La Habana, (PL).- El accionar de la prensa cubana sufre hoy serias limitaciones al ser blanco de las medidas derivadas del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos al país caribeño desde hace casi medio siglo. Al narrar sus experiencias a Prensa Latina, el presidente de la Asociación de Directivos de la Prensa Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), José Reinaldo Fernández Vega, calificó primeramente de brutal esa política contra los medios nacionales y pueblo en general.

Recordó que en 1976 se implantó una nueva la división político-administrativa del país, de ahí que se multiplicaron las provincias y la necesidad de crear medios de la prensa escrita en los nuevos territorios.

Debido al bloqueo y las presiones ejercidas a terceros países, inicialmente no se pudo adquirir en el extranjero ninguno de los equipos de impresión necesarios.

Hubo que recurrir a la inventiva del personal técnico, mayormente de otros sectores industriales, para recuperar viejos equipos en desuso que existían en el país.

Con muchas dificultades resistieron hasta que del entonces campo socialista llegaron en los primeros años de la década de 1980 maquinaria poligráfica nueva, pero con una tecnología obsoleta.

Ya a mediados de los años 90, obligados por la adquisición de materia prima en el mercado internacional, se concentró la tirada de varios periódicos territoriales en provincias vecinas que contaban con equipos offset, y hoy es imprescindible toda una flotilla de camiones, camionetas y hasta aviones para hacerlos llegar a los lectores.

A fines de los años 80, habíamos logrado parámetros de distribución y lectura de prensa óptimos de acuerdo con la Unesco, con siete lectores por publicación editada en el país, y nos preparábamos para la excelencia: una por cada cinco habitantes, puntualizó Fernández.

Se imprimían unas 720 publicaciones periódicas no diarias, que sumaban 82 millones de ejemplares al año, y casi 1.6 millones de periódicos diariamente, con un consumo de alrededor de 35 mil toneladas de papel al año.

Esa materia prima se adquiría a precios que fluctuaban entre 300 y cuando más 400 dólares estadounidenses la tonelada a precios de mercado internacional, pero que mayormente era adquirido en el campo socialista, explicó Fernández.

En un abrir y cerrar de ojos, a principio de los años 90, solo teníamos en el país y situado en puertos extranjeros, el equivalente a la mitad de la cuota anual, y todos los mercados nos informaban que en ese momento no tenían mercancía para abastecernos.

Pero pasados unos meses, sí había papel, pero con un precio duplicado y que al año ya alcanzaba la cifra de 900 dólares la tonelada, una cifra prohibitiva para el país en ese entonces, indicó Fernández.

Cientos de diarios y revistas desaparecieron, se redujeron a mucho menos de la mitad; en la práctica quedaron en cerca de 50 sobrevivientes y tuvieron que cambiar drásticamente sus frecuencias a semanarios, quincenarios, mensuarios y hasta anuarios.

Entonces, se redujeron páginas, tiradas y formatos. Y los parámetros de distribución y lectura se elevaron a 29 lectores por publicación.

“En particular la revista Bohemia, que hoy dirijo, perdió un 80 por ciento de la capacidad informativa: Pasó de semanal a quincenal, de 340 mil ejemplares por edición a 100 mil, de 96 páginas a 62, con una pulgada menos de alto y ancho en su formato”.

Fernández señaló que el bloqueo limita el acceso a modernas tecnologías y por consiguiente la posibilidad de obtener información especializada sobre ellas, a publicaciones y programas de radios y televisión extranjera, a redes informativas internacionales y bancos de datos.

Persisten también las trabas para la participación de periodistas en cursos, seminarios, coberturas de eventos internacionales o en la obtención de visas, por lo cual muchos colegas tienen que recorrer miles de kilómetros para llegar a su destino final.

El bloqueo económico se convirtió en una barrera para la distribución y venta en el exterior de las publicaciones, incluido en Estados Unidos, además de existir las limitaciones con los equipos, sus piezas e insumos varios, y libretas de notas y bolígrafos, tan imprescindibles en el sector, lamentó el periodista.

A las afectaciones para el accionar diario de la prensa se suma la carencia de transporte, que de cierta forma ha condicionado los movimientos necesarios en una mayor búsqueda de información.

En su política de hostilidad y guerra no declarada contra esta Isla, con el bloqueo de Estados Unidos, nuestros medios se ven ampliamente afectados en sus contenidos, señaló Fernández.

Recordó las palabras del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, al intervenir en el Congreso de la UPEC en 1993, cuando expresó cuántas noticias que alentarían al pueblo se podrían publicar. Bajo estas condiciones -prosiguió Fernández-, la desinformación y la manipulación de noticias se convierten en herramientas de agresión.

De aquí que, para nosotros, el escrutinio de la legitimidad de la fuente y la veracidad se transforman en una necesidad de seguridad nacional, que complica aún más la búsqueda diaria de información.

Ellos -dijo-, que tanto hablan de “libertad de prensa”, ocultan al mundo que el gobierno de Estados Unidos practica un ensañamiento cruel para obstaculizar el desarrollo de los programas informáticos de la Isla.

Al mismo tiempo -denunció- hay un incremento de la agresión directa a las redes informáticas cubanas, además de utilizar la red de redes para crear sitios donde se llama a la subversión interna y a la ejecución de acciones terroristas.

El bloqueo norteamericano -aseveró -se extendió en ese campo para impedir la adquisición de cables, equipos y accesorios que permitan ampliar el ancho de banda en la red de redes.

En ese agresivo contexto, Cuba redobla sus esfuerzos para situar las tecnologías de la información y las comunicaciones al servicio del pueblo, destacó el periodista.

Las prioridades, por ejemplo, en cuanto a la conexión a los servicios de Internet han estado determinadas por la máxima de que los escasos recursos disponibles deben beneficiar al mayor número posible de individuos.

Pese a las adversas condiciones impuestas por el bloqueo, no hemos dejado de cumplir la misión de informar y opinar, y hoy Cuba representa la gran prensa alternativa continental.

La televisión ya tiene transmisiones vía satélite, hay en el espectro de Internet más de 130 sitios web de la prensa del país, Radio Habana Cuba crece en potencia, y Prensa Latina sigue fiel a sus orígenes de trabajar por hacer llegar al mundo la realidad de Cuba y del resto de América Latina, destacó Fernández.

Contamos con casi 100 emisoras radiales que transmiten básicamente en onda media y frecuencia modulada. De ellas, seis son de cobertura nacional y una internacional, 18 provinciales y 72 municipales, precisó.

Cinco son los canales de televisión nacionales (Cubavisión, Tele Rebelde, Canales Educativos 1 y 2, y Multivisión), 13 provinciales y un canal internacional. Se han creado -prosiguió- 30 telecentros en municipios del país y se cuenta con 72 estudios de televisión en esos territorios.

En total, en la actualidad ya hay alrededor de 600 publicaciones en soporte de papel y digital, entre ellas 26 periódicos, de los cuales tres son de alcance nacional, 15 provinciales y ocho territoriales, así como uno internacional y se mantiene vital la Agencia de Información Nacional.

* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.