(RAPAL Uruguay, Adital, TWN, Social Watch y SENA-Fobomade).- Se ha dicho repetidamente que los cultivos transgénicos salvarán al mundo del hambre, supuestamente porque la utilización de semillas resistentes a la sequía, al control de plagas y a las hierbas indeseadas harán posible la producción de más alimentos. Todo es falso; años de experiencia en todo el mundo han demostrado lo contrario. En los hechos, la ingeniería genética no ha aumentado el rendimiento de ni un solo cultivo y ha esclavizado a los agricultores de todo el mundo.

Lejos de acabar con el hambre en el mundo y de mejorar la calidad de vida de los campesinos, los cultivos transgénicos agravan la inseguridad alimentaria y los riesgos a la salud y son un fracaso a la hora de aumentar las cosechas, confirmaron varios estudios científicos publicados en las últimas semanas.

Un informe de la Unión de Científicos de Estados Unidos Preocupados por el Fracaso en el Rendimiento, ha establecido que la ingeniería genética no ha contribuido al aumento del rendimiento en ningún tipo de cultivo. Según este informe, el aumento de rendimiento de los cultivos en EE.UU. se debe únicamente a las características de rendimiento de los cultivos convencionales.

Estas nuevas investigaciones coinciden con la inminente interrupción de la comercialización de arroz y trigo genéticamente modificados en China, como informó la Red del Tercer Mundo (TWN). La inminente veda, que se extenderá por entre cinco y diez años, “parece alineada con la creciente cautela en torno de la tecnología transgénica que reina en la cúpula del gobierno”, agregó la TWN con sede en Malasia.

Un alto funcionario del Ministerio de Ambiente de China dijo que el primer ministro Wen Jiabao pidió mayor cautela en la materia. Entrevistado por el Diario de Nanfang el 29 de septiembre, Yuan Longping, conocido como “el padre del arroz híbrido”, advirtió que “los científicos no saben si la resistencia a los insectos de algunos cultivos transgénicos tienen efecto en seres humanos”.

Un mes después, un informe elaborado por 20 organizaciones de la sociedad civil del sudeste asiático, África y América Latina constató que los transgénicos provocaron un aumento en el uso de productos químicos que contaminan el agua y la tierra, y la propagación involuntaria y sin control de “supersemillas” infértiles en predios donde no fueron cultivadas.

El estudio titulado “El emperador transgénico está desnudo: Un informe ciudadano global sobre el estado de los transgénicos” y coordinado por la organización Navdanya International y la Comisión Internacional para el Futuro de la Alimentación y la Agricultura con la colaboración del Centro de Seguridad Alimentaria, describe la ingeniería genética como “tecnología fallida” cuyas “promesas de aumentar el rendimiento de las cosechas y alimentar a los hambrientos demostraron ser falsas”.

“Investigaciones de Navdanya en India muestran que, si bien (la compañía estadounidense) Monsanto afirma que el algodón Bt rinde 1.500 kilogramos por acre, en realidad alcanza un promedio de entre 400 y 500 kilogramos”, escribió la renombrada científica y activista Vandana Shiva, quien dirigió la investigación junto con sus colegas Debbie Barker y Carolina Lockhart.

Los defensores de los transgénicos prometieron resolver “grandes desafíos” como “las crisis alimentarias, la degradación de recursos naturales y el caos climático”, pero esta tecnología “no logró alimentar a los hambrientos y ha contribuido a la destrucción ambiental y al recalentamiento planetario”, escribió Barker. Por otra parte, estos cultivos “no están alimentando a los hambrientos” porque “en su inmensa mayoría se los procesa como pienso animal o a biocombustibles”.

El estudio también verifica que los transgénicos tolerantes a herbicidas y resistentes a los insectos, con la presunta propiedad de controlar por sí mismos yerbas malas y pestes, “hicieron surgir supersemillas y superpestes”. Tras la introducción de los cultivos transgénicos comerciales en 1996, éstos llegaron a producirse en 29 países y a cubrir alrededor de 1.500 millones de hectáreas. En 20 años de comercialización, sólo dos rasgos se han desarrollado a una escala significativa: tolerancia a herbicidas y resistencia a los insectos. 

Los cultivos tolerantes a los herbicidas (o Roundup Ready) se suponían que harían el control de malezas y los cultivos Bt controlarían a las plagas. Pero en vez de controlar las malezas y las plagas, los transgénicos han conducido a la aparición de supermalezas y superpestes. En Estados Unidos, aproximadamente 6 millones de hectáreas han sido invadidas por supermalezas; con la intención de eliminarlas, agricultores han pagado alrededor de 25 dólares por hectárea aplicando herbicidas aún más letales, como el Agente Naranja, utilizado durante la Guerra de Vietnam.

En la India, el algodón Bt que se vende bajo el nombre comercial de Bollgard, se suponía que controlaría el gusano que destruye el algodón. Hoy en día, se ha vuelto resistente al algodón Bt, por lo que ahora Monsanto vende Bollgard II, que contiene dos genes tóxicos adicionales. A raíz de este nuevo algodón han surgido nuevas plagas y los agricultores están utilizando grandes cantidades de insecticidas.

En China, el uso de algodón resistente a los insectos multiplicó por 12 la población de estas pestes desde 1997. Los cultivadores de soja de Argentina y Brasil necesitan el doble de herbicida para sus predios que con las modalidades tradicionales. El uso de pesticida sobre el algodón en India se multiplicó por 13 desde la introducción de la variedad transgénica Bt.

Monsanto ha estado afirmando que mediante la ingeniería genética se pueden generar cultivos de tolerancia a la sequía y otras características resistentes al clima. Esta es una falsa promesa. El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) indica en su proyecto de evaluación ambiental del nuevo maíz tolerante a la sequía, que “hay estudios disponibles sobre variedades igualmente comparables, producidas a través de técnicas convencionales de mejoramiento en producciones con regadío”.

Helen Wallace, de GeneWatch de Gran Bretaña advierte: “La modificación genética de la industria debe ahora poner fin a sus cínicos intentos de manipular la opinión pública en la creencia de que los cultivos transgénicos son necesarios para alimentar al mundo”. Hay suficientes estudios independientes que muestran que los alimentos transgénicos pueden causar daños a la salud.

Por ejemplo, la investigación del bioquímico Arpad Pusztai ha demostrado que las ratas alimentadas con papas transgénicas han desarrollado un páncreas más grande, sufrieron encogimiento del cerebro y daño en el sistema inmunológico. A su vez, la investigación de Gilles-Eric Seralini, biólogo molecular de la universidad de Caen, ha demostrado que el daño a otros órganos también puede ocurrir. Según Seralini, los datos recabados ponen “claramente de relieve los efectos adversos en los riñones y el hígado así como los diferentes niveles de daño al corazón, las glándulas suprarrenales, el bazo y el sistema hematopoyético (sistema encargado de la formación de la sangre)”.

La industria biotecnológica ha atacado a Pusztai, Seralini y a todo otro científico que haya hecho una investigación independiente sobre los OGM. Parecería, entonces, que los transgénicos no pueden coexistir con la independencia y la libertad de la ciencia.

Más dañinos que benéficos

Además de su impacto en la salud, los transgénicos tienen un impacto ecológico severo, el caso más conocido de contaminación ha sido el del agricultor canadiense Percy Schmeiser que perdió la semilla de canola, como resultado de la contaminación de los cultivos transgénicos de vecinos.

El estudio “Alimentos con ingeniería genética: Una revisión”, publicado el 28 de septiembre por la organización Food and Water Watch, concluye que la proliferación de esos cultivos causó numerosas crisis ambientales y de salud, así como aumentó la pobreza al obligar a millones de campesinos a “comprar” semillas patentadas a precios exorbitantes, informó la agencia de noticias IPS. Este informe, concentrado en la situación estadounidense, indica que tres organismos gubernamentales (la Administración de Alimentos y Medicamentos, el Departamento de Agricultura y la Agencia de Protección Ambiental) son cómplices de esas crisis, debido a su débil control, su escasa capacidad para imponer las regulaciones y su absoluta falta de coordinación.

Los cultivos transgénicos no pueden alimentar al mundo; al contrario, tienen el potencial tanto para hacer daño y para esclavizar al mundo. Las semillas y cultivos transgénicos abren camino para que las corporaciones se “adueñen” de las simientes a través de patentes y derechos de propiedad intelectual (DPI). Las patentes confieren derechos de autor para el titular de la patente de los monopolios corporativos. Esto se traduce en enormes ganancias para Monsanto, pero para los agricultores esto significa deuda.

La combinación de las patentes, la contaminación genética y la expansión de los monocultivos significa que la sociedad está perdiendo rápidamente su libertad, la libertad de cultivar sus propias semillas y la libertad de producir alimentos. Los campesinos y productores están perdiendo la libertad de cultivar y guardar sus propias semillas y el cultivo de alimentos orgánicos. Los ciudadanos están perdiendo su libertad de conocer lo que están comiendo y tener la opción de comer alimentos libres de transgénicos. Más de 250.000 campesinos indios han sido empujados al suicidio en la última década y media, la mayoría en el cinturón del algodón donde Monsanto ha creado un monopolio a través de semillas de algodón Bt.

Esta es la razón por la que los cultivos transgénicos son un problema para la democracia. Democracia alimentaria es el derecho y la responsabilidad de todos. Cada uno de nosotros debemos defender nuestra libertad de los alimentos e instamos a nuestros gobiernos a proteger los derechos de sus ciudadanos y dejar de apoyar la toma de posesión corporativa de nuestras semillas y alimentos.

Con información de:

1. El emperador transgénico está desnudo (síntesis, en inglés y en PDF): http://bit.ly/pWP1rX (informe completo, en inglés y en PDF): http://bit.ly/ov9ZnJ http://www.navdanyainternational.it./index.php/component/content/article?id=1372. Banano transgénico se cuela en Sudáfrica: Claves y preocupaciones (en inglés y en formato PDF): http://bit.ly/rcBt9i 3. Biosafety Information Center, en inglés: http://bit.ly/qaY07S 4. Instituto para la Agricultura y la Política Comercial, en inglés: http://bit.ly/YT7dD 5. IPS: http://bit.ly/8J2TZQ 6. The Guardian: http://bit.ly/ahcby6 7. Centro para la Seguridad Alimentaria: http://bit.ly/Jv8cM

Fuentes: www.ecoportal.net www.rapaluruguay.orgwww.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=61710