la falacia “teórica” que maneja el gobierno como fundamento de la consolidación de un nuevo “Estado plurinacional”, donde las distintas regiones y culturas pueden convivir democrática, armónica y complementariamente; la realidad se encarga de desmentir semejantes dislates posmodernistas.

Bolivia es un país extremadamente complejo y contradictorio en su estructura económica y en su composición social – cultural. Esta realidad que es de naturaleza estructural no será superada con la imposición arbitraria y subjetiva de leyes sino con la transformación radical de las formas de propiedad y de producción en el país. Semejante tarea sólo puede cumplir la revolución social de toda la nación oprimida por el imperialismo y dirigida por el proletariado; se trata del cumplimiento pleno de las tareas democráticas que pasan a manos del gobierno de obreros y campesinos.

* Dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR).